lunes, 29 de junio de 2009

Mendicidades

Ya lo he dejado escrito en este blog: cada vez hay más mendigos y vagabundos por el centro de Madrid, algo que quienes, como yo, vamos andando a trabajar cruzando calles y plazas céntricas, podemos comprobar a diario. Siempre he pensado que la línea que separa una vida cómoda y confortable de la indigencia es muy fina y se puede quebrar con gran facilidad. Una decisión equivocada, una adicción incontrolada, un giro vital inesperado. Bien sea por elección o por azar, la línea del bienestar se puede cruzar con una facilidad pasmosa. Aterradora, diría yo.

Quizá suene frívolo, pero con tanto paseo por el centro uno acaba tomándoles cariño a algunos mendigos y vagabundos y de lo que quiero hablar ahora es de mis favoritos, que los tengo. No está entre ellos el señor, un tanto enajenado, que se puso el otro día a seguirme por la calle insultándome y llamándome yuppy, echándome la culpa de la crisis económica. Tampoco están en mi lista de favoritos, por lo general, los que piden a la entrada o salida de misa, aunque el guapo magrebí que hace guardia los viernes a la puerta de la iglesia de Santa Cruz y me saluda cuando paso por delante podría estarlo sin dificultad, siempre que hiciese guardia en una garita menos santa.

Hay una señora mayor, dolorosamente delgada, apostada contra una pared todas las mañanas en la plaza de Benavente. A veces la veo llegar a su puesto de trabajo (porque pedir es un trabajo) y en su camino departe con alegría con las putas que ya bregan por la plaza. Su delgadez es realmente espeluznante, como también lo es su falta de dientes. Pero siempre va arreglada, lleva un abrigo acolchado largo en invierno y unas deportivas rosas (yo creo que de Barbie pero me da vergüenza fijarme) muy graciosas en verano. Es de las pocas a quienes doy dinero con regularidad. Me acerco, le pongo un euro en la mano y le doy los buenos días. No puedo nunca dejar de imaginar su historia, una vida de escaleras fregadas, o de prostitución callejera, o de ama de casa ejemplar, o de funcionaria a quien la pensión no le da para vivir.

Este último es precisamente el caso de una viejecita galdosiana e intemporal que hace guardia, sentada en una silla plegable que lleva consigo a todas partes, en una esquina cercana a la Plaza Mayor. Siempre va de negro riguroso, con pañuelo también negro atado a la cabeza. Lleva gafas de culo de vaso, un ojo tapado y el otro con una catarata tremenda. Casi más que una limosna lo que quiere es que le dediques un rato y hables con ella. le he dado conversación muchas mañanas, aunque dudo que me reconozca. Me cuenta que la pensión que recibe apenas cubre su alquiler, que si no pidiese no podría comer, que tiene un hijo -que deduzco es presa de alguna adicción- que no sólo no le da nada sino que le quita lo poco que tiene (“pero al fin y al cabo es mi hijo”, me dice), que algunos canallas le roban sus dineros y sus medicinas (que siempre lleva a cuestas) cuando nadie mira, que ya no le dejan sentarse a pedir en portales o delante de bares o tiendas, que pasa muchísimo frío, incluso en verano. A veces desaparece unas semanas y siempre me temo lo peor, pero luego vuelve otro día, tan dicharachera, aunque tenga heridas en el rostro por las que ni me atrevo a preguntar. Porque el espíritu vital no lo ha perdido. Hace ahora dos meses que no la veo, que no está en su puesto. Sé de sobra que en algún momento desaparecerá del todo, y éste podría ser ese momento.

En Tirso de Molina hay un chico joven, al menos relativamente joven, probablemente extranjero (rubio, alto y muy delgado, yo lo imagino inglés) que tiene montado su tenderete junto a sus dos perrillos, muy feúchos pero muy graciosos, que se pasan el día dormidos uno encima del otro, en invierno al sol (o bajo un mini-edredón monísimo) y en verano a la sombra. El chico está algo enajenado, es evidente. No hace mucho, salvo coser y entrenar a los perros. A veces tiene una guitarra y toca. Habla permanentemente consigo mismo y con los perros, que lo adoran. Una cafetería cercana le deja entrar a lavarse y los perros hacen guardia, en plan feroz, ante el tenderete durante su ausencia. También desaparecen los tres de vez en cuando, y siempre vuelven a aparecer al cabo de unos días. Poca gente cuida a sus perros como los indigentes, que los tratan como los compañeros de vida que son, no como adminículos de lujo, sistemas de seguridad o como niños tontos.

