sábado, 27 de diciembre de 2008

Mitos eróticos: modosas, viciosas

Año 1993. Hacía poco que había conocido a mi amiga Pilar y ella lanzó al grupo en el que ambos nos encontrábamos una de sus famosas preguntas retóricas que generalmente sólo yo parezco querer contestar: “Si volvieses a nacer, ¿Quién elegirías ser?” No lo dudé ni un segundo y contesté con firmeza y certeza absolutas: “Charlene Tiltón” (pongo la tilde para que se sepa que lo pronuncié con acento en la “o”). Pilar se inclinaba por Tori Spelling. Nadie más en el grupo comprendía nada. Pilar y yo nos dimos cuenta en ese instante de que estábamos hechos el uno para el otro.

Pero no voy a hablar de Pilar, ni de nuestro amor imposible, sino de Charlene Tilton o, mejor dicho, de un tipo de mujer, llamémosla modosa y viciosa, que me atrae mucho. Modosa en apariencia, viciosa en realidad. O decente pero putón, por utilizar una terminología trasnochada pero graciosa.

Esta foto de Charlene, o mejor dicho, de Lucy Ewing, lo explica todo: sonrisa de niña buena, trencitas de colegiala, bien tapada por la blusa, ojillos de chica obediente. Pero claro, todo era aparecer Ray Krebbs, el ranchero buenorro de “Dallas” y se le disparaba la hormona, le aparecía el canalillo por la blusa y le subían los picores y sudores entreperniles.

Algunas de mis modosas/viciosas favoritas han desfilado ya por aquí, como por ejemplo Ana, Sra. de Johnny. Blusitas campesinas, falditas hippies pero no mucho, pelito ondulado, murmullos suaves… y luego le salía de ese cuerpecillo menudo el espíritu berreante como poseído avant-la-lettre por Mónica Orange-tree, pidiendo que la liberasen del pudor. Ana es buen ejemplo de cómo abundaba la chica modosa y viciosa en los 70. Claro, aún se conservaban las buenas maneras de puertas hacia fuera, pero de puertas adentro… ¡ay! todas guardaban la píldora en su cajón.

También ha aparecido antes en el blog Jessica Harper.

La película el Fantasma del Paraíso me fascina y en tiempos me obsesionaba. Lo mejor era la Harper, que se dejaba corromper sólo por poder cantar y recibir aplausos. La Harper es buen ejemplo de que, además, todas las actrices modosas y viciosas tenían una tendencia innata hacia las películas de terror. Es curioso como hoy, que se ha recuperado el cine de terror gore de Darío Argento (ver títulos de crédito de “Matador” de Almodóvar), se la recuerda como protagonista de la muy angustiosa “Suspiria”. Esa película deja clara qué les pasa a las chicas buenas que deciden seguir el mal camino: acaban descuartizadas, además de mancilladas, claro.

Jessica Harper retomó el papel de Janet, del Rocky Horror Picture Show, en su secuela, hoy olvidadísima (y que hay que recuperar): “Shock Treatment”. La Janet original, Susan Sarandon, era otro prototipo de modosa, que cae en el vicio por obra en esta ocasión de un travestí, Frank’n Furter, que de paso también se cepilla a su novio. Lo bien que se lo pasaban.

Pero la foto que dejo no corresponde al Rocky Horror, sino a “El Ansia”, a la escena en que, al compás de Délibes, Susan se deja seducir por Catherine Deneuve, la madre de todas las viciosas (modosa yo creo que no, en Belle de Jour era más frígida que otra cosa, pero lo dejo abierto para discusión).

Además de Ana (de Johnny), en España tuvimos otra gran modosa y viciosa, que además tuvo un final muy trágico en la vida real.

Sandra Mozarowsky era guapísima y no entiendo cómo no es más recordada. Lo único casi que se encuentra en Internet es información sobre su suicidio con 18 años de edad, cuando había iniciado una carrera cinematográfica prometedora en España (me quedo, aunque sólo sea por el título, con “Call girl: la vida privada de una señorita bien) e internacional (“Tren privado para Hitler), siempre en ese mundo del terror erótico que estaba a caballo entre el cine serio y el del destape más chusco (y entrañable, añado, aunque no me gusta la palabra pero no encuentro otra).

Los años 70 terminan con una de mis películas favoritas de todos los tiempos: Alien, que vi en 1979 en aquel viaje a Estados Unidos del que he escrito ya demasiado.

Difícilmente se puede decir que Sigourney Weaver da el tipo de modosa. Y menos en Alien, primero en plan mujer empoderada dando órdenes a todo quisqui y luego cazando el bicho con un lanzallamas por toda la nave Nostromo. Pero la imagen que he colgado está en mi particular imaginario erótico (como en el de tantos otros hombres de mi generación, mayormente heterosexuales). No es tanto la modestia, como la vulnerabilidad. Es el momento sexual de la película. El espectador CREE que el bicho está muerto, pero SABE que anda por ahí. Y la visión de los huesos pélvicos, los pezoncillos y la braga que apenas oculta el bosque de Sigourney lo despiertan. Era modosa y viciosa sin saberlo.

Termino con Rachel Ticotin.

Quizá alguien se acuerde de ella, pero me arriesgo a pensar que no será así. Interpretó a Melina, el objeto del deseo de Arnold Schwarzengger en otra estupenda película de ciencia-ficción, “Total Recall”. La incluyo principalmente porque ella es la verdadera modosa/viciosa. Me explico: cuando el personaje de Arnold va al centro de sueños “Rekall” a montarse una aventura virtual en Marte, le piden que describa a la chica que quiere que lo acompañe y dice (su mujer era Sharon Stone, por cierto) que le gustan morenas y atléticas. Y sobre su actitud dice, mientras va cayendo dormido por la anestesia, que quiere que la chica del sueño sea “modosa”… y abre los ojos y dice “viciosa”. En inglés es aún mejor: “demure… sleazy”.

Aunque sólo fuese por eso, no podía faltar en esta lista.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Navidad

Suelo decir que no me gusta la navidad, pero es que tengo sobrados motivos para ello. Cuando tenía muy pocos años de edad, una noche de 5 de enero, cuando mis hermanos y yo estábamos esperando con la mayor ilusión la llegada de los Reyes Magos, se murió mi padre. A partir de ese preciso instante dejé de creer, por supuesto, en los Reyes y en Papá Noel (qué remedio) pero también en otras historias, llamémoslas sobrenaturales. Concepciones inmaculadas, resurrecciones, milagritos de panes y peces. Tengo la enorme suerte de que la religión apenas me haya afectado directamente a lo largo de mi vida. Tengo muchos conflictos internos, imagino que como todo el mundo, pero el religioso, y doy gracias a dios por ello, no es uno de ellos.

Cuento esto porque a pesar de mi descreimiento o descreencia me gusta llamar las cosas por su nombre, y me da cierta rabia que en aras de la maldita corrección política ahora la gente deje de desear feliz navidad, no sea que el otro u otra pertenezcan a una denominación religiosa que no celebra estas cosas y se sientan por lo tanto ofendidos. Tranquilos, no me voy a poner pesado contando lo que todos saben y es que algunos de los primeros padres de la iglesia hicieron coincidir (¿milagrosamente?) el nacimiento de su mesías particular con la celebración (pagana y universal) del día más corto de cada año, señal de renovación, de inicio de un nuevo ciclo vital.

La Navidad es un invento divertido, kitsch y muy disfrutable. Proporciona una excusa para beber y comer o hacer lo que a uno le dé la gana sin más límites que lo que cada uno se imponga. Lo curioso es que las costumbres más tremendas, incluso aquéllas que caen en la denominación de lo peor de todo, empiezan a hacerme gracia. Por ejemplo, nunca comprendí la fruición (relativamente reciente) de los madrileños por comprarse y ponerse por navidad las pelucas más absurdas y horripilantes que haya. Y este año, por algún motivo que no acierto a comprender, lo encuentro todo muy gracioso. Aquí nos vamos por lo colorista, lo ruidoso y el espumillón. Bienvenido sea todo. En otras latitudes, la celebración es algo más sobria. Los villancicos tradicionales ingleses son una maravilla. El vino templado y especiado del norte de Europa, glög, es repulsivo (pero calienta el gaznate). Y la Quinta Avenida de Nueva York se pone aún más bonita y elegante que de costumbre.

Nunca he pasado la Navidad en Nueva York. Lo más cercano a ello fue hace doce años, cuando estuve allá por trabajo un mes, justo hasta mediados de diciembre. Me encantó el despliegue de la maquinaria navideña y su “buen gusto”: la iluminación de árboles y edificios, la decoración de los escaparates, los coros de villancicos. Es posible que toda la decoración fuese muy monocolor, en plan Preysler, o los villancicos demasiado ensayados. En aquel momento todo me pareció maravilloso. Coincidió además con la que fue (y probablemente será, salvo que cambien radicalmente las cosas, que ya lo dudo) mi última relación con una mujer. Fueron sólo tres días y todo fue muy torpe. Pero nos gustábamos mucho, éramos jóvenes y guapos (ella sobre todo, lo sigue siendo), y comimos, cenamos y bailamos como si tuviésemos toda la vida por delante. Ambos sabíamos entonces de sobra que no sería así pero decidimos dejarnos llevar por la ciudad (las torres gemelas, vistas desde West Broadway, refulgiendo doradas en la noche), el frío inenarrable y el ambiente navideño. Cada uno siguió luego por su lado, con su vida. Hoy seguimos siendo amigos. Nunca hemos hablado de ello, ni falta que hace.

Eso sí, si hoy me gusta la Navidad, si me abro a ella y me dejo llevar por su torrente más kitsch, colorista, glotón y bebedor es gracias a mi adorado marido, que se dedica a las fiestas con una devoción tan enternecedora como contagiosa, que me ha hecho enterrar para siempre aquella noche de Reyes tan fatídica -del mismo modo que me ha hecho enterrar tantos otros complejos, inseguridades y miedos, nunca te agradeceré lo suficiente todo lo que me has dado. Y aquí estoy, escribiendo en el blog como modo de escaquearme de tener que batir huevos, rellenar pájaros muertos con castañas, hornear tartas y pastelillos, pelar patatas, lavar coles de Bruselas o abrir botellas de cava. Bueno, a lo de abrir botellas sí me apunto.

