viernes, 10 de abril de 2009

Escaparates y fachadas: Almirante Seis



Almirante Seis es una tienda de ropa de hombre que está en el número 6 de la calle Almirante de Madrid. Su escaparate es elegante: líneas blancas muy puras, cristal a ambos lados, con una lámina curva en el centro del lado opuesto a la puerta, el derecho. Por dentro el espacio parece más grande de lo que es, en gran medida porque está limpio de estorbos, toda la ropa está pegada a las paredes y sólo hay una pequeña mesa con la caja y una silla situadas delante del murete de separación de la zona de probadores y la escalera que sube a lo que era la sección de ropa de mujer de Enrique P.

Y es que esta entrada tiene algo de trampa porque no es sobre el diseño de Almirante Seis, que es ciertamente bueno, sino sobre Enrique P, la tienda que ocupaba el local y para la que fue diseñado el espacio, creo que por Mariano Bayón. Enrique P era la tienda de ropa de referencia en el Madrid de finales de los años 80. Si uno se fija en los títulos de agradecimiento de las películas de Almodóvar de la época (ésas que yo critico, por mucho que las venere, por su estilo de “nuevo rico”) encuentra el nombre de la tienda.

Pero es que esa época se pareció, a menor escala, a la que acaba de terminar, fue el primer sorbo que le dimos a la cultura de consumo conspicuo y a las apariencias de la afluencia. Se abrían entonces los espacios de ocio Archy y Teatriz (con diseño de Philippe Stark, del que aún queda bastante, 20 años después), triunfaban los de la Rosa, Mario Conde y otros que, como los Barrionuevo y Vera, acabaron en la cárcel. Los pisos en ciertas zonas de Madrid alcanzaron por primera vez el millón de pesetas por metro cuadrado. Se construían la torre Picasso y las torres KIO (que estuvieron mucho tiempo sin acabar). La “movida” (que, como dice Nacho Canut –sigo teniendo pendiente escribir sobre él-, no eran más de 50 personas) llevaba ya muchos años muerta y había sido sustituida por la “marcha”, para la que no hacía falta talento, sólo ganas de diversión y que además ciertos polvos blancos de origen andino contribuían a amplificar. Valía todo, la cocaína, los desfalcos y el GAL. No éramos 50, sino muchos más, pero parecía que nos conocíamos todos.

La calle Almirante, la “rive gauche” madrileña le llamábamos, aún conserva de aquella época las tiendas Berlín y Ararat y, en portales distintos de los originales, las de Jesús del Pozo y Elisa Bracci, pero Enrique P cerró hará algo más unos diez años. Fue la tienda que trajo a Madrid la ropa de Antonio Miró, vendió o intentó vender la de Manuel Piña, introdujo en España por primera vez la ropa para hombre de modistos clave como Comme des Garçons o Romeo Gigli, quizá el único artista verdadero de la moda –y sobre quién también tengo que escribir algún día, sobre todo ahora que vuelve a diseñar. La tienda tenía el nombre de su fundador, Enrique P (siempre he pensado que Laura P, el personaje ficticio de La Ley del Deseo, adopta su misterioso apellido) y sufrió su primer revés cuando éste se lanzó al vacío desde el balcón de su piso, bastantes alturas por encima de la tienda, tras enterarse de que tenía sida. Su pareja, Javier, siguió con el negocio, ayudado por un dependiente fabuloso, Ramón, que acabó como tantos otros con serios problemas por consumo de sustancias psicotrópicas y que en su día me regaló cassettes (qué barbaridad, cassettes, no puede haber pasado tanto tiempo) con su música favorita, entre la que se encontraban las Hermanas Goggi y mucho, mucho chochi y aún más house, que era lo que sonaba en la tienda. Compraban ahí Bibi y Pedro, Fernando Vijande hasta que murió, Sigfrido Martín Begué, arquitectos, modernos y aspirantes a serlo, niños bien y algún colgado con buen gusto.

También sobrevive de aquella época Emilio, el mejor peluquero de Madrid, que tuvo su primer local en la misma finca de la tienda, justo encima de ésta, y luego llevó su salón, Xiquena, a varios locales hasta llegar al actual en Marqués de Monasterio. Quien esté en Madrid y necesite un corte de pelo, hombre o mujer, que no lo dude.

Me entristeció muchísimo cuando me enteré de que Enrique P había echado el cierre, debió ser en el año 96 ó 97. Una noche, hace ya bastante tiempo, me encontré por ahí a Javier, que ahora tiene otra tienda de ropa en la plaza de Chueca, de cuyo nombre no me acuerdo, quien me dijo que fueron precisamente esas marcas que a mí me gustaban las que le arruinaron. Nadie, salvo algún pirado como yo, las compraba. Y yo sólo compraba algún cinturón o pillaba las cosas caras en las rebajas tan estupendas que hacían (y Ramón me regalaba de todo cada vez que iba, comprase o no).

