Estamos cenando en una cafetería, en silencio, mi hija, él y yo. La comida es insulsa. Le miro. No tenemos de qué hablar.
Salimos a la calle, volvemos caminando. El calor de la noche de agosto en Madrid es sofocante. La niña se quita los zapatos, yo los recojo. Él la monta a sus hombros. Se les ve tan felices.
Los miro, los observo. ¿Es ésta la familia que quiero? ¿Es ésta la vida que deseo? ¿Es esto la felicidad que anhelo? ¿Qué es esa música que suena en mi cabeza?
Están regando la calle. No puedo más con el calor, no me resisto y le pido al barrendero que me riegue.
"19.- ¿Quién es tu héroe de ficción favorito? Muriel Heslop, Dorothy Zbornak, Indiana Jones, Freddy Krueger, Han Solo."
Os estoy muy agradecido, queridos lectores, por la cantidad de respuestas que habéis dado al cuestionario Proust. Es la segunda entrada de este blog que más comentarios ha recibido. Me ha impresionado especialmente que, 12 días después de publicarla, se ha recibido una respuesta más, la del egregio Sr. Coxis, que ha provocado dos comentarios adicionales. Es decir, que algunos seguís yendo a leer comentarios y a hacer los vuestros 12 días después de publicada la entrada original. Me siento de verdad halagadísimo. Pero el mérito no es para nada mío, sino de Coxis, porque ha "ganado" de lejos el juego del cuestionario, al dar la respuesta perfecta. Ésa que figura en cursiva tras la foto.
Muriel Heslop es un personaje tan de ficción, que todos la llevamos dentro. Parece mentira que "Muriel's Wedding" tenga ya 15 años. Es una película maravillosa, redonda, que gusta tanto a modernos y modernas de hace 15 años y de ahora, abuelitos ingleses conservadores hasta la médula, niñas preadolescentes o padres y madres de familia de mediana edad. Tiene algo para todo el mundo. Y sobre todo tiene a Muriel Heslop, que es absolutamente adorable, alguien con quien todo el mundo se puede identificar de un modo o de otro. "It's not Muriel, it's Mariel".
Gran parte del mérito lo tiene, por supuesto, Toni Colette, una de las mejores actrices de carácter (¿se sigue usando esta expresión?) que hay en activo. Me muero de ganas de ver "United States of Tara", su nueva serie para HBO en la que da cuerpo a una mujer de personalidad múltiple. Aún no ha salido en DVD, ni siquiera en EEUU, estoy ya en lista de espera en Amazon.
Pandora, a quien dedico la entrada además de a Coxis, decía en su día que su modelo a seguir en la vida era no tanto Muriel como su hermana, que lo único que hace es fumar y beber cerveza mientras ve TV. Sin que le importe nada más. Yo creo que la clave está en el "sin que le importe nada más", aunque reconozco que, fumeque aparte, no me importaría pasarme la vida bebiendo cerveza y viendo la tele.
Espero que a mi adorada Pandora no le moleste que cuente uno de nuestros secretos comunes. No te enfadas conmigo, ¿verdad? Cuando salió La Boda de Muriel, que por cierto vimos cada uno por nuestra cuenta, Pandora y yo nos quedamos tan colgados de la peli que decidimos que nos íbamos a casar ella y yo y hacer una celebración ad hoc. Iríamos tras la ceremonia con todos nuestros invitados a ver Muriel's Wedding a un cine (cantaríamos las canciones, por supuesto) y luego celebraríamos el banquete de bodas en un VIP's. A mucha gente le sorprende, pero Pandora y yo somos grandes fans de VIP's. El menú del banquete sería... pues el menú de VIP's: ensalada césar de pollo, sandwich VIP's Club, tortitas con chocolate o Fundi Philadelphia. Cada uno que pida lo que quiera. Una boda a la carta. Los invitados comprarían luego los regalos de boda en la tienda VIP's (se animaba a la gente a que regalasen suscripciones a revistas, que Pandora y yo devoramos papel cuché). Y aunque no comiéramos perdices, habríamos sido muy felices.
Aunque aún no he renunciado a casarme algún día con Pandora, afortunadamente para ella (mucho menos para mí) este plan jamás llegó a materializarse, pero habría sido divertido, ¿a que sí? Siempre nos quedará Muriel. Mil gracias, Coxis, por darme pie a escribir esta entrada (me guardo a Freddy Krueger para otro día... Me da que te pone Harrison Ford, ¿estoy en lo cierto?).
p.s. Había escrito para hoy una entrada larguísima llamada "Disco 1980" sobre la música disco de los primeros años 80, pero me parece un poco rollo y me la he guardado de momento. Decidme si os apetece que la publique.
Dedicado a Theodore, el que más sabe de música y de cine. Lo mejor de la red.
Sí, el que más sabe, pero... ¿conocerá "Voyage of the Rock Aliens"?
Un cantante olvidado (por algunos...), Braulio, fue a Eurovisión hace décadas con una canción pesadísima que comenzaba con la rima "A veces, hasta sobran las palabras...".
Las palabras sobran. Os dejo con imágenes y música. Os dejo con Pia Zadora, con un maromo/chulazo/pedorro de pacotilla y con mucho trash. Disfrutad. Y comentad mucho, por favor, mucho. Lo merece.
Pues sí, tras los títulos de crédito viene un numerito musical que empieza con ostentación de braga (la última, por cierto, no lleva, y otra las lleva manchadas). Nadie, NADIE, fue ni será nunca tan perraca como Pia Zadora. No sabe actuar, ni cantar ni bailar. Pero menuda guarra. Sorry.
Aquí el macizo, Craig Sheffer. Yo llevé el pelo así, cuando tenía, pero nunca he sabido hacer el "head slide" como él. El altarcito que tiene en la taquilla del colegio, dedicado a Pia Zadora, no tiene desperdicio.
Modelazos y más modelazos. Y hasta el mostruo de lago Zadora.
Lucha entre el monstruo del lago Zadora y Jason con la motosierra. El montaje es de peli porno de los 70.
Los aliens descogelan a los humanoides. Los efectos especiales son tecnología punta. La rubia no tiene desperdicio.
Diálogo entre Pia Zadora y la rubia. Profundo. A la altura de Johnny Guitar.
Se me olvidaba. Es la película favorita de todos los tiempos de John Waters. Si alguien necesita a estas alturas saber qué es el camp. Aquí está.
Iba a llamar esta entrada "Filth is my politics, filth is my life", que es la parte central del credo político de Divine, tal como lo expresa en este fragmento, delirante y fabuloso, del final de "Pink Flamingos". Si no la habéis visto, haceos con ella y vedla. No tiene desperdicio. "I have done everything".
Más en serio. Leo en los blogs, tanto en entradas de los mismos como en comentarios a las mismas, declaraciones de definición política. A mí me parece muy valiente, a estas alturas de la película, definirse de derechas o de izquierdas. Sinceramente, yo apenas veo diferencias palpables entre "unos" y "otros". Mi experiencia me dice que los gobiernos se forman a base de devolver favores a quienes apoyaron a los partidos políticos que ganan las elecciones y las diferencias reales son mínimas. Ya lo escribí en otra ocasión, en un alarde de cinismo y de sinceridad: los gobiernos, los políticos, te echan un huesillo de vez en cuando (matrimonio homosexual, memoria histórica, bandera de 300 metros cuadrados en la plaza de Colón de Madrid, unidad frente al terrorismo, educación para la ciudadanía, traslado del archivo de la guerra civil, etc, etc, etc) para que vayas royendo, te conformes con lo que tienes y no te des cuenta de que otros deciden por ti y puedan seguir abusando del sistema y robando a gusto. Tú, a pagar la hipoteca y los impuestos. Que ya se ocupan de ti desde el gobierno, la comunidad autónoma, el ayuntamiento. Porque no lo olvidemos: aquí hay que repatirse el botín. Hoy me toca a mí en la Moncloa y a ti en Santiago, Madrid y Valencia. Además, está todo muy claro, se puede robar todo lo que haga falta, que no tendrá consecuencias en los sondeos o en los resultados electorales. Elecciones... otro espejismo, nos dejan votar de vez en cuando, asistir a debates de políticos en TV (¡incluso con gente "de verdad"!). La celebración de elecciones regulares ni genera una democracia ni es una garantía de la misma. No es un sistema participativo, eso no existe ni en las comunidades de vecinos.
