Ordenando fotos en mi ordenador, encontré ésta del "New Museum" en Nueva York. Es uno de los pocos edificios nuevos de la ciudad que de verdad me gustan, con su apariencia de cajas de zapatos apiladas (algo parecido a lo que yo construía de pequeño sin parar con el lego, mi juguete favorito) y su exterior de malla metálica. Es obra de un equipo de arquitectos japoneses, Sanaa, que están construyendo algo en Valencia y que me temo que en poco tiempo serán nuevas estrellas arquitectónicas y perderán su estilo limpio en aras de las demandas de sus clientes y del público en general, que parece tenerle una especial querencia a la arquitectura rara. Muchos arquitectos de verdad buenos se han perdido en ese juego de niños de buscar llamar la atención.
La arquitectura no es ajena a la infantilización de la sociedad. Más bien la contrario, parece que los arquitectos se empeñan en diseñar y construir edificios cuanto más extraños mejor, con el nada oculto deseo de conseguir lo que ya se conoce como el efecto "wow". A veces, como el Guggenheim de Bilbao, se consigue una obra maestra. Otras veces, la mayoría, acabamos con desastres que están pasados de moda a los tres días de su finalización. Un gasto innecesario, casi siempre, al menos en Europa, a costa del erario público. Una pena.
La verdad es que escribo poco sobre arquitectura y es una de las cosas que más me gustan. Cuando lo hago es en la serie de escaparates y acabo contando historias paralelas, como hice con Enrique P y los abrazos rotos. Por cierto, querido lector, la foto de arriba tiene un punto "los abrazos rotos". Si no te has fijado bien, mira esta segunda toma: tres personas, todas de negro (no olvidemos que es NY) están asomadas a una terraza del edificio. Seguro que tenían unas vistas buenísimas. Y seguro que hay una historia detrás de esta reunión. Siempre hay una historia.
Curiosamente encontré otra foto neoyorquina y me hizo pensar en que los dos edificios, el nuevo del New Museum, y éste de ladrillo que está por Murray Hill no son tan distintos, ¿no creéis? Debe ser la sensación de elementos geométricos apilados uno sobre otro. Me encanta el mosaico arcoiris que corona la ventana superior. Y la ventana redondeada a media altura. Y que a la izquierda asoma el remate del Empire State Building.
Me gustan mucho algunas arquitecturas neoyorquinas, y lo que más me gusta es su encaje en el tejido de la ciudad. Es todo un desafío, pues construir siempre se convierte en meter algo nuevo en un espacio urbano muy denso y muy consolidado. Debe ser un desafío formidable, aunque más veces de las deseables da la impresión de que el arquitecto de turno está "colocando" un diseño que guarda en su carpeta, sin tomar en consideración el entorno. Es una de las cosas que me gusta del New Museum: encaja bien en su emplazamiento, The Bowery, que a pesar de todo sigue siendo centro de la bohemia artística neoyorquina, cuyo esplendor decadente retrató Nan Golding a la perfección en su serie de fotos tan brechtiana "The ballad of sexual dependency". Era tradicionalmente un espacio de talleres y pequeñas fábricas, por lo que el aspecto exterior del nuevo edificio está en su entorno natural.
Lo mismo ocurre con este otro edificio, la sede de Pepsi Co, donde además tuvo su despacho Joan Crawford. Que es otro punto a su favor.
Estamos ahora en otro entorno, esto es Park Avenue. El cogollo más rico del mundo occidental. Y estamos en los años 50, cuando se empieza a construir en cristal, en este caso transparente. Tenemos tan visto este tipo de arquitectura moderna que dejamos de valorarla. El volumen es perfecto, el encaje en una zona de gran riqueza también lo es, gracias a que los materiales utilizados son también lujosos. El edificio fue admirado entonces y lo es hoy, por mucho que ya pocos nos fijemos en una simple cajita de cristal.
Todo es cuestión de encaje, pero no en el sentido de adaptarse al estilo prevaleciente, sino en intentar sacar partido de las condiciones del lugar y tratar de crear ciudad, sin estridencias pero tampoco sin concesiones. Termino esta entrada, que más parece de un fotolog, con la foto de un edificio de la calle 48, casi esquina a la tercera avenida, que vi por primera vez en mi último viaje a NY, hace poco más de un mes. Es curioso, siempre me alojo en esa parte de la ciudad (porque es por ahí donde se celebran las reuniones de trabajo a las que voy) y nunca habia reparado antes en el edificio. Tiene una explicacion: siempre camino por la calle 47 (que hasta hace unos años tenía bastante puterío) pero nunca por la 48. Pues en plena noche me encontré con esta joya, y tuve la suerte de llevar la cámara a cuestas:

La foto no es muy buena, pero se puede ver la estructura del edificio, sus paredes de bloques de cristal iluminado, refulgiendo en plena noche. He intentado buscar información sobre el mismo, pero aún no he encontrado nada. Se parece mucho a otra joya arquitectónica, "la maison de verre" que Pierre Chareau construyó en París en los años 20, por lo que deduzco que esta casa debe ser de la misma época. El racionalismo arquitectónico es una bendición, marca el inicio de la aplicación de los principios modernos a la construcción, pero con técnicas aún tradicionales. Y sin ánimo de llamar la atención más de lo imprescindible. Porque este edificio, que no tardará en cumplir 100 años, es una "town house" tan típicamente neoyorquina como las que tiene a izquierda y derecha. Perfectamente encajado en su entorno. Y sigue siendo, a pesar de su edad, moderno a rabiar y sin necesidad de gritar "mírame, estoy aquí".