Precisamente hablando el otro día con Emilio mientras me cortaba el pelo (me dijo que tengo más que antes, cómo no le voy a querer) coincidimos con cierta sorpresa en que a ambos nos había gustado bastante, por no decir mucho, “Los Abrazos Rotos”. Y desciframos entre los dos algunas de las claves de la película, que sin duda tiene un aspecto “roman à clef” que sólo el autor conoce del todo: el financiero millonario que interpreta José Luis Gómez es en realidad uno de los empresarios que acabó en la cárcel a mediados de los 90 y que había colocado a su amante como actriz (pésima) en películas de directores modernos que él mismo producía. El personaje de Ochandiano está basado en el hijo de otro empresario (que se libró por los pelos y por la obra de dios, a la que pertenecía, de la cárcel), cuyo único objetivo en la vida era ser moderno y que ha terminado siendo dueño de una cadena de hoteles y apareciendo con frecuencia en el papel “couché”. No sigo, no sigo, que se me nota de quien estoy hablando y no me quiero ir de la lengua. Aprovecho para contar que lo mejor del pase en el que vi la película, eso sí, fue el comentario de una señora (muy) mayor que estaba detrás de nosotros y que, en medio de la escena del polvo de Penélope con JL Gómez entre las sábanas (que ocurre justo después de la de su polvo con Lluis Homar), comentó: “Pues sí que está atareada la chiquilla”.

Esto es tremendo, presumo siempre de no ser nostálgico y me descubro echando de menos muchas cosas de esa época, que siempre he recordado con mucho reparo, por no decir rechazo. Estoy en plan proustiano, esto se tiene que acabar. Tampoco soy tan mayor. Y voy a empezar a hacer fotos con una cámara, en vez del teléfono, porque salen horrorosas.

Escribo esto en un avión mientras escucho a Yvonne Elliman cantando “If I can’t have you”. Seguro que os parece bien. A mí me encanta, a la chica que está a mi lado y tiene que aguantar mis berriditos, no tanto.

15 comentarios:

Revision del Interior dijo...

Eres un erudito en el tema,me has recordado mi juventud, yo en esa epoca era estudiante lo que significa pobre de solemnidad y solo veia las tiendas desde el ecaparate.
Si un dia quieres escribir una colaboración sobre el comecio en los finales de los 90
comentanoslo. Dispongo de bastante documentación grafica.
Un saludo

Breckinridge dijo...

Bueno, qué casualidad!! He entrado esta tarde por primera vez en tu blog y me he quedado impresionado. Me encantaría ayudar si quieres que escriba algo sobre el comercio madrileño, pero a finales de los 90 me fui a vivir fuera, lo mío es más de mediados de los 80 a mediados de los 90. Mil gracias por la visita, el comentario y el ofrecimiento.
Un abrazo

theodore dijo...

Estimado Breckinridge: escribes un post (estupendo, como de costumbre) en un avión, escuchando a la inmensa Yvonne, y además cantándola!!! Chico, debo decirlo: Eres LO PEOR DE TODO!!!

Un besote desde calle Quiñones :-)

Breckinridge dijo...

Theodore, ¿estás en la calle Quiñones de Madrid? pero si nadie viene a Madrid en semana santa, qué original. No te pilla lejos de Almirante.

Escribí la entrada hace unos días, en un avión, y al final de mi escritura sonaba Yvonne Eliman y yo canturreaba, por supuesto, como hago siempre que me calzo unos auriculares, no lo puedo evitar.

Te confieso un secreto: el nombre de mi dirección de correo electrónico es "lopeordetodo". Eso lo explica todo. Lo peor, c'est moi.

coxis dijo...

jo, pero qué texto más maravilloso... Se aprende y se disfruta, y encima vas escuchando a Yvonne Elliman, mi Mary Magdalene después reciclada para el Saturday Night Fever

buen finde

Breckinridge dijo...

"I don't know how to love him", cantaba la Yvonne. Fue la mejor Magdalena, sin duda, con su punto hawaiano. Yo soy más travoltón, pero no le hago ascos al JC. Al Superstar, quiero decir.

Pandora dijo...