Es cierto que si uno se pone a analizar mi credo político, doy más bien de "izquierdas", sobre todo en los temas de mayor controversia. Empiezo diciendo que la nueva ley del aborto me parece una basura, un remiendo de apariencia progresista cuando ni siquiera, ni siquiera, se suprime el delito de aborto del Código penal; se añade lo de los 16 años para que el debate se vaya por ahí y nadie se dé cuenta de que es todo un ejercicio de imagen, otro huesillo para el electorado de buen rollito. El derecho al aborto debería estar recogido y protegido en la Constitución, las mujeres poder hacer con su cuerpo lo que les dé la gana, que bastante traumático debe ser como para que encima la gente (sobre todo los hombres, que siempre son los que más ruido hacen, mírese dentro del PSOE) juzguen y opinen. Más opciones políticas: utilizo el transporte público, no tengo coche. Compro comida orgánica. Procuro no comprar nada fabricado en países en desarrollo donde pueda existir trabajo forzado. Procuro no comprar productos alimenticios que hayan viajado desde otro continente. No viajo por placer a países no democráticos o donde al menos no haya mínimos derechos garantizados para mujeres y hombres. Utilizo la sanidad pública. Pago el IVA y el IRPF religiosamente, sin quejarme. Creo en la redistribución de la riqueza por los poderes públicos (sí, ésos que están gestionados por los políticos que hace un segundo ponía a caldo; menos mal que tenemos al funcionariado, que se quejarán de todo pero hacen que las cosas funcionen). Creo en los servicios públicos.
Claro, que también soy un abogado del libre mercado, corregido (ya he dicho lo de la redistribución de la riqueza) pero libre. Creo en la igualdad... de oportunidades. Para mí ésa es la igualdad real, la que nos permite a todos acceder a los mismos beneficios pero con la posibilidad de mejorar (o empeorar) mediante nuestro trabajo y nuestro talento. No creo en la igualdad como objetivo, sino como premisa de partida. Creo en la libertad por encima de todo. En poder decir lo que piensas sin que nadie te pueda amenazar por ello. Y, también por encima de todo, detesto la moralidad organizada, ya sea religiosa o política.
Contradicciones: muchas. Todas. No compro comida que contenga "millas aéreas" y en lo que va de año llevo a cuestas (los he contado) 51 viajes en avión. No viajo a países no democráticos pero he estado, por placer, en Siria, Egipto y tantos otros. Mucho presumir de pagar impuestos pero anualmente contribuyo a un fondo de pensiones para pagar menos IRPF en primavera.
En realidad lo que me gustaría de verdad, y por eso he empezado esta entrada como lo he hecho, es poder tener un credo político absolutamente apolítico y preferentemente amoral. No llegaré a defender el asesinato, el canibalismo y la coprofagia como hace Divine, pero me encanta esa desfachatez, sobre todo por lo que supone de superación de los esquemas tradicionales de lo conservador/progresista. Sólo en una sociedad política tan podrida como eran los Estados Unidos en los años 70 cabía una filosofía vital tan radical. Bueno, locos hay en todas partes, pero locos travestidos obesos ("How is this for a centre spread?") no tantos.
Por cierto, he descubierto, casi por casualidad, la mejor web de los últimos tiempos, Cinema de Merde. Se trata de una página muy trabajada con críticas irreverentes y muy camp de todo tipo de películas. Recomiendan Pink Flamingos, Phantom of Paradise, Glitter, Xanadu y Roller Boogie, por ejemplo. La lleva un tipo barbudo con mucha pluma cuyos vídeos describiendo películas son muy divertidos. Recordadlo, lo leísteis aquí primero (aunque seguro que algún listillo ya la conocía).
En Internet, último reducto de la libertad, está todo. ¿Quién necesita credos políticos?
Siempre estoy a la búsqueda de buenos espacios urbanos. Me da mucha pena ver cómo en Madrid el buen espacio público se pierde en aras del privado. Hay lugares deliciosos como las plazas de la Paja o del Conde de Barajas, en la parte antigua de la ciudad, que hace unos años tenían bancos donde sentarse, espacio para paseantes e interés para los "flâneurs". Ambas están ahora atiborradas de restaurantes, bares y sus correspondientes terrazas, que ocupan un espacio que debería ser para el disfrute de todos y no a beneficio de unos comerciantes y sus clientes ocasionales. Algunos dicen que si hay negocios no habrá botellón, mi experiencia directa de residente en el casco antiguo demuestra, desgraciadamente, lo contrario.
Mi relación con París, producto de un año de estudiante pasado allí con muchas dificultades (causadas por mí mismo), es difícil. No creo que nunca llegue a contarla entre mis ciudades favoritas, y sin embargo admiro profundamente muchos de sus espacios urbanos, sobre todo las plazas, siempre a escala humana a pesar de su grandeza (como la Place des Vosges) o su irregularidad, como la Place Dauphine.
Aquel extraño año de estudiante parisino fui pobre como las ratas (y de una delgadez envidiable) y lo único que me salía gratis era pasear. Debo reconocer que pocas ciudades se prestan al paseo como París. Fue en el distrito sexto, el barrio latino, que nunca ha sido de mis favoritos, más bien al contrario, donde me topé un día con la pequeña plaza que da título a esta entrada y que en realidad no es tal plaza, sino un ensanchamiento de la Rue Furstenberg. En medio de la calzada se crea una pequeña rotonda, con un farol de cinco brazos en el centro y cuatro catalpas, una de ellas de gran tamaño, marcando las cuatro esquinas de la plazoleta. Entonces había bancos entre los árboles, tan impropios de París, ciudad de castaños (como Madrid lo es de acacias y álamos y Londres de plátanos), pero con el tiempo los han retirado.
La place Furstenberg es conocida porque en ella se encuentra el que fue el último estudio de Delacroix, hoy convertido en un pequeño museo que lleva el nombre del pintor. Otros artistas la han retratado, Dalí en una litografía muy fea de los 70 y David Hockney en uno de los montajes de polaroids que hacía en los primeros años 80 y que expuso en la sala de La Caixa de Madrid. Aún guardo el catálogo por algún lado, debía ser 1983 y yo despertaba al arte -y a la vida.
La plazoleta se convirtió desde el primer momento en uno de mis rincones favoritos de la ciudad, y eso que no es un lugar que invite necesariamente a quedarse. París destaca sobre todo por su escala, todo el centro es accesible a pie, con edificios de altura limitada, con gran (quizá excesiva) cohesión estilística y constructiva, con un despliegue limitado pero espléndido de zonas verdes y un arbolado y mobiliario urbano envidiables. En Furstenberg todo esto confluye de modo natural, es el típico lugar, no tengo duda, en el que todos decimos que nos gustaría vivir.
Martin Scorsese, en un detalle de gusto exquisito, utilizó la place Furstenberg como escenario de la secuencia final de "The Age of Innocence", la película que basó en la novela del mismo título de Edit Wharton.
Newland Archer, ya mayor, decide no subir a ver a la Condesa Ellen Olenska, su gran amor jamás consumado, a quien renunció más de veinte años antes por May Welland, su esposa legítima y madre de sus hijos. Nunca me ha enloquecido el cine de Scorsese, mi tolerancia hacia historias de mafias italianas ("Are you fucking with me, you fucking motherfucker?") tiene límites. La edad de la inocencia es, con gran diferencia y sin quitarle mérito al resto de su filmografía, la que más me gusta de todas sus películas. Al igual que en "Dangerous liaisons", el trío de protagonistas (Pfeiffer está, espléndida, en ambas) es perfecto. La cinematografía, como la historia, es realmente de otra época. La música de Elmer Bernstein, tan straussiana, entra justo en el momento del flashback, tan sutil. Siempre me pregunto cómo harían volar a las palomas en el momento final, cuando Newland/Daniel se levanta y se aleja caminando de la plaza.
Llevaba tiempo pensando escribir sobre la place Furstenberg, si lo hago ahora es porque en mi último viaje leí Ethan Frome, novela corta y magistral de Edit Wharton, la primera mujer (creo) que ganó un premio Pulitzer hace casi un siglo. Ethan Frome precede a The Age of Innocence y trata del mismo tema: un hombre joven, roto entre sus obligaciones hacia su mujer, enferma y mucho mayor que él, y su amor por la prima de ésta, joven, llena de vida y con una gran promesa de futuro. Ethan pasa del deseo callado a la acción y de ahí a la sumisión y aceptación dócil del orden establecido. Un hombre, al igual que Newland Archer, que elige la convención del matrimonio y la familia tradicional sobre la aventura, el deseo, la vida, el amor.
Recuerdo que cuando vi la película (y leí a renglón seguido la novela que, por cierto, da muchísima hambre, se pasan todos el día dándose unos festines de escándalo) decidí que no me dejaría llevar por las convenciones, sino por el amor, cuando lo encontrase o me encontrase. A punto estuve de equivocarme, pero no lo hice. Opté por el amor, cuando era la opción más difícil, y gané. También decidí que viviría en la place Furstenberg de París y vería crecer las catalpas desde mis ventanas, pero me temo que para eso, casi con total seguridad, tendré que esperar a otra vida.