Dejo de regalo una de mis escenas de cine favoritas de todos los tiempos. Sucede al final de Everyone Says I Love You, de Woody Allen, quien baila con Goldie Hawn al borde del Sena. Recuerdo perfectamente que vi la película en Nueva York un par de días después del breve “flirt” que he contado hace un par de párrafos. Y recuerdo que salí del cine en éxtasis, bailando y flotando en el aire, que es como me siento ahora, después de volver a ver la escena y contagiado del espíritu navideño. Quién me iba a decir a mí que iba a acabar disfrutando de estas fechas tan señaladas.

Feliz Navidad a todos.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Pisco Sour

Dios me libre de meterme en polémicas sobre si el pisco viene de Chile o de Perú. O de Perú o Chile. Ambos países parecen buscar permanentemente una excusa para ir a la guerra, y la "autoría" del pisco es una de esas excusas. Quien tenga interés que busque en una enciclopedia, wiki o de papel.

Yo había probado antes el pisco sour, pero en mi reciente y breve viaje a Santiago me puse ciego. Literalmente. Me tomé 8 cócteles entre aperitivos y la cena (donde también cayó vino blanco. Y un brandy. Estoy en fase alcohólica, cualquiera diría que se acerca Navidad). Soy de los que presume de que no bebe.

Pero ¡qué bien me sentaron los "pisco sours" que me tomé! Qué rico, qué maravilla, cómo entra. Tan acidito, tan ligerito. Y nada de dolor de cabeza. Bendito Ibuprofreno.

He encontrado este vídeo en YouTube sobre cómo hacer un pisco sour: pisco, zumo de lima, jarabe de goma, clara de huevo y angostura. Había otros vídeos, pero éste no es ni peruano ni chileno, sino de un barman muy salado de Nueva Orléans. Y como escribí anteriormente sobre Nueva Orléans, sigo en onda.

Acabo de llamar salado a un señor. Me estoy haciendo mayor. Necesito una copa.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Handcarved coffins


Me reincorporo al quehacer bloguístico, que nunca abandoné del todo, pero que he dejado hibernar durante unas semanas.

No hace mucho, mi buen amigo Miguel me dio una copia de un papel que habíamos escrito él, otro amigo común, Alberto, y yo hace más de 11 años. Era una lista de nuestros libros favoritos. Me impresionó comprobar al verlo que, a pesar del tiempo pasado, mi lista de entonces era casi idéntica a la de ahora, que es la que está en el perfil de breckinridge. Con una excepción de importancia. En el perfil no he incluido, y no sé bien por qué, “Handcarved coffins”, de Truman Capote.

Nunca me cayó bien Truman Capote. Se juntan varios motivos: no me gustan las personas que hacen ostentación de sus vicios o alardean sus miserias; me resultaba desagradable físicamente, su transición de efebo a ectoplasma es lamentable (¡Qué mal envejecen los chicos guapos!); su obstinación con el cotilleo era enfermiza y excesiva hasta para mí; el hecho de que mi idolatrado Gore Vidal lo odiase no ayudó a que mí me cayese bien.

Ahora bien, una cosa es que no me cayese del todo bien y otra es mi juicio sobre los libros que escribió. Él siempre defendía que era preferible escribir poco pero bueno que publicar y publicar sin cesar, esperando que alguna de las obras publicadas salga bien. Su producción literaria es corta, y si no toda de primera fila, al menos siempre es muy interesante y está muy bien escrita. Siempre he pensado que si él hubiese escrito”To kill a mockingbird”, novela de la que es uno de los personajes principales, estaría en los más elevados altares de la historia de la literatura, pero tiene a su favor haber inventado la novela periodística o el periodismo novelado, que tampoco se sabe muy bien en qué consiste, por ejemplo, “In cold blood”, la que todo el mundo considera su obra maestra.

Me encantan sus novelas iniciales, como “The grass harp”, con su ambientación sureña: jamás he estado en el sur de los Estados Unidos pero me fascina. Tuve una oportunidad hace un par de años de irme a vivir, post-Katrina, a Nueva Orleáns, que no se materializó, llenándome de tristeza. Me imaginaba pasando tardes eternas de sol anaranjado tumbado en el porche de una casa de madera, alcoholizándome lentamente mirando la vida pasar, quedando empapado en sudor mientras era devorado por los mosquitos. Por supuesto, sé de sobra que ese tipo de vida apenas existe y que tampoco me gustaría en realidad, pero es lo que tiene leer, te transporta a lugares inexistentes y a estados de ánimo y modos de vida distintos y, afortunadamente, inalcanzables.

Me estoy desviando. Además de las novelas sureñas, Capote fue un cronista inigualable de la vida de mediados del siglo XX en Nueva York. Aunque, gracias a Audrey Hepburn, la versión filmada de “Breakfast at Tiffany’s” supera a la novela, ésta tiene unos matices que se pierden en la película, en especial un punto canalla que está ausente de la versión de Blake Edwards, centrada casi en exclusiva en el Upper East Side. Hay ocasiones, finalmente, en que Capote mezcla a la perfección el ambiente sureño y la urbanidad cosmopolita, y ningún ejemplo mejor que “Handcarved coffins”.

El título queda feísimo en español: “Ataúdes tallados a mano”. Tiene en común con “A sangre fría” que se trata, supuestamente, de una narración novelada de un crimen auténtico, pero muchas personas cercanas a Capote dijeron tras su muerte que se trata de ficción pura y dura. A mí me sorprende que estos comentarios se hagan en tono de crítica, pues si realmente se trata de ficción, el mérito del escritor es mucho mayor. El argumento es sencillo: en un pueblo del centro-sur de los Estados Unidos se produce una serie de asesinatos. Lo único que tienen en común, además de la localización, es que todas las víctimas recibían antes de morir un paquete que contenía un pequeño ataúd tallado a mano que en su interior guardaba una fotografía, apócrifa y desconocida, de la víctima.

Se trata de un texto breve, cuyas dos terceras partes iniciales son un diálogo entre el propio Capote y el detective del caso (de nombre formidable: Jake Pepper) y otros personajes de mayor o menor relevancia. Posteriormente, cuando la investigación deja de avanzar y el escritor abandona la escena, cita sus propios diarios de la época para ilustrar los acontecimientos, todo ello sembrado de un relato de sus andanzas por el mundo, que lo deja a uno con ganas de saber más (¿Con quien estaba en Estambul? ¿A quién se refiere al hablar de las fiestas en Nueva York?). El final del libro es una narración del desenlace de la historia, que es espléndido. Recuerdo que cuando vi la película Zodiac, quizá la mejor del año pasado, pensé en los ataúdes tallados a mano.

Capote mezcla los estilos (diálogo, diario, narración) con una aparente gran facilidad. El lenguaje es limpio, sin excesos ni alardes, pero se nota el estilo y el trabajo. Y es que esa facilidad es, como digo, aparente, porque “Handcarved coffins” es la obra de mayor peso que escribió tras “In cold blood” y le tuvo ocupado más de una década, los años del envejecimiento, del deterioro físico, del bloqueo de escritor, de la decadencia de las fiestas. Si algo me sorprende es que no se haya hecho una película (o una obra de teatro) basada en la misma. La riqueza visual y textual del relato lo debería hacer relativamente sencillo, o al menos a mí me lo parece. Hubo intentos en los primeros años 80, tras su publicación, para hacer la versión filmada, pero no cuajaron. E imagino que, a pesar de las dos recientes biopics (ambas buenas) de Capote, ahora no interesan historias filmadas sin superhéroes.

Si escribo todo esto es porque he disfrutado releyendo “Handcarved coffins”, que forma parte de “Music for Chameleons” en un viaje relámpago a Santiago de Chile, tan relámpago que la tripulación del avión era la misma a la ida y a la vuelta. Me ha gustado Santiago, lo poco que he visto, y no esperaba mucho. Pero más sobre Santiago en otro post. Me limito de momento a recomendar un poco de Capote. Y mucho “Pisco sour”. Qué cosa tan buena.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Otoño-Invierno


El otoño siempre ha sido mi estación favorita. Este año ha sido especialmente bonito, dejo una foto de un paraje de la provincia de Ávila que da fe de ello. Incluso una rata de ciudad como yo necesita salir a ver naturaleza de vez en cuando.

Precisamente sobre un reciente fin de semana campestre quería haber escrito una entrada. También tengo pendiente continuar, y en algún momento acabar, la serie de los mitos eróticos. Me he hinchado a hacer fotos de escaparates en las últimas semanas, y sin duda algunos de ellos aparecerán en este blog. Como tantas otras cosas más.

Pero habrá que esperar. Me voy a dar un descanso. No hay ningún motivo específico, aunque es posible que en el ínterim empiece otro blog, más, digamos, especializado.

Seguro que vuelvo, me gusta demasiado esto como para dejarlo, pero lo dejo de momento. Que lo pasemos todos bien. Que seamos todos felices.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Como unos chicos

La prenda de ropa más cara que he tenido nunca era una camiseta de la marca japonesa Comme des Garçons. Me la regalaron en torno a 1990 en una tienda de Madrid que me gustaba mucho pero que ya no existe, Enrique P, de la que yo era cliente aunque no tan bueno como para que me regalasen algo tan caro. Era una camiseta normal, de color carne, que tuve que tirar porque se me salió la tinta de un boli encima y no hubo manera de quitar la mancha. Una pena, porque era una camiseta bonita y además a mis amigos más mega-fashion les impresionaba mucho la etiqueta.

Los responsables de la marca H&M son listísimos. Esta mañana han lanzado una “colección-cápsula” de unas pocas prendas de ropa diseñadas por Rei Kawakubo y firmadas Comme des Garçons, pero a precios H&M, es decir, asequibles. La campaña publicitaria es impresionante, y la web que han montado aún más. Podías ver cada una de las prendas, de chico o de chica, en detalle y en un click de ratón te decían en qué tiendas podías comprarlo. La promoción empezaba a las 10 de esta mañana.