Breck,
1. Como siempre, parece que me lees el pensamiento: a) te ha salido una entrada de aroma nostálgico. b) No eres tan mayor. Ni siquiera eres mayor.
2. Una entrada sobre el comercio madrileño en los 90? What's that?
3. Cantar en voz alta, y desafinando, cuando uno lleva los auriculares no es lo peor de todo, es simplemente, no estar muerto...
4. Cómo que tu dirección de correo es "lopeordetodo"? Cuáles tengo yo entonces?? las oficiales???????????
5. JCS es la mejor película de la Historia, fíjate lo que te digo...

Breckinridge dijo...

Pandora, mujer, cuánto absoluto me pones! Mi primera (y aún superviviente) dirección de correo era lo peor, ¿no lor ecuerdas? otra cosa es que apenas la use, pero existir, existe. JCS es de lo mejor, pero no LO mejor. Hay cosas mejores, como Xanadu.

Pandora dijo...

JAJAJAJAJJAJAJAJA, es verdad.
Pero me siento ofendida. JSC es una gran peli.

Revision del Interior dijo...

Una colaboracion sobre las tiendas de los 80, las apertura en la calle Almirante de las tiendas de Fco. Valiente, T. Ramallal, P. Morago y un largo etc,(pricipio del nuevo diseño de comercio en Madrid) la movida y todo aquello tambien sería bienvenida, la esperamos impacientes...

Un saludo

Stanwyck dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Stanwyck dijo...

7. Xanadú es lo mejor.

Stanwyck dijo...

He estado en la playa, por eso llego tarde. Vayamos por partes:
1. "Bibi y Pedro, Fernando Vijande hasta que murió, Sigfrido Martín Begué, arquitectos, modernos y aspirantes a serlo, niños bien y algún colgado con buen gusto." A pesar de tu reciente "bibianismo", imagino que te incluyes entre los colgados del buen gusto.
2. Lástima que no vayas a hacer un entrada "Los Abrazos Rotos", me encanta lo que cuentas. Voy a tener que cogerte por banda, para que me cuentes las claves.
3. Enrique P, para mi, es "La Ley Del Deseo". A Ramón, lo imagino como el dependiente que le regala la camisa a Banderas. Sé que la cronología no casa del todo, pero me da igual.
4. "Los Abrazos Rotos" es una película "à clef". Esta entrada, también. Hay cosas que no explicas, lo que la hace interesantísima: nos dejas imaginar lo que escondes.
5. El comentario de la señora, además de divertido, muestra la distancia con que la película está contada. Cuando yo fui a verla, no hubo comentarios como ese, pero sí sonó un teléfono, mientras Blanca Portillo se confiensa -qué mal momento. La dueña del teléfono contesta e, imagino que por los nervios, pone el altovoz: ella habla muy bajito, pero nos deja oír a su hijo, del otro lado de la línea, muy azorado porque su novia no lo ha llamado.
6. Emilio es el mejor. Es Marqués del Monasterio, siento corregirte. Voy desde 1997 y he cruzado océanos por un corte de pelo.

Breckinridge dijo...

Stanwyck, eres lo más. Voy por partes:

1.- Yo era aspirante a moderno, lo triste es que lo sigo siendo. Bueno, ahora soy aspirante a retro-moderno.
2.- Es que me resisto a hacer entradas-crónica de pelis o libros. Y mira que me enrollo con las canciones, pero sólo con los "oldies". Te cuento lo que quieras cuando quieras.
3.- Jajaja. Efectivamente, en mi crónica da la impresión de que Ramón era el dependiente de Teresa Ramallal que le regala la camisa a Banderas ("llévatela, y que dios te proteja") en La Ley. Ramón me regaló corbatas y camisetas, entre ellas una de Comme des Garçons de la que ya he escrito (y que costaba, te estoy hablando de 1990, 18.000 ptas).
4.- Por supuesto que no lo cuento todo, menudo soy yo. En realidad, la clave es que yo aspiraba a mucho (sobre todo en modernidad) y me quedé en nada. Pero me niego a ser nostálgico.
5.- Los señores que estaban sentados detrás de nosotros eran una maravilla: una pareja muy mayor, antes de empezar él insistía en que iba a acompañarla a ella a su residencia, ella le dice que no, que no, que es mucho lío y él le contesta que no pasa nada, que de la residencia se coge otro autobús para llegar a la suya. Me pareció precioso. Era la sesión de las 16:00 (ya no vamos al cine a otra hora).
6.- Yo no soy tan fiel a Emilio como lo eres tú, pero es que así te luce, Benjamin Button. Y sí, Emilio es lo mejor de lo mejor y ése sí que tiene historias que contar.

Gracias mil por tu comentario, me encanta.

Breckinridge dijo...

Lo olvidaba. Xanadú es lo más.