Estamos cenando en una cafetería, en silencio, mi hija, él y yo. La comida es insulsa. Le miro. No tenemos de qué hablar.
Salimos a la calle, volvemos caminando. El calor de la noche de agosto en Madrid es sofocante. La niña se quita los zapatos, yo los recojo. Él la monta a sus hombros. Se les ve tan felices.
Los miro, los observo. ¿Es ésta la familia que quiero? ¿Es ésta la vida que deseo? ¿Es esto la felicidad que anhelo? ¿Qué es esa música que suena en mi cabeza?
Están regando la calle. No puedo más con el calor, no me resisto y le pido al barrendero que me riegue.
Se recomienda leer esta entrada mientras se escucha la canción del último vídeo que se incluye en la misma.
Al veranillo de San Miguel (o al de San Martín) en Nueva York, en los países anglófonos, lo llaman "Indian Summer".
Octubre de 1995. Voy caminando por Nueva York, por Broadway, de regreso de la librería The Strand donde me he cargado de lectura para el otoño. Estoy en una etapa muy extraña de mi vida. Cumplir 30 años, estar a punto de cumplir 31, me ha sentado realmente mal. No sé si voy o vengo. Estoy recuperado -creo- de mi última depresión. Pero tampoco estoy seguro.
Hace un día perfecto. Cielos altos, de un azul intenso. Sol brillante. Temperatura cálida para octubre, ideal.
Me gusta estar solo. He empezado a escuchar jazz. Vocal, por supuesto. No sé si ambas cosas están relacionadas. Cruzo SoHo y veo Tower Records. Entro. Subo a la planta primera, que es donde se vende música clásica y jazz. Es una tienda pequeña, da casi la impresión de ser independiente, de no pertenecer a una cadena. Se acerca un chico. Un dependiente. Guapo, de mirada muy intensa. Me dice que si necesito ayuda se la pida. Me sonríe y me da a entender que se lo sabe todo. (Claro que se lo sabe. Todo y más. Pero eso lo descubriré más tarde).
Veo en un estante un disco de una cantante que desconozco por completo, Holly Cole. Piel muy blanca, ojos azules achinados, pelo oscuro. Mirada intensa. Todo en rojo y negro. La chica me atrae muchísimo. Llevo el disco a la caja. El chico (de la mirada intensa) me dice simplemente "great choice". Más tarde me diría más cosas, pero ésas me las guardo.
Una de las primeras entradas de este blog se llamaba "La portada de un libro" y en ella narraba cómo había comprado, por primera vez, un libro sólo al ver su portada, sin saber de qué trataba, algo que no había hecho antes. En esa entrada me refería al momento que he descrito antes. Compré el disco "Temptation" porque me sentí sumamente atraído por Holly Cole. A mí no me gustan las mujeres, pero algunas mujeres me vuelven loco, hasta el punto de haber llegado más allá, mucho más allá, de lo que en mí sería natural llegar con el sexo opuesto.
Holly Cole es canadiense y empezó trabajando con un trío (piano, contrabajo y percusión), haciendo versiones en clave de jazz limpio de canciones de otros músicos, como Lyle Lovett, Johnny Nash o incluso The Who. En el disco Temptation, que sigo escuchando con asiduidad, todas las canciones son de Tom Waits. A mí Tom Waits me parece un compositor excelso de canciones, aunque no comparta su estética vital o su angustia existencial (angustia existencial tengo, pero es de otra naturaleza y dimensión). Holly aportaba su voz aterciopelada y una lectura a la vez más clásica y más moderna de su música.
Vestidito negro corto y botas. Muy 1995. Se lo perdono, me encanta su voz. Y sus ojos.
En su siguiente disco empezó a coquetear con formatos más pop. Se lanzó a hacer una versión, quizá muy literal, del famosísimo Calling You, que Jevetta Steele cantó, diez años antes, en la película Bagdad Café. Que en su día fue la bomba, pero de la que nadie parece acordarse hoy. Bueno sí, los fans de Ana Belén.
Leo en su página web que hace un año publicó un nuevo disco, en clave de jazz puro, después de unos años experimentando con fórmulas más pop. Reconozco que no he seguido su carrera, que me quedé en Temptation y en su disco siguiente, "It happened one night". Me sorprende que una cantante de tal altura no haya realmente tenido una mayor audiencia, pues fuera de Canadá (y de Japón, donde todo es posible) apenas es conocida. A mí me gusta mucho más su voz que la de otra canadiense jazzera, que llegó más tarde que Holly Cole a la escena musical, Diana Krall, pero que ha arrasado en todo el mundo. Claro que Holly no toca el piano, ni está casada con Elvis Costello, ni tiene a Verve detrás.
