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sábado, 5 de septiembre de 2009

La canción pop perfecta: "Sweet dreams my L.A. ex", de Rachel Stevens



Llevo muchos años diciendo que el pop, como la ópera o el jazz, es un género musical agotado y la realidad me demuestra que estoy equivocado. Cuando pensaba que, con la industria musical hundida en el mundo de las versiones baratas (siempre peores que el original, o casi) y el karaoke de los sampleados, por fin tenía razón, la década de los "noughties", la primera del siglo XXI, va y se descuelga con joyas pop inesperadas.

Me ha costado elegir entre mis candidatas finalistas, y podría haberme decantado por cualquiera de todas las que voy a desgranar en esta entrada.



Guille Milkyway es un genio absoluto. Yo conocí a la Casa Azul con el famoso "Amo a Laura", que tengo que decir que tardé en saber si iba en serio o en broma (la cara de zorrón de la chica de azul les delataba). Sólo sabía que la canción era buenísima. De acuerdo que Milkyway recicla fórmulas pasadas, armonías de bossa nova, ritmos be-bop, melodías berlanguianas. Hace ya tiempo que no sigo Eurovisión, pero al Chiqui-chiqui no había quien escapase. Así que vi la final hispana en TV. Y me quedé pasmado con la Revolución Sexual. Es perfecta. Puro Eurovisión de los 70, con el añadido picarón de estribillo a tiempo lento y con piano y subida final de un tono. Armonías fabulosas, letra divertida, intrascendente pero bien escrita y mejor encajada en la música. Tiene un punto añadido para mí y es que los acordes del principio son los mismos, al mismo ritmo, que los de una de las canciones que mi grupo y yo grabamos en mi época pop. Pero no me comparo a Milkyway, ni loco. Espero un montón de este chico, va camino de convertirse en un histórico del pop patrio.



Sophie Ellis (que no José Félix) Bextor abrió la década con Murder on the Dance Floor, que nunca falta en el loop que me pongo para ir al gimnasio. Se la regalé a Stanwyck, que es mucho más moderno que yo, recuerdo escucharla juntos en su casa de Bruselas a todo volumen. El vídeo además me encanta, es muy gracioso, sobre todo "the altogether". Lo mejor de la canción es la frase "I know, I know, I know, I know, I know..:". ¡Qué pómulos! ¡Qué cutis!

También británicas como la Bextor, las Sugababes, que son de lo mejor en cualquiera de sus múltiples reencarnaciones y formaciones (hicieron una versión del Cars de Gary Numan), se sacaron este temazo de la manga. "Overload" funciona con sólo dos acordes. Me encanta cómo usan el ritmo de "Can you feel it", cómo tarda mucho en entrar el estribillo y cómo va subiendo la intensidad de la canción. Las voces son en directo, estas chicas saben cantar.



Tengo que reconocer que me gustan las Destiny's Child. Acabé muy harto de Survivor, como todo el mundo, pero este Bootylicious es bestial, además de muy divertido. Aquí no hay dos acordes. Hay uno solo. Además la cantante principal es Kelly, reina del head slide, y no Beyoncé, que hace sus gorgoritos en el estribillo. La Michelle, como siempre, está de relleno. Todas lucen, como corresponde, muslo en el vídeo, que está muy bien. Música contagiosa. "I don't think you're ready for this jelly".



Hace unos años me dio fuerte con Superstar, de Jamelia, y me sigue encantado. Me encanta la chica, me encantan sus piernas interminables. La canción tiene, como la de las Sugababes, sólo un par de acordes pero ganchos por todas partes: el "E-o, E-o, E-o" de los coros, por ejemplo. El estribillo es una gozada. Tengo que reconocer que la canción tiene un punto a Ottawan. ¿Os acordáis? Fueron lo peor de la música disco, su canción "D.I.S.C.O." con su flautita era repugnante. Pues ésta de Jamelia, que tanto me gusta, tiene la misma guitarra rítmica. Bueno, peor aún era "Hands up", que tendría cabida en el cancionero coxiniano.



Justin Timberlake baila muy bien y es una monada de chico. Además, va mejorando con el paso del tiempo. Ha sido listo y se ha juntado con la gente adecuada, saliendo del circuito de la música-chicle. A mí me gusta muchísimo este "Rock your body", que es puro Michael Jackson, como casi todo lo que hace el bueno de Justin. Hasta dice "girl" exactamente igual que el pobre Jacko (qué tremendo el entierro, ¿no?). Pero es muy mono, se le perdona casi todo.



Y termino con la canción ganadora, cuyo vídeo está al inicio: "Sweet dreams, my LA ex" fue el primer y mayor éxito de Rachel Stevens. (Gracias Theodore, me diste el hint hace no mucho, seguro que apruebas mi elección). Lo decía al principio, he elegido ésta sobre las otras, pero el orden es casi aleatorio, todas me parecen pequeñas joyas pop. Cosas que me encantan de Sweet dreams..: el compás sincopado (12/8 en vez del habitual 4/4), los golpes de guitarra, el puente que rompe estrofa y estribillos monocordes. Y quitando los detalles de baile al estilo Britney, el vídeo está bastante bien, sobre todo los juegos bondage con cintas. Como los que hizo Alaska en directo y se pegó un leñazo monumental en el Palacio de los Deportes.

El pop sigue vivo, esperemos que por muchos años. Me queda una entrada más en esta serie, la que cubre los años 60, década pop por excelencia. Después vendrá la más perfecta de todas.

viernes, 4 de septiembre de 2009

¿Olvidadas? Holly Cole

Se recomienda leer esta entrada mientras se escucha la canción del último vídeo que se incluye en la misma.


Al veranillo de San Miguel (o al de San Martín) en Nueva York, en los países anglófonos, lo llaman "Indian Summer".

Octubre de 1995. Voy caminando por Nueva York, por Broadway, de regreso de la librería The Strand donde me he cargado de lectura para el otoño. Estoy en una etapa muy extraña de mi vida. Cumplir 30 años, estar a punto de cumplir 31, me ha sentado realmente mal. No sé si voy o vengo. Estoy recuperado -creo- de mi última depresión. Pero tampoco estoy seguro.

Hace un día perfecto. Cielos altos, de un azul intenso. Sol brillante. Temperatura cálida para octubre, ideal.

Me gusta estar solo. He empezado a escuchar jazz. Vocal, por supuesto. No sé si ambas cosas están relacionadas. Cruzo SoHo y veo Tower Records. Entro. Subo a la planta primera, que es donde se vende música clásica y jazz. Es una tienda pequeña, da casi la impresión de ser independiente, de no pertenecer a una cadena. Se acerca un chico. Un dependiente. Guapo, de mirada muy intensa. Me dice que si necesito ayuda se la pida. Me sonríe y me da a entender que se lo sabe todo. (Claro que se lo sabe. Todo y más. Pero eso lo descubriré más tarde).

Veo en un estante un disco de una cantante que desconozco por completo, Holly Cole. Piel muy blanca, ojos azules achinados, pelo oscuro. Mirada intensa. Todo en rojo y negro. La chica me atrae muchísimo. Llevo el disco a la caja. El chico (de la mirada intensa) me dice simplemente "great choice". Más tarde me diría más cosas, pero ésas me las guardo.