Estoy un poco cansado de los años 80, la verdad. En los últimos meses he estado metido (y os he estado metiendo, queridos lectores) en una especie de "time warp" ochentero y ya va siendo hora de cambiar de orientación. Imagino que revisitar los 80 es inevitable y que aún saldrán por aquí muchas cosas de aquella época, sobre todo del inicio de la década: no oculto que tengo en mente escribir sobre películas de entonces ("Liquid Sky", "Scanners"), tengo pendiente todavía algo sobre dúos de música tecno británicos, le he dado muchas vueltas a escribir sobre Bret Easton Ellis (con quien coincidí una vez en un WC... y no penséis mal), y algo caerá sobre la música disco de en torno a 1980. Pero, no sé, todo el mundo está metido en el mismo revival nostálgico y me está empezando a dar mucha pereza, por mucho que sea lo que conozco bien de verdad.
Así que, como los años 70 están igual de manidos y sobados, he pensado bucear un poco en los 90, que es una década con una identidad mucho más difusa, lógico teniendo en cuenta todo el batiburillo finisecular que se venía encima. [acabo de escribir "batiburrillo finisecular", este blog va por fatal camino]. ¿Y qué es lo que me viene inmediatamente a la mente cuando nombro los años 90? Pues qué va a ser, Melrose Place.
A mediados de los 90 yo hacía horario de trabajo hispano a la antigua, es decir, con parada de 2 a 5 para comer. Comía rápido y me metía la sesión doble que daba Tele5 de 90210 (ahí dormitaba) y Melrose Place. La sintonía, que es bestial, me despertaba del letargo, y las imágenes de Thomas Calabro ya me ponían a tono. MP es una sopópera clásica, con mala malísima interpretada por la heredera de Morgan Fairchild, Heather Locklear, una diva "trash" y una superviviente del celuloide como ha habido pocas. Mi personaja favorita de la serie era Sydney, la pelirroja putón que interpretaba Laura Leighton.
Cuando fui por primera (y única) vez a Los Ángeles, ciudad infernal que me espantó y a la que, sin embargo, me siendo atraído sin remedio, me puse como una colegiala histérica cuando me di cuenta de que iba conduciendo por Melrose Place. Empecé a buscar el patio de vecindad donde ocurría la serie pero, claro, no existe, todo era falso, se filmaba en un estudio. Aquel día acabamos comiendo una pizza infame en Frankie and Johnnie, en Santa Monica Boulevard, en cuya pared de vileda atiborrada de firmas de famosillos de medio pelo encontré la de mi adorado Jermaine Stewart. Aquí está la prueba.
Sólo he comido una pizza peor, en un lugar llamado Riihimaki. Os lo cuento en otro momento.
Si escribo sobre Melrose Place es en parte porque perdiendo el tiempo en YouTube el otro día encontré este vídeo en el que sale Marcia Cross (sí, Bree van der Kamp en "Desperate Housewives"). Interpretaba a Kimberly, una cirujana con trastorno bipolar que acaba poniendo una bomba en los apartamenteos donde vivían todos los protagonistas. Una joya. No recuerdo bien lo que pasa, pero me parece que en algún momento le hacen algo así como una trepanación y se queda calva, viéndose obligada a llevar peluca. En esta escena, ¡atención!, se la quita y enseña el cartón. En su momento fue lo más.
La serie era idea de Darren Star, que luego se sacó de la manga "Sex and the City" y además de Marcia Cross salieron de ella Doug Savant (Tom Scavo en "Desperate Housewives; su papel del enfermero Matt en MP es uno de los primeros gays de la TV más generalista) y Kristin Davis, que luego haría de Charlotte en "Sex and the City".
La verdad es que cuando vi el vídeo de la peluca se me ocurrió hacer una entrada sobre transformaciones de película (de ahí el título), como la de Schwarzenegger en "Total Recall" (joyón de los primeros 90):
Pero desistí de mi idea, demasiado complicado hilar tan fino con este calor.
En "Total Recall" también sale Michael Ironside, un actor secundario buenísimo que (casi) siempre ha hecho de malo malísimo. También hacía de las suyas, con el poder de la mente, en "Scanners", primera película de David Cronenberg. He aquí una muestra:
Qué mono. Pero me alejo de este camino, que me lleva a los 80 de nuevo y ya he dicho que no. Me quedo con el chico más guapo de los 90, o al menos uno de ellos, tan olvidado que no tiene cabida en mi serie recién iniciada porque de él nunca más se supo. Se llama Johnathon Schaech y era el cantante del grupo "The Wonders" en la película "That Thing You Do", la única que hasta ahora ha dirigido Tom Hanks. Alguna vez tendré que contar que me han confundido en ocasiones con Tom Hanks. Qué cosas. Aquí tenéis al Johnathon Schaech (vaya nombrecito) cantando la canción que da título a la peli, al loro los labios, los dientes, la nariz, los pómulos y las cejas. Si es que las cejas y los antebrazos son lo más sexy que hay.
Por cierto, que la cancioncita, si no fuese tan hiper-prefabricada podría tener su hueco en la lista de canciones pop perfectas... Me quedo con el buenorro de Johnathon (sí, con "o"), que sigue estando de muy buen ver, y con Liv Tyler, a quien siempre he encontrado tan maravillosa como irresistible.
En fin, que me ha salido una entrada de lo más rara, ya lo decía al principio, estoy en un "time warp" extraño. De nuevo, los primeros 80: "Warp", de New Musik, que hay que escuchar hasta el final. Polo, no te me quejarás...
Debido a viajes laborales múltiples pre-vacacionales y al extravío reciente del ordenador portátil utilizado en los mismos (me van a despedir, como si lo viera), este blog no se actualizará tan a menudo como me gustaría.
Halle Berry contaba que de pequeña antes de irse a dormir rezaba y pedía a dios ser blanca al levantarse. Algo así le debió pasar a otros. Yo nunca he rezado, pero siempre quise ser negro para poder dejarme el pelo afro y bailar como Michael. Alaska decía que quería ser chico para poder ser maricón. Siempre queremos lo que no tenemos.
Así se hace una estrella:
Así crece una estrella:
Suya es la canción más perfecta de todas las canciones pop perfectas, con la que cerraré la serie de posts al respecto, cuando llegue el momento (he estado tentado de hacerlo hoy, pero no, cada cosa a su tiempo). Para quienes creen que estaba acabado desde Thriller, dejo aquí "You rock my world", uno de sus últimos sencillos y una canción extraordinaria (con vídeo-peliculita insufrible). Lo que va de ABC a You Rock my World os lo conocéis de sobra.
Por cierto, una de las primeras películas que hizo Farrah (pensadlo bien, hay pocas mujeres famosas a quienes se les conoce sólo por su nombre de pila, ella era una) fue "Myra Breckinridge". Os dejo aquí su escena lesbiana con Raquel Welch. Vaya cutis trenían las dos.
Bueno, venga, vale, os dejo la secuencia de títulos de la primera temporada de la serie. Martes y 13, cuando eran tres, hicieron un spoof fabuloso que no he vuelto a ver. Y, por cierto, my chico, tan butch y tan macho él, tiene de tono de llamada en el móvil la sintonía de las Angels. A ver quién es la loca aquí. Claro que es sólo para cuando le llamo yo, porque para los demás tiene la música del Exorcista. ¿Is he trying to tell me something? ¿A que no acertáis qué tono tengo yo? Oye, este tema de los tonos de móvil me da para una entrada...
Cuando empecé a escribir este blog, estaba fascinado por otro, Memorias a 45, que en algún momento dije que es el que me gustaría escribir. Dicho blog, que es maravilloso aunque va a fuego lento, tiene una sección de “Olvidados” en el que hace repaso a cantantes de los que (casi) nadie se acuerda, o a cantantes famosos que intentaron un camino previo hacia la fama, intento hoy olvidado. Todo esto viene a cuenta porque hoy inicio sección de ¿Olvidadas?, así, entre puntos de interrogación, porque aunque hoy se hable poco de las mujeres que por aquí desfilarán, son pocos quienes las han olvidado. Soy plenamente consciente de que han pasado por otras categorías de entradas de este blog mujeres que podrían estar en esta lista que hoy empieza, como Morgan Fairchild, Charlene Tiltón o Rachel Ticotín, pero ya sabéis que mis categorías y secciones son caprichosas e intercambiables, como yo. Habrá mucho lo peor de todo por aquí, y bastante “guilty pleasure”. Batiburrillo, como dice Stanwyck.
Gianina Facio (¿hay algún lector que no la recuerde?, me costaría creerlo) era una tía buena que tuvo un momento de gloria mediática a mediados de los años 80. Un fotógrafo le hizo unas fotos (muy acaramelada) con Philippe Junot, a la sazón marido de Carolina de Mónaco. Melena rizada y muy abundante, piernas larguísimas embutidas en unos vaqueros pitillo, botas con flecos. Carolina tardó muy poco tiempo en pedir el divorcio de Junot. No recuerdo si aún vivía su odiosa madre. Ah, ¿no lo he contado aún? Siempre odié a Grace Kelly. Y también al payaso Fofó.
