sábado, 11 de agosto de 2007

Hell On Wheels

Alguien me envió hace unos meses este vídeo de Cher. No soy yo muy fan de Cher, pero no hay más que empezar a verlo para darse cuenta de que esto es el símbolo de una época. Al parecer, fue uno de los primeros videos que difundió, allá por 1979, MTV. La canción, "Hell on Wheels", pertenecía a la banda sonora de una película, hoy totalmente olvidada, llamada Roller Boogie. Viéndolo ahora, uno se sorprende. Sobre todo porque en 1979 esto fuese moneda de cambio corriente, que lo era. A nadie le llamaba entonces la atención ver a Cher, ya operada (y, por cierto, ojalá todos los cirujanos fuesen como el suyo) patinando por una carretera del Midwest, liderando una panda de camioneros y "leather daddies", encontrándose de paso a unos travestís en el camino y convirtiéndolo todo en una manifestación del orgullo gay de carretera. Hay escenas (la sonrisa "profidén" y el pelo de la travestí de azul, el montaje de planos cortos de los camioneros, el desfile final) que no tienen desperdicio.

Siempre he pensado que me habría gustado tener, digamos, 25 años en 1978 y haber vivido entonces en Nueva York. Pocas épocas más libres ha habido que los años 70 en las grandes ciudades de Norteamérica. Me estoy refiriendo al período que va desde la comercialización y muy rápida expansión de la píldora anticonceptiva hasta la revolución conservadora liderada por Reagan y que coincide (¿coincide? supongo que sí, prefiero pensarlo así) con el inicio de la epidemia del SIDA. Sé que es un tópico, pero pienso que yo habría encajado perfectamente en un momento de historia urbana en que la libertad sexual volvía a la etapa previa a las imposiciones morales del monoteísmo. El único problema de haber tenido 25 años en Nueva York en 1978 es que, con certeza casi absoluta, hoy estaría muerto –mejor dicho, llevaría muerto al menos una década, sino más.

Para mí, no hay mayor libertad que la libertad sexual, sobre todo porque ninguna otra ha sufrido los atentados que ésta. Ni siquiera la libertad de expresión, que es la que garantiza todos nuestros derechos. Todas las denominaciones religiosas y muchas personas dispuestas a ventilar sus frustraciones personales sobre los demás se han propuesto cercenar la libertad sexual y convertir en moral aceptada por todos comportamientos que se apegan a una visión limitadora de la inagotable capacidad de gozar y la enorme imaginación sexual del ser humano. No puedo comprenderlo. Cualquier religión que pregonase el amor libre, con el único límite del consentimiento de los actores, debería atraer a la práctica totalidad de la especie humana. Pues no. Está claro que estoy muy equivocado y que nuestra capacidad para limitar nuestra capacidad de gozo es inagotable.

Vuelvo al vídeo. Ahora se pueden ver muchos vídeos, cómo diría, subidos de tono. De hecho, es casi la norma. Nada como meter un beso entre dos chicas o un trío bisexual para convencer al vidente de lo moderno que es todo. Pero esos vídeos de hoy no dejan de obedecer a los estereotipos prevalecientes en nuestra sociedad y en mostrar variedades leves y poco alejadas de los estándares de comportamientos habituales y aceptados. Aquí, los camioneros de Cher se follan a Cher, luego follan entre ellos y después se dejan follar por las travestis. Las travestis van en descapotable por el Midwest, in full make-up, y nadie les lanza a los jinetes del apocalipsisis. Cada cual se lo pasa como puede y quiere y con quien quiere y puede. Sin patrones ni roles pre-establecidos, sin compartimentos estancos, sin que nadie los juzgue.

