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martes, 18 de agosto de 2009

Cuestionario Proust



Como dentro de una hora me voy a pasar unos días de descanso al desierto, y aunque me he cerciorado de que hay conexión a internet y me llevo el ordenador (sí, el que perdí pero luego recuperé), propongo un juego (sí, le copio la idea a Theodore, qué pasa) veraniego. Os va a gustar, que os conozco.

Seguro que sabéis (y si no aquí estoy para contároslo) que Marcel Proust, escritor francés que apenas salía de su casa y aún así escribía como los ángeles, se inventó en 1886, cuando aún era un chiquillo, un cuestionario de unas 30 preguntas con la idea de que amigos y conocidos lo rellenasen. Por su parte, la revista Vanity Fair (la de verdad, en inglés, versión EEUU, nada de Preysleres o Pés en la portada, please) utiliza desde hace 15 años su última página para someter a algún famosillo o famosilla a un "cuestionario Proust" algo distinto al original.

Así que he pensado, queridos lectores, hacer un batiburrillo (Stanwyck, nunca te agradeceré lo bastante que recuperases esa palabra tan maravillosa) y proponeros mi propio "Cuestionario Breckinridge-Proust". Omitiré, aunque bien me gustaría, preguntas de tipo procaz, pero si alguien quiere añadir a sus respuestas azúcar, que diría Celia Cruz (la pobre) o "spice", que diría Geri Halliwell, bienvenidos.

Respuestas. Sí queridos lectores, de lo que se trata es de que respondáis, con sinceridad (o sorna, pero mejor sinceridad) y con brevedad a las preguntas que aquí os formulo, ya sea en los comentarios a esta entrada o en vuestros propios blogs. Los más tímidos -o los más lanzados, que se puede interpretar de ambas maneras- me lo pueden enviar por correo electrónico (en la página del perfil hay un enlace). Yo publicaré, por supuesto, mis respuestas en algún momento de los próximos siete días. Daré tiempo a que lleguen respuestas. Avisad a vuestras cuñadas, vecinas, caseras, enemigas, amigas, empleadas, jefas y lo que haga falta. Polo, Coxis, aunque estéis de viaje, haced un huequecillo en vuestras agendas. Ésta es de esas entradas que harán historia en la blogosfera.

Allá van las preguntas. Las he manipulado un poquitín y las he dejado en 29, que es un número primo. He evitado la corrección política del vosotros/vosotras y he optado por no utilizar el símbolo @ para indicar que las preguntas se refieren tanto a mujeres como a hombres. Sabréis perdonármelo, espero. Tú también, Bibiana.

1.- ¿Cuál es tu virtud favorita?

2.- ¿Cuál es la virtud que más valoras en un hombre?

3.- ¿Cuál es la virtud que más valoras en una mujer?

4.- ¿Cuál es la virtud más sobrevalorada, en tu opinión?

5.- ¿Cuál es el trazo de tu personalidad que más deploras?

6.- ¿Cuál es el trazo de la personalidad de los demás que más deploras?

7.- ¿Cuál es tu idea de la felicidad perfecta?

8.- ¿Dónde y cuándo fuiste más feliz?

9.- ¿Cuál es tu idea de la infelicidad más absoluta?

10.- ¿Cuál es tu principal defecto?

11.- ¿Qué frase o expresión utilizas con más frecuencia?

12.- ¿Qué es lo que más te desagrada de tu apariencia?

13.- ¿Qué es lo que más detestas?

14.- Si pudieses cambiar algo de ti, ¿qué cambiarías?

15.- ¿Qué o quién es el mayor amor de tu vida?

16.- ¿Quiénes son tus escritores favoritos?

17.- ¿Quiénes son tus pintores favoritos?

18.- ¿Cuál es tu ocupación favorita?

19.- ¿Quién es tu héroe de ficción favorito?

20.- ¿Con qué figura histórica te identificas más?

21.- ¿A qué persona viva admiras más?

22.- ¿Cuáles son tus nombres favoritos?

23.- ¿Cuál es tu color favorito?

24.- ¿Qué talento te gustaría tener?

25.- ¿Cómo te gustaría morir?

26.- ¿Qué falta te merece más indulgencia?

27.- ¿Cuál es tu estado de espírtu actual?