Aunque me gusta mucho la ropa, prefiero ser espectador que consumidor. Sigo cada temporada con fruición las noticias sobre colecciones de aquí y de allá, pero siempre acabo comprando y poniéndome lo mismo. Tampoco tengo fondos ilimitados, y la ropa buena es muy cara. Además, llevo traje y corbata a diario, así que mis posibilidades de ser original son limitadas. Pero, recordando la camiseta de antaño y azuzado por una joven amiga y compañera, me he liado la manta a la cabeza y he ido con ella esta mañana a la tienda de Gran Vía, que me pilla muy cerca del trabajo, con intención de comprarme un chaquetón de Comme para H&M con muy buena pinta y mejor precio que había visto en la web. Como he dicho, abrían a las 10. Hemos llegado a las 10 y 3 minutos y antes de entrar hemos podido comprobar que con toda certeza tenía que haber habido una buena cola nocturna, pues en la calle había por todas partes vasos de plástico con restos de café, además del cordón de seguridad habitual, ya recogido. Al entrar en la tienda, abarrotada, he visto que estaban todas las modernas de Madrid, ellas y ellas. Había también cámaras de televisión, filmando la escena que parecía sacada de “Lío en los grandes almacenes”, de Jerry Lewis.

Y al acercarnos a los estantes y perchas de la colección Comme des Garçons hemos visto que ya no quedaba casi nada. En 5 minutos la gente había arramplado con todo. En la caja había una señora de cierta edad pagando unas 20 camisas negras con lunares blancos que se llevaba, casi seguro, para poner en reventa en Ebay al llegar a casa. No quedaba ni un chaquetón ni tampoco la chaqueta que mi compañera había detectado en la web. En 5 minutos. Nos hemos vuelto al trabajo un poco depres, en parte por no haber comprado lo que queríamos pero también sobre todo por el sinsentido de la situación, todo el mundo enloquecido por unos trapos más o menos bonitos (mucho negro, muchos lunares), fabricados como no en China, diseñados por una japonesa para su propia marca, que tiene nombre francés. Muy globalizado todo. Y muy banal, la verdad.

Tengo la suerte de poder escaparme a comer a casa algunos días entre semana, y hoy ha sido uno de esos días. Para llegar a casa he tenido que cruzar la calle Alcalá, donde había una manifestación delante del Ministerio de Educación. Hoy había convocada una huelga general universitaria y estudiantil, a favor de un trabajo digno, en contra de la selectividad, en contra del sistema de Bolonia. El líder de la manifestación, o al menos el que agitaba y gritaba por el megáfono, era de mi quinta, quizá un poco más joven, pero no mucho, tenía menos pelo que yo, que ya es decir. En la manifestación había muy poca gente. Yo diría que menos que las que vi en H&M por la mañana, aunque comparar el entorno cerrado de una tienda con el espacio abierto de la calle Alcalá es necesariamente engañoso. El líder estudiantil, sin duda un repetidor profesional, se desgañitaba gritando sus consignas que los cuatro gatos que estaban con él repetían.

La gente madruga para ir a unas rebajas. La gente no va a pedir mejoras en el sistema educativo. Yo no sé si esto es una enfermedad, un síntoma o una causa de algo. No sé si es santo y seña de nuestro tiempo, tampoco sé si es bueno o malo, mi compás moral dejó de funcionar hace mucho. Me parece algo extraño, ¿o no?

domingo, 9 de noviembre de 2008

Mitos Eróticos. Parejas

A veces los mitos eróticos me vienen en forma de pareja, y me resulta inevitable que me gusten ambos componentes de la misma, o que por separado no me gusten. O no me gusten tanto, no sé si me explico.



Yo no sé cómo lo hace pero Warren Beatty siempre tiene cara de haber echado el mejor polvo de su vida. Quizá sea cierto porque, como dijo Shirley MacLaine, ella es la única actriz de Hollywood a la que no se ha tirado, y ello debido únicamente a que son hermanos. El Sr. Warren ha tenido multitud de parejas, pero a mí me gusta en compañía de Julie Christie. Por separado me gusta casi más ella que él, juntos me parecen irresistibles. Beatty tuvo otra pareja espectacular, Michelle Phillips (de Mamas and the Papas) pero me quedo con Julie y su cara de estar esclavizada en la cama, y encantada. Me pregunto que será de la vida de WB, casado sexagenario con Anette Benning, ahora que ésta ha pasado a engrosar las filas de las deformadas por la cirugía (¿por qué lo hacen? Un retoque, vale, pero ¿cambiarse la cara entera para parecer la cuarentona que nunca fue?) Dejo una segunda foto de JC con WB barbudo. Aún más guapo.



James Taylor podría haber entrado en mi panteón de melenudos y, en su caso, bigotudos. Lo que pasa es que a mí JT me gusta sólo de dos maneras: cantando o en compañía de Carly Simon. Me ocurre un poco lo mismo que con la pareja anterior: me gusta más ella que él.

James Taylor, antes de quedar hecho polvo por la heroína, perder el pelo, divorciarse de Carly y hacerse mayor, limpio de drogas y predecible, era muy atractivo, muy de my gusto 70's. Pero es con Carly Simon, sus ojos transparentes, su boca inmensa, dientes peligrosos, melena espesa y, sobre todo, esa pinta de niña bien metida a hippy-moderna cuando JT reluce de verdad. De nuevo dejo una segunda foto.


Soy un pesado, lo sé, siempre dándole vueltas a lo mismo. Pero no me puedo resistir a incluir a Ana y Johnny, aunque ya les he dedicado más de un post y los he citado montones de veces. Es que la gente no me cree, pero mi despertar sexual se lo debo a ellos. De nuevo, me gustaban los dos a rabiar. Johnny era guapísimo, de eso no hay duda. La cicatriz del labio superior le daba además un morbo adicional muy especial. Ana era maravillosa, modosa y viciosa, con esa cara de niña buena, esa voz que no era de este mundo y que decía aunténticas barbaridades a grito pelado. De verdad, yo tenía poco más de diez años y ellos me hicieron darme cuenta de que el amor, el de verdad, el que se expresa por la entrepierna, existe y además da mucho gustirrinín. Me atrevería a decir que justifica nuestra existencia, pero hoy es domingo y estoy relajado así que no me pasaré de la raya.

¡Pobres Tina y Carmela! Eran la bomba. A mí no me gusta la rumba ni el flamenco. El flamenco no me gusta nada, no lo comprendo. Y sí, me molesta que por esos mundos se crea que todos los españoles llevamos en la sangre el flamenco y los toros (soy abolicionista, por supuesto). Pero Las Grecas marcan época. Y otras cosas también, con esos pantalones tan apretados. A mí me parecían lo más sexy que me había echado a la cara nunca. Y no, no son el típico "one-hit wonder", que también son responsables de "Anabalina", que es como la alianza de civilizaciones pero treinta años antes y, además, sin la barriga indecente de Moratinos. Es una pena que no haya más vídeo que éste, casero. "Salam Salam Maleikum Maleikum Maleikum Salaaaam", se desgañitaban las pobres. Y no es sólo lo musical lo que me gusta, que me encanta, sino todo el conjunto en sí, que exudaba un sexualidad que yo no comprendía pero sabía que estaba ahí.



Más bien al contrario, sí que lo comprendía, y qué bien lo comprendía, respecto a Starsky & Hutch. ¡Ay, qué recuerdos! Pegadito a pantalla me tenían desde un buen rato antes de que empezara la serie en nuestra TVE de los 70.
Por cierto, hago un inciso: el mejor regalo que me hicieron por mi reciente cumpleaños, fue un ¡Hola! del año 75. ¡Gracias mágicas, Anabel! Todos los que estábamos de festolín nos pusimos a leerlo enfervorizados, sobre todo al llegar a la programación de televisión. La primera empezaba a las 13:45 y cortaba a las 16:30 para volver a empezar a las 18:45. No había otra cosa (bueno sí, tres horitas de noche en el UHF, la 2). Así hemos salido algunos. A lo que estaba: yo me apalancaba ante la tele antes de los títulos de crédito, no me fuese a perder el nanosegundo de secuencia en que salen ambos en la sauna con toallita y pistola. Hombre, en realidad a mí me gustaba Paul Michael Glaser. A David Soul lo veía más como para chicas, de hecho cu cancioncilla del verano fue un himno de fans y a mí aquello no me gustaba nada. De nuevo, por separado no les veía tanta gracia, pero juntos me resultaban irresistibles. El coche, los mafiosos negros. Qué tiempos. Dejo otra foto, que la he encontrado en los basureros del ciberespacio y me ha hecho mucha gracia. Espero que guste...

Termino ya. Y lo hago con la pareja protagonista de la mejor serie de televisión de todos los tiempos. Y quien diga otra cosa, que lo justifique.

Menuda secuencia de títulos. Barcos, Ferraris, tetas moviéndose al tuntún de los bongos (bueno, en realidad son Rototoms, pero no quiero pasarme de enteradillo), loros, flamencos, Jai Alai, bikinis, skyline, arquitecturas postmodernas. Y una música bestial. Al contrario que en Starsky y Hutch, los protagonistas, Crockett y Tubbs, no salen en la secuencia de títulos. A mediados de los años 80, yo ya era un chico mayorcito y no me valía cualquier cosa. Jamás me ha gustado el tipo "guaperas" a la Don Johnson, aunque haber estado casado, dos veces además, con la Griffith tiene mucho mérito. Philip Michael Thomas era muchísimo más atractivo, sin duda. Pero, de nuevo, tenían que estar juntos, en pareja. Por separado no me gustaban ni el uno ni el otro. Pero los trajes gris perla brillante con camiseta rosa recortada del uno, y las chaquetas cruzadas y entalladas, con buena hombrera, del otro, eran para mí un referente fundamental. Además, la serie era buena de verdad, con muchas referencias a hampas cubanas, corrupción policial, drogas de todo tipo, submundos varios (incluido "leather") y miserias de todo tipo. O sea, todo lo que me gusta. En la sexta temporada salió Jermaine Stewart en la serie, vestido con chaps de cuero blaco con flecos. ¿Qué más se puede pedir?
Por favor, que no haya menciones a secuelas cinemátográficas de S&H o de Miami Vice. ¿Cómo se pudieron atrever?

jueves, 6 de noviembre de 2008

Escaparates y fachadas. Samaral.