No puedo decir que sea uno de mis indigentes favoritos, porque está realmente enajenado y da un poco de miedo, pero el residente de la calle los Madrazo, con su tienda de campaña casera, sus decoraciones callejeras (utiliza todo lo que encuentra para adornar los metros de calle en torno a su tenderete, como si fuese un camino de distinción hacia su morada) es digno de admiración. El tipo está totalmente pirado: tiene una taza de váter plantada en medio de la acera (espero que no lo use…), le habla o grita, según le dé, a todo el que pase por delante. Sorprende lo bien que se expresa, con muchísima corrección, una dicción y un acento impecables, un léxico rico. Da mucha pena su mirada perdida, la impresión que da es la de ser un hombre con educación que ha perdido la cabeza.

Otro hombre con educación hace guardia a la puerta de la iglesia de San José. Ya sé, he dicho que no me gustan los que piden a la puerta de las iglesias, pero es que éste se pasa el día leyendo. Le gusta la ciencia ficción, le he visto inmerso en volúmenes gruesos de Asimov y Arthur C Clarke. Debe ser de mi edad, lleva una mochila y coloca una escudilla y un cartel que dice “vivo en la calle, una ayuda por favor”. Le pregunté un día qué leía, me dijo que cualquier cosa que hubiese, lo primero que encontrase en la biblioteca por la mañana, le gusta todo. No pareció muy contento con mis intentos de entablar conversación (yo es que puedo ser muy pesado) y volvió a su libro. Tomar libros prestados de bibliotecas públicas es gratis, una de las pocas cosas gratis que hay. Reconozco que es algo que me reconforta, y mucho. Si algún día cruzo la raya de la indigencia podré seguir leyendo.

Podría escribir sobre la mujer de acento argentino y edad mediana, cuya falta de dientes denota alguna adicción, pasada o presente, grave, que lee, cose (como el chico de los perros) y pide de vez en cuando alguna moneda en la plaza de la cebada, o del hombre calvo que duerme acurrucado en la plaza de Santa Ana y que cada día tiene a su lado un par de zapatos diferente. Me quedo, y cierro esta entrada, con algo que vi hace poco en un tren de cercanías. Vino una chica muy joven y muy guapa y nos tocó “green sleeves” (que definió como una romanza de Enrique VIII) con su flauta. Detesto la flauta, pero tocaba muy bien, hacía unos trémolos preciosos. Se llevó un buen pellizco de mi vagón, y merecidamente hay que decirlo, además de tocar bien era muy simpática. Minutos más tarde llegó un hombre bastante mayor y soltó ese discurso tan terrible: “estoy en paro, vivo en la calle, no tengo para vivir, soy un hombre honrado, no quiero robar” que todos hemos oído alguna vez y ante el que todos miramos para otro lado o subimos el volumen del iPod. Nadie le dio nada. Se acercaba mi estación y me acerqué a la puerta del vagón. Ahí estaba el hombre, esperando también a salir. Se nos juntó la chica de la flauta, le saludó y le preguntó: “¿Te estás buscando la vida?”. El hombre asintió y ella le dijo: “Si quieres seguimos hasta Atocha y nos repartimos lo que saquemos”. Salimos los tres del vagón en Recoletos, vi que ellos se fueron juntos hacia el siguiente. Ella sabía perfectamente que a él nadie le daba nada. Casi me emociono. Sigue habiendo bondad en este mundo.

(Todos los mendigos o vagabundos que he descrito son verdaderos, pero he cambiado a propósito su ubicación).

22 comentarios:

coxis dijo...

es que la coletilla de "no quiero robar" intimida más que otra cosa, este mendigo (pobrecico mío) no sabía venderse. Menos mal que había un alma caritativa, la que tocaba Green sleeves "Alas my love".

Tu precioso texto ¡qué bien escribes, jodío! me ha traído a la memoria un mendigo que había por la Gran Vía de Murcia al que ya no veo desde hace más de un año, iba con una muleta pues le faltaba una pierna y siempre llevaba un vaso de helado vacío como recipiente, yo siempre le daba mi monedica de euro que él se guardaba rápidamente en el bolsillo a la vez que bajaba la cabeza en señal de agradecimiento...