28.- ¿De qué te arrepientes más?

29.- ¿Cuál es tu lema?

Copiad, pegad y rellenad. Es un poco largo, pero prometo que va a ser divertido. Por supuesto, no habrá comentarios a las respuestas, cada cual que diga lo que quiera que se le respetará. Si alguien quiere omitir una pregunta se tomará nota pero se aceptará.

martes, 28 de julio de 2009

Los mejores vídeos de todos los tiempos: "Around the world" de Daft Punk




A mí lo que de verdad, de verdad más me gustaría es ser uno de los esqueletos que salen en este fabuloso, maravilloso, impresionante vídeoclip de Daft Punk, y poder bailar como ellos.

Creo que ya lo he escrito antes por aquí, de pequeño y de jovencito me dedicaba a copiar coreografías que veía en televisión, primero en Eurovisión, luego en "Señoras y Señores" o en "Aplauso", pero es una actividad que abandoné bastante pronto, porque no era plan que a un chico con dudas le pillasen en plena acción ante el espejo, ni despejar las dudas que pudiese haber de un modo tan poco agraciado. Pues con el vídeo de Around the World, que en mi opinión, y disentid si queréis, es el mejor de todos los que se han hecho nunca, volví a las andadas. Me tiré horas, ya mayorcito, repitiendo los pasitos de baile de esqueletos y nadadoras, moviendo hombros y codos y poniendo las manitas con las palmas hacia abajo. Lo que me habré reído yo solito haciendo el bobo ante el espejo imitando, torpemente, sus movimientos.

Cuando hayan pasado unos años más, llegaré a la conclusión que el cambio de siglo lo marcaron musicalmente, al menos para mí, dos duos franceses, muy distintos entre sí. Air eran pretenciosos de lo puro básicos y Daft Punk eran marchosos y arriesgados pero al mismo tiempo tremendamente comerciales. Ambos supieron captar el zeitgeist del momento con una mezcla de tecnología, new age, nostalgia retro y sentido del humor (que perderían bien rápido). Ambos se quedaron un poco en agua de borrajas, pero en el fondo casi mejor no tener que lamentar que se hayan transformado en salvadores de la selva amazónica o la capa de ozono. Que no hay nada peor, estaréis de acuerdo conmigo, que los rockeros "on a mission". Y no doy nombres.

Vuelvo al vídeo, que me enrollo como las persianas. Yo no soy muy ordenado, pero me encanta el orden, me gusta muchísimo que cada cosa tenga su sitio y que todo encaje. Debe ser porque tengo la Luna en Virgo. Me encanta alcanzar un orden inmaculado, el concierto, la simetría perfecta, para luego romperlo todo. En este vídeo, en esta coreografía, todo está en su sitio, todo encaja, todo está sincronizado. Hay un par de ocasiones en que la cámara se aleja y se ve el escenario circular con sus escaleras y todos los figurantes como si fuese un diorama vivo y en movimiento.

El vídeo lo dirigió, allá por 1997, Michel Gondry, un tipo francés que tiene un Oscar (como co-guionista de "Eternal sunshine of the spotless mind") y que fue el inventor del efecto "bullet time" de cámara ultra lenta que se utilizó por primera vez en "The Matrix". Muchos consideran que forma parte, junto a Spike Jonze y David Fincher, de la santa trinidad del arte del vídeo musical. Oscar o no, a mí me fascina cómo suben y bajan las escaleras las nadadoras, como los B-boys con cabeza de muñeco hacen una rutina breakdance absurda, como se contorsionan los esqueletos. Y cómo se mueve la cámara, en planos largos muy estudiados a veces estáticos, a veces en movimiento. En internet he encontrado explicaciones a por qué salen momias, astronautas, esqueletos, nadadoras y extraños B-boys. Me da bastante igual el por qué. Me basta con el fondo de luces circulares, las tomas cenitales y la coreografía, tan divertida, tan facilona, tan imitable. La canción ayuda, éstá claro, pero estoy seguro de que sin este vídeo no me gustaría tanto. Encontráis por cierto una versión mejor, en HD y lamentablemente no encamable, en este enlace.