En Temptation estaba esta maravilla de canción, "I want you", también de Tom Waits, que me sigue encantado, y que sigo incluyendo en todas las recopilaciones de canciones favoritas que sigo regalando. Porque yo regalo listas de canciones elegidas por mí, seleccionadas para personas queridas. Advierto que el clip es como muy cursi y que la canción puede parecerlo si se mira a la vez que se escucha, por eso os sugería que escucháseis mientras leíais. Pero la canción podría estar en la banda sonora de "One from the Heart", ¿verdad que sí?
"19.- ¿Quién es tu héroe de ficción favorito? Muriel Heslop, Dorothy Zbornak, Indiana Jones, Freddy Krueger, Han Solo."
Os estoy muy agradecido, queridos lectores, por la cantidad de respuestas que habéis dado al cuestionario Proust. Es la segunda entrada de este blog que más comentarios ha recibido. Me ha impresionado especialmente que, 12 días después de publicarla, se ha recibido una respuesta más, la del egregio Sr. Coxis, que ha provocado dos comentarios adicionales. Es decir, que algunos seguís yendo a leer comentarios y a hacer los vuestros 12 días después de publicada la entrada original. Me siento de verdad halagadísimo. Pero el mérito no es para nada mío, sino de Coxis, porque ha "ganado" de lejos el juego del cuestionario, al dar la respuesta perfecta. Ésa que figura en cursiva tras la foto.
Muriel Heslop es un personaje tan de ficción, que todos la llevamos dentro. Parece mentira que "Muriel's Wedding" tenga ya 15 años. Es una película maravillosa, redonda, que gusta tanto a modernos y modernas de hace 15 años y de ahora, abuelitos ingleses conservadores hasta la médula, niñas preadolescentes o padres y madres de familia de mediana edad. Tiene algo para todo el mundo. Y sobre todo tiene a Muriel Heslop, que es absolutamente adorable, alguien con quien todo el mundo se puede identificar de un modo o de otro. "It's not Muriel, it's Mariel".
Gran parte del mérito lo tiene, por supuesto, Toni Colette, una de las mejores actrices de carácter (¿se sigue usando esta expresión?) que hay en activo. Me muero de ganas de ver "United States of Tara", su nueva serie para HBO en la que da cuerpo a una mujer de personalidad múltiple. Aún no ha salido en DVD, ni siquiera en EEUU, estoy ya en lista de espera en Amazon.
Pandora, a quien dedico la entrada además de a Coxis, decía en su día que su modelo a seguir en la vida era no tanto Muriel como su hermana, que lo único que hace es fumar y beber cerveza mientras ve TV. Sin que le importe nada más. Yo creo que la clave está en el "sin que le importe nada más", aunque reconozco que, fumeque aparte, no me importaría pasarme la vida bebiendo cerveza y viendo la tele.
Espero que a mi adorada Pandora no le moleste que cuente uno de nuestros secretos comunes. No te enfadas conmigo, ¿verdad? Cuando salió La Boda de Muriel, que por cierto vimos cada uno por nuestra cuenta, Pandora y yo nos quedamos tan colgados de la peli que decidimos que nos íbamos a casar ella y yo y hacer una celebración ad hoc. Iríamos tras la ceremonia con todos nuestros invitados a ver Muriel's Wedding a un cine (cantaríamos las canciones, por supuesto) y luego celebraríamos el banquete de bodas en un VIP's. A mucha gente le sorprende, pero Pandora y yo somos grandes fans de VIP's. El menú del banquete sería... pues el menú de VIP's: ensalada césar de pollo, sandwich VIP's Club, tortitas con chocolate o Fundi Philadelphia. Cada uno que pida lo que quiera. Una boda a la carta. Los invitados comprarían luego los regalos de boda en la tienda VIP's (se animaba a la gente a que regalasen suscripciones a revistas, que Pandora y yo devoramos papel cuché). Y aunque no comiéramos perdices, habríamos sido muy felices.
Aunque aún no he renunciado a casarme algún día con Pandora, afortunadamente para ella (mucho menos para mí) este plan jamás llegó a materializarse, pero habría sido divertido, ¿a que sí? Siempre nos quedará Muriel. Mil gracias, Coxis, por darme pie a escribir esta entrada (me guardo a Freddy Krueger para otro día... Me da que te pone Harrison Ford, ¿estoy en lo cierto?).
p.s. Había escrito para hoy una entrada larguísima llamada "Disco 1980" sobre la música disco de los primeros años 80, pero me parece un poco rollo y me la he guardado de momento. Decidme si os apetece que la publique.