He decidido empezar una nueva serie (ocasional) de posts, dedicada a escaparates de establecimientos y a fachadas de edificios que me llamen la atención. Y lo hago por dos motivos: en primer lugar porque el diseño es una de mis áreas de interés principales y he escrito muy poco al respecto (tampoco soy un experto, sólo sé qué me gusta y qué no) y por otra porque en mi centro de trabajo me han dado un teléfono móvil que tiene cámara, cosa que antes no tenía, y le he cogido gusto a usarla. Lo sé, es lo peor. Pero no me puedo resistir.

Samaral es un tienda muy tradicional de la Gran Vía madrileña, especializada en objetos náuticos. Venden cosas realmente espantosas, tiene un montón de dependientes, casi todos de cierta edad y desde luego amabilísimos. Uno se pregunta cómo sobrevive una tienda así en pleno siglo XXI, pero ahí está. Eso sí, el diseño de la tienda es fabuloso: panelado de madera noble en dos niveles, vitrinas con cristales curvos siguiendo el mostrador, buenas lámparas, apliques metálicos de corte art-déco de latón o de metal cromado. Se nota que se hizo en una época en la que aún se valoraban los buenos materiales y no todo era pladur, como ahora. La tienda está cuidada con mucho mimo, aunque se le notan los años y el desgaste como es lógico.

Por encima de todo, destaca el logotipo. Soy consciente de que ahora a todo el mundo le gusta la tipografía y se ha convertido en moneda corriente interesarse por esas cosas, pero a mí me lleva apasionando desde que tengo uso de razón, aunque mi absoluta falta de talento me ha impedido no ya dedicarme, sino siquiera aproximarme con alguna seriedad a ese mundo. La tipografía del nombre Samaral es sensacional, podría ser de los años 30 o de los 50: las letras, unidas como si estuviesen escritas a mano, fluyen con una elegancia poco habitual. Las tres "a" forman círculos perfectos que compensan las consonantes, mucho más delgadas. La simetría del tamaño de la "s" inicial y la "l" final redondean un diseño precioso. La foto que he colgado es de la fachada trasera, que da a una calle madrileña con mucha solera, Caballero de Gracia, que me gusta mucho. Nada más hacerle la foto me fijé en los objetos del escaparate y para mi sorpresa vi esto:
Se trata de una gabardina marcada "Burberry's" que venden a 49 Euros. Y sí, el estado lamentable en el que parece estar es el estado en el que está. No me resisto a dejar una segunda foto de un detalle del tejido exterior, y eso que la cámara de mi nuevo móvil no le hace justicia:
Justo al lado tienen a la venta un par de pantalones, circa 1985 (igual hasta se vuelve a llevar ahora ese corte) al precio de 4.500 pesetas. Ni siquiera han cambiado el precio a Euros (y no cuelgo más fotos).

Como decía antes, resulta incomprensible que un establecimiento así pueda continuar existiendo. Uno se plantea si será una tapadera de algún negocio o tráfico turbio, pero da la impresión, cuando se entra a la tienda, de que tiene clientela a pesar de todo, y es que, como decían en Desayuno con Diamantes, a uno le da una cierta satisfacción ver que cosas tan atemporales siguen existiendo. Y eso que, después de mucho pensar, me di cuenta de que si aún existe no es por ningún motivo romántico, sino porque está en un emplazamiento privilegiado y algún negocio global (Starbuck's o similar, seguro) les ofrecerá algún día no muy lejano una pasta por el local y desaparecerán esas tipografías elegantes, las maderas nobles y los cristales curvos, sustituido todo por un entorno más moderno, más asimilable a todo lo demás, más parecido a lo que se pueda encontrar en cualquier ciudad del mundo. No vaya a ser que la gente se nos asuste, sobre todo en estos tiempos de crisis.

sábado, 1 de noviembre de 2008

And the winner is....

PasaelMocho!! Enhorabuena! Aquí están las soluciones al concurso musical y mil gracias por participar. Es muy divertido, la verdad sea dicha, repetiré la experiencia.

1.- “After one whole quart of brandy, like a daisy I’m awake…”

“Bewitched, bothered and bewildered”. Una de las canciones más bonitas de todos los tiempos, compuesta por Richard Rogers y Lorenz Hart para el musical “Pal Joey” en 1940. Siempre he pensado que debería ser el himno de la liberación de la mujer, pues la letra no hace otra cosa que celebrar la sexualidad femenina, y qué mayor liberación que el sexo, ya lo decían Ana y Johnny. La han interpretado algunas de las mejores voces del siglo XX, casi todas femeninas (Rufus Wainwright ha hecho una versión hace poco). A mí parecer, la versión perfecta es la de Ella Fitzgerald, aquí en un extracto de una grabación en directo en el programa de televisión de Nat King Cole:

Seguro que a mis lectores, sin embargo, les gusta más esta otra versión. Barbra Streisand interpreta la canción en 1963. Uy, pero… ¿quién es esa señora que la presenta? ¿No será Judy Garland? ¡Apoteosis marica!

Por cierto, en ninguna de las dos grabaciones se oyen las líneas iniciales del texto que son las que yo utilizaba en el concurso. Qué cosas.

2.- “This is no disco. It ain’t no country club either. This is L.A….”

“All I wanna do”, Sheryl Crow. En 1994 retomé mi idilio con Nueva York, donde pasé un mes, y en aquel otoño sonaban por todas partes esta canción y “Secret”, de Madonna. Lo curioso es que para mí “All I wanna do” no es una canción neoyorquina, sino que me recuerda al lugar que más se parece al infierno en el que haya estado nunca: Los Ángeles, California. He estado sólo una vez allá y lo detesté inicialmente, es lo opuesto al tipo de ciudad que me gusta, siempre metido en un coche, con un calor infernal en pleno noviembre. Y sin embargo desde que me fui de ahí me muero de ganas por volver.

Esta canción resonaba en mis oídos cuando conducía por Santa Monica Boulevard, paseando por la playa en Malibu, yendo por Mullholand Drive, de compras por Rodeo Drive, peleándome con un poli que me puso una multa en West Hollywood, perdido en los arrabales de Echo Park o comiendo en la pizzería “Frankie and Johnnie”, donde hay una enorme pizarra de vileda con las firmas de todos los famosos que han pasado por ahí, incluido mi adorado Jermaine Stewart (tengo prueba gráfica), en todos los rincones que visité en esa no-ciudad. Porque ciudad no es, eso está claro.

La letra de la canción es extraordinaria. Hay frases memorables: “I like a good beer buzz early in the morning, and Billy likes to peel the labels from his bottles of Bud”. Tuve un momento Sheryl Crow hace unos años, algo diluido hoy, pero esta canción permanece.

3.- “No podré volverte a ver nunca más, sabes que lo siento de verdad..:”

“Otra dimensión”, Alaska y los Pegamoides. Cuando me enteré de que se había muerto Carlos Berlanga vinieron a mi mente las palabras “Cuando sobrevolábamos Key Biscaine, sentí un mareo, una náusea, un nosequé”. Como tantos otros, siempre he pensado que el tándem Berlanga/Canut ha producido las mejores canciones pop que haya dado nunca este país. Con permiso de los chicos de Astrud y de Guille Milkyway, quizá. Llevo mucho tiempo dándole vueltas a una entrada sobre Nacho Canut, un personaje que me fascina. Suyo era el primer blog que leí, y sigue escribiéndolos esporádicamente.

No existe vídeo de la canción, aunque sí una actuación en directo reciente de Fangoria, pero no me gusta demasiado. Echo de menos la voz de Carlos y el organillo de Ana Curra. Creo que ya he contado que tuve el EP de debut de Alaska y los Pegamoides, lo presté y lo perdí. “Otra dimensión” siempre fue mi favorita, y eso que era casi imposible quedarse con una sola canción, eran todas auténticas maravillas.

Dejo este vídeo casero con la canción original.


4.- “One night in a disco on the outskirts of Frisco, I was cruising with my favourite gang…”

“He’s the greatest dancer”, Sister Sledge. Quizá la mejor canción de la era disco. La factoría Chic compuso y produjo, para sí mismos y para las hermanas Sledge, unas canciones de sonido elegantísimo adornadas con las letras más insustanciales y, por lo tanto, deliciosas que uno pueda imaginar. Aquí las hermanas nos deleitan con frases como “He had the kind of body that would shame Adonis” y, mi estrofa favorita: “He wears the finest clothes, the best designers heaven knows, ooooh, from his head down to his toes, Halston Gucci Fiarucci” (lo he escrito bien, dicen “Fiarucci”, con a). En su version, Danii Minogue mantuvo el Fiarucci. Qué mona. Will Smith sampleó la canción y es que el riff de guitarra es lo más contagioso. Su etapa post-Chic, con canciones como “American Girls” o “Frankie” ya me gusta menos, pero ésta es bestial. Y esa coreografía. Y los pantalones pitillo y las blusas-capita. Qué feo. Qué maravilla.


5.- “I still remember the piano, playing the same old melody..:”

“The Devil sent you to Lorado”, Baccara. Lo he escrito bien, es Lorado, pero ellas lo pronunciaban Laredo. Digo yo que el diablo a uno lo mandaría a Torremolinos o Benidorm, pero no a Laredo, que es un sitio de veraneo de gentes de bien. Es posible que Baccara sea el grupo español de más éxito internacional de todos los tiempos. Tienen en su haber hitos europeos como “Sorry I’m a lady” y sobre todo “Yes Sir, I can Boogie”, que era en realidad la letra que quería haber puesto, pero ésa sí que la habría identificado todo el mundo: “Mister, your eyes are full of hesitation (sonaba a “exitation”)”.

La canción del diablo en Lorado marca el inicio de su declive, por eso es tan divertida. En realidad es mucho más de garbanzo y pandereta que las otras dos, más internacionales y de línea euro-disco. Ahora bien, el punto cowboy es impagable y en el video enseñan muslamen y están monísimas, tal como eran. “And then I saw you for the first time”.