Espero que os guste tanto como a mí. Y no olvidéis de mirar los blogs de coxis, polo y theodore, que hoy mismo, más o menos a la misma hora, están colgando sus vídeoclips favoritos. Esto es un esfuerzo conjunto, coreografiado y soncronizado.

martes, 14 de julio de 2009

La place Furstenberg


Siempre estoy a la búsqueda de buenos espacios urbanos. Me da mucha pena ver cómo en Madrid el buen espacio público se pierde en aras del privado. Hay lugares deliciosos como las plazas de la Paja o del Conde de Barajas, en la parte antigua de la ciudad, que hace unos años tenían bancos donde sentarse, espacio para paseantes e interés para los "flâneurs". Ambas están ahora atiborradas de restaurantes, bares y sus correspondientes terrazas, que ocupan un espacio que debería ser para el disfrute de todos y no a beneficio de unos comerciantes y sus clientes ocasionales. Algunos dicen que si hay negocios no habrá botellón, mi experiencia directa de residente en el casco antiguo demuestra, desgraciadamente, lo contrario.

Mi relación con París, producto de un año de estudiante pasado allí con muchas dificultades (causadas por mí mismo), es difícil. No creo que nunca llegue a contarla entre mis ciudades favoritas, y sin embargo admiro profundamente muchos de sus espacios urbanos, sobre todo las plazas, siempre a escala humana a pesar de su grandeza (como la Place des Vosges) o su irregularidad, como la Place Dauphine.

Aquel extraño año de estudiante parisino fui pobre como las ratas (y de una delgadez envidiable) y lo único que me salía gratis era pasear. Debo reconocer que pocas ciudades se prestan al paseo como París. Fue en el distrito sexto, el barrio latino, que nunca ha sido de mis favoritos, más bien al contrario, donde me topé un día con la pequeña plaza que da título a esta entrada y que en realidad no es tal plaza, sino un ensanchamiento de la Rue Furstenberg. En medio de la calzada se crea una pequeña rotonda, con un farol de cinco brazos en el centro y cuatro catalpas, una de ellas de gran tamaño, marcando las cuatro esquinas de la plazoleta. Entonces había bancos entre los árboles, tan impropios de París, ciudad de castaños (como Madrid lo es de acacias y álamos y Londres de plátanos), pero con el tiempo los han retirado.

La place Furstenberg es conocida porque en ella se encuentra el que fue el último estudio de Delacroix, hoy convertido en un pequeño museo que lleva el nombre del pintor. Otros artistas la han retratado, Dalí en una litografía muy fea de los 70 y David Hockney en uno de los montajes de polaroids que hacía en los primeros años 80 y que expuso en la sala de La Caixa de Madrid. Aún guardo el catálogo por algún lado, debía ser 1983 y yo despertaba al arte -y a la vida.



La plazoleta se convirtió desde el primer momento en uno de mis rincones favoritos de la ciudad, y eso que no es un lugar que invite necesariamente a quedarse. París destaca sobre todo por su escala, todo el centro es accesible a pie, con edificios de altura limitada, con gran (quizá excesiva) cohesión estilística y constructiva, con un despliegue limitado pero espléndido de zonas verdes y un arbolado y mobiliario urbano envidiables. En Furstenberg todo esto confluye de modo natural, es el típico lugar, no tengo duda, en el que todos decimos que nos gustaría vivir.

Martin Scorsese, en un detalle de gusto exquisito, utilizó la place Furstenberg como escenario de la secuencia final de "The Age of Innocence", la película que basó en la novela del mismo título de Edit Wharton.



Newland Archer, ya mayor, decide no subir a ver a la Condesa Ellen Olenska, su gran amor jamás consumado, a quien renunció más de veinte años antes por May Welland, su esposa legítima y madre de sus hijos. Nunca me ha enloquecido el cine de Scorsese, mi tolerancia hacia historias de mafias italianas ("Are you fucking with me, you fucking motherfucker?") tiene límites. La edad de la inocencia es, con gran diferencia y sin quitarle mérito al resto de su filmografía, la que más me gusta de todas sus películas. Al igual que en "Dangerous liaisons", el trío de protagonistas (Pfeiffer está, espléndida, en ambas) es perfecto. La cinematografía, como la historia, es realmente de otra época. La música de Elmer Bernstein, tan straussiana, entra justo en el momento del flashback, tan sutil. Siempre me pregunto cómo harían volar a las palomas en el momento final, cuando Newland/Daniel se levanta y se aleja caminando de la plaza.