Suelo guardarme lo mejor para el final de mis entradas, pero esta vez lo pongo al principio. "Always in my dreams" es una de mis canciones favoritas de todas las épocas y estilos.
Wendy Melvoin y Lisa Coleman fueron pareja durante 20 años, estuvieron en The Revolution, el grupo de Prince, aparecieron con él en en la película Purple Rain y se convirtieron, ya por su cuenta, en uno de los dúos femeninos más interesantes que la música hay producido. La primera voz que se escucha en la canción 1999, quizá mi favorita de todas las compuestas por Prince, es la de Lisa Coleman.
Lisa entró a trabajar con Prince como vocalista, pero sus dotes de guitarrista le dieron rápidamente un lugar relevante en el grupo. Convenció al enano de Minneapolis de que también reclutase a su amiga (por entonces novia en el armario) Wendy, quien entra de teclista. Así empieza su periplo musical con Prince, que se rompería antes del final de los años 80, cuando ambas forman su grupo y lanzan un album homónimo. Su música era fuerte, sin contemplaciones, con resonancias (lógicas) a Prince y una imagen igualmente fuerte, con Lisa en plan sexy y empoderada y Wendy algo más dulce pero, al menos en mis ojos, ambas indudablemente queer. Su primer single fue este Waterfall, al que no falta nada y sólo sobra el solo de guitarra. Se puede ver el vídeo, no encamable, aquí.
El disco que, en mi opinión, hace que jamás podrán ser olvidadas es su segundo, "Fruit at the bottom", cuyo primer single fue esta barbaridad, "Are you my baby", que tampoco me dejan encamar, pero que tenéis que escuchar haciendo click. La influencia musical de los 80 estaba totalmente superada, esto es algo completamente nuevo y va más allá del "sonido Minneapolis" patentado por la fábrica Prince y que dio éxitos enormes a Jody Watley o a mi querido Jermaine Stewart. Al oir los ritmos sincopados, los coros, la línea del bajo, el diálogo entre guitarra y teclados, todo ello ligeramente "off-pitch", uno se pregunta si fue Prince quien influyó sobre Wendy y Lisa o si no serían ellas las que influyeron sobre él, que a estas alturas andaba con "the most beautiful girl in the world" y su etapa más ñoña y desorientada. W&L crearon un grupo a su alrededor, formado todo por mujeres, instrumentistas de primera línea, que daban continuidad a la imagen hard y muy "dyke". Atención al puente a mitad de canción, con bajo machacón y guitarra "wah wah", los pies se les despiertan a los muertos, no tengo duda. Un fan ha colgado una remezcla, realmente extraordinaria, que se puede ver aquí.
Su canción más recordada es "Lolly Lolly", otro número de una fuerza brutal, que se puede ver en versión en directo en el siguiente vídeo, que demuestra el talento real de estas mujeres. Lisa puntea la guitarra y canta a la vez una melodía completamente distinta. La instrumentación parece escasa pero en realidad está estudiadísima. En la red se encuentran vídeos de versiones acústicas de algunas de sus canciones, y uno se da cuenta de su belleza melódica y complejidad armónica. Yo prefiero las versiones originales, tan llenas de fuerza.
Hubo un tercer álbum, en 1990, y en ese momento desaparecieron del mapa hasta finales de siglo, en que publicaron otro ellas mismas, bajo el apodo The Girls Bros, sin casa discográfica de apoyo, y otro más el año pasado. No se les puede considerar siquiera unas "one hit wonder" porque no tuvieron ningún gran hit, pero son mucho más que las lesbianas sexy que se fotografiaban con Prince en las portadas de sus discos y le daban a su producto ese aire de androginia y polisexualidad que tanto cultivaba en su mejor época. Fueron co-autoras de varias de sus canciones y ellas mismas dan a entender, siempre sin acritud, que las echó del grupo cuando vio que tenían más talento que él. O al menos tanto como él.
Fueron pareja sentimental durante 20 años, tras su ruptura una se casó con un hombre, la otra con otra mujer. Pero no han dejado nunca de ser pareja artística. Su mayor éxito lo han tenido recientemente, aunque no salga en listas de ventas. Son las compositoras de toda la música de la sere "Heroes".
Yo sólo digo que escuchéis la música y la letra de "Always in my Dreams" con atención, porque es una maravilla. pocas canciones tienen un crescendo final con tanta fuerza. Fue mi amigo Javier el que me descubrió este tema. Simplemente, inolvidable.