Pero dejo mis odios inveterados e inexplicables y vuelvo a lo que iba. La Facio es de origen incierto, se decía entonces que era portorriqueña e hija de un embajador (mentira, Puerto Rico no es un estado, no tiene embajadores), también que tenía orígenes italianos, brasileños, nicaragüenses, de palacagüina o de Miami. ¿No os suena a cierta modelo-cantante que se pasó a todo el que pudo por la piedra y acabó de primera dama de un país vecino? Pues eso. Pero la Facio tenía cuerpo. Menudo cuerpazo se gastaba la tía, quizá el mejor de los años 80. Eso son pitones (Qué guarro soy, coño; y sí, también se le ve algo el parrús).
Al poco de la aventura con Junot y de las primeras fotos “picantes”, se lió con Julio Iglesias, recién divorciado de la Preysler y en su momento musical más dulce, el de la niña-mujer o el tropezón en la piedra. Qué hombre tan insufrible. Y tan feo, qué le verían. Para mí ese romance es el gran borrón en la carrera de la Facio que, como no había tanta telebasura como entonces, se vio obligada la pobre a trabajar y buscar fortuna en el cine. Dejo para más adelante lo que fue su obra magna y me centro ahora en unas imágenes de “Detective extra-large”. No, no es un porno (yo también lo pensé al leer el título) sino una peli, otra más, de Bud Spencer. Aquí la Facio luce palmito y se beneficia al guapo de Philip Michael Thomas, el compañero de Don Johnson en Miami Vice. No quiero ponerme pesado, pero fijaos (fijarsen) en el cuerpo de Gianina, es de escándalo. Los vestiditos ajustados con hombreras son, por cierto, muy otoño-invierno 2009.
Pero la historia de Gianina Facio no termina en los 80 y en unos romances con famosos varios, qué va. Como dirían Almodóvar, Macnamara y Theodore, un disco grabó y nadie lo compró. Estamos en los primeros 90, arrasa el sonido Ibiza-acid-petardo con piano machacón a lo Locomía y Gianina se apunta al carro y nos regala este “One Two Three Four” absolutamente horripilante. Principio suavecito y empieza la pachanga. Tampoco está tan mal, la verdad. Seguro que algún ex DJ que me lee lo ha pinchado alguna vez. ¿Alguien recuerda esta chungo-joya del trash más oscuro? Por cierto, este vídeo sólo ha sido objeto de dos comentarios por usuarios de YouTube y uno de ellos dice simplemente “GAY”. Qué cosas.
La buena (buenorra) de Gianina desapareció del mapa como llegó, aunque siguió haciendo pinitos cinematográficos. Con el cambio de siglo apareció en… ¡sorpresa! “Gladiator”, interpretando a la bella y sacrificada (literalmente) esposa del macizo (sólo, repito, sólo en esa película) Russell Crowe. Qué divina y sílfide estaba.
También sale, guapísima, en “Kingdom of heaven”, película tan olvidada como ella.
Y, este mismo año, en “Body of lies”, haciendo de nuevo de mujer del Russell, esta vez gordísimo. Pero, una pregunta, ¿Qué tienen en común estas tres películas? Está muy claro, que están dirigidas por Ridley Scott. Y es que Gianina Facio, queridos lectores, es hoy la flamante esposa del director de Alien.
Y quien tuvo, retuvo. Aquí sale, también con su santo, esplendorosa a sus 54 años.
Si creéis que aquí se acaba la epopeya de Gianina Facio, os equivocáis. He dejado lo mejor para el final. En 1984, poco después de acceder a la fama mediática por sus líos con Junot y Julio I, José María Castellví, director que no parece haber hecho nada más, la contrató para protagonizar una película que me da vergüenza reconocer que recuerdo y que vi. Su nombre, “Poppers”. Habéis leído bien. Y aquí está su cartel.
Fuerte, ¿eh? Al loro los chaps del de la derecha, que creo que es Miguel Ortiz, que luego ha presentado montones de programas caspa de TV. También salía Alfredo Mayo. Y la banda sonora tenía canciones de la primera época de Alaska y de Radio Futura. Y cómo son la tipografía y el diseño del cartel. La película de la movida, vamos. Qué total.
Lo que más me sorprende de todo esto es no haber leído nada al respecto de "Poppers" en ninguno de los mari-blogs, porque no me digáis que no tiene tela. Sólo he encontrado detalles en un blog que se dedica a la caspa, no al camp, y que os ahorro. En fin. De lo que me alegro es de que mi búsqueda me ha servido para encontrar a una drag queen de nombre ideal, “Mary Poppers”, casi tan bueno como el de mi querida Chumina Power. Iba a colgar un vídeo suyo, pero es que la pobre es muy mala sobre el escenario, al ponerse nombre artístico se le agotó el talento. Os dejo que vuestra curiosidad os lleve a buscarla por los basureros del ciber espacio.
Quien sabe, quizá dentro de 25 años alguien escriba un post en un blog (¿Habrá blogs en 2035? ¿Los leeremos?) sobre ella. Por cierto, la idea de escribir este post me vino porque en mi oficina tenemos una guarda de seguridad nueva que se parece a Vaitiare, otra novia olvidada de Julio Iglesias. Pero dejo que el recuerdo de ésa se pudra en la memoria. Es que lo polinesio, como que no. Pero Gianina, divina, claro que sí.
Bueno, pues aquí están las respuestas al “quiz show” almodovariano. Gracias a todos por participar. Bueno, gracias a Theodore, Coxis, Pandora y Stanwyck. No oculto que esperaba que ésta fuese mi entrada de mayor repercusión (más que Morgan Fairchild que, si no me falla la memoria, ha sido mi mayor éxito editorial), y me ha sorprendido ver lo poco que ha interesado. Debe ser que Almodóvar está “passé”. Ganó el concurso Coxis, como era de esperar, casi con acierto pleno.
Antes de empezar, pido disculpas. Me he pasado, he escrito demasiado.
1.- “No dejé Madrid para olvidarte, porque si me olvido de ti, como me aconsejas, temo quedarme vacío”.
“La Ley del Deseo”. Nadie pronuncia esta frase, la frase fatídica, en la película. Es el principio del texto que Eusebio Poncela le pide a Miki Molina que le escriba y le envíe en una postal. Y es la frase que desencadena toda la tragedia. A mí La Ley del Deseo me cambió la vida. Recuerdo perfectamente la primera vez que la vi en el cine, con dos compañeros de facultad, un chico que me gustaba muchísimo (y pienso que yo a él, pero nunca nos dijimos nada, nunca lo sabremos ya) y una chica muy monjil que estaba bastante escandalizada. A nuestro lado se sentó una señora mayor que se salió del cine en la primera escena, horrorizada con el “fóllame, fóllame” de los dobladores y de Banderas. A mí esa película me habla de tú a tú, a pesar de sus fallos. Es la más valiente y la más sincera de todas las que ha hecho Almodóvar y es un retrato perfecto del Madrid de esos años, con el calor insoportable del verano (“Riégueme, no se corte, esta noche no lo aguanto”) y el consumo desinhibido de drogas y sexo sin pensar en las consecuencias. Me encanta el retrato del proceso creativo, que es sin duda el del propio Almodóvar y las interpretaciones de todo el mundo. Banderas nunca ha estado tan seductor. Por cierto, otra pregunta, La Ley es la primera película de Almodóvar en la que sale Victoria Abril. ¿En qué escena?
2.- “A mí Prada me parece ideal para monja”.
“Todo sobre mi madre”. Pronuncia la frase Penélope Cruz (¡Enhorabuena!) en la escena en que todas las mujeres están reunidas, hablando y bebiendo divertidas en la casa que comparten en Barcelona Cecilia Roth y Penélope. Es un momento muy George Cukor, una escena redonda en la que, además, se pasa de lo relajado y ligero a la tragedia con una facilidad pasmosa. Almodóvar demuestra dominar todos los registros como guionista y como director. Es la película más reciente de todas las que he elegido para este concurso y es la que marca el inicio de mi desinterés hacia Almodóvar como creador. Que no se me malinterprete, por favor. Ya he escrito aquí que Volver no me gustó, pero las tres anteriores me parecen espléndidas y muy arriesgadas, incluida “La Mala Educación” que ahora está tan de moda denostar. Quizá “Hable con Ella” sea la mejor de todas las películas que haya hecho nunca Pedro. Pero a mí ahora sin embargo su cine me interesa como me pueda interesar el de Tim Burton o el de Kaurismaki. Sin apasionamiento, con un interés intelectual pero no referencial (ni reverencial). Como el de cualquier otro buen director de cine. Pero no como el favorito o el de referencia. Antes lo era. Ya no. Y no pasa nada. Por cierto, totalmente de acuerdo con Pé: Prada es ideal para monja.
3.- “Es tu madre. Qué bonito lo que ha dicho”.