También había uno que se ponía en una esquinita de la Catedral y al que siempre veía de camino a la Facultad (desgraciadamente yo no podía darle dinero siempre, la vida de estudiante es dura). Un día hubo un desprendimiento en la fachada y al pobre hombre lo mató un trozo de la misma. Salió en el periódico y al poco iniciaron obras de rehabilitación de la Catedral (obras que siguen)

Pero lo más alucinante fue lo que me pasó un día a la salida del supermercado. Me tropecé con una señora embarazadísima y más pacá que pallá, que daba gritos pidiendo ayuda. Se me acercó y me dijo que no podía más, que no podía más. Tuve un comportamiento muy mejorable, le di veinte euros y le señalé una parada de taxis muy cercana. La mujer se quedó gritándome "¿Pero por qué me das tanto? ¡No me des tanto! ¡Dame menos! ¡Dame menos!" Yo me puse los auriculares, me di la vuelta y seguí camino a casa. No sé si cogió el taxi o no...

Manuel Sánchez de Nogués dijo...

Tengo por costumbre no dar nunca dinero a los mendigos, tanto por egoísmo como por pudor, pero sí es cierto que podemos acabar así por puro azar o como consecuencia de decisiones que el tiempo demuestra que han sido equivocadas. Yo tengo un ex-amigo al que tarde o temprano, en cualquier momento un buen día por la calle, me encontraré pidiendo "para no robar". Y conociendo su trayectoría estoy seguro de que no me extrañaría.

En cualquier caso, Breckin, una entrada tan preciosa por como está escrita como por lo que descubre de ti.

theodore dijo...

Si, es una entrada preciosa, sensible pero sin ñoñeces y con ese fino humor tan tuyo. Qué buena.

Yo también me he preguntado y me he inventado muchas vidas cuando veo personas en estas circunstancias. Y es aterrador ver cómo el número crece.

Un besote y enhorabuena.

Breckinridge dijo...

Gracias a los ters.

Coxis, veo que compartimos "ojo" para este tipo de situaciones. Qué gracia la señora que te decía que le dieras menos, me recuerda a mi asistenta, que es el colmo de la honradez, siempre me dice que le tengo que pagar menos (bueno, y se me come los chocolates, cosa que duele pero en el fondo sé que lo hace por mi bien y por el de mi cintura...).

Manuel, a mí también me daba mucho pudor dar dinero o entablar conversación con mendigos, y en gran medida me sigue dando, pero hay que vencerlo. Siempre hay excepciones, pero cuando se pide es porque se necesita, y a mí me sobra. Yo detesto la caridad organizada y las filantropías (Madoff daba millones a las "charitites" americanas) y creo en el Estado como redistribuidor de rentas, aunque la realidad me hace perder fe en el sistema diariamente, sistema que está claro que no funciona. Me sorprende mucho la falta de sensibilidad en nuetsro país hacia los pobres. La última vez que estuve en NY fui una noche a cenar con un grupo de españolas al Grand Oyster Bar (una marisquería histórica en Grand Central Station) y a la salida había un chico, all-american, de unos 25 años, tirado en el suelo, borracho, con heridas, mugriento. Me agaché a él a ver si necesitaba algo, hablé un poco con él, lo ayudé a incorporarse. Tendrás que haber visto a mis compañeras, dirigentas de ONG, luchadoras, comprometidas por la igualdad y los derechos humanos y la lucha contra la pobreza, etc, etc, etc, HORRORIZADAS porque me había acercado a un indigente. Una incluso me dijo "ya te puedes dar una buena ducha". Cretina.

Theodore, mi imaginación es bastate desbordante, siempre invento historias sobre la gente que veo. En algún post puse que "siemrpe hay una historia" detrás de una persona, o una situación, y es cierto. Eso sí, soy muy poco consistente, la pobre señora flacucha en mi mente ayer era funcionaria y hoy (que a las 8 ya hacía mucho calor) me la he imaginado como la amante de un aristócrata maligno, madre de un hijo suyo no reconocido, abandonada a su suerte, etc. Yo creo que por eso no duermo, porque no paro de darle al tarro.

Anónimo dijo...

Qué bonita la historia del metro.