"I dreamt last night I was the tear from your face That fell upon the page You wrote me yesterday Telling me good bye"
Cuando empecé a escribir este blog, estaba fascinado por otro, Memorias a 45, que en algún momento dije que es el que me gustaría escribir. Dicho blog, que es maravilloso aunque va a fuego lento, tiene una sección de “Olvidados” en el que hace repaso a cantantes de los que (casi) nadie se acuerda, o a cantantes famosos que intentaron un camino previo hacia la fama, intento hoy olvidado. Todo esto viene a cuenta porque hoy inicio sección de ¿Olvidadas?, así, entre puntos de interrogación, porque aunque hoy se hable poco de las mujeres que por aquí desfilarán, son pocos quienes las han olvidado. Soy plenamente consciente de que han pasado por otras categorías de entradas de este blog mujeres que podrían estar en esta lista que hoy empieza, como Morgan Fairchild, Charlene Tiltón o Rachel Ticotín, pero ya sabéis que mis categorías y secciones son caprichosas e intercambiables, como yo. Habrá mucho lo peor de todo por aquí, y bastante “guilty pleasure”. Batiburrillo, como dice Stanwyck.
Gianina Facio (¿hay algún lector que no la recuerde?, me costaría creerlo) era una tía buena que tuvo un momento de gloria mediática a mediados de los años 80. Un fotógrafo le hizo unas fotos (muy acaramelada) con Philippe Junot, a la sazón marido de Carolina de Mónaco. Melena rizada y muy abundante, piernas larguísimas embutidas en unos vaqueros pitillo, botas con flecos. Carolina tardó muy poco tiempo en pedir el divorcio de Junot. No recuerdo si aún vivía su odiosa madre. Ah, ¿no lo he contado aún? Siempre odié a Grace Kelly. Y también al payaso Fofó.
Pero dejo mis odios inveterados e inexplicables y vuelvo a lo que iba. La Facio es de origen incierto, se decía entonces que era portorriqueña e hija de un embajador (mentira, Puerto Rico no es un estado, no tiene embajadores), también que tenía orígenes italianos, brasileños, nicaragüenses, de palacagüina o de Miami. ¿No os suena a cierta modelo-cantante que se pasó a todo el que pudo por la piedra y acabó de primera dama de un país vecino? Pues eso. Pero la Facio tenía cuerpo. Menudo cuerpazo se gastaba la tía, quizá el mejor de los años 80. Eso son pitones (Qué guarro soy, coño; y sí, también se le ve algo el parrús).
Al poco de la aventura con Junot y de las primeras fotos “picantes”, se lió con Julio Iglesias, recién divorciado de la Preysler y en su momento musical más dulce, el de la niña-mujer o el tropezón en la piedra. Qué hombre tan insufrible. Y tan feo, qué le verían. Para mí ese romance es el gran borrón en la carrera de la Facio que, como no había tanta telebasura como entonces, se vio obligada la pobre a trabajar y buscar fortuna en el cine. Dejo para más adelante lo que fue su obra magna y me centro ahora en unas imágenes de “Detective extra-large”. No, no es un porno (yo también lo pensé al leer el título) sino una peli, otra más, de Bud Spencer. Aquí la Facio luce palmito y se beneficia al guapo de Philip Michael Thomas, el compañero de Don Johnson en Miami Vice. No quiero ponerme pesado, pero fijaos (fijarsen) en el cuerpo de Gianina, es de escándalo. Los vestiditos ajustados con hombreras son, por cierto, muy otoño-invierno 2009.
Pero la historia de Gianina Facio no termina en los 80 y en unos romances con famosos varios, qué va. Como dirían Almodóvar, Macnamara y Theodore, un disco grabó y nadie lo compró. Estamos en los primeros 90, arrasa el sonido Ibiza-acid-petardo con piano machacón a lo Locomía y Gianina se apunta al carro y nos regala este “One Two Three Four” absolutamente horripilante. Principio suavecito y empieza la pachanga. Tampoco está tan mal, la verdad. Seguro que algún ex DJ que me lee lo ha pinchado alguna vez. ¿Alguien recuerda esta chungo-joya del trash más oscuro? Por cierto, este vídeo sólo ha sido objeto de dos comentarios por usuarios de YouTube y uno de ellos dice simplemente “GAY”. Qué cosas.
La buena (buenorra) de Gianina desapareció del mapa como llegó, aunque siguió haciendo pinitos cinematográficos. Con el cambio de siglo apareció en… ¡sorpresa! “Gladiator”, interpretando a la bella y sacrificada (literalmente) esposa del macizo (sólo, repito, sólo en esa película) Russell Crowe. Qué divina y sílfide estaba.