“Tacones Lejanos”. Película fallida, como todas las de la etapa de transición de los 80 a los 90, pero una de mis favoritas. Me la sé de memoria. Mi amiga Anabel y yo habremos interpretado el numerito de “Un año de amor” unas mil quinientas veces. La frase la pronuncia Bibi (su personaje es “la Cimarrona”) en la cárcel, se lo dice a Victoria Abril tras oír cantar por la radio a su madre, Marisa Paredes, aquello de “tu párvula boca, que siendo tan niña me enseñó a pecar”. Es curioso, en Francia esta película arrasó y aquí la machacó toda la crítica. Hay un aspecto superficial muy feo, muy (con perdón por la expresión) “nuevo rico” que es el de la ostentación de marcas, todo era Chanel y Armani, algo que aquí no se perdonó e impidió que se apreciaran las bondades del film. Bosé está estupendo como el travestí Letal y repulsivo como el juez Garzón. La historia no termina de ser creíble, en parte por la interpretación tan poco natural de Marisa Paredes (por cierto, y no me corto: la conocí en una ocasión y es una BORDE y una ANTIPÁTICA que echa para atrás) y en parte por la duplicidad inverosímil de caracteres y situaciones. Pero lo que salva la película, en mi opinión, es el punto “Douglas Sirk”, el retrato de la inevitabilidad y dificultad de las relaciones parentales, lo mismo que en “Imitación a la Vida”, película a la que aspira a parecerse. La música de Sakamoto, aunque no original, era estupenda y hay escenas memorables, como el primer interrogatorio con Victoria A, Marisa P y Miriam Díaz-Aroca (“No, si Ud. puede molestarme siempre que quiera, pero… hágase cargo”). Y la escena final, quizá lo mejor, al igual que ocurre en “Volver” (que en el fondo es la misma historia con aderezo incestuoso).
4.- “Pásame el lipstick, querida”.
“Laberinto de Pasiones”. Fabio. Patty Diphusa. McNamara. El mejor personaje del cine de Almodóvar, pero no creado por él sino por el propio Fabio, alguien impagable, sin duda lo más auténtico e irrepetible de aquella época tan divertida. Me resisto a llamarla la movida, detesto esa palabra, pero desgraciadamente es en lo que ha quedado. Laberinto, junto con “Arrebato” de Iván Zulueta, es el retrato de la movida. Ambas son opuestas: el lado brillante frente al lado oscuro; el día frente a la noche; los derivados de la coca frente a los derivados del opio; subidón frente a bajón. Me ha costado escoger una frase de la película porque hay tantas (“tómalos, tómalos, son suaves como el visón”) pero quería que fuese de Fabio. Estuve a punto, Theodore, de escoger “Haré de ti… la Reina de Halloween”. La escena de la filmación de la fotonovela con la taladradora es pura antología. Lo mejor de la película, además del retrato del momento, es el absoluto desmadre, el desorden, el rastro, el “todo vale”, el vitopens, la enorme creatividad de esos años (los murales de la habitación de Cecilia Roth eran de Guillermo Pérez-Villalta). Ya he dicho que soy poco nostálgico, pero aquella época fue muy divertida. Y muy triste también, aunque sólo sea por la de gente que se quedó en el camino.
5.- “Matar es como cortarse las uñas de los pies. Al principio, la sola idea te da pereza”.
“Kika”. Película desastrosa aunque sumamente interesante. Yo siempre he pensado que con otros actores (salvo Verónica Forqué, que está y es estupenda, lo mismo que Rossy de Palma) habría funcionado mejor, aunque tampoco estoy muy seguro. Es un engendro con pocas vías de escape. Pero se deja ver. La frase del concurso es escrita y no hablada, como la primera de esta lista, y deja claro que Almodóvar sabía distinguir entre el lenguaje escrito y el diálogo. Digo bien sabía, porque en sus últimas películas los diálogos adolecen de excesos literarios y, por tanto, de falta de credibilidad. O eso me parece a mí. La frase está sacada de la novela de Peter Coyote (qué desastre su doblaje) sobre una “killer lesbian” que en realidad narra los asesinatos que él mismo comete. La lee Victoria Abril, que está estupenda en el papel de presentadora de televisión ante unos decorados de rascacielos formados por cajas amontonadas, vestida por Jean-Paul Gaultier (seguimos en etapa “nuevo-rico”). Almodóvar todavía producía frases memorables, sobre todo para las secundarias femeninas (“no es lo mismo, no es lo mismo, él lo quiere todo, oye”, le decía Rossy a su hermano en la ficción, Paul Bazzo). Y también es muy destacable el decorado disparatado tipo años 50 (una tienda de muebles de Madrid le dedicó una exposición en su momento) y una iluminación fabulosa. Pero es una película que no hay por dónde cogerla, por mucho que sea la favorita de los hermanos Coen.
6.- “¡Salta! ¡Salta!... No salta. Le repugna”.
“Mujeres al borde de un ataque de nervios”. Carmen Maura ha puesto su ático en alquiler y se da una vuelta por el corralito que tiene en la terraza. Le pide al gallo que salte y éste se niega. ¿Improvisación de la Maura –tiene toda la pinta- o metáfora de la batalla de los sexos? Que decida cada cual. “Mujeres” es una película perfecta, redonda, llena de frases inolvidables. Las testigas. El vestidito horroroso, horroroso de la señora. Esto no es una casa-casa. Ecce Omo. Cualquier precaución es poca. Es que no estoy curada. Podría haber elegido cualquiera, pero me he decantado por ésta, en parte porque no es tan evidente (no hay que ponerlo fácil, aunque Coxis se la supiese) y en parte porque me encanta el verbo “repugnar”. No es fácil hacer una comedia perfecta, la prueba es que si lo fuese habría muchas más. Con Mujeres fue cuando me di cuenta, nominación al Oscar aparte, de que Almodóvar tenía lo que las folclóricas (como el personaje de Kiti Manver en Pepi…) llaman “talla internasioná”. Yo he visto Mujeres en un cine en Amman, Jordania, con subtítulos en árabe. Con la excepción de algún murmullo en la sala a propósito de los chiítas, la gente se reía donde había que reírse, aunque fuese a costa de una referencia que yo habría pensado exclusivamente española e inexportable. Me gustó mucho volverla a ver en el cine, hace ya dos años, con ocasión del 20 aniversario. Salvo por la ropa de los actores (los rojos, las hombreras, las pinzas… todo volverá) no había envejecido nada. Al final de todo, en las enciclopedias de cine ésta será la película por la que se recordará a Almodóvar, no tengo duda.
7.- “Laura ronda los 40 y sueña con hacerse un lifting”.
“La Ley del Deseo”. El personaje de Carmen Maura, Tina Quintero, es el mejor de todos los salidos de la mente y la pluma de Almodóvar. La frase se refiere a Laura P., protagonista del guión que escribe Eusebio Poncela, basado supuestamente en su hermana, Carmen Maura. De nuevo una frase escrita, leída por Fernando Guillén hijo a su padre en presencia de Tina-Laura-Carmen cuando están registrando la casa de Poncela, que está en el hospital con amnesia. No me he podido resistir a incluir dos citas de “La Ley”, aunque en un primer momento me incliné por la que da inicio al monólogo de Carmen Maura en el hospital, cuando Poncela ve la foto de ambos, dos chicos, que ella le ha llevado: “Al principio, yo era chico…”. Ese monólogo es el típico que ponen en la ceremonia de los Oscar cuando anuncian cada nominación, y a mí me pone la piel de gallina. Está muy bien escrito y mejor interpretado, casi se ven como se le abren las arrugas a Carmen Maura, la pobre embutida en un vestuario horroroso y con un peinado (muy de “trans” de la época, tipo Paco España, eso sí) de juzgado de guardia. La última media hora de “La Ley del Deseo” forma parte del mejor cine que se ha hecho nunca en España. Y como dije antes, tan valiente y tan sincero.
8.- “¡No me quites nada, no me quites nada!”.
“Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón”. La frase la pronuncia la maravillosa Concha Gregori, que hacía de “Charito” (su perro se llamaba “Charitísimo”), la vecina de Luci y su marido el poli malo, Félix Rotaeta. Éste, cuando Luci se va a vivir con Bom (Alaska), intenta violarla y ella dice la frase de la adivinanza (él insiste: “venga, déjame, aunque sea entre las piernas, déjame, déjame, sólo entre las piernas”). A veces uno tiene la impresión de que la España contemporánea empieza con “Pepi”. Nadie se lo cree y a estas alturas ya no espero que nadie lo haga, pero yo estuve en su día, allá por 1980, en el estreno de “Pepi”, en el cine Peñalver de Madrid, que ya no existe. Tenía 15 años y no entiendo como acabé allí, ni cómo me dejó mi madre ir. Me hacía gracia el nombre de la película. Por supuesto había oído hablar de Alaska, que ya era un mito entre quinceañeros. Y yo aspiraba a ser moderno. Recuerdo reírme como un bobo durante toda la película, incluso en la escena de la lluvia dorada, en la cual, en mi inocencia, yo no vi ni la más mínima connotación sexual. La película empieza con la violación de Pepi y un diálogo (“Y hablando de chupar… ¿qué te parece este conejito en su salsa? Así a la vista… de rechupete…. ¿No te importa hacerlo por detrás? Es que estoy más acostumbrada”) que demuestra que Almodóvar no le tenía miedo a nada y no se cortaba un pelo. Grupos pop, folclóricas, chaperos ocasionales, tiendas de lámparas, zarzuela, el anuncio de bragas Ponte que absorbían el pis y se convertían en consolador (“Hagas lo que hagas, ponte bragas”), amas de casa masoquistas y lesbianas (Alaska llevaba a Eva Siva por la calle con una correa de perro), la mujer barbuda y su marido maricón en el armario, Costus y su piso en la calle de la Palma, Fabio, Erecciones Generales. Y, por encima de todo, Carmen Maura devorando la pantalla.
9.- “Mucha camiseta percudía, mucha camiseta percudía pero, ¿dónde están los anorales?”.
“Carne Trémula”. Pronuncia la frase Mariola Fuentes cuando ordena la ropa de los niños de la Guardería donde trabaja, junto a Francesca Neri y Liberto Rabal. Es un ejemplo de lo generoso que es el Almodóvar escritor con sus personajes secundarios, en la gran tradición hollywoodiense, perdida salvo por Woody Allen (¿verdad, Penélope?), que parece ser el único capaz de dar espacio a más actores que los esencialmente protagonistas. “Carne Trémula”, que está entre mis grandes favoritas, es la más buñueliana de las películas de Almodóvar, la mejor filmada (hay una escena al principio, rodada a cámara lenta, con el cruce de miradas entre la Neri y Javier Bardem, que es un monumento a toda la historia del cine), la que tiene mejor música. Es además una de las más valoradas por los críticos, le gustó hasta a Boyero en su momento. A casi todo el mundo le parece que Liberto Rabal la destroza, pero a mí no me parece tan malo, al menos da el tipo físico de chico guapo y algo brutote. Al igual que en “La Ley”, la escena final es antológica, con Ángela Molina escribiendo la carta de despedida mientras la tragedia se desarrolla a su alrededor. Bardem, que al parecer se llevó fatal con Almodóvar durante el rodaje, está espléndido. Por cierto, ¿cuál es la primera peli de Almodóvar en la que sale Bardem – previa a Jamón, Jamón?
10.- “A mí me gustan las magdalenas, las bolsas de plástico, el cementerio, el dinero”.
“¡Qué he hecho YO para merecer ESTO!”. Sólo por el título –que le copiaron los Pet Shop Boys- y el cartel que diseñó Ivan Zulueta, la película (la más fallida de todas, porque debería ser la mejor pero se pierde en las historias paralelas) es una obra maestra. De nuevo, una secundaria, en este caso Chus Lampreave, se encuentra con el regalo de un papel maravilloso. La frase se la dice Chus a su nieto, hijo de Carmen Maura, cuando deciden un nombre para el lagarto que se han encontrado en el descampado (lo llamaban el parque) de delante de su casa. Vaya una nota sociológica por delante: en 1984 la película pretendía mostrar el aspecto más lumpen de la vida en barrios marginales de Madrid, reflejado en el bloque del Barrio de la Concepción donde viven Carmen Maura y familia. Hoy los pisos en ese bloque (que los arquitectos más modernos consideran una obra maestra) cuestan un ojo de la cara. De la marginación al lujo, en una generación. Consideraciones socio-culturales aparte, “Qué he hecho YO” está sin duda entre lo mejor de su obra. Refleja el Madrid de clase media baja de una época de mucho paro y mucha heroína, donde la gente de pueblo no termina de integrarse, y es que el retorno al pueblo no deja de ser uno de los principales temas del cine de Almodóvar. Me quedo con la hilarante escena de la farmacia (otro leitmotiv de sus películas –“Qué bona nit”, “Mañana te traigo la receta, es que si no no duermo”) y la farmacéutica friki que, según en contó en su momento una amiga que vivía en el barrio de la Concepción, existía de verdad. De nuevo Carmen Maura. Ella y Pedro formaron un tándem irrepetible.
11.- “Pues no sé qué va a ser peor, que se te marquen las bragas o el… chocho”.
“Átame”. Frase pronunciada por Loles León en diálogo con su hermana, Victoria Abril. La palabra chocho me encanta. Suena tan bien. Sale bastante en el cine de Almodóvar (“Qué he hecho YO”: “Parece que tú sólo tienes sensibilidad en el chocho”; “Kika”: “Dónde esté un buen chocho, que se quite todo lo demás”). “Átame”, por algún motivo, gusta mucho a las mujeres, como “La Flor de mi Secreto”. A mí me dejó muy frío cuando la vi por primera vez, pero he aprendido a apreciarla con el tiempo. No era fácil hacer una película después del éxito, tan merecido, de “Mujeres”. Banderas y Abril están muy bien y Loles León tiene espacio y diálogo para lucirse. Aquí se entrevé al Almodóvar maduro: cuidadoso, calculador, sentimental.
12.- “Tú no me conoces, pero yo siempre te he odiado”.
¿A qué la frase es buena? Por supuesto Stanwyck la ha reconocido. Pero Coxis no, porque no es de Almodóvar. Es de mi hermano, que tiene mucha gracia, y la pronunció respecto a un personaje público a quién él efectivamente odia de modo irracional. Siempre pensé que encajaría en cualquiera de las primeras películas de Pedro, pronunciada por un personaje femenino despechado, tipo Laura P. o Leo Macías, a quien da vida Marisa Paredes en “La flor de mi secreto”. Hablando de secretos, no sé si alguien se ha fijado que el argumento de la novela negra que escribe Amanda Gris y es rechazada por sus editores es exactamente el mismo de “Volver”. Y es que Almodóvar, como toda la gente con creatividad, se cita continuamente a sí mismo.
Siento mucho no haber incluido nada de “Entre Tinieblas”, otra gran favorita, de “Matador” (“un poco putón parece… pero mona es, lo mismo te digo una cosa que te digo la otra”) o del “Tráiler para amantes de lo prohibido”. Las más recientes las conozco peor, no recuerdo frases memorables. Y no es que no me gusten , quizá es que me fijo menos.
Espero “Los abrazos rotos”, a pesar del título poco prometedor, con avidez. Que nos guste a todos.
Como tenemos ya encima tiempos de premios y estrenos de cine, he decidido ponerme en plan Coxis y centrarme en el celuloide, lanzando un nuevo concurso, esta vez de mi propia invención, sin copiarle ideas a nadie. Pues sí, yo también sé inventar y se me ha ocurrido que, como todos somos o hemos sido fans del cine de Almodóvar, antes del estreno de su nueva película podríamos jugar a las adivinanzas. Se trata de descubrir a qué película pertenece cada una de las 12 frases siguientes. Yo creo que para el buen fans son facilitas, algunas más que otras, por supuesto. Pero a lo mejor me equivoco.
Allá van:
1.- “No dejé Madrid para olvidarte, porque si me olvido de ti, como me aconsejas, temo quedarme vacío”.
2.- “A mí Prada me parece ideal para monja”.
3.- “Es tu madre. Qué bonito lo que ha dicho”.
4.- “Pásame el lipstick, querida”.
5.- “Matar es como cortarse las uñas de los pies. Al principio, la sola idea te da pereza”.
6.- “¡Salta! ¡Salta!... No salta. Le repugna”.
7.- “Laura ronda los 40 y sueña con hacerse un lifting”.
8.- “¡No me quites nada, no me quites nada!”.
9.- “Mucha camiseta percudía, mucha camiseta percudía pero, ¿dónde están los anorales?”.
10.- “A mí me gustan las magdalenas, las bolsas de plástico, el cementerio, el dinero”.
11.- “Pues no sé qué va a ser peor, que se te marquen las bragas o el... chocho”.
12.- “Tú no me conoces, pero siempre te he odiado”.
Pido a mis lectores/concursantes que sean prudentes al enviar sus respuestas, pues no sé bien moderar los comentarios (la única vez que lo hice lo borré todo, y no es plan). Coxis las acierta todas fijo, fijo, fijo. O quizá no... Dentro de una semanilla, más o menos, daré los resultados. Enjoy! ¡Qué nervios!
Año 1993. Hacía poco que había conocido a mi amiga Pilar y ella lanzó al grupo en el que ambos nos encontrábamos una de sus famosas preguntas retóricas que generalmente sólo yo parezco querer contestar: “Si volvieses a nacer, ¿Quién elegirías ser?” No lo dudé ni un segundo y contesté con firmeza y certeza absolutas: “Charlene Tiltón” (pongo la tilde para que se sepa que lo pronuncié con acento en la “o”). Pilar se inclinaba por Tori Spelling. Nadie más en el grupo comprendía nada. Pilar y yo nos dimos cuenta en ese instante de que estábamos hechos el uno para el otro.
