viernes, 13 de marzo de 2009

... y en Estrasburgo

Y ahora en Estrasburgo. Debe ser la edad, pero cada vez me tiran más las ciudades de la Mittle-Europa. Pienso en mis ideas de que el modelo de crecimiento económico está agotado. ¿Para qué crecer cuando se tiene un nivel de vida como el de Estrasburgo? Con conservar lo que ya hay debería bastar. Pero ése es un pensamiento muy conservador, y oficialmente yo no soy conservador.

Paseo por el margen del río Ill, en pleno centro histórico. Por las calzadas, pocos coches. Muchas bicicletas. Tranvías. A veces pienso que la presencia de tranvías es una señal inequívoca de que una ciudad es sostenible. Algo me dice que estoy en lo correcto. Hay, al parecer, huelga de estudiantes. Qué cosa tan francesa. Recuerdo mi año de estudiante en París, hubo “revueltas estudiantiles”. Decíamos, y nos creíamos, que el 86 era el nuevo 68. Qué bobos.

Todo está en orden, todo está tranquilo. Es terriblemente aburrido, y al mismo tiempo reconfortante. No hay ruidos. La gente, casi toda mayor, pasea perros. En Nueva York vi dos bulldogs ingleses con abriguitos alcolchados de color morado. Pobrecitos. Aquí veo perros más previsibles: spaniels, labradores (gordos, en Francia todos los perros urbanos están gordos), esas razas belgas de perros lanudos, pequeños y cabezones, muy graciosos. Apenas hay señales de primavera y eso que no hace demasiado frío.

Me vuelve a tocar comer solo, qué remedio. Cualquier cosa menos quedarme en las instituciones europeas, a donde me ha tocado venir. Siempre he sido europeísta, y desde luego me considero europeo por encima de cualquier otra identidad geopolítica, pero viendo como funciona la UE de hoy a uno se le quitan las ganas. Y qué feos los edificios. El del Consejo de Europa, el único que tiene un pase, es un búnker sin redención. El del Parlamento Europeo es un prisma redondo de cristal transparente que supuestamente simboliza la transparencia de la institución. Como dirían en Milwaukee, o Peoria, “transparencia, my ass”. Si esos edificios, todos premiados, por supuesto, quieren acercar la idea de Europa al pueblo, peor no han podido hacerlo. A veces coincido con mi tío Alberto, que dice que hay que reinstaurar la pena de muerte, pero sólo para arquitectos.

Me paseo bajo la lluvia en la “Petite France” y por los alrededores de la catedral. Es gótica auténtica, aunque la torre única, demasiado alta, parece del XIX. La piedra es rojiza, muy bonita, muy parecida a la de los monasterios abandonados del norte de Inglaterra. Veo anticuarios (me atrae una champanera art-déco de plata, pero decido no preguntar precios), floristas, unas librerías estupendas, bodegas, un número sorprendentemente alto de tiendas de lámparas. Todo preparado para una vida de interiores, de tranquilidad. A las diez y diez de la noche la puerta de mi hotel ya estaba cerrada, tuve que llamar al conserje a que me abriese.

Y sin embargo me siento a gusto, me podría acostumbrar a vivir en un lugar así. Yo, el del culo inquieto que siempre está pensando en la próxima etapa, y con ganas de apalancarme en una ciudad europea. Igual pido un puesto en el Consejo de Europa. ¿Aguantaría? Seguro que sí. Me encanta la lluvia fina que cae, aunque hace pocos días decía que me costaría vivir en un sitio sin sol. Igual me mudo a Málaga. Sol o tranquilidad. O ambas cosas. Lo dicho, me estoy haciendo mayor.

Mientras paseo por los márgenes del Ill se me acerca un chico, de veintipocos, o incluso menos años, guapísimo, rapado. Me pregunta donde está nosequé. Estoy a punto de contestarle que ni idea pero que haga conmigo lo que quiera, que por él lo dejo todo. Pero ya lo dejé todo por otro hace más de once años, y sigo tan feliz. Le digo que no lo sé, lo siento, no soy de aquí; me sonríe (quizá fuese marroquí o argelino, o quizá alsaciano, no lo sé) y me derrito un poquitín. Y me toca ya volverme a Madrid. Qué bien.

12 comentarios:

Stanwyck dijo...

Es que, querido, el nivel de vida de Estrasburgo está basado en la explotación insostenible del planeta, donde la mayoría de la gente vive muy por debajo de ese nivel de vida -hay una especie de plusvalía inversa, por la que unos usamos los recursos y emisiones de otros; otra forma de explotación. El problema es, al final malthusiano y club-romano: somos demasiados. Solamente viviendo, los habitantes del planeta y nuestros animales, los que nos hacen compañía y los que nos comemos, generamos tanto CO2 como la industria aérea. Estoy leyendo el último libro de Lovelock, que es más pesimista que yo.
No sólo en Francia los perros urbanos están gordos. Lo están en todas las ciudades sin paseadores.
Te aburrirías como una ostra en el Consejo de Europa. Más perdido que un gusano en una convención de gallinas. Mejor vete al sur, que hace calor y puedes usar chanclas todo el día.