También sale, guapísima, en “Kingdom of heaven”, película tan olvidada como ella.
Y, este mismo año, en “Body of lies”, haciendo de nuevo de mujer del Russell, esta vez gordísimo. Pero, una pregunta, ¿Qué tienen en común estas tres películas? Está muy claro, que están dirigidas por Ridley Scott. Y es que Gianina Facio, queridos lectores, es hoy la flamante esposa del director de Alien.
Y quien tuvo, retuvo. Aquí sale, también con su santo, esplendorosa a sus 54 años.
Si creéis que aquí se acaba la epopeya de Gianina Facio, os equivocáis. He dejado lo mejor para el final. En 1984, poco después de acceder a la fama mediática por sus líos con Junot y Julio I, José María Castellví, director que no parece haber hecho nada más, la contrató para protagonizar una película que me da vergüenza reconocer que recuerdo y que vi. Su nombre, “Poppers”. Habéis leído bien. Y aquí está su cartel.
Fuerte, ¿eh? Al loro los chaps del de la derecha, que creo que es Miguel Ortiz, que luego ha presentado montones de programas caspa de TV. También salía Alfredo Mayo. Y la banda sonora tenía canciones de la primera época de Alaska y de Radio Futura. Y cómo son la tipografía y el diseño del cartel. La película de la movida, vamos. Qué total.
Lo que más me sorprende de todo esto es no haber leído nada al respecto de "Poppers" en ninguno de los mari-blogs, porque no me digáis que no tiene tela. Sólo he encontrado detalles en un blog que se dedica a la caspa, no al camp, y que os ahorro. En fin. De lo que me alegro es de que mi búsqueda me ha servido para encontrar a una drag queen de nombre ideal, “Mary Poppers”, casi tan bueno como el de mi querida Chumina Power. Iba a colgar un vídeo suyo, pero es que la pobre es muy mala sobre el escenario, al ponerse nombre artístico se le agotó el talento. Os dejo que vuestra curiosidad os lleve a buscarla por los basureros del ciber espacio.
Quien sabe, quizá dentro de 25 años alguien escriba un post en un blog (¿Habrá blogs en 2035? ¿Los leeremos?) sobre ella. Por cierto, la idea de escribir este post me vino porque en mi oficina tenemos una guarda de seguridad nueva que se parece a Vaitiare, otra novia olvidada de Julio Iglesias. Pero dejo que el recuerdo de ésa se pudra en la memoria. Es que lo polinesio, como que no. Pero Gianina, divina, claro que sí.
Qué buen título para una película, un libro o un blog, ¿verdad? Además no requiere traducción, funciona en casi todos los idiomas. Debería registrarlo. Aunque seguro de que ya lo está. Demasiado bueno para que se me haya ocurrido a mí, que yo si que ando justito de talento. Mejor no lo googueleo. Que me decepciono.
¿Qué cómo se me ha ocurrido? Pues pasando la mañana del día de San Isidro en Madrid solo en casa, sentado ante la pantalla de un ordenador, leyendo y comentando blogs, viendo vídeos en Youtube, contestando a los comentarios de la entrada anterior, comiendo cheetos en homenaje a Britney. Estoy solo este puente en Madrid porque mi chico se ha ido unos días por trabajo a EEUU. A mí antes se me daba muy bien estar solo, pero ahora ya no tanto, la verdad. Hasta el punto de que en momentos como éste me interesa más el mundo virtual que el real. Pero sólo hasta que el mundo real me ofrece cosas de tipo, digamos, antropofreak, algo que el virtual no ofrece.
Yo tuve en la facultad un profesor de derecho penal muy bueno que siempre nos decía que “la realidad supera a la ficción”. Había organizado un grupillo de alumnos de tipo experimental y nos ponía un montón de casos prácticos a resolver, muchos de ellos algo grotescos pero siempre verídicos. Recuerdo muy bien el de una viejecita que en los años 50 ó 60 envenenó a su marido, lo acostó una vez muerto en la cama, durmió abrazada a él, lo descuartizó a partir del día siguiente, fue dejando trozos de su cuerpo en papeleras de su barrio (¿una salidita a la calle? pues se llevaba una bolsita con un pie, una oreja o un omóplato) y se guardó de recuerdo la cabeza en una caja de galletas. Le daba pena tirar la cabeza, confesó compungida cuando al final la pillaron. Qué haría con las partes pudendas, uno se pregunta. ¿Y con los intestinos?