Pero no voy a hablar de Pilar, ni de nuestro amor imposible, sino de Charlene Tilton o, mejor dicho, de un tipo de mujer, llamémosla modosa y viciosa, que me atrae mucho. Modosa en apariencia, viciosa en realidad. O decente pero putón, por utilizar una terminología trasnochada pero graciosa. Esta foto de Charlene, o mejor dicho, de Lucy Ewing, lo explica todo: sonrisa de niña buena, trencitas de colegiala, bien tapada por la blusa, ojillos de chica obediente. Pero claro, todo era aparecer Ray Krebbs, el ranchero buenorro de “Dallas” y se le disparaba la hormona, le aparecía el canalillo por la blusa y le subían los picores y sudores entreperniles.
Algunas de mis modosas/viciosas favoritas han desfilado ya por aquí, como por ejemplo Ana, Sra. de Johnny. Blusitas campesinas, falditas hippies pero no mucho, pelito ondulado, murmullos suaves… y luego le salía de ese cuerpecillo menudo el espíritu berreante como poseído avant-la-lettre por Mónica Orange-tree, pidiendo que la liberasen del pudor. Ana es buen ejemplo de cómo abundaba la chica modosa y viciosa en los 70. Claro, aún se conservaban las buenas maneras de puertas hacia fuera, pero de puertas adentro… ¡ay! todas guardaban la píldora en su cajón.
También ha aparecido antes en el blog Jessica Harper. La película el Fantasma del Paraíso me fascina y en tiempos me obsesionaba. Lo mejor era la Harper, que se dejaba corromper sólo por poder cantar y recibir aplausos. La Harper es buen ejemplo de que, además, todas las actrices modosas y viciosas tenían una tendencia innata hacia las películas de terror. Es curioso como hoy, que se ha recuperado el cine de terror gore de Darío Argento (ver títulos de crédito de “Matador” de Almodóvar), se la recuerda como protagonista de la muy angustiosa “Suspiria”. Esa película deja clara qué les pasa a las chicas buenas que deciden seguir el mal camino: acaban descuartizadas, además de mancilladas, claro.
Jessica Harper retomó el papel de Janet, del Rocky Horror Picture Show, en su secuela, hoy olvidadísima (y que hay que recuperar): “Shock Treatment”. La Janet original, Susan Sarandon, era otro prototipo de modosa, que cae en el vicio por obra en esta ocasión de un travestí, Frank’n Furter, que de paso también se cepilla a su novio. Lo bien que se lo pasaban. Pero la foto que dejo no corresponde al Rocky Horror, sino a “El Ansia”, a la escena en que, al compás de Délibes, Susan se deja seducir por Catherine Deneuve, la madre de todas las viciosas (modosa yo creo que no, en Belle de Jour era más frígida que otra cosa, pero lo dejo abierto para discusión).
Además de Ana (de Johnny), en España tuvimos otra gran modosa y viciosa, que además tuvo un final muy trágico en la vida real. Sandra Mozarowsky era guapísima y no entiendo cómo no es más recordada. Lo único casi que se encuentra en Internet es información sobre su suicidio con 18 años de edad, cuando había iniciado una carrera cinematográfica prometedora en España (me quedo, aunque sólo sea por el título, con “Call girl: la vida privada de una señorita bien) e internacional (“Tren privado para Hitler), siempre en ese mundo del terror erótico que estaba a caballo entre el cine serio y el del destape más chusco (y entrañable, añado, aunque no me gusta la palabra pero no encuentro otra).
Los años 70 terminan con una de mis películas favoritas de todos los tiempos: Alien, que vi en 1979 en aquel viaje a Estados Unidos del que he escrito ya demasiado. Difícilmente se puede decir que Sigourney Weaver da el tipo de modosa. Y menos en Alien, primero en plan mujer empoderada dando órdenes a todo quisqui y luego cazando el bicho con un lanzallamas por toda la nave Nostromo. Pero la imagen que he colgado está en mi particular imaginario erótico (como en el de tantos otros hombres de mi generación, mayormente heterosexuales). No es tanto la modestia, como la vulnerabilidad. Es el momento sexual de la película. El espectador CREE que el bicho está muerto, pero SABE que anda por ahí. Y la visión de los huesos pélvicos, los pezoncillos y la braga que apenas oculta el bosque de Sigourney lo despiertan. Era modosa y viciosa sin saberlo.
Termino con Rachel Ticotin. Quizá alguien se acuerde de ella, pero me arriesgo a pensar que no será así. Interpretó a Melina, el objeto del deseo de Arnold Schwarzengger en otra estupenda película de ciencia-ficción, “Total Recall”. La incluyo principalmente porque ella es la verdadera modosa/viciosa. Me explico: cuando el personaje de Arnold va al centro de sueños “Rekall” a montarse una aventura virtual en Marte, le piden que describa a la chica que quiere que lo acompañe y dice (su mujer era Sharon Stone, por cierto) que le gustan morenas y atléticas. Y sobre su actitud dice, mientras va cayendo dormido por la anestesia, que quiere que la chica del sueño sea “modosa”… y abre los ojos y dice “viciosa”. En inglés es aún mejor: “demure… sleazy”.
Aunque sólo fuese por eso, no podía faltar en esta lista.
Me reincorporo al quehacer bloguístico, que nunca abandoné del todo, pero que he dejado hibernar durante unas semanas.
No hace mucho, mi buen amigo Miguel me dio una copia de un papel que habíamos escrito él, otro amigo común, Alberto, y yo hace más de 11 años. Era una lista de nuestros libros favoritos. Me impresionó comprobar al verlo que, a pesar del tiempo pasado, mi lista de entonces era casi idéntica a la de ahora, que es la que está en el perfil de breckinridge. Con una excepción de importancia. En el perfil no he incluido, y no sé bien por qué, “Handcarved coffins”, de Truman Capote.
Nunca me cayó bien Truman Capote. Se juntan varios motivos: no me gustan las personas que hacen ostentación de sus vicios o alardean sus miserias; me resultaba desagradable físicamente, su transición de efebo a ectoplasma es lamentable (¡Qué mal envejecen los chicos guapos!); su obstinación con el cotilleo era enfermiza y excesiva hasta para mí; el hecho de que mi idolatrado Gore Vidal lo odiase no ayudó a que mí me cayese bien.
Ahora bien, una cosa es que no me cayese del todo bien y otra es mi juicio sobre los libros que escribió. Él siempre defendía que era preferible escribir poco pero bueno que publicar y publicar sin cesar, esperando que alguna de las obras publicadas salga bien. Su producción literaria es corta, y si no toda de primera fila, al menos siempre es muy interesante y está muy bien escrita. Siempre he pensado que si él hubiese escrito”To kill a mockingbird”, novela de la que es uno de los personajes principales, estaría en los más elevados altares de la historia de la literatura, pero tiene a su favor haber inventado la novela periodística o el periodismo novelado, que tampoco se sabe muy bien en qué consiste, por ejemplo, “In cold blood”, la que todo el mundo considera su obra maestra.
Me encantan sus novelas iniciales, como “The grass harp”, con su ambientación sureña: jamás he estado en el sur de los Estados Unidos pero me fascina. Tuve una oportunidad hace un par de años de irme a vivir, post-Katrina, a Nueva Orleáns, que no se materializó, llenándome de tristeza. Me imaginaba pasando tardes eternas de sol anaranjado tumbado en el porche de una casa de madera, alcoholizándome lentamente mirando la vida pasar, quedando empapado en sudor mientras era devorado por los mosquitos. Por supuesto, sé de sobra que ese tipo de vida apenas existe y que tampoco me gustaría en realidad, pero es lo que tiene leer, te transporta a lugares inexistentes y a estados de ánimo y modos de vida distintos y, afortunadamente, inalcanzables.
Me estoy desviando. Además de las novelas sureñas, Capote fue un cronista inigualable de la vida de mediados del siglo XX en Nueva York. Aunque, gracias a Audrey Hepburn, la versión filmada de “Breakfast at Tiffany’s” supera a la novela, ésta tiene unos matices que se pierden en la película, en especial un punto canalla que está ausente de la versión de Blake Edwards, centrada casi en exclusiva en el Upper East Side. Hay ocasiones, finalmente, en que Capote mezcla a la perfección el ambiente sureño y la urbanidad cosmopolita, y ningún ejemplo mejor que “Handcarved coffins”.