Yo creo que muchas veces el ejjpañol de pro no da más dinero porque nos puede el pudor, no creo que sea tanto por tacañería.

Yo a veces, si estoy con las niñas, les doy el dinero y ellas hacen "la entrega". Es un poco lo peor y como de abuela, pero recuerdo que de pequeña me encantaba que mi madre me confiase semejante misión.

besos
Notorious

Breckinridge dijo...

Qué bonito lo de tu abuela y lo que haces con las niñas, Notorious. Mi madre hacía lo mismo con nosotros. Hay que concienciar a los niños desde pequeños, si no estamos perdidos.

Y sí, la historia del cercanías fue muy emotiva. La chica era una monada, en todos los sentidos.

polo dijo...

Las historias que cuentas son conmovedoras. Muy reales aunque muy galdosianas también. Y una maravilla de adjetivación.

Me encantó el Grand Oyster Bar. Robé la larguísima hoja de papel escrita en caracteres preciosos de caligrafía que formaba la carta del restaurante.

Y, en ese sitio tan chulo, las modernas comprometidas soltando lo de la ducha. Es de película (de terror social).

Uno también se encuentra con mendigos con una dicción y vocabulario sorprendentes.

...aunque algunos tienen un morro un poco grande. Un grupo de gritones de mi barrio que están en la plaza esperando que lleguen coches buscando aparcamiento y atosigándoles todos los días.

No; no quiero ser como las cretinas de la Grand Central Station. Un indigente merece los mismos respetos que un ejecutivo; un insoportable me merece los mismos pocos respetos.

En mi zona había una comunidad de indigentes británicos. Curioso. Hablaban bajito y casi siempre estaban leyendo. El que más leía -libros, claro- era rubio, alto, exfuerte, muy interesante.

Pues a este hombre lo mató un yonqui un mediodía. Y me arrepentí mil veces de no haberle hablado a aquel hombre British...

También hay una pareja peculiar: él pide (es verdad: trabajo duro, en serio) y ella no para de escribir en un cuaderno; y parece que está más cuerda que cada uno de nosotros.

Muy atractiva la entrada. Da para mucho y así has hecho tú.

¿Hay canciones sobre la mendicidad aparte de "Beggin´ You"?

polo dijo...

Aprovecho para decir que ya he visto ´Notorious´la película y que me ha cautivado.

Ejje no me acuerdo a qué lector tuyo le propuse que escuchara 'Notorious' (disco) y yo veía 'Notorious' (flim).

Que ese destinatario me recuerde, por favor, qué escena de la peli era esa que tanto le gustaba.

Por favor.

Breckinridge dijo...

Polo, la única canción que se me ocurre a bote pronto es "If I were a rich man" del violinista en el tejado (película olvidada que requiere una revisión rapidín).

Mil gracias por tu comentario, eres un encanto. A mí me daba reparo dar dinero a mendigos, y ni te cuento acercarme a ellos, pero hace bastantes años (unos 15) fui testigo de algo que me hizo cambiar, y es que en un vagón del metro en Madrid había un chico aparentemente muerto y nadie, nadie le ayudaba. Tenía pinta de yonqui, cierto, pero nadie hacía nada, medio vagón vacío y este pobre en el suelo. En la parada siguiente bloqueé la puerta y llamé al jefe de la estación. No te creas que cooperó mucho ("yonquis de mierda", murmuraba) pero al menos me ayudó a sacarlo (el chico respiraba) y llamó a una ambulancia. Desde entonces, si veo a alguien muy mal, intento ayudar. Eso sí, no he hablado de los indigentes-caradura, que los hay, a quienes hago muy poco caso, y que son rápidamente reconocibles, eso es cierto.

polo dijo...

Creo que a veces hace falta pasar por una experiencia fuerte como la que cuentas para que uno cambie de actitud dejando de lado la arrogancia y el miedo.

Muerto... es que es fuerte.

¿Canción? Me acuerdo del pito-pito-gorgorito inglés, que goes:

Tinker, tailor,
Soldier, sailor,
Rich man, poor man,
Beggarman, Thief.

Y a la niña que le tocaba ejje se iba a casar con el peor.

Tomen nota los profes de inglés (i.e. coxis), que estos versillos les gustan a los alumnos y sirve para
a) aprender profesiones
b) "sacar" a alguien voluntario.