Breckinridge dijo...

Más que malthusiano estás argentino-CEPAL. Suenas a Raul Prebitsch y a la relación real de intercambio, y anda que a la larga no han hecho daño esas teorías a los países de dónde salieron... claro que por culpa de quienes querían mantener a toda costa su estado de bienestar, es decir los que viven en Estrasburgo y Aachen. En mis paseos urbanos procuro limitarme a la experiencia sensorial porque si intelectualizo me deprimo. Y mira, no, depresión como que no.

En Francia los perros están especialmente gordos. Los bulldogs de NY, que odiaban sus abriguitos, estaban delgados. Uno de ellos se quería venir conmigo, me reconoció el gen canino, aunque luego no le hacía ascos a volver con la mucama que lo paseaba al edificio de la Quinta Avenida de donde habían salido.

Tienes razón. Estoy a punto de sucumbir al poder de la chancleta, me voy a ir a Málaga.

Pandora dijo...

El poder de la chancla! genial!
Y que gran verdad...

Notorious dijo...

Totalmente de acuerdo con Stanwick.
Yo sólo he estado en Estrasburgo una vez, y aprecié todo lo que cuentas en tu entrada; todo muy bonito, muy ordenado, muy culto, muy silencioso, muy civilizado, con tiendecitas de antigüedades donde la puerta cruje y suena una campanita cuando entras, Pero vivir allí, cenando salchichas a las cuatro de la tarde.... muermo garantizado.
Viva la chancla. Aquí prolifera en todas sus versiones, incluso con un frío que pela.
PS ¿Comistessss solo muchas veces en NY? (he leído tb. entrada anterior, o anteanteanterior)

Breckinridge dijo...

Pandora, el poder de la chancleta es insondable, como bien dice "la" Notorious, que vive en "chancla central".

Comí solo en NY una sola vez, Notorious, y de hecho fue a posta, en plan voy a descansar un poco del mogolloncete. Es decir que, as always, me quejo por algo que yo mismo he creado. La mejor comida de todas, un bocata de roast beef super bueno que me comí con una amiga por la calle en plan me chorrea la comisura. Y eso que comer por la calle es igual de lo peor que llevar chancletas por ciudad.

Pero ya sabemos (¿verdad, Pandora?) que lo peor no es necesariamente malo.

Oye, y se me ha pasado ya lo de Estrasburgo, que hace un tiempo buenísimo en Madrid.

theodore dijo...

Que sepáis que os odio a todos por tener tiempo y oportunidad de viajar tanto, grrrr... Y sinceramente, no te recomiendo Málaga para vivir, si te refieres a la capital, claro. Tiene su encanto para una visita, pero no deja de ser la ciudad más sucia, ruidosa y desorganizada el mundo mundial. La costa, con todo su horror de cemento, fuera de temporada es un paraiso ;-)

Breckinridge dijo...

Theordore, no me odies. Aprovecho los viajes para dar paseos y ver cosas pero los detesto, cada vez más. Tomo buena nota de lo de Málaga ciudad, hace mucho que no voy y me habían dicho que "está muy bien" ahora. Seguiré en Madrid que, a pesar de todo, es una ciudad estupenda.

Pandora dijo...

De hecho, lo peor suele ser bueno... o por lo menos nos gusta... O no, Breckindrige?
Que bueno, como dirían en Guatemala, vivir en "Chancla Central"...
Para cuando una entrada con la diferencia entre chancla y chancleta, matiz también insondable, pero real?

Breckinridge dijo...

Pandora, iba a estar yo aquí su fuese capaz de escribir sobre las diferencias entre chancka y chancleta... eso es menester para un catedrático de sociología como poco.
Lo peor nos gusta, claro que nos gusta. ¡Y cómo!

Pandora dijo...

Jajajajjajja, eres genial, nunca me decepcionas.
Claro que sé lo inabordable de escribir sobre la diferencia entre chancla y chancleta, pero si a alguien podía pedírselo es a ti.
Bueno, propongo que lo intentemos entre todos.
Empezaría con una afirmación sobre la que me gustaria obtener consenso, y que aunque parezca una perogrullada, es la base:
Afirmamos que existe una diferencia entre chancla y chancleta.

Breckinridge dijo...

"Y que esa diferencia marca la vida de las personas". Es cuestión de proponérselo.

Pandora dijo...

JAJA, ya tenemos dos principos del cuerpo doctrinal "Sobre la diferencia entre chancla y chancleta":
1. La diferencia entre chancla y chancleta existe.
2. Esa diferencia marca la vida de las personas.

Propongo:
3. La diferencia entre chancla y chancleta está más en el ojo del observador que en la mente del que calza.

(entre nous: puede haber alguien más surrealista que nosotros? por no decir absurdo...)