Una de las primeras entradas de este blog se llamaba "La portada de un libro" y en ella narraba cómo había comprado, por primera vez, un libro sólo al ver su portada, sin saber de qué trataba, algo que no había hecho antes. En esa entrada me refería al momento que he descrito antes. Compré el disco "Temptation" porque me sentí sumamente atraído por Holly Cole. A mí no me gustan las mujeres, pero algunas mujeres me vuelven loco, hasta el punto de haber llegado más allá, mucho más allá, de lo que en mí sería natural llegar con el sexo opuesto.

Holly Cole es canadiense y empezó trabajando con un trío (piano, contrabajo y percusión), haciendo versiones en clave de jazz limpio de canciones de otros músicos, como Lyle Lovett, Johnny Nash o incluso The Who. En el disco Temptation, que sigo escuchando con asiduidad, todas las canciones son de Tom Waits. A mí Tom Waits me parece un compositor excelso de canciones, aunque no comparta su estética vital o su angustia existencial (angustia existencial tengo, pero es de otra naturaleza y dimensión). Holly aportaba su voz aterciopelada y una lectura a la vez más clásica y más moderna de su música.



Vestidito negro corto y botas. Muy 1995. Se lo perdono, me encanta su voz. Y sus ojos.

En su siguiente disco empezó a coquetear con formatos más pop. Se lanzó a hacer una versión, quizá muy literal, del famosísimo Calling You, que Jevetta Steele cantó, diez años antes, en la película Bagdad Café. Que en su día fue la bomba, pero de la que nadie parece acordarse hoy. Bueno sí, los fans de Ana Belén.



Leo en su página web que hace un año publicó un nuevo disco, en clave de jazz puro, después de unos años experimentando con fórmulas más pop. Reconozco que no he seguido su carrera, que me quedé en Temptation y en su disco siguiente, "It happened one night". Me sorprende que una cantante de tal altura no haya realmente tenido una mayor audiencia, pues fuera de Canadá (y de Japón, donde todo es posible) apenas es conocida. A mí me gusta mucho más su voz que la de otra canadiense jazzera, que llegó más tarde que Holly Cole a la escena musical, Diana Krall, pero que ha arrasado en todo el mundo. Claro que Holly no toca el piano, ni está casada con Elvis Costello, ni tiene a Verve detrás.

En Temptation estaba esta maravilla de canción, "I want you", también de Tom Waits, que me sigue encantado, y que sigo incluyendo en todas las recopilaciones de canciones favoritas que sigo regalando. Porque yo regalo listas de canciones elegidas por mí, seleccionadas para personas queridas. Advierto que el clip es como muy cursi y que la canción puede parecerlo si se mira a la vez que se escucha, por eso os sugería que escucháseis mientras leíais. Pero la canción podría estar en la banda sonora de "One from the Heart", ¿verdad que sí?

sábado, 29 de agosto de 2009

Muriel

Dedicado a Coxis y a Pandora



"19.- ¿Quién es tu héroe de ficción favorito? Muriel Heslop, Dorothy Zbornak, Indiana Jones, Freddy Krueger, Han Solo."

Os estoy muy agradecido, queridos lectores, por la cantidad de respuestas que habéis dado al cuestionario Proust. Es la segunda entrada de este blog que más comentarios ha recibido. Me ha impresionado especialmente que, 12 días después de publicarla, se ha recibido una respuesta más, la del egregio Sr. Coxis, que ha provocado dos comentarios adicionales. Es decir, que algunos seguís yendo a leer comentarios y a hacer los vuestros 12 días después de publicada la entrada original. Me siento de verdad halagadísimo. Pero el mérito no es para nada mío, sino de Coxis, porque ha "ganado" de lejos el juego del cuestionario, al dar la respuesta perfecta. Ésa que figura en cursiva tras la foto.

Muriel Heslop es un personaje tan de ficción, que todos la llevamos dentro. Parece mentira que "Muriel's Wedding" tenga ya 15 años. Es una película maravillosa, redonda, que gusta tanto a modernos y modernas de hace 15 años y de ahora, abuelitos ingleses conservadores hasta la médula, niñas preadolescentes o padres y madres de familia de mediana edad. Tiene algo para todo el mundo. Y sobre todo tiene a Muriel Heslop, que es absolutamente adorable, alguien con quien todo el mundo se puede identificar de un modo o de otro. "It's not Muriel, it's Mariel".

Gran parte del mérito lo tiene, por supuesto, Toni Colette, una de las mejores actrices de carácter (¿se sigue usando esta expresión?) que hay en activo. Me muero de ganas de ver "United States of Tara", su nueva serie para HBO en la que da cuerpo a una mujer de personalidad múltiple. Aún no ha salido en DVD, ni siquiera en EEUU, estoy ya en lista de espera en Amazon.

Pandora, a quien dedico la entrada además de a Coxis, decía en su día que su modelo a seguir en la vida era no tanto Muriel como su hermana, que lo único que hace es fumar y beber cerveza mientras ve TV. Sin que le importe nada más. Yo creo que la clave está en el "sin que le importe nada más", aunque reconozco que, fumeque aparte, no me importaría pasarme la vida bebiendo cerveza y viendo la tele.

Espero que a mi adorada Pandora no le moleste que cuente uno de nuestros secretos comunes. No te enfadas conmigo, ¿verdad? Cuando salió La Boda de Muriel, que por cierto vimos cada uno por nuestra cuenta, Pandora y yo nos quedamos tan colgados de la peli que decidimos que nos íbamos a casar ella y yo y hacer una celebración ad hoc. Iríamos tras la ceremonia con todos nuestros invitados a ver Muriel's Wedding a un cine (cantaríamos las canciones, por supuesto) y luego celebraríamos el banquete de bodas en un VIP's. A mucha gente le sorprende, pero Pandora y yo somos grandes fans de VIP's. El menú del banquete sería... pues el menú de VIP's: ensalada césar de pollo, sandwich VIP's Club, tortitas con chocolate o Fundi Philadelphia. Cada uno que pida lo que quiera. Una boda a la carta. Los invitados comprarían luego los regalos de boda en la tienda VIP's (se animaba a la gente a que regalasen suscripciones a revistas, que Pandora y yo devoramos papel cuché). Y aunque no comiéramos perdices, habríamos sido muy felices.

Aunque aún no he renunciado a casarme algún día con Pandora, afortunadamente para ella (mucho menos para mí) este plan jamás llegó a materializarse, pero habría sido divertido, ¿a que sí? Siempre nos quedará Muriel. Mil gracias, Coxis, por darme pie a escribir esta entrada (me guardo a Freddy Krueger para otro día... Me da que te pone Harrison Ford, ¿estoy en lo cierto?).



p.s. Había escrito para hoy una entrada larguísima llamada "Disco 1980" sobre la música disco de los primeros años 80, pero me parece un poco rollo y me la he guardado de momento. Decidme si os apetece que la publique.

martes, 28 de julio de 2009

Los mejores vídeos de todos los tiempos: "Around the world" de Daft Punk




A mí lo que de verdad, de verdad más me gustaría es ser uno de los esqueletos que salen en este fabuloso, maravilloso, impresionante vídeoclip de Daft Punk, y poder bailar como ellos.