Quienes me conocen bien me acusan (con cariño) de tener una visión demasiado romántica (¿romántica?) e idealizada de aquella época. Lo acepto, es cierto que lo que para mí es la época disco y que coincidió con mi primer viaje, en 1979, a Estados Unidos, para otros no es sino una etapa de depresión económica, crisis de suministro energético, agotamiento del modelo europeo del estado del bienestar y grandes dudas sobre el futuro de la economía mundial. También es cierto que al tiempo de la explosión de la música disco, en Estados Unidos e sucedían manifestaciones pidiendo que se prohibiese. Yo no puedo dejar de asociar esa época, y aquél viaje casi de iniciación, con el sonido elegante y refinado de Chic, los trajes ajustados, perfectamente cortados y algo acampanados de Nile Rogers y Bernard Edwards, las estolas de marabú de la cantante Fonzi Thornton y las rimas que escribieron para Sister Sledge ("Halston, Gucci, Fiorucci"). Aunque me faltaban unos cuantos años para haber disfrutado plenamente aquella época, tengo suerte de haberla vivido y la esperanza de que esa combinación de optimismo, libertad y mal gusto pueda volver a reproducirse. A Hell on Wheels le siguió Xanadú, y, sí, también me gusta, pero ya no era lo mismo. No sé si me explico.

5 comentarios:

theodore dijo...

Imperdonable que esta entrada no tuviera comentario. Más imperdonable aún, que cuando descubrí el universo Breckinridge la visité y no dije nada. Let's make amends.

Seguimos con el Breckin-descubrimiento. Recuerdo que al empezar a leer esta entrada y ver a Cher pensé: vaya, otra petarda más (en el mal sentido) en la blogosfera, pero ah, cuán equivocado estaba, bello Breck. Lo petardo y lo trascendente, lo absurdo y lo profundo, (lo bello y lo triste?), en fín, Che Guevara y Debussy a ritmo disco, qué mejor.

Muchas veces pienso lo que me gustaría haber vivido "plenamente" esa etapa, tenía yo 10 u 11 años y me fascinaba, ya lo he contado y lo has leido y comentado. Aparte de lo maravillosa que fue estética y musicalmente, estaba ante todo un espíritu de libertad que no se ha vuelto a dar, como bien dices. Lástima que los excesos contribuyeron a su declive y destrozo. ¿Conseguirá alguna vez el ser humano utilizar la cabeza y disfrutar todo lo que quiera sin abusar de las cosas? Lo dudo. Y mientras, siempre habra un grupo de religiosos dispuestos a demostrar la existencia del pecado.

Linda Blair and Noam Chomsky to a roller boogie beat??

Hace dos años todo era tan distinto.

Besos turning back time.

Fernando dijo...

Queridísimo Theodore: You made my day (you made my blog). Siempre tuve la espinita de que esta entrada se había quedado sin comentarios y tú lo has enmendado.

Linda Blair and Noam Chomsky to a roller disco beat. Cómo me has calado.

Besos

Breckinridge dijo...

Y encima comento desde mi otra cuenta de blogger, porque uno tiene múltiples personalidades, te habrás dado cuenta (you're not the only one, dearest Thedore/Deodoro/Zíodor).

Manuel dijo...

Preciosa entrada, Breck. Bueno, en realidad como todas. Creo que leí esta entrada en su momento, junto a otras muchas que lei casi de un tirón. Ahora me doy cuenta de que un blog no es un libro y que las entradas hay que leerlas en su momento, o si no es así, al menos sin conectarlas mentalmente con la precedente y la posterior. Así, se las valora en su justa medida, como obras individuales que son.

En 1979 yo tenía doce años y en ese verano hice mi primer viaje a Irlanda. Mi primera borrachera (con pintas de cerveza), mi primera discoteca, mi primera calada... Sí uno fue muy precoz para mucha cosas menos para eso que estáis pensando, jajajaja.

Puede que veas (o veamos) esa etapa como de explosión de libertades (incluidas las sexuales) porque aquí en casa estábamos empezando a disfrutarlas, ¿no? En cualquier caso, el vídeo ya no se puede ver: dice que ha sido eliminado por el usuario. ¿Será eso la prueba concluyente de que, en cuestión de libertades, pese a la sobreabundancia de información, estamos yendo hacia atrás?

Un beso
M

Breckinridge dijo...

Manuel, no busquemos cosas raras... el vídeo se encuentra por quintuplicado en YouTube, la versión que yo colgué ha dejado de estar vigente, pero no hay problemas. Aún no hay vuelta atrás..... Aún.