El título queda feísimo en español: “Ataúdes tallados a mano”. Tiene en común con “A sangre fría” que se trata, supuestamente, de una narración novelada de un crimen auténtico, pero muchas personas cercanas a Capote dijeron tras su muerte que se trata de ficción pura y dura. A mí me sorprende que estos comentarios se hagan en tono de crítica, pues si realmente se trata de ficción, el mérito del escritor es mucho mayor. El argumento es sencillo: en un pueblo del centro-sur de los Estados Unidos se produce una serie de asesinatos. Lo único que tienen en común, además de la localización, es que todas las víctimas recibían antes de morir un paquete que contenía un pequeño ataúd tallado a mano que en su interior guardaba una fotografía, apócrifa y desconocida, de la víctima.
Se trata de un texto breve, cuyas dos terceras partes iniciales son un diálogo entre el propio Capote y el detective del caso (de nombre formidable: Jake Pepper) y otros personajes de mayor o menor relevancia. Posteriormente, cuando la investigación deja de avanzar y el escritor abandona la escena, cita sus propios diarios de la época para ilustrar los acontecimientos, todo ello sembrado de un relato de sus andanzas por el mundo, que lo deja a uno con ganas de saber más (¿Con quien estaba en Estambul? ¿A quién se refiere al hablar de las fiestas en Nueva York?). El final del libro es una narración del desenlace de la historia, que es espléndido. Recuerdo que cuando vi la película Zodiac, quizá la mejor del año pasado, pensé en los ataúdes tallados a mano.
Capote mezcla los estilos (diálogo, diario, narración) con una aparente gran facilidad. El lenguaje es limpio, sin excesos ni alardes, pero se nota el estilo y el trabajo. Y es que esa facilidad es, como digo, aparente, porque “Handcarved coffins” es la obra de mayor peso que escribió tras “In cold blood” y le tuvo ocupado más de una década, los años del envejecimiento, del deterioro físico, del bloqueo de escritor, de la decadencia de las fiestas. Si algo me sorprende es que no se haya hecho una película (o una obra de teatro) basada en la misma. La riqueza visual y textual del relato lo debería hacer relativamente sencillo, o al menos a mí me lo parece. Hubo intentos en los primeros años 80, tras su publicación, para hacer la versión filmada, pero no cuajaron. E imagino que, a pesar de las dos recientes biopics (ambas buenas) de Capote, ahora no interesan historias filmadas sin superhéroes.
Si escribo todo esto es porque he disfrutado releyendo “Handcarved coffins”, que forma parte de “Music for Chameleons” en un viaje relámpago a Santiago de Chile, tan relámpago que la tripulación del avión era la misma a la ida y a la vuelta. Me ha gustado Santiago, lo poco que he visto, y no esperaba mucho. Pero más sobre Santiago en otro post. Me limito de momento a recomendar un poco de Capote. Y mucho “Pisco sour”. Qué cosa tan buena.
Así es como mi abuela se refería a un tipo de hombre que abundaba a mediados de los años 70 y que a mí, en plena preadolescencia, me provocaba serios picorcillos.
Nunca me he podido resistir a una buena barba, y sigo pensando que los hombres estamos mucho más guapos con ella. Larga o corta, da igual el tipo, lo importante es que esté cuidada. Pero no demasiado.
Nunca comprenderé el motivo que llevó a Cat Stevens a dejar de escribir y cantar maravillas como "Morning has broken", convertirse al Islam y dejar de ser guapo. Aunque por algún motivo en casa se escuchaba sobre todo música americana, Cat Stevens era la excepción británica y yo deseaba tener ese pelo y esa barba y cantar con su misma voz, tan agónica y triste. Mis hermanos tenían sus discos y yo me quedé prendado primero de las fotos y después de la música.
Algo parecido me pasó con otros cantantes, como Murray Head, el Judas original de Jesus Christ Superstar en el West End. La banda sonora del montaje londinense de la obra fue por cierto el primer álbum que me compré con mi dinero, el mismo día que adquirí "I love to love" de Tina Charles. Yo no sé cómo nadie se daba cuenta de lo mío a tan tierna edad. A lo mejor era yo el que no me daba cuenta de que se daban cuenta. En fin. A mí me obsesionaba su canción "Say it ain't so", que salía en una película que el propio Murray Head interpretó con Marisol y me aterraba y fascinaba su voz temblorosa y su cara de susto. Tiene en su haber acostarse tanto con Glenda Jackson como con Peter Finch en la película "Sunday bloody Sunday", una de las primeras en abordar sin tapujos temática homosexual. Es una pena que sea recordado por "One night in Bangkok". Que no está mal, pero para entonces se había cortado el pelo.
Aunque me doy cuenta de que parte de mis lectores son poco aficionados al deporte, me temo que tengo deportistas en mi lista. Detesto el fútbol, aunque no tanto el deporte en sí, que puede ser entretenido, como por lo que significa cultural (ejem) y socialmente. Pero nos deja buenos ejemplares con los muslos al aire. Y no estoy pensando sólo en Iker Casillas, que también (pero que en esta entrada no tiene cabida). George Best es un icono de estilo de los 70. El pelo, la barba, la camiseta por fuera, el alcohol, la violencia, el talento, los ojos. Cuando vivía en Londres lo vi una vez, bebiendo chardonnay a las 10 de la mañana en un pub de la zona de Hamemrsmith, con la piel amarilla y los ojos muertos. Le quedaba un par de años de vida.
Otro deportista, ni melenudo, ni barbudo sino bigotón, que tenía en forma de poster residencia en la pared de mi cuarto: Mark Spitz había asombrado al mundo con sus siete medallas en Munich. Este año se le ha recordado mucho, por la hazaña de otro nadador, mucho más feo, en otros juegos olímpicos. Yo al bueno de Mark lo tenía colgado, en el esplendor de sus Speedo con barras y estrellas y sus siete medallas al cuello, junto a la foto de los murales abstractos que hizo Fernad Léger para la sala de la Asamblea General de Naciones Unidas. Me gustaba la ONU en vez de jugar con Barbies o el Madelman. Qué rarito he sido siempre.
A Michael Sarrazin apenas se le recuerda, pero la película "Danzad, danzad malditos" ("They shoot horses, don't they" en original) de Sydney Pollack, sobre la gran depresión (sí, la misma que se nos avecina de nuevo) me impactó muchísimo. El bueno de Michael, muy alto y de físico desgarbado, y que ha envejecido fatal, hacía pareja de Jane Fonda en un maratón de baile. En la vida real lucía bigote y look espléndido, copiado hasta la saciedad por Tom Ford desde mediados de los 90, como se ve en esta foto.
Quizá el barbudo qué más picores me provocó, en parte porque reparé en él algo más mayor, fue Kris Kristofferson. Aviso a navegantes: no, repito NO me gusta la música country (salvo que se considere a kd Lang una cantante country, claro). Tampoco soy fan de Barbra Streisand, pero "A star is born" siempre me ha puesto muy nervioso -en el buen sentido, se entiende. Y recuerdo haber ido a ver "Convoy", en que KK hacía pareja con Ali McGraw, unas siete veces. Esa estética "biker", que Cher explota a la perfección en su vídeo "Hell on wheels", me atraía entonces muchísimo, y ahora me hace gracia. Pero Kris K, de nombre tan redundante y ojillos muy juntos, sigue estando de muy buen ver con todos su años a cuestas.
Con grandes excepciones, eran barbudos extranjeros los que me gustaban. Las barbas invadían España cuando desaparecían en Estados Unidos y Gran Bretaña, con la cortina de humo y al ritmo de los 120 bps de la música disco, a la que yo me apuntaba rápido, o la esquizofrenia punk que nunca fue de mi gusto. A la mayoría de los barbudos locales siempre los veía con un barniz progre y sobre todo trasnochado que no era de mi gusto. Me va más el cashmere que la pana, lo siento no puedo remediarlo. Hay algún barbudo patrio que sí me gusta mucho, pero ya de otra época. A alguno de ellos dedicaré quizá una entrada posterior. Tengo sin embargo un recuerdo muy concreto y a la vez muy vago de los años 70 que quizá algún lector me ayude a reconstruir. No hay nada en Internet, al menos que haya podido encontrar. Se trata de una anuncio de vaqueros Grins, marca desaparecida, en el que se veía un grupo de rock de corte hippy-melenudo tocando en plena calle de modo espontáneo, adelantándose a Astrud. Ante la mirada atónita y el gesto de censura de viandantes mayores cantaban una canción que me sé de memoria, letra y música, que dice así:
"No me gusta señora que me digan lo que debo hacer Esto está bien, esto está mal Hace ya tiempo que decidí dejarles de escuchar Visto como quiero, Grins, Grins, Grins."
Yo me quedaba extasiado mirando la pantalla. ¿Soy el único que se acuerda?
p.s. he escrito esta entrada en el nuevo Mac de mi chico. Me encanta el teclado, odio el ratón, babeo con la pantalla gigante y brillante, me tengo que hacer con el sistema operativo.
"I was faced with a choice at a difficult age Would I write a book or should I take to the stage But in the back of my head I heard distant feet Ché Guevara and Debussy to a disco beat"