Creo que ya lo he escrito antes por aquí, de pequeño y de jovencito me dedicaba a copiar coreografías que veía en televisión, primero en Eurovisión, luego en "Señoras y Señores" o en "Aplauso", pero es una actividad que abandoné bastante pronto, porque no era plan que a un chico con dudas le pillasen en plena acción ante el espejo, ni despejar las dudas que pudiese haber de un modo tan poco agraciado. Pues con el vídeo de Around the World, que en mi opinión, y disentid si queréis, es el mejor de todos los que se han hecho nunca, volví a las andadas. Me tiré horas, ya mayorcito, repitiendo los pasitos de baile de esqueletos y nadadoras, moviendo hombros y codos y poniendo las manitas con las palmas hacia abajo. Lo que me habré reído yo solito haciendo el bobo ante el espejo imitando, torpemente, sus movimientos.

Cuando hayan pasado unos años más, llegaré a la conclusión que el cambio de siglo lo marcaron musicalmente, al menos para mí, dos duos franceses, muy distintos entre sí. Air eran pretenciosos de lo puro básicos y Daft Punk eran marchosos y arriesgados pero al mismo tiempo tremendamente comerciales. Ambos supieron captar el zeitgeist del momento con una mezcla de tecnología, new age, nostalgia retro y sentido del humor (que perderían bien rápido). Ambos se quedaron un poco en agua de borrajas, pero en el fondo casi mejor no tener que lamentar que se hayan transformado en salvadores de la selva amazónica o la capa de ozono. Que no hay nada peor, estaréis de acuerdo conmigo, que los rockeros "on a mission". Y no doy nombres.

Vuelvo al vídeo, que me enrollo como las persianas. Yo no soy muy ordenado, pero me encanta el orden, me gusta muchísimo que cada cosa tenga su sitio y que todo encaje. Debe ser porque tengo la Luna en Virgo. Me encanta alcanzar un orden inmaculado, el concierto, la simetría perfecta, para luego romperlo todo. En este vídeo, en esta coreografía, todo está en su sitio, todo encaja, todo está sincronizado. Hay un par de ocasiones en que la cámara se aleja y se ve el escenario circular con sus escaleras y todos los figurantes como si fuese un diorama vivo y en movimiento.

El vídeo lo dirigió, allá por 1997, Michel Gondry, un tipo francés que tiene un Oscar (como co-guionista de "Eternal sunshine of the spotless mind") y que fue el inventor del efecto "bullet time" de cámara ultra lenta que se utilizó por primera vez en "The Matrix". Muchos consideran que forma parte, junto a Spike Jonze y David Fincher, de la santa trinidad del arte del vídeo musical. Oscar o no, a mí me fascina cómo suben y bajan las escaleras las nadadoras, como los B-boys con cabeza de muñeco hacen una rutina breakdance absurda, como se contorsionan los esqueletos. Y cómo se mueve la cámara, en planos largos muy estudiados a veces estáticos, a veces en movimiento. En internet he encontrado explicaciones a por qué salen momias, astronautas, esqueletos, nadadoras y extraños B-boys. Me da bastante igual el por qué. Me basta con el fondo de luces circulares, las tomas cenitales y la coreografía, tan divertida, tan facilona, tan imitable. La canción ayuda, éstá claro, pero estoy seguro de que sin este vídeo no me gustaría tanto. Encontráis por cierto una versión mejor, en HD y lamentablemente no encamable, en este enlace.

Espero que os guste tanto como a mí. Y no olvidéis de mirar los blogs de coxis, polo y theodore, que hoy mismo, más o menos a la misma hora, están colgando sus vídeoclips favoritos. Esto es un esfuerzo conjunto, coreografiado y soncronizado.

sábado, 4 de julio de 2009

Transformaciones

Estoy un poco cansado de los años 80, la verdad. En los últimos meses he estado metido (y os he estado metiendo, queridos lectores) en una especie de "time warp" ochentero y ya va siendo hora de cambiar de orientación. Imagino que revisitar los 80 es inevitable y que aún saldrán por aquí muchas cosas de aquella época, sobre todo del inicio de la década: no oculto que tengo en mente escribir sobre películas de entonces ("Liquid Sky", "Scanners"), tengo pendiente todavía algo sobre dúos de música tecno británicos, le he dado muchas vueltas a escribir sobre Bret Easton Ellis (con quien coincidí una vez en un WC... y no penséis mal), y algo caerá sobre la música disco de en torno a 1980. Pero, no sé, todo el mundo está metido en el mismo revival nostálgico y me está empezando a dar mucha pereza, por mucho que sea lo que conozco bien de verdad.

Así que, como los años 70 están igual de manidos y sobados, he pensado bucear un poco en los 90, que es una década con una identidad mucho más difusa, lógico teniendo en cuenta todo el batiburillo finisecular que se venía encima. [acabo de escribir "batiburrillo finisecular", este blog va por fatal camino]. ¿Y qué es lo que me viene inmediatamente a la mente cuando nombro los años 90? Pues qué va a ser, Melrose Place.



A mediados de los 90 yo hacía horario de trabajo hispano a la antigua, es decir, con parada de 2 a 5 para comer. Comía rápido y me metía la sesión doble que daba Tele5 de 90210 (ahí dormitaba) y Melrose Place. La sintonía, que es bestial, me despertaba del letargo, y las imágenes de Thomas Calabro ya me ponían a tono. MP es una sopópera clásica, con mala malísima interpretada por la heredera de Morgan Fairchild, Heather Locklear, una diva "trash" y una superviviente del celuloide como ha habido pocas. Mi personaja favorita de la serie era Sydney, la pelirroja putón que interpretaba Laura Leighton.

Cuando fui por primera (y única) vez a Los Ángeles, ciudad infernal que me espantó y a la que, sin embargo, me siendo atraído sin remedio, me puse como una colegiala histérica cuando me di cuenta de que iba conduciendo por Melrose Place. Empecé a buscar el patio de vecindad donde ocurría la serie pero, claro, no existe, todo era falso, se filmaba en un estudio. Aquel día acabamos comiendo una pizza infame en Frankie and Johnnie, en Santa Monica Boulevard, en cuya pared de vileda atiborrada de firmas de famosillos de medio pelo encontré la de mi adorado Jermaine Stewart. Aquí está la prueba.



Sólo he comido una pizza peor, en un lugar llamado Riihimaki. Os lo cuento en otro momento.

Si escribo sobre Melrose Place es en parte porque perdiendo el tiempo en YouTube el otro día encontré este vídeo en el que sale Marcia Cross (sí, Bree van der Kamp en "Desperate Housewives"). Interpretaba a Kimberly, una cirujana con trastorno bipolar que acaba poniendo una bomba en los apartamenteos donde vivían todos los protagonistas. Una joya. No recuerdo bien lo que pasa, pero me parece que en algún momento le hacen algo así como una trepanación y se queda calva, viéndose obligada a llevar peluca. En esta escena, ¡atención!, se la quita y enseña el cartón. En su momento fue lo más.



