miércoles, 11 de marzo de 2009

En Nueva York...

De nuevo en Nueva York. Estuve por última vez hace unos 10 meses, cuando me hicieron por la calle la foto aquella para el Vogue… que no fue publicada nunca. Me encuentro una ciudad en decadencia. No, me encuentro una ciudad deprimida. La decadencia, como a cualquier hijo de vecino, me encanta. Le depresión no tanto. Los rascacielos nuevos que estaban a medio terminar entonces, siguen estando a medio terminar ahora. El del Bank of America, en Bryant Park, una especie de prisma angular de cristal transparente, es un caso especialmente triste: se ve que las oficinas ya están funcionando pero hay paneles de cristal sin instalar, sustituidos por una plancha de contrachapado de madera que desde la calle parece cartón. El capirote que lo remata está a medio acristalar, cubierto en parte por plásticos. Le falta la Uralita. Es muy triste.

Veo más turistas (como siempre, todo lleno de españoles, seguimos sin enterarnos de que hay crisis) que banqueros. Siempre me han encantado los hombres neoyorquinos (fantaseo que todos son banqueros), tan bien vestidos, tan bien peinados. Sería por la nevada, pero no se veían por la calle. Como tampoco se veían tantas mujeres bien vestidas buscando un taxi o trotando por las aceras de Madison Avenue con sus bolsas con las compras hechas en Tod’s o Barney’s. Mucha rusa, bastantes árabes, algunas americanas de peso por Times Square. Montones de españolas en Century 21. Pero pocos manhattanitas. O por lo menos esa impresión me daba.

Las entradas para los shows de Broadway se venden al 50% de descuento como poco. Ofertas de todo a 100 en las tiendas de lujo. Fui a unas rebajas del 70% en Brooks Brothers, una de mis tiendas favoritas (lo sé, lo sé, es ultra clásica, pero me encanta el punto Ivy League). No había nadie comprando nada. Ni al 70% de descuento. Y no eran rebajas de invierno. No, era la ropa de la nueva temporada de primavera-verano. En Nueva York no se vende nada. Yo me llevé dos nikis.

Odio comer solo. Pero inevitablemente me toca hacerlo en algún momento de mi periplo semanal. Como solo y me fijo como siempre en los demás comensales, también solos, pendientes de sus teléfonos móviles. Fantaseo con estar en un restaurante de actores en paro a la espera de una llamada, como Lana Turner al inicio de “Imitación a la Vida”. Acabo fijándome, como siempre, en los zapatos de la gente. Cuánta verdad hay en los zapatos, cuánto se puede saber de una persona con sólo mirárselos. Busco chancletas invernales. En vano. No está el horno para bollos, ni el ánimo para vanidades. Y hace mucho frío.

Una señora gorda, seguro que de Milwaukee o Peoria, me pregunta, a 10 metros de Grand Central Station, dónde está Grand Central Station. Algo debo tener en la cara, porque allá donde voy, allá que me preguntan donde está la calle tal o la tienda cual. No me molesta, al contrario. Me encanta. Sobre todo en Nueva York. A pesar de todo, me sigue pareciendo una ciudad irresistible.

3 comentarios:

Polo dijo...

Tal como lo describes, no entran deseos de ir a una ciudad a la que uno siempre quiere volver.

He estado en NYC una vez en verano con una humedad empapadora (theodore es testigo) y otra en invierno con todo cubierto de nieve, y las dos ocasiones me pareció fascinante.

Hay mucha agudeza en tus observaciones sobre la gente. Los españoles miramos mucho a los demás y a sus detalles. Y en esa ciudad hay muuuucho que mirar aunque ahora no sea el mejor momento...

Banda sonora para la Manzana: "To Turn You On" de Roxy Music: "...and off Broadway after dark, / I love the lights, don´t you?"

theodore dijo...

Desde luego, suena deprimente el panorama, aunque imagino que con todo y eso, seguirá siendo un sitio fascinante. La imagen del edificio con contrachapado en las ventanas es demoledora, y el momento Lana Turner, impagable.

Yo opto como soundtrack por algo más obvio por clásico, pero una exquisitez al fin y al cabo: "Manhattan", por Ella Fitzgerald "The great big city`s a wonderous toy/
just made for a girl and boy...". De todos modos, en NY tiene que sonar bien hasta el Barbie Girl :-P

Breckinridge dijo...

Gracias a ambos, sois de una fidelidad inconmensurable.

Polo, en NY hay muchísimo que mirar, para arriba y para abajo, gente y objetos, zapatos y narices. Sigue siendo el centro del mundo, espero que no deje de serlo, al menos in my lifetime. El verano es pegajoso, pero a mí me encanta también.

Theodore, en NY todo suena bien, tienes razón. Es curioso, mi banda sonora de la ciudad (creo que lo comenté en uno de mis primeros posts en este blog, pero tampoco me acuerdo del todo) es una mezcla de bossa nova (Summer Samba, de Astrud Gilberto) y Desayuno con Diamantes (yo en Manhattan me levanto creyéndome Holly Golightly y me acuesto sabiéndome Alfredo Landa). Pero hay dos canciones que asocio siempre a la ciudad: "Secret", de Madonna, y "Vibe" de mis adoradas Zhané. Pero Ella y Roxy, anytime.