Para acabar con el tema en cuestión, hay una frase ma-ra-vi-llo-sa de Stephen Crane (un Galdós a lo yanqui pero más intrépido) que compara a un mendigo con un Buda. Y dice:

"Each day she took a position upon the stones of Fifth Avenue, where she crooked her legs and crouched inmouvable and hideous, like an idol".

Ejje me gusta mucho ese "like an idol" hablando de un mendigo...

theodore dijo...

El violinista en el tejado la tendrás olvidada tú, LotusFlower :-P

Anda que no es una maravilla, Norman Jewison a los altares. Y encima sale un jovencísimo y bomboncísimo Paul Michael Starsky Glaser!!

Matchmaker kisses.

Ya puestos con musicales, añado la de la mendiga de las palomas de Mary Poppins. No me acuerdo del título. Y a Polo le preguntaré si recuerda el enigmático final de "The day you went away", de Soul Family Sensation.

Yo creo que al bello Breckinridge le tienen que gustar Soul Family Sensation...

Wandering kisses

Anónimo dijo...

¡¡¡Polo, a mis brazos!!! C'est moi.

Me alegro de que te haya gustado Notorious, es mi película favorita for ever and never.

Ahora no sé a qué escena me refería, creo que a la final, pero hay muchas que me encantan: la fiesta inicial (en Miami, creo), donde Devlin conoce a Alicia y se enamoran, y donde Ingrid Bergman está muy convincente en un registro poco habitual en ella; el famoso beso, para muchos el más bonito de la historia del cine; la decepción y el dolor de Alicia cuando es su propio amante el que le propone la misión y no le pide que no la acepte, ambos debatiéndose entre el amor y el deber, y esperando que sea el otro el que tome la decisión (el amor) por ellos, algo que no sucede; el primer encuentro de Alicia con Alexander Sebastian, que aunque en teoría es un nazi sin escrúpulos, te cae bien, en parte porque Claude Reins es lo mejor, y en parte porque te compadeces de lo enamorado que está y lo dominado que lo tiene su madre, malérrima; la fiesta y la bajada a la bodega, escena que no por ver mil veces deja de ponerte de los nervios; el encuentro de los ex-amantes en el banco, cuando Alicia ya está bajo los efectos de la pócima que le da la bruja de la suegra, y Devlin ya no puede más con esa lucha inten'na que le tortura durante toda la película; y la apoteosis final, cuando Cary Grant baja la escalera con Ingrid Bergman en sus brazos, consigue escaparse y deja a Alexander a merced de las fieras... Yo de pequeña quería ser ella.

Esta noche me la pongo.

Yo recuerdo Notorious disco, pero en su momento no le presté demasiada atención, no sé por qué, creo que iba más de moderna (debilidades de la edad). Pero visto lo rápido que has cumplido tu parte, lo voy a volver a escuchar en cuanto pueda.

Notorious
PS. Breckin, lo que cuentas ahora me recuerda a algo que acabó peor y que sucedió en la parada de metro del lugar donde trabajábamos, en el centro de Madrid, por donde pasa mogollón de gente: un chico que era anoréxico y que estaba enfermo de algo más, no sé si diabetes, se desamayó a plena luz del día; nadie le hizo caso, se supone que porque su delgadez extrema hacía pensar que era un yonqui, y se murió. Nos enteramos porque su madre era conocida y los periódicos lo comentaron, pero supongo que habrá más gente de la que imaginamos que se muere de ese modo tan horrible.

Breckinridge dijo...

Notorious!! Cómo te sabes la peli, me dejas alucinado. Tienes razón, Claude Reins es lo mejor. Me acuerdo perfectamente del chico anoréxico, es una historia terrible.

Polo, el chico del vagón no estaba muerto, lo parecía, estaba inconsciente o con sobredosis, quién sabe. Yo estaba esperando el metro, vi que había un vagón vacío y ahí me monté. Era uno de los trenes muy antiguos, con asientos individuales de madera. Y en pleno suelo, ahí estaba el chico. Toda la gente, amontonada en el otro lado del vagón. Yo me agaché, le hablé, intenté reanimarlo, pregunté si había un médico. Todo el mundo miraba hacia otro lado, debían pensar que yo también era yonqui. Te he dicho que fue hace 15 años, creo que fue hace más...Gracias por la cita de Stephen Crane, que es preciosa (le ha encantado a mi chico, que se dedica a literaturas varias).