La serie era idea de Darren Star, que luego se sacó de la manga "Sex and the City" y además de Marcia Cross salieron de ella Doug Savant (Tom Scavo en "Desperate Housewives; su papel del enfermero Matt en MP es uno de los primeros gays de la TV más generalista) y Kristin Davis, que luego haría de Charlotte en "Sex and the City".

La verdad es que cuando vi el vídeo de la peluca se me ocurrió hacer una entrada sobre transformaciones de película (de ahí el título), como la de Schwarzenegger en "Total Recall" (joyón de los primeros 90):



Pero desistí de mi idea, demasiado complicado hilar tan fino con este calor.

En "Total Recall" también sale Michael Ironside, un actor secundario buenísimo que (casi) siempre ha hecho de malo malísimo. También hacía de las suyas, con el poder de la mente, en "Scanners", primera película de David Cronenberg. He aquí una muestra:



Qué mono. Pero me alejo de este camino, que me lleva a los 80 de nuevo y ya he dicho que no. Me quedo con el chico más guapo de los 90, o al menos uno de ellos, tan olvidado que no tiene cabida en mi serie recién iniciada porque de él nunca más se supo. Se llama Johnathon Schaech y era el cantante del grupo "The Wonders" en la película "That Thing You Do", la única que hasta ahora ha dirigido Tom Hanks. Alguna vez tendré que contar que me han confundido en ocasiones con Tom Hanks. Qué cosas. Aquí tenéis al Johnathon Schaech (vaya nombrecito) cantando la canción que da título a la peli, al loro los labios, los dientes, la nariz, los pómulos y las cejas. Si es que las cejas y los antebrazos son lo más sexy que hay.



Por cierto, que la cancioncita, si no fuese tan hiper-prefabricada podría tener su hueco en la lista de canciones pop perfectas... Me quedo con el buenorro de Johnathon (sí, con "o"), que sigue estando de muy buen ver, y con Liv Tyler, a quien siempre he encontrado tan maravillosa como irresistible.

En fin, que me ha salido una entrada de lo más rara, ya lo decía al principio, estoy en un "time warp" extraño. De nuevo, los primeros 80: "Warp", de New Musik, que hay que escuchar hasta el final. Polo, no te me quejarás...



Debido a viajes laborales múltiples pre-vacacionales y al extravío reciente del ordenador portátil utilizado en los mismos (me van a despedir, como si lo viera), este blog no se actualizará tan a menudo como me gustaría.

sábado, 27 de junio de 2009

Despedidas

Halle Berry contaba que de pequeña antes de irse a dormir rezaba y pedía a dios ser blanca al levantarse. Algo así le debió pasar a otros. Yo nunca he rezado, pero siempre quise ser negro para poder dejarme el pelo afro y bailar como Michael. Alaska decía que quería ser chico para poder ser maricón. Siempre queremos lo que no tenemos.

Así se hace una estrella:



Así crece una estrella:



Suya es la canción más perfecta de todas las canciones pop perfectas, con la que cerraré la serie de posts al respecto, cuando llegue el momento (he estado tentado de hacerlo hoy, pero no, cada cosa a su tiempo). Para quienes creen que estaba acabado desde Thriller, dejo aquí "You rock my world", uno de sus últimos sencillos y una canción extraordinaria (con vídeo-peliculita insufrible). Lo que va de ABC a You Rock my World os lo conocéis de sobra.



Por cierto, una de las primeras películas que hizo Farrah (pensadlo bien, hay pocas mujeres famosas a quienes se les conoce sólo por su nombre de pila, ella era una) fue "Myra Breckinridge". Os dejo aquí su escena lesbiana con Raquel Welch. Vaya cutis trenían las dos.



Bueno, venga, vale, os dejo la secuencia de títulos de la primera temporada de la serie. Martes y 13, cuando eran tres, hicieron un spoof fabuloso que no he vuelto a ver. Y, por cierto, my chico, tan butch y tan macho él, tiene de tono de llamada en el móvil la sintonía de las Angels. A ver quién es la loca aquí. Claro que es sólo para cuando le llamo yo, porque para los demás tiene la música del Exorcista. ¿Is he trying to tell me something? ¿A que no acertáis qué tono tengo yo? Oye, este tema de los tonos de móvil me da para una entrada...

domingo, 24 de mayo de 2009

The Vault


Lo prometido es deuda. Theodore, Stanwyck, va por vosotros. Lo siento, me ha quedado muy largo.

Mi historia de amor con Nueva York (quizá debería decir con Manhattan) se fraguó en los años centrales de la década de los 90. Tuve la enorme suerte de pasar allí casi un mes al año, por motivo de trabajo, de 1993 a 1997. Es curioso, ahora NY me aburre como destino turístico y no es que lo tenga todo visto, ni mucho menos, sino que me gusta tener que levantarme temprano para ir a trabajar, hacer un horario laboral generalmente largo y sacar algún tiempo para actividades lúdicas por las noches. Me gusta sentirme neoyorquino aunque no lo sea, sentir que pertenezco a la ciudad que más me gusta del mundo, y eso sólo lo puedo conseguir haciendo la misma vida que hace un neoyorquino: trabajando y aprovechando el tiempo que sobra después de trabajar.

La Nueva York de los 90 ya no era la de los años 70. En los 70, entrar en Central Park cuando no era a pleno sol era garantía de que algo, no necesariamente bueno, te iba a pasar; ir al norte de la calle 96 era también garantía de problemas, sobre todo si uno es blanco; montarse en un vagón de metro a cualquier hora del día era una aventura sin final definido. Te podías cruzar por la calle con Woody Allen, Bianca Jagger, Andy Warhol, Amanda Lear o Greta Garbo. La ciudad estaba endeudada hasta las cejas. SoHo era la zona más degradada de todo EEUU (difícil de creer a la vista de lo que es hoy), y en sus lofts aún vivían artistas de verdad, no millonarios rusos. Hay una serie de películas, además de las de la Woody Allen, que reflejan una ciudad decadente y fascinante: Shaft, Serpico, Panic in Needle Park, Looking for Mr. Goodbar, Dog Day Afternoon, Cruising (en la que, por cierto Theodore, sale Karen Allen). Cuatro de ellas protagonizadas por Al Pacino, guapísimo con barba en Serpico. En los 90, Manhattan refulgía tras la renovación y la inyección de dinero de los 80, pero a mí me daba la impresión de que en muchas partes de la ciudad no era más que una pátina, una mano de pintura, que otra cosa. Seguía habiendo putiferio. Y donde hay putiferio, allá que voy.