6.- “I get out of bed at half past ten, phone up a friend who’s a party animal..:”

“Left to my own devices”, The Pet Shop Boys. No podía dejar fuera a la canción que da origen a este blog. Escribí sobre ella en la autoentrevista, así que no me voy a enrollar mucho más. Ahora bien, pido mucha atención para el vídeo porque es impresionante. Se grabó en directo en el concierto homenaje a Trevor Horn, el productor de la canción, hace unos cuantos años, y cuenta con la participación, en directo y sobre el escenario, de una orquesta sinfónica. Cuando los PSB le pasaron a Trevorn Horn la maqueta con la canción, allá por 1986, a éste no se le ocurrió nada mejor que encargar una orquestación para la misma. Tardaron meses en tenerla. Mientras tanto, fueron terminando los arreglos y programando los sintetizadores. La canción la grabaron en directo en una toma, orquesta y sintetizadores a la vez. Esto es lo que en inglés se denomina “over the top” y que no me atrevería a traducir (porque decir que es una pasada se queda muy corto y no es lo mismo). De verdad que este vídeo es de lo mejor que he visto nunca. Y Neil Tenant pronuncia tan bien la frase sobre Che Guevara y Debussy que es un lujo.


7.- “Early morning, mid-July, anticipation is making me high..:”

“Summerfling”, kd Lang. Tampoco podía faltar mi adorada kd, en una de las pocas canciones movidas que ha escrito y que describe perfectamente lo maravillosos que son los amores de verano, intensos y ligeros, inconsecuentes e indelebles, ilusionantes y necesariamente pasajeros. Claro, que tampoco es lo mismo un verano en la playa de poniente de Benidorm (segunda vez que sale Benidorm en este post) que en Martha’s Vineyard o Cape Cod, que es donde uno se imagina que la gente pueda tener “Kennedy flair” como dice kd que se siente al corretear por la playa. Es curioso, este disco me decepcionó mucho cuando lo oí por primera vez pero me enganchó poco después. La canción marca el verano del 2000, que pasé en Inglaterra, pero el vídeo me recuerda sorprendentemente a algún verano pasado en Escandinavia. Es curioso, el verano se disfruta mucho más en los países fríos, imagino que es cuestión de aprovechar al máximo los rayos de sol y los días largos, algo que aquí no necesitamos apurar tanto. El vídeo parece de Bruce Weber pero no lo es. Demasiados pocos chicos guapos.


8.- “I had this perfect dream. Un sueño me envolvió. This dream was me and you. Tal vez estás aquí…”.

“Barcelona”, Montserrat Caballé y Freddy Mercury. Probablemente me merezca ser sepultado vivo por ello y que nadie vuelva a leer este blog, pero me encanta esta canción, la encuentro irresistible. Al pobre Freddy le quedaba muy poco y la Caballé no era ya la que había sido. Juntos crearon la canción más marica (palabra que no uso a menudo y ya van dos veces en este post) que se haya hecho nunca. A mí me recordaba lo que había pasado en su día con YMCA de Village People: era la cosa más gay que uno podía ver y la gente no se coscaba. Ni se daban cuenta.

YouTube no me deja encamar el vídeo, así que dejo este enlace. Montserrat Caballé parece Divine, aún más que de costumbre. Y es inevitable notar que Freddy Mercury, a quien el sida impidió llegar vivo a los Juegos de Barcelona, estaba ya muy tocado. La canción, como ambos, es histérica, y ahí radica su grandeza. Sé que pocos vais a estar de acuerdo conmigo, pero no me he podido resistir.

9.- “Eres fuego de amor, luz del sol, volcán y tierra…”

“Melina”, Camilo Sesto. Cuando estaba preparando la lista de canciones para este concurso, le enseñé lo que llevaba preparado a mi querido marido y me dijo que echaba de menos algo de chochi, que sin chochi la lista no me reflejaría bien. Para él Baccara no es chochi, claro. Tengo que hacer un inciso y es que mi chico es inglés, y esa reflexión, y conocer el chochi, tiene mucho más mérito, o así me lo parece. Le hice caso y aquí está el chochi.

Camilo Sesto es un músico como la copa de un pino, pero también lo más hortera (otra palabra que no suelo usar, no sé bien qué significa, pero creo que aquí encaja) como hay pocos. Lógicamente, a mí siempre me gustaron sus canciones, aunque quizá no tanto él, que siempre me ha dado algo de grima. Pensé incluir “Vivir así es morir de amor”, que es la que más me gusta junto a “Algo de ti”, pero la habríais adivinado en el acto, así que me decanté por Melina. Hubo un verano de mi infancia, debió ser el año 75, en que lo único que se oía era “has vuelto Melinaaá”. Y no deja de ser curioso que un cantante de fans se ponga a hacer una canción pseudo política sobre Melina Mercouri.

El pelo, la blusa, las cosas raras que hace con la lengua. No sé, es todo extraño, pero el tío cantaba y la canción es preciosa. No me digáis.

10.- “I was feeling done in, couldn’t win. I’d only ever kissed before..:”

“Touch-a Touch-a Touch me”, extraída del musical Rocky Horror Show. Perfecta para Halloween. Cito de Nuevo a mi chico, porque a mí el Rocky Horror me daba algo igual (me gustaba amucho más el Fantasma del Paraíso) pero él me hizo ver que esto es realmente lo mío. Esta canción marca el despertar sexual de Janet, la interpreta justo después de haber follado con el travestí Frank’n’furter, quien también se había tirado, justo después, a Brad, el novio de Janet. Ésta (“I tasted blood and I want more”) ahora quiere cepillarse a Rocky, el robot sexual que Frank’n’furter se había creado para su propio placer. Dejo aquí la versión de la película, interpretada por Susan Sarandon, jovencísima.

La Sarandon tiene esa calidad de modosa y viciosa que tanto me gusta y que quedará reflejada próximamente en los mitos eróticos. Y Rocky tiene un revolcón, no hay duda. Me encanta su pantaloncillo, y el sostén de Susan. Había pensado al principio en poner “Sweet transvestite”, pero habría sido más fácil de identificar. Y además, ésta es casi más divertida.

11.- “I dreamt last night I was the tear from your face that fell upon the page you wrote me yesterday telling me goodbye”.
"Always in my dreams", Wendy and Lisa. Como ya dije, no cuenta para el concurso (Stanwyck, que me conoce bien, la adivinó) porque es muy poco conocida. Wendy y Lisa eran dos músicas de estudio, miembras del grupo que grabó con Prince "1999" y "Purple Rain" (Bibiana, esta frase va por ti). Al separarse del geniecillo, montaron su propio duo, de estética "lesbian chic" algo durilla y publicaron un par de discos, bastante olvidados. En YouTube se encuantran algunas cosas suyas, pero no esta canción, que me encanta. Y creía que iba a ser capaz de subir un audio file, pero me doy cuenta de que no sé. Así que lo dejo aquí (y si alguien me dice cómo hacerlo, prometo subir la canción).

Gracias a todos por participar.

jueves, 30 de octubre de 2008

Quiz Show

Escribí, al presentar a Stanwyck y su blog, que procuraría no imitarlo mucho. Pues lo del concursito de adivinar canciones por la letra ha hecho que me corroa la envidia, así que lo voy a copiar con absoluto descaro. Bueno, para no admitir que copio diré, en plan friki de Internet, que voy a continuar su “meme”. Y sirve de regalo de Halloween.

Diez canciones (más una de regalo… ¿te suena lo de la pregunta extra, Stanwyck?). Escribo sus primeras líneas. La solución, el fin de semana. En general es facilito, creo. A ver quién acierta más.

1.- “After one whole quart of brandy, like a daisy I’m awake…”

2.- “This ain't no disco. It ain’t no country club either. This is L.A….”

3.- “No podré volverte a ver nunca más, sabes que lo siento de verdad..:”

4.- “One night in a disco on the outskirts of Frisco, I was cruising with my favourite gang…”

5.- “I still remember the piano, playing the same old melody..:”

6.- “I get out of bed at half past ten, phone up a friend who’s a party animal..:”

7.- “Early morning, mid-July, anticipation is making me high..:”

8.- “I had this perfect dream. Un sueño me envolvió. This dream was me and you. Tal vez estás aquí…”.

9.- “Eres fuego de amor, luz del sol, volcán y tierra…”

10.- “I was feeling done in, couldn’t win. I’d only ever kissed before..:”

Y la undécima, de regalo, no creo que nadie la acierte, así que no cuenta para el premio.

11.- “I dreamt last night I was the tear from your face that fell upon the page you wrote me yesterday telling me goodbye”.

lunes, 27 de octubre de 2008

Mitos Eróticos. Morgan Fairchild


Tengo que hacer una confesión. No es bueno dejar que las cosas se queden en el armario, hay que salir de él. Por eso, aquí, ante mis queridos lectores, voy a confesar mi secreto más íntimo.

Tengo tendencias heterosexuales.

Es algo que sé desde pequeñito y aunque he luchado contra ellas denodadamente, siempre ha sido en vano. Y es que no lo puedo evitar. Cuando veo algunos especimenes femeninos se me despierta la libido y me pongo muy burro. Desde mi más tierna edad, consciente de la perversión que me invadía y que amenazaba con arruinar mi vida y la de aquéllos que me rodean y me quieren, quise que mi familia me enviase a un centro de reeducación sexual para frenar esas tendencias tan nefastas, tan condenables, tan feas. Pero no hubo manera, no se daban cuenta de nada y me dejaron crecer tan normal. Para añadir leña al fuego, y al igual que a nuestro ex presidente del gobierno, a mí me gusta la mujer-mujer. Nada de marimachos en pantalones. Eso se lo dejo a otros. A mí lo que me va es el tacón, la laca de pelo y de uñas, las sesiones de peluquería interminables, la ropa bien ceñida marcando curvas, los escotes de vértigo, el estampado de leopardo. El modelo putón, vamos. Sin ánimo de ofender.

Morgan Fairchild, reina de la televisión basura (la de verdad, no ese sucedáneo que nos dan ahora) era dueña de mis sueños post-adolescentes más húmedos e inconfesables. Barbie hecha carne y hueso, famosilla de medio pelo que nunca hizo nada de relieve pero era conocida de todos, se adelantó dos décadas a la tendencia estética actual, marcada sin duda por años de brega de drag queens y transexuales, de una feminidad exagerada, recauchutada, sin complejos. La Fairchild intervino, ente otras joyas de los años 80, en "Dallas" y en "Falcon Crest" como artista invitada y protagonizó dos series olvidadas… por algunos. “Flamingo Road” elevó temperaturas con escenas tórridas. Y “Paper Dolls”, monumento camp y, como Morgan, adelantada a su tiempo, nos dejó unos crédito de apertura inolvidables. Ambas series duraron poco en pantalla, una temporada escasa. Como diría la propia Morgan, las palomitas gustan a todo el mundo, pero el caviar sólo a unos cuantos.