Pues eso, que la realidad supera a la ficción. Encontrábame yo ante la pantalla en la que salen escritas estas mismas palabras cuando veo por el rabillo del ojo a través de la ventana un grupo de gente vestida de chulapos y manolas isidriles llegando a mi plaza. Vivo en pleno centro de Madrid y ese tipo de demostración de localismo colorista se da mucho en mi barrio. Tiene su gracia, siempre que te dejen dormir por la noche, claro. Unos minutos más tarde escucho cantar a un coro. Me asomo a la ventana y no, no era la chica de ayer sino los chulapos y las manolas en corrillo cantando cancioncillas de tipo misa. Yo he ido muy poco a misa en mi vida, por ello soy incapaz de discernir con claridad si eran canciones de misa o no, pero esa impresión me daba. Además, como cantaban muy bien, estaba todo muy ensayado y hasta hacían parte de la instrumentación “a capella”, deduje que tenían que ser gentes de bien. Daba gusto.
Justo cuando me volvía hacia mi pantalla mágica (al no estar mi marido monopolizo su Mac de teclado fluido y pantalla gigantesca) vi que en un piso al otro lado de la plaza estaba un chico, con el balcón abierto, haciendo yoga. O taichi. Cómo me gustó el chico, oye, nunca antes había reparado en él, una monada con su barbita, su pecho peludín al descubierto (llevaba pantalones de deporte, malpensadas) y sus movimientos tan lentos. El punto James Stewart de la situación añadía mucho interés, porque yo soy más fijón que mirón, pero cuando me pongo, me pongo. Mirando y admirándole me encontraba cuando salió su novia y se puso entre medias, hablando por teléfono y fumando en el balcón. Qué ordinaria. Qué poco me ha gustado, tenía pinta de marimandona. Seguro que no se merece un chico tan guapo y sensible.
Me volví a lo mío, a mi pantalla y mis blogs. Pasan unos minutos y, dejándome llevar por la cancioncilla del coro (para entonces ya había un corro de gente a su alrededor, aplaudiéndoles y animándoles, además del típico grupo de turistas holandeses gordos filmándolo todo) me doy cuenta de repente de que la música me suena. Cantaban la melodía las chicas de voz más aguda, los bajos marcaban ritmo y los demás, las voces intermedias, hacían algo parecido a una instrumentación. Yo pensando: “Esto me suena, esto me suena...”. Y justo me doy cuenta de que reconozco la canción cuando se juntan todas las voces y al son entonan: “A quién le importa lo que yo haga, a quién le importa lo que yo diga...”. Me levanté tan raudo como pude y contemplé la escena. Tengo que admitir que ya no me parecieron tan de misa, sobre todo cuando comprobé que dos chicos, uno con barba, alto y delgado y otro rechonchete y con mucho pelo, ambos con gafas, lanzaban al aire las manos abiertas y destapaban el tarro de las esencias de su pluma. Daba la impresion de que los zapatos de chulapo iban a convertirse en stilettos de tacón en un momento total “Rocky Horror Show”. En realidad era un momento antropofreak.
Por un instante pensé que esto era obra de Pasaelmocho. Quienes seguimos su egregio blog sabemos que el Sr. Mocho está en proceso de composición de un “grand opéra”, llamada “Zitronella”, y de verdad que pensé que esto, tan bien cantado, tan bien ensayado (porque estaba ensayado y bien preparado que te cagas) podría encajar en esa obra magna, que por lo que cuenta me da que va a ser un cruce entre Cavalleria Rusticana, Jenufa y Dinorah (pero sin la cabra). Como no tengo el honor de conocer en persona al señor Mocho intenté identificarlo (siguiendo los indicios que deja en su blog), pero su papel natural en este montaje habría sido el de director del coro y ese puesto estaba ocupado por una gorda líder de pro (escribiré pronto sobre la gorda líder, lo prometido es deuda). Aunque no quería quitar ojo al espectáculo de la calle me volví un segundo a la pantalla y comprobé en su blog que el Sr. Mocho se encuentra, como todos los residentes de Madrid con dos dedos de frente y al menos 50 euros en el bolsillo, fuera de la ciudad. Es decir, que no podía ser obra suya. Una lástima, habría podido invitarle a una limonada. Otra vez será.
La verdad es que los miembros y miembras del coro eran por lo demás de lo más variopinto, había todo tipo de edades, tamaños y condición. La situación me recordó por algún motivo a otro momento antropofreak que viví hace como un cuatro de siglo en la celebración de una primera comunión en una iglesia “bien” de un barrio madrileño con muchos posibles. El convite fue en la sacristía de la iglesia, organizado por unos curas muy bien dispuestos, que se desmelenaron, literalmente, cuando la DJ (una monja con toca marrón) puso “Like a Virgin” de una tal Madonna. Edificante. También me recordó al día que mi amiga Anabel montó a un grupo de curas a un escenario a hacer una coreografía al son de “Fresas salvajes” de Camilo Sesto. En Mozambique, que tiene aún más mérito.