The Vault, que no sé cuando abrió pero cerró cuando el alcalde Giuliani decidió “limpiar" la ciudad, estaba en un sitio muy parecido al del club que sale en Cruising y que aparece en el vídeo del enlace que he puesto. Se ubicaba en la décima avenida a la altura de la calle 13, en pleno “meatpacking district”, donde ahora se encuentran las tiendas de Stella McCartney, Alexander McQueen y muchas otras boutiques de moda modernísimas a precios desorbitados y bares de diseño a la última. The Vault era un club de sexo sadomasoquista, donde se pagaba una entrada alta (50 dólares) por entrar, pero una vez dentro uno podía hacer lo que quisiese, sin más límites que los impuestos por el respeto a los demás. Fue Madonna quien lo dio a conocer al gran público, pues lo utilizó para algunas de las fotografías, las más “risquées”, de su libro “Sex” y como escenario principal del vídeo de la canción “Erotica”, que es buenísimo, por cierto.

La primera vez que fui a The Vault, en otoño de 1994, lo hice en compañía de unos conocidos, residentes en la ciudad, que también iban por primera vez, así que era una aventura compartida. Pagamos y entramos y empezamos a darnos una vuelta por los distintos pisos: planta baja era para singles, planta primera para parejas, planta segunda para gays, planta tercera para lesbianas. Originalmente había una terraza en la azotea, pero los vecinos (no sé que vecinos habría entonces por ahí, pero bueno) se quejaron de las actividades que allí se llevaban a cabo a la vista de todos (ay, los pobres niños) y la cerraron. Lo que más me impresionó nada más entrar fue el silencio, sólo roto por murmullos, algún gemido y algún chasquido. No había música ni ningún sonido de fondo. Nada. También me impresionó lo primero que vi, nada más cruzar el umbral: sentado en un banco en la primera sala había un señor de cierta edad, con su buen bigotón, gorra de cuero negro, arnés en el pecho y un jockstrap también de cuero, haciéndose una paja tan tranquilo.

No había decoración, las paredes eran de ladrillo visto, la luz blanca. El local era bastante laberíntico, pasabas por pasillos donde había jaulas en las que cualquiera podía meterse a hacer lo que quisiera, encontrando en todas ellas esposas, látigos y otros adminículos. En otra sala había una silla de ginecólogo, que no vi usar a nadie. En la sala principal de la planta baja es donde más gente se juntaba, tanto mirones como nosotros, como participantes en los diversos juegos, como una fauna ciertamente extraña y que en el fondo daba mucha pena: auténticos freaks, personas con deformidades físicas, oligofrénicos, algunos que eran todo eso a la vez y que pagaban sus 50 dólares porque, salvo con profesionales (y quizá ni siquiera) en ningún otro sitio podrían satisfacer sus urgencias sexuales.

Todo el mundo buscaba algo de acción: de repente se metían dos mujeres y un hombre en una jaula y empezaban a restregarse entre sí, y como moscas acudía casi todo el mundo, empezando por los freaks, que se masturbaban sin miramientos. Las ventajas de ir en chándal, te bajas el pantalón y ¡voilà! Reconozco que lo que más me impresionó fue un señor, mayorcito, atado con cadenas y esposas por las extremidades, con pies y manos bien separados, que estaba recibiendo unos latigazos por parte de una dominatrix muy de libro. Me llamó la atención no tanto la situación en sí como que al cabo de un rato el hombre, que estaba desnudo y en plena erección, eyaculó sin que nada ni nadie le tocase, sólo gracias al efecto de los latigazos. Ahí se quedó extasiado y crucificado hasta que la dominatrix lo descolgó; el señor le besó la mano, se vistió a la vista de todo el mundo y se fue. Otra cosa que me llamó mucho la atención era un señor, yo diría que cuarentón, con bigote, gafas y pinta de oficinista aburrido, que se paseaba vestido únicamente con un mono de spandex negro que le cubría todo el cuerpo salvo los genitales. Tenía un piercing “Prince Albert” de cuyo anillo colgaba un peso, como el de las pescaderías o carnicerías antiguas. Lo más inquietante era el maletín que llevaba en la mano. A saber qué habría dentro. Alguna gente lo saludaba cuando pasaba a su lado. Un habitual, sin duda.

La sala de parejas era muy parecida, aunque solo te dejaban entrar si ibas chica y chico. Subí a la sala gay y no había nadie. No me molesté en ir a la sala de lesbianas, ni siquiera a mirar desde el umbral, que era algo que te dejaban hacer en todas. Por cierto, no he dicho que además de no haber música tampoco había bar. No se podían consumir bebidas y mucho menos drogas, como te pillasen, según me contaron, aparecía el matón de turno y te echaban, con cajas destempladas, en un periquete. Eso sí, en cada planta había, además de monitores de TV con películas porno sin sonido, un rincón con un buffet para comer tartas y beber té, café o zumos. Podías comerte un New York cheesecake y beberte un té mientras veías como apaleaban al fulano de turno. Me pareció un detalle de lo más tierno.

¿Qué hice yo de relevancia en aquel escenario tan propicio para dejar florecer las fantasías más dormidas? Teniendo en cuenta que éramos un grupo heterodoxo, todos con más miedo que vergüenza, no era plan ser el iniciador de nada. Eso sí, yo fui el único que tuvo una experiencia, digamos, sexual. En uno de mis paseíllos por aquí y por allá se me acercó un lederón (que no estaba mal, la verdad, al menos lo recuerdo así) que me preguntó si podía lamerme las botas. Yo llevaba unas botas de ante marrón, bastante sucias, por lo que me dio algo de reparo, pero mi educación me hizo contestarle que por supuesto, que adelante. ¡Cómo disfrutaba aquel hombre! Se puso a cuatro patas y le pegó unos lengüetazos a las botas como si le fuera la vida en ello. Afortunadamente no era nada genital, por lo que no aparecieron ni mirones ni freaks. Yo tan tranquilo (un poco aburrido al cabo de un rato, no es que me pusiese mucho la experiencia) y él a lo suyo, gozando como una perra. Pasados los minutos (no sabría decir cuántos) y sin haberse masturbado ni nada se levantó y me dio las gracias. Me dejó las botas limpísimas. Espero que aquel fulano no besase a nadie esa noche.

Salimos de ahí muy en silencio y realmente los que fuimos no hablamos mucho de ello ni justo después ni pasados los días. Alguna chica (la que más insistió en ir) estaba muy escandalizada. Un tipo se quedó –daba esa impresión- con las ganas de haberse metido en al ajo. Yo no dije nada. Pero volví, esta vez solo, unos días más tarde. No sé muy bien por qué lo hice, la verdad, el sadomasoquismo no es lo mío, pero me intrigaba la planta gay. Y sobre todo, el hecho de que no hubiese nadie. Así que allá que me fui y subí directo a la segunda (o tercera, ya no me acuerdo) planta.