Quien no vea los paralelismos con "Melrose Place" (Racine, el personaje de la Fairchild, es la precursora de Amanda, interpretada por otra de mis musas mujer, Heather Locklear, también superviviente de los grandes culebrones de los 80, que participó en "Dinastía") es que no ha visto mucha televisión. "Sex and the City" no habría existido sin estas Muñecas de Papel. Ojo al reparto, entre ellos: Lloyd Bridges, ya jurásico, haciendo jogging metiendo la tripa; Dack Rambo, chulazo de impresión que desgraciadamente murió no mucho después de sida; Mimi Rogers, la primera señora de Cruise, gran bellezón a pesar de su mandíbula de bulímica; Nicolette Sheridan (sí, Edie Britt en “Desperate Housewives”, 25 años y mucha cirugía antes) en su primer papel. La trama importa poco: básicamente folleteo, abuso de poder, de sustancias y aprovechamiento de menores sin escrúpulos en el mundo de la moda. Todo muy inocente.

La Fairchild tiene en su haber varios momentos televisivos inolvidables: fue la novia de Sandra Bernhard en una par de episodios de “Roseanne”, formando la perfecta pareja butch-femme; y fue la madre de Chandler Bing en “Friends”, algo que en sí no tendría tanta relevancia si no fuese porque el padre del bobo de Chandler era Kathleen Turner. Gran momento camp (lo siento, me repito) de una serie algo tonta. Ya más en serio, a Morgan Fairchild le honra haber sido una de las primeras personalidades de Hollywood que se tomó en serio la lucha contra el sida, cuando la enfermedad aún no tenía nombre. Ella misma cuenta que empezó a ver morir a su alrededor a amigos suyos, hombres jóvenes y saludables que sólo tenían en común que eran homosexuales. Y supo que ahí había algo raro, que tenía que ayudar y se puso manos a la hora. Hoy sigue en ello.

Me encanta la foto que he colgado de Morgan Fairchild al principio de este post. Lo digo en serio, me sigue resultando muy atractiva. Si uno va a su página web puede comprobar lo bien que se ha conservado, es realmente impresionante. Claro, que es la ventaja de haber sido de plástico desde el principio. De plástico pero con un corazón (y unas tetas) de oro.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Prueba fehaciente



Esta foto es prueba fehaciente de que los hombres estamos más guapos con barba. Y eso que los rubios, en general, no sé, no sé.

sábado, 18 de octubre de 2008

Mitos eróticos. Barbudos y melenudos

Así es como mi abuela se refería a un tipo de hombre que abundaba a mediados de los años 70 y que a mí, en plena preadolescencia, me provocaba serios picorcillos.

Nunca me he podido resistir a una buena barba, y sigo pensando que los hombres estamos mucho más guapos con ella. Larga o corta, da igual el tipo, lo importante es que esté cuidada. Pero no demasiado.


Nunca comprenderé el motivo que llevó a Cat Stevens a dejar de escribir y cantar maravillas como "Morning has broken", convertirse al Islam y dejar de ser guapo. Aunque por algún motivo en casa se escuchaba sobre todo música americana, Cat Stevens era la excepción británica y yo deseaba tener ese pelo y esa barba y cantar con su misma voz, tan agónica y triste. Mis hermanos tenían sus discos y yo me quedé prendado primero de las fotos y después de la música.


Algo parecido me pasó con otros cantantes, como Murray Head, el Judas original de Jesus Christ Superstar en el West End. La banda sonora del montaje londinense de la obra fue por cierto el primer álbum que me compré con mi dinero, el mismo día que adquirí "I love to love" de Tina Charles. Yo no sé cómo nadie se daba cuenta de lo mío a tan tierna edad. A lo mejor era yo el que no me daba cuenta de que se daban cuenta. En fin. A mí me obsesionaba su canción "Say it ain't so", que salía en una película que el propio Murray Head interpretó con Marisol y me aterraba y fascinaba su voz temblorosa y su cara de susto. Tiene en su haber acostarse tanto con Glenda Jackson como con Peter Finch en la película "Sunday bloody Sunday", una de las primeras en abordar sin tapujos temática homosexual. Es una pena que sea recordado por "One night in Bangkok". Que no está mal, pero para entonces se había cortado el pelo.


Aunque me doy cuenta de que parte de mis lectores son poco aficionados al deporte, me temo que tengo deportistas en mi lista. Detesto el fútbol, aunque no tanto el deporte en sí, que puede ser entretenido, como por lo que significa cultural (ejem) y socialmente. Pero nos deja buenos ejemplares con los muslos al aire. Y no estoy pensando sólo en Iker Casillas, que también (pero que en esta entrada no tiene cabida). George Best es un icono de estilo de los 70. El pelo, la barba, la camiseta por fuera, el alcohol, la violencia, el talento, los ojos. Cuando vivía en Londres lo vi una vez, bebiendo chardonnay a las 10 de la mañana en un pub de la zona de Hamemrsmith, con la piel amarilla y los ojos muertos. Le quedaba un par de años de vida.


Otro deportista, ni melenudo, ni barbudo sino bigotón, que tenía en forma de poster residencia en la pared de mi cuarto: Mark Spitz había asombrado al mundo con sus siete medallas en Munich. Este año se le ha recordado mucho, por la hazaña de otro nadador, mucho más feo, en otros juegos olímpicos. Yo al bueno de Mark lo tenía colgado, en el esplendor de sus Speedo con barras y estrellas y sus siete medallas al cuello, junto a la foto de los murales abstractos que hizo Fernad Léger para la sala de la Asamblea General de Naciones Unidas. Me gustaba la ONU en vez de jugar con Barbies o el Madelman. Qué rarito he sido siempre.


A Michael Sarrazin apenas se le recuerda, pero la película "Danzad, danzad malditos" ("They shoot horses, don't they" en original) de Sydney Pollack, sobre la gran depresión (sí, la misma que se nos avecina de nuevo) me impactó muchísimo. El bueno de Michael, muy alto y de físico desgarbado, y que ha envejecido fatal, hacía pareja de Jane Fonda en un maratón de baile. En la vida real lucía bigote y look espléndido, copiado hasta la saciedad por Tom Ford desde mediados de los 90, como se ve en esta foto.


Quizá el barbudo qué más picores me provocó, en parte porque reparé en él algo más mayor, fue Kris Kristofferson. Aviso a navegantes: no, repito NO me gusta la música country (salvo que se considere a kd Lang una cantante country, claro). Tampoco soy fan de Barbra Streisand, pero "A star is born" siempre me ha puesto muy nervioso -en el buen sentido, se entiende. Y recuerdo haber ido a ver "Convoy", en que KK hacía pareja con Ali McGraw, unas siete veces. Esa estética "biker", que Cher explota a la perfección en su vídeo "Hell on wheels", me atraía entonces muchísimo, y ahora me hace gracia. Pero Kris K, de nombre tan redundante y ojillos muy juntos, sigue estando de muy buen ver con todos su años a cuestas.

Con grandes excepciones, eran barbudos extranjeros los que me gustaban. Las barbas invadían España cuando desaparecían en Estados Unidos y Gran Bretaña, con la cortina de humo y al ritmo de los 120 bps de la música disco, a la que yo me apuntaba rápido, o la esquizofrenia punk que nunca fue de mi gusto. A la mayoría de los barbudos locales siempre los veía con un barniz progre y sobre todo trasnochado que no era de mi gusto. Me va más el cashmere que la pana, lo siento no puedo remediarlo. Hay algún barbudo patrio que sí me gusta mucho, pero ya de otra época. A alguno de ellos dedicaré quizá una entrada posterior. Tengo sin embargo un recuerdo muy concreto y a la vez muy vago de los años 70 que quizá algún lector me ayude a reconstruir. No hay nada en Internet, al menos que haya podido encontrar. Se trata de una anuncio de vaqueros Grins, marca desaparecida, en el que se veía un grupo de rock de corte hippy-melenudo tocando en plena calle de modo espontáneo, adelantándose a Astrud. Ante la mirada atónita y el gesto de censura de viandantes mayores cantaban una canción que me sé de memoria, letra y música, que dice así:

"No me gusta señora que me digan lo que debo hacer
Esto está bien, esto está mal
Hace ya tiempo que decidí dejarles de escuchar
Visto como quiero, Grins, Grins, Grins."

Yo me quedaba extasiado mirando la pantalla. ¿Soy el único que se acuerda?

p.s. he escrito esta entrada en el nuevo Mac de mi chico. Me encanta el teclado, odio el ratón, babeo con la pantalla gigante y brillante, me tengo que hacer con el sistema operativo.

viernes, 17 de octubre de 2008

"Very Gotham!"



Ésas fueron las palabras que le dijo una mujer americana al señor con el que estaba.

Di mucha lata en este blog a lo largo del verano sobre los vaivenes de mi vida profesional y he optado, para no ser pesado, por no contar nada desde la vuelta al cole. Y es que el principal cambio que se ha operado en mi vida es que ahora voy andando al trabajo. Antes tenía ante mí una hora de metro de ida y otra de vuelta. Ahora tengo un paseo de 15 minutos. A menudo voy a comer a casa. Calidad de vida.