Theodore, Soul Family Sensation son estupendos, no los cité en mi entrada sobre soul de los 90, quizá porque lo encontraba un poco copieteo de Soul II Soul. El que sí me ha gustado siempre es Paul Michael Glaser, yummy. Y gracias por lo de LotusFlower, siempre me piropeas *blush*.

Gracias y Besos a los tres.

Stanwyck dijo...

La entrada es estupenda. Cada vez que te leo, se me quitan las ganas de escribir.
Yo doy mucho a los mendigos, aunque se lo vayan a gastar en vino barato o drogas. Piden porque lo necesitan. En parte, doy porque me siento culpable: como dices, la línea que nos separa de ellos es finísima. Es más, lo más importante a la hora de dar es mirar al mendigo en los ojos y sonreír y decirle buenos días. Hay veces que lo hago sin darles, disculpándome porque en ese momento no puedo.
La indiferencia, el hacer como si no están, es tener la pretensión de ser mejores que ellos.
Cuando viví en unos de los países más pobres del mundo, daba muy poco. Intentaba ayudar a la gente que conocía, pero endurecía el corazón para no darle a los otros. Si al final lo hacía, seguía el consejo de una mujer listísima que conocí allí: si eliges darle a alguno, darle 10 dólares/euros/libras y no unos centavos, así, esa noche, comerán varios.
También estaban los timadores, claro. Tal vez de eso podría hacer una entrada.

The Aloofness dijo...

Estupenda entrada, muy emocionado me ha dejado pues desde hace unos dias he tenido la misma idea en la cabeza, la imagen de la mendicidad.

El domingo por la noche al salir de uno de los mAs grandes y futuristas mall centers de Estambul despues de haber comprado un par de tazas de cafe canjeadas por puntos de la visa vi a una nena de unos 11 tocando una melodia con la flauta.

No era muy diestra con el instrumento y su cara delataba algo diferente a la resignaciOn que generalmente muestran los mendigos por aqui (en su mayorİa de edades comprendidas entre los 6 y los 11 y de origen rumano o del este de europa y las ex URSS). Tenia una mirada de convicciOn, de saber que lo que estaba haciendo no iba a durar mucho, era como ver a una princesita en una obra de teatro con ese papel de flautista-mendiga, ensuciada a propOsito y deseando que baje el telOn para volver a casa en el monovolumen de su papi.

Aqui en Turquia no existen los mendigos que hay en Europa o en la penİnsula. Aqui la linea del bienestar no ha sido cruzada por un exceso de coca, heroİna, juegos o alcohol. Estos lujos son demasiado caros o difİciles de encontrar, segUn el caso, como para convertirse en un peligro de tipo pandEmıco.

Aqui los pobres pobres, los jubilados en dificultad econOmica son alimentados diariamente por la comuna o lo que vendrİa a ser nuestras 'juntas de distrito', no supren esas penurias pese a que haya una clase social tremendamente rica que supera en poder adquisitivo a los grandes fichajes del fUtbol mundial.

Mientras tanto, cada vez que veo a un menor limpiando cristales de coches, vendiendo botellas de agua frias o paquetes de kleenex en la selva del trAfico estambuliota intento buscar a su projenitor entre la multitud circundante para decirle que se ponga el a trabajar y que mande a su churumbel a la escuela, nunca estan ahi...

Besos desde el ojo humedecido

polo dijo...

¡Así da gusto participar en un blog!

Debería estar en el trabajo hace un rato, pero los comentarios son tan jugosos que no tengo más remedio que seguir.

Verás tú la bronquilla del director.Os echo la culpa a vosotros, jeje.

Teadoro: Soul Family Sensation y "The Day You Went Away". Gracias por recordarme su final tan unido al mundo de la mendicidad.

De refilón leo a The Aloofness hablando de Estambul y ME ENCANTA. "She Took My Soul in Istambul", canción de Marc Almond.

Qué chulo lo que cuentas del nivel de lujo de la ciudad; creo que pueden estar en un dulce equilibro aunque ¡son tan humanos -y tan sospechosos- los excesos!

Es verdad que, con todas sus desigualdades, en los países islámicos se da una solidaridad que ya quisiéramos los progres 'occidentalistos'.