No había nadie. De hecho había mucha menos gente en general que el día anterior y esta vez daba la impresión de que solo había mirones, salvo un negro con una tranca de escándalo metido él solito en un jaula y dándole al manubrio mientras bailaba. Como me aburría un poco en la planta gay, me senté en la zona de las tartas y los tés y me tomé mi cheesecake, que estaba riquísimo. Y me puse a hablar con el camarero, que era simpatiquísimo y muy normal. Me contó un montón de historias. Me dijo que si lo que me interesaba era un buen palizón o ver acción de verdad, tenía que ir a mediodía, cuando el sitio, al parecer, se llenaba de ejecutivos de Wall Street, que no está tan lejos. Me dijo que había visto pasar por ahí a muchas celebrities (sólo recuerdo de los nombres que me dio a Heather Locklear). Me contó que desde el vídeo de Madonna sólo iban mirones, sobre todo los fines de semana, que ya no era lo mismo que antes. Me contó que bastantes numeritos en las jaulas los montaban empleados a sueldo del local para animar a la gente. El negro del pollón era uno de ellos. Y me contó que si de verdad quería conocer la escena alternativa de Nueva York, tenía que ir a fiestas privadas, en las que (como en “Eyes Wide Shut”) te piden un código, que es repartido a los interesados el mismo día, para poder entrar. Me dijo que acababa en media hora y que iba a ir a una de esas fiestas privadas y me invitó a que fuese con él si me apetecía.

Pero eso no lo voy a contar aquí.

Habéis tenido a Amanda Lear y Heather Locklear en un mismo post, no os quejéis.

La foto que he colgado la he sacado de los archivos on line del “Village Voice”.

miércoles, 15 de abril de 2009

La canción pop perfecta: "Would I lie to you?", Charles & Eddie



En mi búsqueda de canciones pop perfectas estoy haciendo una revisión por décadas. Hay décadas eminentemente pop, como los 60 o los 80. Otras, como los 70, dominadas por el rock progresivo o sinfónico y cosas peores, no fueron tan favorables para esas pequeñas joyas musicales de pocos minutos e inmediatamente memorables.

Los años 90 dan mucho de sí musicalmente, de hecho escribí no hace mucho sobre la explosión soul y R&B al inicio de la década. En el plano pop, surgen de modo imparable los gupos prefabricados de chicos y chicas guapas. Compositores y productores componían y grababan canciones y las ofrecían a agentes de "artistas" (cuyo único requisito era tener menos de 20 año y tirarse varias horas al día en el gimnasio), para grabar las voces y sacar el disco el mejor postor. No era una fórmula ni mucho menos nueva, pero esta práctica se extendió hasta la saciedad y creció a medida que el mercado de la música se mercantilizaba más y más.

Una de mis canciones finalistas de la década pasada es "Wannabe" de las Spice Girls. Lo digo totalmente en serio, es una canción perfecta. Pero como sé de sobra que si la hubiese elegido como LA canción pop perfecta mi público, que tanto me quiere, me había crucificado, la dejo para un futuro concurso sobre los mejores videoclips de todos los tiempos. Pero atención al ritmo de esta canción, es imparable.



Otra de mis finalistas es Britney Spears, de quien soy fan absoluto. Todo lo que ha hecho es bueno y además va camino de convertirse en la Judy Garland de nuestra época, la pobre. Aquí tengo problemas a la hora de elegir la canción, porque "Baby, one more time" es casi insuperable, pero "Oops I did again", aunque parezca idéntica, es casi mejor. Son todo obras de estudio, en este caso escritas y producidas por dos geniecillos suecos, Per Magnusson y David Kreuger. Estos chicos, qué casualidad, también escribieron y produjeron canciones a Backstreet Boys ("I want it that way" no entra en mi lista de milagro), Boyzone, Westlife, creo que no hace falta que siga. En todas las canciones se repite la fórmula: al final subidita de un tono y repetición del estribillo hasta el final. Estocolmo fue en los años 70 y gracias a ABBA el centro del pop mundial, lo que no sabíamos es que nunca dejó de serlo. De todas las canciones de Britney me quedo con "Sometimes", sobre todo porque me trae unos recuerdos muy especiales de una etapa preciosa de mi vida, pero también porque es muy bonita y porque me gusta el chico que hace de novio de Britney en el vídeo. Y también el perro.

YouTube no me deja encamar el vídeo y Blogger no me deja subir el que me he bajado, así que quien quiera disfrutar de esta linda canción, debe hacer click aquí.

No todo el panorama pop de los años 90 son productos prefabricados, estoy siendo algo injusto. Una de las cosas que más me impresionan del Reino Unido es su capacidad para crear cultura y exportarla al resto del mundo. Viví en Londres en la etapa del gran auge del llamado "Brit-pop", que en general me deja algo frío, con la excepción de cosas de Pulp y, sobre todo, de Suede. "Trash" es una joya absoluta, aunque tenga un solo de guitarra, que son mi némesis. Un puntazo es Bret Anderson, tan yonqui él, tocando la pandereta. Nadie lo había hecho desde Simon Le Bon.



Dejo el último lugar de finalista a los Pet Shop Boys, sobre quienes ya he hablado quizá demasiado y que siempre inspiran lo que escribo. Quizá su canción más bonita sea éste "It always comes as a surprise", del álbum Bilingual. Me encanta el ritmo de bossa nova y, sobre todo, la letra. Lo que cuenta describe lo que fue mi vida ante su gran cambio, en torno a finales de 1997 y 1998. Qué bonito, el amor.



Tengo que reconocer que a mediados de los años 90 empieza a decrecer mi interés por la música pop, rock, soul, etc., lo que hace que me haya perdido con toda probabilidad grandes joyas que deberían estar en esta lista corta de la década anterior. Así que se aceptan, por supuesto, sugerencias.

La canción finalmente elegida de esta lista de los años 90, "Would I lie to you?", de Charles and Eddie es perfecta por los cuatro costados y también producto de un productor que la vendió al mejor postor. Estructura clásica: estrofa, puente y estribillo. Toda la canción va "in crescendo" y juega con la ventaja de un estribillo de melodía absolutamente demoledora. Añade dos cosas que a mí me parecen sumamente interesantes: una instrumentación fabulosa, con tonos soul (piano Fender Rhodes, guitarra jazzera, coros muy negros, arreglos de cuerda, una percusión espléndida) y la mezcla de dos voces que se complementan muy bien. La de Charles, el chico negro (que murió hace unos años, el pobre), quedaría bien en combinación con cualquier otra, porque es preciosa.

Charles and Eddie son un ejemplo clásico de "one hit wonder", porque no hicieron prácticamente nada más aparte de esta canción perfecta. Tengo que decir que cuando empecé al juego de la canción pop perfecta, ésta (que a mí me habría gustado ver interpretada por mi querido Jermaine Stewart, le iba como anillo al dedo) era la única que tenía claro que acabaría en mi lista definitiva.

viernes, 10 de abril de 2009

Escaparates y fachadas: Almirante Seis



Almirante Seis es una tienda de ropa de hombre que está en el número 6 de la calle Almirante de Madrid. Su escaparate es elegante: líneas blancas muy puras, cristal a ambos lados, con una lámina curva en el centro del lado opuesto a la puerta, el derecho. Por dentro el espacio parece más grande de lo que es, en gran medida porque está limpio de estorbos, toda la ropa está pegada a las paredes y sólo hay una pequeña mesa con la caja y una silla situadas delante del murete de separación de la zona de probadores y la escalera que sube a lo que era la sección de ropa de mujer de Enrique P.