Llevaba tiempo pensando escribir sobre la place Furstenberg, si lo hago ahora es porque en mi último viaje leí Ethan Frome, novela corta y magistral de Edit Wharton, la primera mujer (creo) que ganó un premio Pulitzer hace casi un siglo. Ethan Frome precede a The Age of Innocence y trata del mismo tema: un hombre joven, roto entre sus obligaciones hacia su mujer, enferma y mucho mayor que él, y su amor por la prima de ésta, joven, llena de vida y con una gran promesa de futuro. Ethan pasa del deseo callado a la acción y de ahí a la sumisión y aceptación dócil del orden establecido. Un hombre, al igual que Newland Archer, que elige la convención del matrimonio y la familia tradicional sobre la aventura, el deseo, la vida, el amor.

Recuerdo que cuando vi la película (y leí a renglón seguido la novela que, por cierto, da muchísima hambre, se pasan todos el día dándose unos festines de escándalo) decidí que no me dejaría llevar por las convenciones, sino por el amor, cuando lo encontrase o me encontrase. A punto estuve de equivocarme, pero no lo hice. Opté por el amor, cuando era la opción más difícil, y gané. También decidí que viviría en la place Furstenberg de París y vería crecer las catalpas desde mis ventanas, pero me temo que para eso, casi con total seguridad, tendré que esperar a otra vida.

viernes, 20 de marzo de 2009

La canción pop perfecta: "Ainsi soit-il", Louis Chedid




Yo les estoy muy agradecido a mis padres (en especial a mi madre) por muchas cosas, pero quizá lo que más les agradezca es que me mandasen a estudiar al Liceo Francés. Con esa decisión consiguieron los objetivos que se planteaban: una educación laica, bilingüe y abierta a otras culturas. Imagino, eso sí, que no se planteaban que el niño pequeño les saliese marisabidillo y con un afrancesamiento que tanto le costó sacudirse de encima. Lo conseguí después de mi año de estudiante en Francia (no hay como ver las cosas de cerca para aprender a guardar distancias) y gracias a un marido inglés (perdón, británico) que me llevó por las sendas de George Eliot, los pináculos de Oxford y los páramos ondulados de los Cheviots, territorios que yo hasta entonces sólo había olisqueado desde la distancia. Pero algo, mucho, queda de mi amor por todo lo francés.

Francia es tierra de melodía. En una entrada reciente, Pe-Jota escribía sobre Saint-Saëns y Reynaldo Hahn y yo en mi comentario le hablaba de Chausson. Necesariamente es también tierra de canciones pop perfectas, algo que Juan de Pablos, que lleva 30 años haciendo “Flor de Pasión” –uno de los mejores programas de radio de la historia de este país- sabe muy bien. Así que, en mi búsqueda de la canción perfecta, empecé a hurgar en los archivos de mi memoria afrancesada. Y encontré una barbaridad de cosas reseñables, casi todas cantadas por mujeres.

La lista es inacabable. De France Gall a Saint-Étienne, pasando por Sylvie Vartan, sobre quien ya he escrito, o cualquier tema de Serge Gainsbourg, uno de los mejores compositores de canciones que ha habido. A la hora de escoger una sola canción estuve a punto de decantarme por "Comment te dire adieu?" de Gainsbourg para Françoise Hardy. Me vuelve loco la rima en equis, no lo puedo evitar, y me encanta la chica, no lo voy a ocultar (la tendría que haber metido en la lista de las modosas/viciosas, tonto que soy). Pero opté por obviar en esta ocasión los años 60, la década más pop y también los 70, la menos pop de todas pero al mismo tiempo la edad de oro de Eurovisión, donde se encuentra de todo. Ya habrá tiempo en esta serie de entradas sobre pop de hablar de ambas décadas.