Como vivo y trabajo en el centro de Madrid, mi paseo consiste en atravesar calles y sobre todo plazas, los espacios urbanos más importantes, donde todos nos cruzamos; calles y plazas con historia y con vida propia. El paseo matinal es de lo más estimulante: reconozco que siempre me ha gustado ver despertarse a las ciudades. He visto estos días en la Plaza Mayor, junto a la cola habitual de la Junta Municipal de Distrito y los turistas asiáticos madrugadores, a un judío ortodoxo rezando con su manto para la plegaria y sus versículos de la Torah en ese extraño tintero que se colocan en la frente (y cuyo nombre debería saberme). He visto multitud de personas sin techo, y cada vez parece haber más, durmiendo a la intemperie, en la calle de la Bolsa (desde donde hay una vista fabulosa, en el cañón que forma la calle de la Paz, del Edificio de Telefónica, que a primera ahora tiene aún encendido el reloj de neón rojo de la torre); veo a diario a dos ancianas mendigando, una de ellas, en la Plaza del Ángel con su abrigo acolchado y su buen corte de pelo, que ya me saluda aunque no le dé nada; he visto grupos de hombres (no debería dar el calificativo, pero eran latinoamericanos) empezando a emborracharse a las 8 y media de la mañana y tirados por el suelo, en estado semicomatoso, unas horas más tarde ; he visto a muchos jóvenes con pupilas dilatadas apurando lo que para ellos aún es noche en búsqueda de los after hours más canallas. Veo a diario a las putas de la calle de la Cruz y la Plaza de Benavente, empezando la brega desde bien temprano y continuando hasta la noche. Veo asombrado el continuo montado y desmontado de tenderetes de porte diverso, en la Plaza de Santa Ana, para jornadas gastronómicas o mercadillos de artesanía, con el Teatro Español de testigo; y veo con espanto como ya se han colocado en la Plaza Mayor y en Sol los soportes para las decoraciones navideñas. El año pasado escribí un post que llamé “Navidad en Octubre”, me remito a él.

Es posible que a alguien esto que escribo le parezca un retrato sórdido de la ciudad. Nada más lejos de mi intención. Madrid es una ciudad de contrastes, como todas las grandes ciudades, plagada de grandezas y miserias en igual medida, donde hay hueco para un señor de pinta aburrida como yo y para jóvenes hartos de pastillas y de tedio vital o señoras que hacen cola en la iglesia de San Pedro el viejo o de Santa Cruz para poner una vela tempranera en algún altar milagroso.

Hay otra plaza, cercana a mi lugar de trabajo y por lo tanto de destino, que siempre me ha resultado algo extraña. La plaza de Canalejas tiene unos edificios grandiosos, antiguas sedes de bancos, y alberga una tienda maravillosa: La Violeta, donde sólo se venden caramelos de dicho sabor (y color). Pero al mismo tiempo, es casi como un cruce de autopistas, con un tráfico endemoniado de coches, taxis y autobuses urbanos y un ruido ensordecedor a cualquier hora. Desde Canalejas hice (con el móvil) la foto que he colgado y que retrata los que siempre he considerado los dos edificios más neoyorquinos de Madrid, que están en la esquina de Alcalá con Peligros. Con cuarenta plantas más podrían estar en Mannhatan, o mejor dicho en Gotham, como dijo la elegante turista americana al fijarse en ellos. Aunque dudo que en Nueva York encajase la cúpula que se ve a la derecha, la de la iglesia de las Calatravas. Lo que sí encaja, en Nueva York, Madrid o Hong Kong es el contraste de edificios fabulosos y vagabundos con sus perros fieles a las puertas de las iglesias, tiendas de lujo y bares de barra de aluminio, mercadillos de baraterías a la puerta de hoteles de cinco estrellas y mendigas que (pedirán pero no perderán su dignidad) van regularmente a la peluquería. En una palabra: vida urbana. Tan diversa como lo somos nosotros.

sábado, 11 de octubre de 2008

Mitos Eróticos. Mats Wilander



Con la excepción de Cyd Charisse, Mats Wilander tiene las piernas más bonitas que este mundo haya visto.

Me gusta el deporte. No me paso el día ni mucho menos pegado a la pantalla de televisión viendo programas deportivos, pero hay ciertas cosas que me gustan mucho. Los saltos de trampolín sincronizados, el salto con pértiga, el baloncesto (deporte que yo practicaba el el colegio y la universidad, y era bastante bueno), las grandes finales de tenis. Y si a mi gusto por las finales de tenis se le añade mi obsesión por todo lo sueco, la ecuación tiene por resultado Borg, Edberg y Wilander. Edberg, como que no. Borg, como que tampoco. Pero hete aquí que viendo una final de Roland Garros en algún momento de los años 80 descubrí las piernas de Mats. Las piernas y la extremidad superior de las mismas cuando se le juntan con el torso, no sé si me explico.

Tengo que reconocer que más que gustarme, yo lo que quería es ser Mats Wilander. Lo he escrito bien. No quería ser como Mats Wilander, sino ser él. Vamos a ver, en mi mundo ideal, yo sería sueco, muy alto y muy delgado y tendría mucho pelo rubio, rizado y largo. Barbita rubia de tipo, pues eso, sueco. Ojos claros, un punto hippy. Sólo un punto. Pero no. Tenía que nacer castellano. Con algo de mezcla, pero mesetario puro. Así que me tengo que conformar con admirar a distancia todo lo sueco, empezando por las piernas de Mats Wilander.

Mucha fantasía me monté en mi cabecita con Wilander a lo largo de los años 80, cuando ganó no sé cuantos torneos del Grand Slam y era lo más del mundo tenístico. Aunque me di cuenta poco a poco de que no era tan rubio. Ni tan alto (más o menos como yo... y yo no me tengo por mi ideal de altura). Siempre le quedaban las piernas. Y que es sueco, claro. Pero empezó a no bastarme, y ello coincidió con su decadencia deportiva. Es una pena, cuando eres joven los mitos deportivos parecen eternos, al hacerte mayor te das cuanta de lo rápido que caen y se van sucediendo unos a otros.

De momento, no he visto ningún otro que tenga unas piernas, o un culo, como Mats. Pero todo es cuestión de seguir esperando, que prisa no tengo. Bueno sí, tengo prisa de que vuelva la moda de los pantalones de deporte cortos y algo ceñidos. No puedo con los de corte pirata. Es como las chanclas. Me supera.

miércoles, 8 de octubre de 2008

El blog de Stanwyck

Stanwyck, lectora de este blog y uno de mis mejores amigos, ha empezado un blog, que se llama "He visto más de lo que recuerdo". Pongo un enlace aunque ya lo he incluido en mi lista de favoritos.

Recomiendo fervientemente su lectura y no ya sólo porque sea amigo mío (la verdad es que me sabe a poco definirlo como amigo, es mucho más que eso pero no sabría describirlo con palabras) sino porque desde su primera entrada ya promete, y mucho. Yo me dediqué en primer post a balbucear y listar lo que me gusta y lo que no, como hacemos casi todos. Él, ni más ni menos, escribe sobre el momento en que nació su conciencia. Y encima nos regala una canción de Nino Bravo.

Stanwyck y yo compartimos muchas cosas pero en realidad somos muy distintos. A los dos nos gustan los hombres, pero de tipos casi diametralmente opuestos. Fuimos juntos al gimnasio de cincuentones del que ya he escrito durante un par de años, pero mientras él es atlético yo voy arrastrando lorza. Los dos somos nómadas, pero yo huyo y él busca. He conocido pocas personas con una vida tan rica, tan envidiable (que ya va asomando en el blog), con tanto corazón y tanta generosidad.

En una palabra, que hay que leer su blog, de intrigante nombre, y alentarle a que no lo deje. Yo intentaré copiarle lo menos posible, pero me va a resultar difícil.

lunes, 6 de octubre de 2008

Disfraz emocional

Llevo bastante tiempo recopilando material sobre principios de los 80, en mi búsqueda de los motivos de mi rechazo por una época que es, en realidad, la mía, pero que hoy me repele y fascina en igual medida.

Rebuscando entre mis innumerables discos de vinilo apareció el otro día Peter Godwin, artista británico de onda tecno-pop hoy completamente olvidado, que en 1982 interpretaba "Emotional Disguise", una canción que me volvía loco y que me sigue gustando mucho. Estoy seguro de que también le gusta al Sr. Polo. Era el tipo de música que yo quería hacer con mi grupo (mezclándolo con algo de bossa nova), pero mis compañeros de músicas no estaban tan dispuestos a la aventura músico-moderna como yo. Y no teníamos pelas para un secuenciador, que era mi sueño.


Peter Godwin componía e interpretaba sus temas y también producía a otros artistas. Hay que reconcerle el mérito de no haber optado por las modas extremas de la época (aunque el zapato gris de paseo por la playa le delata), pero la estética del vídeo sí es de los primeros 80 en estado puro: localización exótica, chica mona suficientemente étnica con peinado imposible, mucho labio rojo.

Pero rebuscando rebuscando rebuscando por YouTube encontré no sólo la versión maxisingle, que es la que yo tengo en vinilo, sino también esta joya que dejo aquí, firmada por Maryta Capote. Querido lector, yo te pido que le des al "play" y escuches mientras sigues leyendo. Lamentablemente no hay imágenes, sólo música...

Maryta Capote es una actriz venezolana de buenos muslos, raza y culebrón, que apareció en "Cristal", hermana de la mucho más famosa, al parecer, Tatiana Capote, también actriz de culebrón y también asidua de Cristal. Sorprende que Maryta hiciese una versión de esta canción, un tanto oscura, de Peter Godwin, y que la convirtiese (de nuevo, al parecer) en un gran éxito en Venezuela. Yo sólo pido un favor: hay que llegar al final de la grabación para escuchar la "voz lírica" de Maryta, algo así como los gorgoritos insufribles de Mariah Carey pero en exagerado. A mí me da miedo, esa voz no es de este mundo. Sr. Coxis, no creo equivocarme si afirmo que esta joya de la hermandad latinoamericana tendría un hueco en el sin par cancionero coxiniano. Ustedes juzgarán.

Por cierto, el enlace lo he conseguido a través de una página de gran interés y merecedora de al menos una visita: Iconeando. A disfrutar.

sábado, 4 de octubre de 2008

Mitos Eróticos. Karina.


Karina fue la primera.

Y el primer amor nunca se olvida.