Y es que esta entrada tiene algo de trampa porque no es sobre el diseño de Almirante Seis, que es ciertamente bueno, sino sobre Enrique P, la tienda que ocupaba el local y para la que fue diseñado el espacio, creo que por Mariano Bayón. Enrique P era la tienda de ropa de referencia en el Madrid de finales de los años 80. Si uno se fija en los títulos de agradecimiento de las películas de Almodóvar de la época (ésas que yo critico, por mucho que las venere, por su estilo de “nuevo rico”) encuentra el nombre de la tienda.

Pero es que esa época se pareció, a menor escala, a la que acaba de terminar, fue el primer sorbo que le dimos a la cultura de consumo conspicuo y a las apariencias de la afluencia. Se abrían entonces los espacios de ocio Archy y Teatriz (con diseño de Philippe Stark, del que aún queda bastante, 20 años después), triunfaban los de la Rosa, Mario Conde y otros que, como los Barrionuevo y Vera, acabaron en la cárcel. Los pisos en ciertas zonas de Madrid alcanzaron por primera vez el millón de pesetas por metro cuadrado. Se construían la torre Picasso y las torres KIO (que estuvieron mucho tiempo sin acabar). La “movida” (que, como dice Nacho Canut –sigo teniendo pendiente escribir sobre él-, no eran más de 50 personas) llevaba ya muchos años muerta y había sido sustituida por la “marcha”, para la que no hacía falta talento, sólo ganas de diversión y que además ciertos polvos blancos de origen andino contribuían a amplificar. Valía todo, la cocaína, los desfalcos y el GAL. No éramos 50, sino muchos más, pero parecía que nos conocíamos todos.

La calle Almirante, la “rive gauche” madrileña le llamábamos, aún conserva de aquella época las tiendas Berlín y Ararat y, en portales distintos de los originales, las de Jesús del Pozo y Elisa Bracci, pero Enrique P cerró hará algo más unos diez años. Fue la tienda que trajo a Madrid la ropa de Antonio Miró, vendió o intentó vender la de Manuel Piña, introdujo en España por primera vez la ropa para hombre de modistos clave como Comme des Garçons o Romeo Gigli, quizá el único artista verdadero de la moda –y sobre quién también tengo que escribir algún día, sobre todo ahora que vuelve a diseñar. La tienda tenía el nombre de su fundador, Enrique P (siempre he pensado que Laura P, el personaje ficticio de La Ley del Deseo, adopta su misterioso apellido) y sufrió su primer revés cuando éste se lanzó al vacío desde el balcón de su piso, bastantes alturas por encima de la tienda, tras enterarse de que tenía sida. Su pareja, Javier, siguió con el negocio, ayudado por un dependiente fabuloso, Ramón, que acabó como tantos otros con serios problemas por consumo de sustancias psicotrópicas y que en su día me regaló cassettes (qué barbaridad, cassettes, no puede haber pasado tanto tiempo) con su música favorita, entre la que se encontraban las Hermanas Goggi y mucho, mucho chochi y aún más house, que era lo que sonaba en la tienda. Compraban ahí Bibi y Pedro, Fernando Vijande hasta que murió, Sigfrido Martín Begué, arquitectos, modernos y aspirantes a serlo, niños bien y algún colgado con buen gusto.

También sobrevive de aquella época Emilio, el mejor peluquero de Madrid, que tuvo su primer local en la misma finca de la tienda, justo encima de ésta, y luego llevó su salón, Xiquena, a varios locales hasta llegar al actual en Marqués de Monasterio. Quien esté en Madrid y necesite un corte de pelo, hombre o mujer, que no lo dude.

Me entristeció muchísimo cuando me enteré de que Enrique P había echado el cierre, debió ser en el año 96 ó 97. Una noche, hace ya bastante tiempo, me encontré por ahí a Javier, que ahora tiene otra tienda de ropa en la plaza de Chueca, de cuyo nombre no me acuerdo, quien me dijo que fueron precisamente esas marcas que a mí me gustaban las que le arruinaron. Nadie, salvo algún pirado como yo, las compraba. Y yo sólo compraba algún cinturón o pillaba las cosas caras en las rebajas tan estupendas que hacían (y Ramón me regalaba de todo cada vez que iba, comprase o no).

Precisamente hablando el otro día con Emilio mientras me cortaba el pelo (me dijo que tengo más que antes, cómo no le voy a querer) coincidimos con cierta sorpresa en que a ambos nos había gustado bastante, por no decir mucho, “Los Abrazos Rotos”. Y desciframos entre los dos algunas de las claves de la película, que sin duda tiene un aspecto “roman à clef” que sólo el autor conoce del todo: el financiero millonario que interpreta José Luis Gómez es en realidad uno de los empresarios que acabó en la cárcel a mediados de los 90 y que había colocado a su amante como actriz (pésima) en películas de directores modernos que él mismo producía. El personaje de Ochandiano está basado en el hijo de otro empresario (que se libró por los pelos y por la obra de dios, a la que pertenecía, de la cárcel), cuyo único objetivo en la vida era ser moderno y que ha terminado siendo dueño de una cadena de hoteles y apareciendo con frecuencia en el papel “couché”. No sigo, no sigo, que se me nota de quien estoy hablando y no me quiero ir de la lengua. Aprovecho para contar que lo mejor del pase en el que vi la película, eso sí, fue el comentario de una señora (muy) mayor que estaba detrás de nosotros y que, en medio de la escena del polvo de Penélope con JL Gómez entre las sábanas (que ocurre justo después de la de su polvo con Lluis Homar), comentó: “Pues sí que está atareada la chiquilla”.

Esto es tremendo, presumo siempre de no ser nostálgico y me descubro echando de menos muchas cosas de esa época, que siempre he recordado con mucho reparo, por no decir rechazo. Estoy en plan proustiano, esto se tiene que acabar. Tampoco soy tan mayor. Y voy a empezar a hacer fotos con una cámara, en vez del teléfono, porque salen horrorosas.

Escribo esto en un avión mientras escucho a Yvonne Elliman cantando “If I can’t have you”. Seguro que os parece bien. A mí me encanta, a la chica que está a mi lado y tiene que aguantar mis berriditos, no tanto.

sábado, 7 de marzo de 2009

La canción Pop Perfecta: 東京は夜の七時, de Pizzicato Five



No iba a dar inicio a esta nueva serie de entradas con "Dancing Queen" de ABBA, aunque bien habría podido.

Efectivamente, queridos y sufridos lectores de este blog. Comienza una nueva serie de entradas, dedicada a la búsqueda de canciones pop perfectas. Llevo tiempo dándole vueltas al concepto de perfección pop y también recopilando posibles candidatas a formar parte del listado, y no es fácil. Por un lado, tengo el problema que se me cruza con la sección "Guilty Pleasures" de modo absoluto, porque hay mucho pop ramplón y maravillosos que a todo el mundo gusta. "Barbie Girl", de Aqua, por ejemplo. Además, la canción pop debe ser, en mi opinión, contagiosa, inmediatamente memorable, de letra algo superficial y vulgar y desde luego poco pretenciosa, con un estribillo pegadizo y que trascienda modas, décadas y momentos. La canción pop perfecta lo fue, lo es y lo será. Te debe dar ganas de ponerte a tararear y volverla a escuchar de inmediato. Luego, por supuesto, entran en juego los gustos, las filias y las fobias (y os recuerdos) de cada cual.