Me fui a buscar, como es lógico, a mi terreno natural, el del cambio de los 70 a los 80. Las candidatas finales al premio fueron “Manureva”, de Alain Chamfort (la letra es de Gainsbourg) y su puntito Duran Duran; “I love America” de Patrick Juvet, el hijo bastardo de Richard Clayderman y Farrah (la verdad es que la canción, además de estar en inglés, no tiene nivel para mi lista, pero la cabra tira al monte y el disco siempre será lo mío) y “Amoureux Solitaires” de Lio, chica que también tenía hueco entre las modosas y viciosas. Si me despisto, acabo metiendo en la lista corta "Voyage, voyage", de Desireless, canción con la que tengo una relación de amor/odio absoluto. Pero no me despisté.

Y gracias a Lio y su estilo proto-tecno me acordé de “Ainsi soit-il”, de Louis Chedid, la elegida. Cumple bien los requisitos básicos de la canción perfecta: fácilmente memorable, con estribillo inmediatamente reconocible (y con un gancho estupendo, el “tu-ru-ru-rup/yeah-yeah” que hacen sintetizador y voz). El otro truco es la subida de un tono al paso de cada estrofa. Es un truco muy manido en la estrofa final de canciones que concursan en festivales (y tiene un nombre del que no me acuerdo), pero aquí es parte integral de la canción, que al final, sin embargo, vuelve al tono inicial. Eso sí, un requisito que esta canción no cumple es el de tener una letra insustancial, porque es estupenda. Se hace repaso a toda una vida, con símil cinematográfico y con helicóptero incluido. Qué francés todo, me encanta. El vídeo que he colgado es casero y malón, pero incluye la letra, para quien le interese, a la derecha. A esa letra yo le digo amén.

He estado rebuscando el single entre mis discos y no lo encuentro. Aunque he ido regalando muchos vinilos a lo largo del tiempo, no recuerdo haberle dado éste a nadie. Si lo encuentro, me lo quedo. Aunque ya no tenga tocadiscos, claro.

viernes, 13 de marzo de 2009

... y en Estrasburgo

Y ahora en Estrasburgo. Debe ser la edad, pero cada vez me tiran más las ciudades de la Mittle-Europa. Pienso en mis ideas de que el modelo de crecimiento económico está agotado. ¿Para qué crecer cuando se tiene un nivel de vida como el de Estrasburgo? Con conservar lo que ya hay debería bastar. Pero ése es un pensamiento muy conservador, y oficialmente yo no soy conservador.

Paseo por el margen del río Ill, en pleno centro histórico. Por las calzadas, pocos coches. Muchas bicicletas. Tranvías. A veces pienso que la presencia de tranvías es una señal inequívoca de que una ciudad es sostenible. Algo me dice que estoy en lo correcto. Hay, al parecer, huelga de estudiantes. Qué cosa tan francesa. Recuerdo mi año de estudiante en París, hubo “revueltas estudiantiles”. Decíamos, y nos creíamos, que el 86 era el nuevo 68. Qué bobos.

Todo está en orden, todo está tranquilo. Es terriblemente aburrido, y al mismo tiempo reconfortante. No hay ruidos. La gente, casi toda mayor, pasea perros. En Nueva York vi dos bulldogs ingleses con abriguitos alcolchados de color morado. Pobrecitos. Aquí veo perros más previsibles: spaniels, labradores (gordos, en Francia todos los perros urbanos están gordos), esas razas belgas de perros lanudos, pequeños y cabezones, muy graciosos. Apenas hay señales de primavera y eso que no hace demasiado frío.

Me vuelve a tocar comer solo, qué remedio. Cualquier cosa menos quedarme en las instituciones europeas, a donde me ha tocado venir. Siempre he sido europeísta, y desde luego me considero europeo por encima de cualquier otra identidad geopolítica, pero viendo como funciona la UE de hoy a uno se le quitan las ganas. Y qué feos los edificios. El del Consejo de Europa, el único que tiene un pase, es un búnker sin redención. El del Parlamento Europeo es un prisma redondo de cristal transparente que supuestamente simboliza la transparencia de la institución. Como dirían en Milwaukee, o Peoria, “transparencia, my ass”. Si esos edificios, todos premiados, por supuesto, quieren acercar la idea de Europa al pueblo, peor no han podido hacerlo. A veces coincido con mi tío Alberto, que dice que hay que reinstaurar la pena de muerte, pero sólo para arquitectos.

