sábado, 26 de julio de 2008

Je suis une catin

O, lo que es lo mismo, soy un putón. Eso cantaba Mylène Farmer en 1986 e hizo un vídeo antológico para demostrar que era cierto. Aquí lo dejo de testigo. Ojo, es larguito.



He prometido que escribiría sobre los 80 y aquí empiezo. Pasé el curso 1986/87 estudiando en París, con una beca aunque no Erasmus, que de eso aún no existía. Cosas de la edad. Tengo recuerdos borrosos de aquel año, aunque todo está escrito en un diario que se encuentra sepultado en el fondo de un cajón y al que no tengo la más mínima intención de asomarme pues sé que es un pozo de tristeza. Aunque algo he madurado con la edad, sigo oscilando entre la tristeza y la euforia, parezco no saber encontrar el término medio. Recuerdo de aquel año en París mis largos paseos lánguidos por la ciudad (descubriendo lugares urbanos perfectos, de esos que tanto me gustan como la Place Fürstenberg), recuerdo haber leído muchísimo sobre todo novela (así a bote pronto me vienen a la memoria John Dos Passos, Cesare Pavese, García Márquez, Olivier Rolin), recuerdo haberme pasado un mes sin cenar para ahorrar e ir a ver bailar a Sylvie Guillem al teatro de la ópera (al que entonces aún no llamaban, qué pretencioso, Palais Garnier). Qué solo estaba. Y recuerdo sobre todo la música. Podría presumir de que fue entonces cuando descubrí la música culta del siglo XX y me hice aficionado a Schönberg y Alban Berg. Pero lo que marca la banda sonora de aquel año, en el que prácticamente había acabado mi aventura tocando con un grupo pop, era lo que sonaba en la radio fórmula francesa. "Voyage Voyage", de Desireless, "Ouragan" de Estefanía de Mónaco, "C'est la ouate" de Caroline Loeb, "Aire soy" de Miguel Bosé o "Fotonovela" de Iván (ésta, al contrario que la de Bosé, sin traducir al francés).

Pero lo que de verdad arrasaba era "Libertine" de Mylène Farmer, a quien entonces ya habían puesto el sobrenombre de la Madonna francesa. Admito que puede haber puntos de conexión, pero en el 86 Madonna aún no había enseñado culo, tetas y parrús en un vídeo (por cierto no recuerdo que lo haya hecho, aunque sí en el libro "Sex") ni se había metido en una bañera a retozar con otras dos tías. El beso de la muerte (al menos artística, aunque al tiempo) que le dio a la pobre Britney es una broma comparado con los refriegues de Mylène y sus alegres amigas. ¡Ay las mujeres francesas!

La estética dieciochesca del vídeo poco deja ver que es de los años 80, pero la música (sintetizador doblado con piano, saxo histérico) es inequívocamente de la época. Continuaré buceando en YouTube, a ver qué joyas ochenteras (que puedan sorprender, se entiende) encuentro.

2 comentarios:

coxis dijo...

pues la catin de marras acaba como el Rosario de la Dawn...

Todos nos hemos sentido solos...

Breckinridge dijo...

Total. La pobre acaba fatal, pero eso le pasa por meterse donde no le llaman. La canción es de lo peor, pero me encanta.