Así es como mi abuela se refería a un tipo de hombre que abundaba a mediados de los años 70 y que a mí, en plena preadolescencia, me provocaba serios picorcillos.
Nunca me he podido resistir a una buena barba, y sigo pensando que los hombres estamos mucho más guapos con ella. Larga o corta, da igual el tipo, lo importante es que esté cuidada. Pero no demasiado.

Nunca comprenderé el motivo que llevó a Cat Stevens a dejar de escribir y cantar maravillas como "Morning has broken", convertirse al Islam y dejar de ser guapo. Aunque por algún motivo en casa se escuchaba sobre todo música americana, Cat Stevens era la excepción británica y yo deseaba tener ese pelo y esa barba y cantar con su misma voz, tan agónica y triste. Mis hermanos tenían sus discos y yo me quedé prendado primero de las fotos y después de la música.

Algo parecido me pasó con otros cantantes, como Murray Head, el Judas original de Jesus Christ Superstar en el West End. La banda sonora del montaje londinense de la obra fue por cierto el primer álbum que me compré con mi dinero, el mismo día que adquirí "I love to love" de Tina Charles. Yo no sé cómo nadie se daba cuenta de lo mío a tan tierna edad. A lo mejor era yo el que no me daba cuenta de que se daban cuenta. En fin. A mí me obsesionaba su canción "Say it ain't so", que salía en una película que el propio Murray Head interpretó con Marisol y me aterraba y fascinaba su voz temblorosa y su cara de susto. Tiene en su haber acostarse tanto con Glenda Jackson como con Peter Finch en la película "Sunday bloody Sunday", una de las primeras en abordar sin tapujos temática homosexual. Es una pena que sea recordado por "One night in Bangkok". Que no está mal, pero para entonces se había cortado el pelo.

Aunque me doy cuenta de que parte de mis lectores son poco aficionados al deporte, me temo que tengo deportistas en mi lista. Detesto el fútbol, aunque no tanto el deporte en sí, que puede ser entretenido, como por lo que significa cultural (ejem) y socialmente. Pero nos deja buenos ejemplares con los muslos al aire. Y no estoy pensando sólo en Iker Casillas, que también (pero que en esta entrada no tiene cabida). George Best es un icono de estilo de los 70. El pelo, la barba, la camiseta por fuera, el alcohol, la violencia, el talento, los ojos. Cuando vivía en Londres lo vi una vez, bebiendo chardonnay a las 10 de la mañana en un pub de la zona de Hamemrsmith, con la piel amarilla y los ojos muertos. Le quedaba un par de años de vida.

Otro deportista, ni melenudo, ni barbudo sino bigotón, que tenía en forma de poster residencia en la pared de mi cuarto: Mark Spitz había asombrado al mundo con sus siete medallas en Munich. Este año se le ha recordado mucho, por la hazaña de otro nadador, mucho más feo, en otros juegos olímpicos. Yo al bueno de Mark lo tenía colgado, en el esplendor de sus Speedo con barras y estrellas y sus siete medallas al cuello, junto a la foto de los murales abstractos que hizo Fernad Léger para la sala de la Asamblea General de Naciones Unidas. Me gustaba la ONU en vez de jugar con Barbies o el Madelman. Qué rarito he sido siempre.

A Michael Sarrazin apenas se le recuerda, pero la película "Danzad, danzad malditos" ("They shoot horses, don't they" en original) de Sydney Pollack, sobre la gran depresión (sí, la misma que se nos avecina de nuevo) me impactó muchísimo. El bueno de Michael, muy alto y de físico desgarbado, y que ha envejecido fatal, hacía pareja de Jane Fonda en un maratón de baile. En la vida real lucía bigote y look espléndido, copiado hasta la saciedad por Tom Ford desde mediados de los 90, como se ve en esta foto.

Quizá el barbudo qué más picores me provocó, en parte porque reparé en él algo más mayor, fue Kris Kristofferson. Aviso a navegantes: no, repito NO me gusta la música country (salvo que se considere a kd Lang una cantante country, claro). Tampoco soy fan de Barbra Streisand, pero "A star is born" siempre me ha puesto muy nervioso -en el buen sentido, se entiende. Y recuerdo haber ido a ver "Convoy", en que KK hacía pareja con Ali McGraw, unas siete veces. Esa estética "biker", que Cher explota a la perfección en su vídeo "
Hell on wheels", me atraía entonces muchísimo, y ahora me hace gracia. Pero Kris K, de nombre tan redundante y ojillos muy juntos, sigue estando de muy buen ver con todos su años a cuestas.
Con grandes excepciones, eran barbudos extranjeros los que me gustaban. Las barbas invadían España cuando desaparecían en Estados Unidos y Gran Bretaña, con la cortina de humo y al ritmo de los 120 bps de la música disco, a la que yo me apuntaba rápido, o la esquizofrenia punk que nunca fue de mi gusto. A la mayoría de los barbudos locales siempre los veía con un barniz progre y sobre todo trasnochado que no era de mi gusto. Me va más el cashmere que la pana, lo siento no puedo remediarlo. Hay algún barbudo patrio que sí me gusta mucho, pero ya de otra época. A alguno de ellos dedicaré quizá una entrada posterior. Tengo sin embargo un recuerdo muy concreto y a la vez muy vago de los años 70 que quizá algún lector me ayude a reconstruir. No hay nada en Internet, al menos que haya podido encontrar. Se trata de una anuncio de vaqueros Grins, marca desaparecida, en el que se veía un grupo de rock de corte hippy-melenudo tocando en plena calle de modo espontáneo, adelantándose a Astrud. Ante la mirada atónita y el gesto de censura de viandantes mayores cantaban una canción que me sé de memoria, letra y música, que dice así:
"No me gusta señora que me digan lo que debo hacer
Esto está bien, esto está mal
Hace ya tiempo que decidí dejarles de escuchar
Visto como quiero, Grins, Grins, Grins."
Yo me quedaba extasiado mirando la pantalla. ¿Soy el único que se acuerda?
p.s. he escrito esta entrada en el nuevo Mac de mi chico. Me encanta el teclado, odio el ratón, babeo con la pantalla gigante y brillante, me tengo que hacer con el sistema operativo.