Me paseo bajo la lluvia en la “Petite France” y por los alrededores de la catedral. Es gótica auténtica, aunque la torre única, demasiado alta, parece del XIX. La piedra es rojiza, muy bonita, muy parecida a la de los monasterios abandonados del norte de Inglaterra. Veo anticuarios (me atrae una champanera art-déco de plata, pero decido no preguntar precios), floristas, unas librerías estupendas, bodegas, un número sorprendentemente alto de tiendas de lámparas. Todo preparado para una vida de interiores, de tranquilidad. A las diez y diez de la noche la puerta de mi hotel ya estaba cerrada, tuve que llamar al conserje a que me abriese.

Y sin embargo me siento a gusto, me podría acostumbrar a vivir en un lugar así. Yo, el del culo inquieto que siempre está pensando en la próxima etapa, y con ganas de apalancarme en una ciudad europea. Igual pido un puesto en el Consejo de Europa. ¿Aguantaría? Seguro que sí. Me encanta la lluvia fina que cae, aunque hace pocos días decía que me costaría vivir en un sitio sin sol. Igual me mudo a Málaga. Sol o tranquilidad. O ambas cosas. Lo dicho, me estoy haciendo mayor.

Mientras paseo por los márgenes del Ill se me acerca un chico, de veintipocos, o incluso menos años, guapísimo, rapado. Me pregunta donde está nosequé. Estoy a punto de contestarle que ni idea pero que haga conmigo lo que quiera, que por él lo dejo todo. Pero ya lo dejé todo por otro hace más de once años, y sigo tan feliz. Le digo que no lo sé, lo siento, no soy de aquí; me sonríe (quizá fuese marroquí o argelino, o quizá alsaciano, no lo sé) y me derrito un poquitín. Y me toca ya volverme a Madrid. Qué bien.

sábado, 26 de julio de 2008

Je suis une catin

O, lo que es lo mismo, soy un putón. Eso cantaba Mylène Farmer en 1986 e hizo un vídeo antológico para demostrar que era cierto. Aquí lo dejo de testigo. Ojo, es larguito.



He prometido que escribiría sobre los 80 y aquí empiezo. Pasé el curso 1986/87 estudiando en París, con una beca aunque no Erasmus, que de eso aún no existía. Cosas de la edad. Tengo recuerdos borrosos de aquel año, aunque todo está escrito en un diario que se encuentra sepultado en el fondo de un cajón y al que no tengo la más mínima intención de asomarme pues sé que es un pozo de tristeza. Aunque algo he madurado con la edad, sigo oscilando entre la tristeza y la euforia, parezco no saber encontrar el término medio. Recuerdo de aquel año en París mis largos paseos lánguidos por la ciudad (descubriendo lugares urbanos perfectos, de esos que tanto me gustan como la Place Fürstenberg), recuerdo haber leído muchísimo sobre todo novela (así a bote pronto me vienen a la memoria John Dos Passos, Cesare Pavese, García Márquez, Olivier Rolin), recuerdo haberme pasado un mes sin cenar para ahorrar e ir a ver bailar a Sylvie Guillem al teatro de la ópera (al que entonces aún no llamaban, qué pretencioso, Palais Garnier). Qué solo estaba. Y recuerdo sobre todo la música. Podría presumir de que fue entonces cuando descubrí la música culta del siglo XX y me hice aficionado a Schönberg y Alban Berg. Pero lo que marca la banda sonora de aquel año, en el que prácticamente había acabado mi aventura tocando con un grupo pop, era lo que sonaba en la radio fórmula francesa. "Voyage Voyage", de Desireless, "Ouragan" de Estefanía de Mónaco, "C'est la ouate" de Caroline Loeb, "Aire soy" de Miguel Bosé o "Fotonovela" de Iván (ésta, al contrario que la de Bosé, sin traducir al francés).

Pero lo que de verdad arrasaba era "Libertine" de Mylène Farmer, a quien entonces ya habían puesto el sobrenombre de la Madonna francesa. Admito que puede haber puntos de conexión, pero en el 86 Madonna aún no había enseñado culo, tetas y parrús en un vídeo (por cierto no recuerdo que lo haya hecho, aunque sí en el libro "Sex") ni se había metido en una bañera a retozar con otras dos tías. El beso de la muerte (al menos artística, aunque al tiempo) que le dio a la pobre Britney es una broma comparado con los refriegues de Mylène y sus alegres amigas. ¡Ay las mujeres francesas!