Buscando fotos y vídeos en internet me ha sorprendido ver que, en contra de lo que yo recordaba, Karina tuvo sus mayores éxitos en los años 60 y su carrera estelar acabó con ese segundo puesto en Eurovisión en 1971. Iba a haber colgado algún vídeo de "En un mundo nuevo" que en el fondo es mi favorita de todas sus canciones (y Fangoria la ha versioneado al estilo PSB, deberían haber mantenido los arreglos orquestales), pero he preferido éste, en blanco y negro, donde se puede apreciar mejor la melena rubia y espesa, sus ojos claros, que me encandilaban, sus dientes perfectos y los pómulos desafiando la gravedad. Y además, por supuesto, su voz, su acento andaluz tan suave y su imagen, moderna e inocente a la vez. Modosa y viciosa. Ése es un patrón que se repetirá a menudo en mis mitos eróticos femeninos.

Lo que no puedo creer es que yo tuviese esa fijación con Karina con menos de 5 años. No tengo demasiados recuerdos de mi primera infancia, pero uno de los más claros e inolvidables es el "comediscos". Para los lectores más jóvenes, y aunque he puesto un enlace, contaré que el comediscos era un tocadiscos portátil a pilas, con altavoz integrado, que te colgabas del hombro y llevabas por donde quisieras, poniendo sólo "singles" que se introducían por una ranura. Era el colmo de la modernidad pop. A mí me echaban de todas partes porque iba con mi comediscos (rojo, por supuesto) a tope por doquier, poniendo sobre todo canciones de Karina. Tenía todos sus discos y los perdí cuando dejé que mi hermana se los prestase, hará ahora 20 años, a su amiga Isabel para una fiesta retro. No los volví a ver. En esa fiesta también perdí el primer EP de Alaska y los Pegamoides (sí, el del diorama con dinosaurios y barbies hecho por Costus) y el LP de Almodóvar y MacNamara. Sólo hay un idiota mayor que el presta un disco (o un libro): el que devuelve un disco (o un libro) que le han prestado.

Karina, que sobrevivió a un cáncer, se casó con varios hombres, al menos dos de ellos notorios homosexuales. Imagino que, como Judy Garland, debió sufrir lo suyo. Es curioso cómo muchas mujeres no son capaces de darse cuenta de que sus maridos son maricas. Aunque quizá sí se dan cuenta pero se dejan llevar por sus sentimientos sin pensar en posibles consecuencias. Es algo que todos hemos hecho. Han pasado muchos años, 40, desde el vídeo que he colgado, pero Karina aún sigue haciendo galas cantando sus canciones antiguas, su baúl de los recuerdos, y aún conserva sus ojos claros y, sobre todo, su voz, que no parece verse afectada por la edad.

Suena injusto, y probablemente lo sea, pero se me rompió aquel amor tan intenso como asexual cuando quedó segunda en Eurovisión. Ya lo he escrito aquí: lo que pude llorar aquella noche. Fue casi como una traición que no le perdoné. Qué bobo.

Bueno vale, cuelgo "En un mundo nuevo" en versión en inglés. Toma ya.

martes, 30 de septiembre de 2008

La gran esperanza



Siempre he admirado a los Estados Unidos de América. Ya he contado que pasé allá el verano de 1979, y aquellas vacaciones se convirtieron casi en un viaje iniciático que me hizo descubrir con 14 años muchas cosas, sobre la vida y sobre mí mismo, pero sobre todo me dio a conocer un mundo libre y avanzado, a años luz de la incipiente España democrática. De lo que yo, y probablemente nadie, era consciente entonces es de la transformación que se anunciaba y que iba a cambiar, esperemos que no para siempre, su característica más genuina. Estados Unidos es, como concepto, la tierra de la libertad, el lugar donde, gracias a un sistema constitucional que tiene entre sus objetivos expresos la consecución de la felicidad, todos son libres y todos pueden aspirar a una mejora radical de sus condiciones de vida partiendo del principio, fundamental desde la Declaración de Independencia, de igualdad de oportunidades. Con sus grandes imperfecciones,por supuesto, pero aún así.

Pero nada dura eternamente. De modo imperceptible una gran revolución radical, camuflada de conservadurismo amable, le fue cambiando la faz a esa tierra de libertad. En el plazo de poco más de 20 años se ha llegado a una situación que los padres fundadores del país tendrían gran dificultad para reconocer como el país que surgió como la primera república moderna y laica, superadora de la monarquía absoluta de origen e inspiración divina, que había sido el sistema de poder prevalente en todo el mundo desde la edad media.

Todas las libertades públicas, incluida la sacrosanta libertad de expresión, se han visto afectadas, cercenadas, en bastantes casos anuladas. Las políticas de acción positiva para los más desfavorecidos fueron desapareciendo poco a poco y a cambio se estableció un sistema económico capitalista reforzado y feroz hasta el extremo, en el que las clases medias y las fortunas gigantescas pagan el mismo porcentaje de impuestos; los obscenamente ricos camuflan esa obscenidad, con el beneplácito del sistema, mediante acciones filantrópicas, como donaciones a museos o el establecimiento de fundaciones que no hacen sino mejorar su ya muy favorable régimen impositivo. Mientras tanto se abole la seguridad social y la clase media (y no digamos las clases desfavorecidas) no puede permitirse pagar un seguro médico y vive aterrorizada ante la eventualidad de contraer una enfermedad, a sabiendas de que el tratamiento necesario, cortesía adicional de las prácticas de las multinacionales farmacéuticas, le va a arruinar. Y las instituciones, los poderes del Estado, que en democracia deben equilibrarse unos a otros, pasan a depender de las grandes corporaciones, controladas a su vez por lobbyistas profesionales o, peor aún, miembros destacados del aparato de gobierno que se escudan automáticamente, en caso de dificultad, en las sagradas escrituras, la santidad de la institución familiar tradicional o las exigencias de la seguridad nacional. Hemos llegado a un punto en que no importa tu pasado, si has robado, bebido o incluso matado, siempre que afirmes haber reencontrado a dios.

Pero a pesar de la intervención divina, la lucha por la seguridad nacional o la búsqueda del enriquecimiento personal, o quizá debido a ello, el sistema acaba rompiéndose, víctima de sus propios excesos, de su gula y avaricia sin límites. Víctima sobre todo de no haber sabido mantener los ideales de libertad, igualdad y justicia que están en la base del propio concepto del país y que han sido la referencia, durante más de dos siglos, del resto del mundo. La era Reagan marcó el inicio de esta revolución, que no por conservadora deja de ser radical y que, en las manos del actual residente de la Casa Blanca, cuyo nombre no me apetece escribir, ha llevado a la desfiguración absoluta del régimen ideado por los padres fundadores, esos hombres que soñaron, y consiguieron, entregarle el poder al pueblo.

Afortunadamente tampoco el mal es eterno. De vez en cuando surgen figuras de referencia que son capaces de cambiar una situación, e incluso un sistema y una sociedad, haciendo renacer la esperanza en la verdad, la justicia, la libertad y la igualdad. Yo no tengo duda alguna de que Barack Obama es una de esas figuras. Representa el sueño americano, el chico de clase media-baja que a base de talento llega a ser número uno de su promoción de derecho en Harvard. Y le añade una dimensión multicultural, seña de identidad tanto de un país de aluvión como los Estados Unidos como del siglo XXI. Obama no es sólo, o al menos así lo pienso, un político hábil que ha escogido bien a la persona, de talento extraordinario, que le escribe los mejores discursos que haya oído nunca. Es un generador de ilusión y esperanza en el futuro, y nos hace creer, una vez más, que todo puede cambiar. No, esto no es correcto. Lo que nos hace creer es que todo se puede volver a ser como fue, que se puede deshacer todo lo que ha hecho que su país esté desfigurado, irreconocible.

Años después de aquel primer viaje a Estados Unidos, ya adulto, volví a Nueva York y, como todos los turistas, subí a lo más alto del Empire State Building. Era ya de noche y el viento de final de octubre, a cuatrocientos metros de altura, se colaba hasta los huesos. Viendo el prodigio de la cuadrícula de Manhattan a mis pies pensé que representaba la culminación del pensamiento racionalista iniciado por los filósofos griegos y que retomaron los grandes pensadores humanistas del Renacimiento y la Ilustración. Alexis de Tocqueville hablaba con fascinación del “excepcionalismo de América”, en contraste con las anquilosadas monarquías europeas. Ahora es Sarah Palin quien utiliza la palabra excepcional para describir a todo el que se cruza en su camino. Pero quién sabe qué se cuece bajo ese moño.

Estados Unidos nos ha dado, entre muchísimos otros, a Thomas Jefferson, a Ella Fitzgerald, a Abraham Lincoln, a Eleanor Roosevelt, a Edith Wharton, a Gore Vidal, a George Gershwin, a Jackie O, a James Baldwin, a Walt Whitman, a Bette Davis, a Woody Allen. Ha acogido además a todos aquellos a quienes no querían, no queríamos, en nuestros países, ya sea por judíos, libertarios, marxistas o escandalosos. Nos ha dado el siglo XX, con sus miserias pero también con su esplendor y una prosperidad antes desconocida de la que se ha beneficiado gran parte del mundo, y de la que sobre todo nos hemos beneficiado en Europa.

Me cuesta creer que el pueblo americano pueda ser tan necio como para no elegir a Barack Obama, que repito que a mí me parece, y quizá me equivoco, que es una de esas personas excepcionales que hacen avanzar el mundo y de las que hay pocas en cada generación. Pero aunque el pueblo americano pueda ser necio, desde luego no es ciego y ha constatado, como lo hemos hecho todos, el color de la piel de Obama. Y esto es algo que nadie se atreve a escribir, pero no tengo duda de que si pierde será porque es negro. James Baldwin, un escritor clave del siglo XX, que también era negro además de homosexual, escribió en 1963 una carta a su sobrino adolescente, con ocasión del centenario de la emancipación (es decir el final de la esclavitud, el pecado original de los Estados Unidos), en la que decía: “This innocent country set you down in a ghetto in which, in fact, it intended that you perish. … You were born where you were born and faced the future that you faced because you were black and for no other reason.”

Hace muchas décadas que Estados Unidos perdió su inocencia y dudo mucho que la vuelva a recuperar. Una sola persona no va a darle la vuelta, de la noche a la mañana, a toda una situación. Pero estamos ante una oportunidad que el país que tanto me sigue gustando y que por mucho que me lo cambien sigo teniendo como referente, no puede dejar pasar. Aunque sólo sea a fin de cuentas porque la alternativa, que desgraciadamente conocemos tan bien, es aterradora.