'Notorious' film. Yo veo una ambigüedad en la primera media hora de la película absolutamente maravillosa y alimentada por ese riquísimo debate entre el amor y el deber.

A mí me parecía que Alice no estaba enamorada, que mostraba pasión (quizá porque no es lo que se espera de la Bergman) de una manera un poco falsa para defenderse de la debacle que le esperaba después de la condena y muerte de su papá.

Y él a veces parecía tan estirado... que no sabía si creérmelo. Después va haciendo un papelón y su apariencia de cumplir con su obligación está manchada de amor. Pobretico. Y qué valiente al final.

Y el nazi malo malísimo no lo es. Víctima del amor. Voy a atreverme a compararlo con el vejete de 'Los abrazos rotos' y voy a decir que en 'Notorious' la interpretación es mucho más redonda. O con 'El ángel azul'.

Y la mamá... ¿Tan malérrima es? A mí no me cayó mal del todo porque intenta arreglar las cosas y el vejete me daba pena... hasta que te enteras que se va a cargar de verdad a la pobre Alicia.

Por desgracia, la he visto en español.

En cuanto a 'Notorious' disco, ya pasó la época de querer aparecer cool. A mí me avergonzaba reconocer mi pasión por Duran Duran ...hasta que salió ese disco y ya no pude aguantarme más.

La letra de "A Matter of Feeling".
El bajo de "American Science".
La voz en "Meet 'El Presidente'".

Try to follow suit, pur-leeease.

ulises1b dijo...

no me quiero enrollar mucho, pero lo que describes una realidad que está ahí, y que mucha gente, incluido yo mismo, no quiere o desea ver.
Es probable que vinculemos todo esto a la crisis, yo no creo que haya una relación directa aunque algo habrá influido en ese aumento, pero creo que algo hay que hacer en relación a los pobres, no sólo a los "nuestros" sino también a todos los de este mundo.
El mundo está demasiado mal repartido, y casos como el de Madoff demuestra que la riqueza de unos se debe a la pobreza de muchos.
En fin, difícil solución le veo.

Un beso

Stanwyck dijo...

ulises1b dice que la riqueza de unos es la pobreza de otros. Es que Marx y Engles, a pesar de su delirios futuristas, que hacen de ellos tan utópicos como Fournier y Saint Simon -o más, porque los falansterios eran voluntarios-, no se equivocaron en su análisis económico-social del Capitalismo: funciona sobre la base de la explotación de la plusvalia generada por un trabajo, que es remunerado por debajo del valor de esa plusvalía. Y cuánto más baja es la remuneración, mejor. Y para mantenerla baja, tiene que haber gente dispuesta a trabajar por menos. Y si estás fuera del sistema de producción, no existes.
Algunos lo han prometido, pero nadie dijo que esta vida fuera justa.

Manuel Sánchez de Nogués dijo...

Creo que tras este post deberé cambiar mi actitud ante la mendicidad.... Gracias Breckin

Breckinridge dijo...

Mil gracias por los comentarios y perdón por la tardanza en contestar. He perdido el ordenador portátil (que además no es mío, estoy apañado) ye staba de viaje, así que poco he podido hacer estos días (y menos los que viene, que me vuelvo a ir).

Aloofness, me encanta la historia de la niña de 11 años. Escribí hace tiempo algo parecido sobre un chico de pinta albano-kosovar que pedía en Lisboa junto a su perrillo. En el mundo musulmás hay un tejido familiar y social importante y es cierto que se ven pocos pobres, pero no es algo que ocurra en el mundo en desarrollo, donde muchísimas personas son abandonadas a su suerte sin que nadie les ayude.

Polo, tu comentario es una entrada en toda regla, me alegra ver que escriber más, tus fans te lo agradecemos (y ya he comentado en tu blog, así que no me enrollo).

Ulises, la crisis acetúa, pero las desigualdades están allí. Y sé que esto es una pequeña barbaridad, pero fíjate que a mí Madoff no me cae del todo mal. Los hay peores que campan a sus anchas.

Stanwyck, no sé si lo has hecho a posta pero leer la palabra "falansterios" me ha producido un déjà vu intenso: tú, yo, 1995, los nuevos patrones familiares. Y que los demás piensen lo que quieran.

pe-jota dijo...

Gracias por mirar donde otros giran la cara.

Breckinridge dijo...

Gracias a ti, pe-jota.