Me está gustando esto del antropofreak, fíjate. Igual hasta doy comienzo una nueva serie de entradas. Podría hablar en ellas, por ejemplo, de los tipos que se ven en los aeropuertos. Es que no me puedo creer que aún no haya escrito sobre aeropuertos, si me paso media vida en ellos y se ven las personas más interesantes, a la par que disparatadas. Si es que voy sin rumbo.
Estoy con flojera bloguera, lo reconozco. Llevo más de una semana intentando escribir algo coherente, divertido o interesante y no me sale nada. Así que he decidido divagar sobre algunas músicas de tipo, digamos, lento.
Todo empezó al enterarme de que en la película Hannah Montana (de quien soy fan total, aunque odie a su padre, que tiene una pinta de pederasta que no puede con ella) sale Vanessa Williams, de quien yo me había olvidado por algún motivo totalmente inmerecido. Y es que Vanessa Williams es probablemente, y con permiso de Amparo Muñoz, la mujer más guapa que ha habido nunca. Además, tiene a su favor un punto Obama y es que fue la primera mujer negra en ser coronada Miss América, título que le quitaron tras una campaña increíblemente racista cuando aparecieron unas fotos suyas desnuda y refregándose con otra chica. La buena de Vanessa, a quien no perdonaban que fuese negra y de buena familia, luego ha tenido una carrera cinematográfica y musical (con Grammys incluidos) bastante distinguida. A principios de los 90 nos regaló este joyón "Save the best for last". No me dejan subir el vídeo, así que hay que hacer click aquí. Escuchad y admirad.
A ver, puntualicemos. Como cualquier persona con buen gusto musical, yo odio las baladas. Es un subgénero infumable, no hay por donde cogerlo. Pero claro, son tan bonitas y lacrimógenas, que uno no se resiste. Y las discográficas no son tontas, saben que por cada musculoca dispuesta a bailar hasta que le revienten los tacones hay 100 chicas a quienes les han roto el corazón dispuestas a regodearse en su miseria a lo largo de tres minutos de música sentimentaloide. Y chicos, claro, que aunque nos dure menos también sufrimos. Las baladas venden, y mucho (que se lo digan a los grupos heavy), por eso las odiamos.
También odio a Mariah Carey. En realidad no sé si la odio o me repugna. De entrada, es fea como un zapato. Quítale el pelucón y las tetas y es más fea aún que Shakira (¿he dicho que odio a Shakira? La odio, como a la innombrable de Titanic). Para continuar, nadie, ni siquiera yo, es tan bipolar como Mariah dice ser. Su estilo, por llamarlo de algún modo, es algo así como Suzie Wong meets Manolita Chen meets Chumina Power (¿que no sabéis quien es Chumina Power?). Y luego, como si fuera poco, los gorgoritos de ultratumba. A Mariah sólo le perdono dos cosas: "Glitter", que es tan zafia que tiene un puntazo (la escena en la que sale llevando una gorra de ciclista de Seguros Vitalicio es antológica; además sale uno de los chicos más guapos de esta década, Terrence Howard) y su primer éxito, "Vision of Love", que me parece un temazo. Por supuesto, Youtube tampoco me deja encamarlo y blogger no me deja subirlo. Hay que hay que hacer click aquí.
La reina de las baladas, al menos en los 80 y los 90, es Whitney Houston, a quien me encantaría odiar, pero no puedo. Aquellas fotos suyas, consumida por el crack, pesando 30 kilos, eran demasiado fuertes como para odiarla. Pobre. Eso sí, odio sus baladas, sobre todo las archifamosas, las de los 90. Aunque me gusta mucho "You give good love", que es, creo, de su primer disco. El vídeo es uno de los peores que recuerdo y el modelito, tipo "marca-chumi" (reconocedlo, "chumino" es una palabra maravillosa) da retortijones. Pero cantar, cantaba. Y la canción es tan bonita...
Todo lo contrario a este horror es el fabuloso clip de"Bad Girl", de Madonna. Siempre digo que la mejor Madonna es la de inicios de los 90 y que sus mejores discos son "Erotica" (tengo pendiente escribir sobre mis aventuras en The Vault, el bar S&M que ya no existe donde se filmó el vídeo) y Bedtime Stories. Esta canción y el vídeo, que es como una versión corta de una película maravillosa con Diane Keaton en plan zorrón, "Looking for Mr. Goodbar", son buenísimos, en plan "antes muerta que aburrida". Madonna estaba mucha más mona con carne en los huesos, también es cierto. Eso sí, no sé si esto cuenta como balada o no. Pero bueno, lo incluyo.