La estética dieciochesca del vídeo poco deja ver que es de los años 80, pero la música (sintetizador doblado con piano, saxo histérico) es inequívocamente de la época. Continuaré buceando en YouTube, a ver qué joyas ochenteras (que puedan sorprender, se entiende) encuentro.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Irresistible

Me descubrieron hace poco esta maravilla en youtube (¿Cómo era el mundo antes de youtube? Me cuesta recordarlo pero desde luego era peor). Sylvie Vartan canta "Irrésistiblement", uno de sus grandes éxitos de finales de los 60, cuando ya estaba casada con Johnny Halliday pero antes del terrible accidente de tráfico que la dejó totalmente desfigurada. Tuvo que pasar por muchos meses de cirugía plástica reconstructiva para continuar siendo el sex-symbol que siempre ha sido y, cuarenta años después, sigue siendo.

Me pregunto si una artista que no fuese francesa podría, en plenos años sesenta, haber dicho cosas como "Todo me arrastra irresistiblemente hacia ti... Todo me encadena irresistiblemente a ti..." y quedarse tan tranquila en su micro falda de cuero y sus botas de mosquetero por encima de la rodilla. La puesta en escena es lo mejor: las bailarinas, vestidas de Barbarella y peinadas de Betty Boop, con un toque de las muchachas-flor del Oro del Rin, bailando de modo sincopado como si fuesen robots que reciben órdenes. Y Sylvie Vartan, con su cintura imposiblemente fina y las piernas más largas que uno pueda imaginar, ni canta ni baila mucho, pero es sencillamente perfecta, como la propia canción, una joya pop con toques de "chanson" francesa. Incluye además un eco exagerado al final de la última estrofa que en su época debió ser el colmo de la modernidad tecnológica. Me pregunto si los Zombies lo copiarían para Groenlandia. Desde luego se parece.

Hurgando un poco en su historia uno se da cuenta de que Sylvie Vartan era un ejemplo, ya entonces, de la sociedad multicultural que era (y es: su actual Presidente puede dar fe de ello) Francia. No dejaba de ser una emigrante, nacida en Bulgaria, hija de padre de origen armenio y de madre húngara-búlgara. Pero pocas mujeres más esencialmente francesas puede haber que ella. Hay otro vídeo, posterior y quizá menos auténtico pero mucho más camp y divertido, con unos bailarines con trajes estilo Austin Powers y bailarinas con unos moños cardados que desafían la gravedad. Se puede ver aquí.

Si uno ve fotografías actuales de la Vartan, se encuentra a una mujer aún delgada y sumamente atractiva, en apariencia 20 años más joven. Y lo mismo se puede decir de sus contemporáneas France Gall, Françoise Hardy y las británicas trasplantadas a Francia Jane Birkin y Charlotte Rampling. La excepción es Brigitte Bardot, pero imagino que se debe a lo mucho que desgasta ser de extrema derecha. No sé qué tendrá Francia que hace que las mujeres, propias o importadas, conserven e incluso aumenten su atractivo con el paso de los años. Y soy consciente de que no he incluido en la lista a Catherine Deneuve. Debe ser el champagne o la sopa, pero tiene que haber algún truco, no pueden ser sólo genes o factores exógenos.

En España en aquella época no había nadie equivalente. Incluso mezclando generaciones sólo cabe destacar a Concha Velasco, que se conserva muy bien, a Marisol, de quien se sabe poco, a Rocío Dúrcal, la pobre, o a Karina, uno de mis grandes ídolos de infancia, que no ha envejecido demasiado bien. No teníamos en la España de la autarquía y del desarrollismo a nadie multicultural, salvo que incluya a Donna Hightower, o (en un momento posterior) a Betty Missiego o Mayra Gómez Kemp. Terreno en el que, de momento, no me quiero meter. Quizá Ana, de Ana y Johnny, con su cuerpo menudo y su voz enorme, podría haber sido nuestra gran superviviente pop. Pero su carrera, tras ser liberada del pudor en un momento fundamental de nuestra historia, no tuvo continuidad, aunque algunos no la olvidemos. Volveré sobre Ana y Johnny.