Hay artistas, como los citados ABBA, los Beatles, Duran Duran, que escribieron canciones pop perfectas como churros. Carlos Berlanga dijo una vez que su canción favorita era cualquiera de Prefab Sprout. Aunque algo de alguno de estos grupos tendrá que tener inevitablemente cabida en la lista, procuraré no incluir canciones muy obvias y que nos gustan a todos. Hay que buscar un poquitín y en ello estoy.

Nunca he estado en Japón porque estoy seguro de que si voy, me quedo. Encuentro su mezcla de kitsch y alta tecnología abolutamente irresistible. Y ha producido algunos músicos de primer orden: Ryuichi Sakamoto y Towa Tei son algunos de mis favoritos de todos los tiempos. Y luego están Pizzicato Five.

Aunque se les metió dentro del movimiento "lounge" de mediados de los 90, al que yo me apunté total a pesar de lo absurdo de intentar catalogar bajo el mismo epígrafe a artistas muy distintos, ya llevaban tiempo trabajando, siempre en una onda europeizante. Su primer disco se llamaba "The Audrey Hepburn Complex", ¡cómo no me van a gustar!

La canción que he elegido es su mayor éxito. En inglés se tradujo como "The Night is Still Young", un horror. La transposición japonesa es "tōkyō wa yoru no shichiji" que significa "Son las 7 de la tarde en Tokio". A mí me parece un título perfecto para una canción pop perfecta. Lo tiene todo: estrofas, un puente que hace que suba la intensidad y un estribillo memorable, con el añadido de un riff de sintetizador totalmente absurdo y de lo más pegadizo. Quizá me guste tanto por la cantante, Maki Nomiya, que me resulta irresistible. Tan delgada. Cuando, al final del vídeo, se pone en plan "marjorette" (uno de los talentos que más me gustaría tener, junto a saber bailar "claqué") es el acabóse. Agnetha y Anni-Frid no llegaron nunca a tanto.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Revolución Soul

A principios de los años 90 se produce una pequeña revolución musical. De repente reaparece el soul. Bajo diversas etiquetas, “Acid Jazz”, “R&B”, la música negra realiza su particular “retour à l’ordre”, aunque no en todos los casos se trataba de intérpretes negros. Se retoman modelos abandonados en los 70, que la oleada pop y rock de los años 80 había sepultado casi por completo. Vuelve a renacer la música puramente negra, que en el fondo había quedado transfigurada, obra y gracia de Michael Jackson (por quien, por otra parte, sólo siento admiración), en pop. De gran altura, por supuesto, pero pop al fin y al cabo.

Antes de acabar la década de los 80 en Gran Bretaña surge algo totalmente novedoso.



Cuando escuché por primera vez “Keep on Movin’” de Soul II Soul pensé que nunca había oído nada semejante. Se produjo esa sensación tan agradable y tan poco frecuente de estar ante algo nuevo de verdad. Y era nuevo, novísimo, con su ritmo electrónico tan lento y sincopado, una ambientación creciente a base de violines (que no sintetizadores) y una voz llena de soul, la de Caron Wheeler. Corría 1989. El artífice de Soul II Soul era Jazzy B, un genio que tras este primer disco (pocos meses más tarde arrasaban con “Back to Life”, mucho más bailable) se retiró a labores de producción. Caron Wheeler inició una breve carrera en solitario y publicó un álbum estupendo, que contenía “Living in the Light”, canción bestial cuyo vídeo además cuenta con la aparición de un rastafari muy, pero que muy macizo que se deja mecer por las olas. Y Obama, que inexplicablemente sale al final. O uno que se le parece.



Los miembros y miembras de Soul II Soul eran todos negros, pero no era ése el caso de todos los grupos de este “nueva ola Soul” británica. La idea de este post me la dio el título de una entrada de Theodore bajo la cual reconocí una canción de los Brand New Heavies, “Dream on Dreamer”.



Aquí hay mezcla racial, una cantante de primera línea, N’dea Davenport (también cantó con ellos Siedah Garret, famosa por un dúo con Michael Jackson) y elementos puramente de los años 70, como las guitarras con efecto “wah-wah” y el vestuario, que parece sacado de Shaft. De los Brand New Heavies fue el último concierto de música “moderna”, por llamarlo de algún modo, al que haya ido, en 1994 en La Riviera. Inolvidable.

De toda la hornada de grupos soul blanquinegros de la época, el más famoso y de carrera más larga es Jamiroquai. La primera vez que escuché “When you gonna learn” pensé que era una canción de Stevie Wonder, de su época Superstition (la única buena), que desconocía. La voz era la misma. Y no, no era Stevie sino un chico de Essex, con mucho soul en las venas, sombreros horrorosos, electricidad en las piernas, un ramalazo ecologista muy marcado y una carrera que duró bastante pero también degeneró con el tiempo. Pero el primer disco, “Emergency on Planet Earth” era una maravilla.



Mucho menos conocidos eran Galliano (nada que ver, creo, con el diseñador), también grupo multitudinario y muy multirracial, pero produjeron una de las mejores canciones de esta época, “Prince of Peace”. No, no está dedicada a Godoy. Y la cantante tiene un puntazo trans. Se parece un poco a Jermaine Stewart, ¿verdad Stanwyck?. YouTube no me deja encamar el vídeo, lo podéis ver pinchando aquí.

El estribillo es absolutamente contagioso y la mezcla de rap y partes cantadas, que ahora es moneda más que común, era de lo más novedoso entonces. A mí de todos estos grupos lo que más me gustaba era la recuperación de instrumentos tradicionales, que en los 80 habían quedado sepultados por los sintetizadores: pianos eléctricos Fender Rhodes, órganos Hammond, mentales y cuerdas auténticos. Con lo que a mí me gustaban los grupos tecno-pop de los 80, a quienes dedicaré una entrada próximamente. De todo se cansa uno.

Dejo para el final a mis favoritas. Americanas y no británicas. Se llamaban Zhané (su primer álbum se titulaba “Pronunced Ja-Nay”, dándole al consumidor la pista para pronunciar el nombre de marras) y eran absolutamente divinas. Es una pena, porque han retirado de Youtube mi favorita de entre sus canciones, “Vibe”, que tenía un vídeo precioso filmado en Nueva York en pleno verano, con esa luz naranja tan agresiva (y tan parecida a la de Madrid). Pero dejo aquí “Hey Mr. DJ”, lo mejor. En su segundo disco, que era más flojo, tuvieron el buen gusto de hacer una versión del Good Times de Chic.



De modo deliberado no he incluido en esta lista a los más divertidos y revoltosos de la clase de los primeros 90, Deee-lite. Mis favoritos. Se merecen una entrada aparte.