Había pensado incluir más baladas, mucho más respetables, de divas tipo Gladys Knight, Randy Crawford o Dionne Warwick, pero no pegan aquí con tanto "trash". Eso sí, rebuscando por Youtube me he encontrado este dueto de Dionne Warwick y Boy George, que es delirante. Es lo bueno de haber tenido un programa de TV, la Dionne hizo duos con todo el mundo. Al loro el colocón y las hombreras de Boy George. Pero el tío cantaba...
Siento este post tan deslavazado, pero o escribía o me olvidabais. Y a mí me gusta que me quieran y no me importa que me odien, pero no soporto que me ignoren. Oye, qué buena frase para una diálogo almodovariano.
Todo lo bueno llega a su fin. Y todo lo malo también. La serie de mis mitos eróticos va cerrándose. Hoy toca hablar de los absolutos, los que estuvieron, están y estarán en mi panteón de favoritos. Hablo en masculino porque de hombres se trata. Hay mujeres absolutas, por supuesto, pero son demasiado, digamos, evidentes. De las que le gustan a todo el mundo. Y dije al principio que evitaría en lo posible señalar a bellezas sin discusión y me centraría en lugares menos comunes…
Pero no es tan fácil. Si alguien se lee mi perfil verá que entre mis películas favoritas están “Key Largo”, de John Houston, y “Designing Woman” (“Mi desconfiada esposa”, formidable título en español) de Vincente Minelli. Tienen en común que están protagonizadas por la más guapa, la de los ojos más profundos, la de la melena más espesa y bonita. La absoluta.
Cuando filmó KeyLargo, Lauren Bacall tenía 19 años y era ya una mujer hecha y derecha. Intentemos encontrar alguna actriz (o cualquier mujer) que tenga hoy 19 años y que luzca de este modo, en plenitud de su belleza, madura y sin miedo a vivir y expresar sin tapujos su sexualidad.
Muy distinta es mi otra mujer absoluta, más niña, más andrógina, más ambigua y sin embargo irresistible en muchas de sus encarnaciones. Por algún motivo, Holly Golightly (y no, querida Stanwyck, no era un chico, era todo mujer) es un referente femenino para muchos hombres homosexuales, para mí desde luego lo es. Aunque me quedo con la Audrey Hepburn de las películas de Stanley Donen, ya sea “Funny Face” (bajando las escaleras del Louvre con la victoria de Samotracia a sus espaldas) o “Charade”.
Ya lo he dicho antes, me gustan las mujeres hechas y derechas, no las niñatas. Pero me estoy desviando, que yo de lo que quiero hablar es de hombres y como me despiste se me va a colar una foto de Lana Turner en “Imitation of Life”.
Vaya, se coló. Divina, ¿verdad? Perfecta. Pero ya está bien de mujeres. He puesto tres, pues pongo ahora tres hombres. Los absolutos. Mis absolutos. Aquéllos ante quienes me rindo.
Hay algo misterioso en Steve McQueen. Es difícil encontrar fotos suyas en las que sonría, siempre parece estar enfadado, apesadumbrado, siempre parece estar ocultando algo. Me fascina “Bullit”, una película con una banda sonora extraordinaria en la que no pasa casi nada, en el fondo es una excusa para la famosa escena de la persecución de coches por las calles de San Francisco y para que McQueen exhiba todo el cool, que era mucho, que rezumaba por todos sus poros.
Fue un prototipo de hombre moderno cuando ya había terminado la época dorada de Hollywood. Los Rock Hudson, James Dean, Montgomery Clift eran versiones actualizadas de los galanes de las décadas de oro del celuloide. McQueen era el hombre nuevo. Duro pero misterioso. Callado y amante de los coches. Y también, si hacemos caso de los rumores de los años 60, gustoso de darse un buen revolcón con otro tío de vez en cuando. Por variar, imagino. Y ello a pesar de su amor por la guapísima (aunque bastante cursi) Ali McGraw, con quien hacía una pareja estupenda.
Siempre afirmo que lo mío no son los hombres rubios, aunque ninguno de los tres de mi lista definitiva sea moreno. El siguiente, Bruce Willis, me gustaba cuando aún tenía pelo y hacía las aceras chapuceando con Cibyl Sheperd.
Pero me empezó a volver loco cuando dejó de disimular y lució sin complejos, en Pulp Fiction, su bellísimo cráneo calvo.
En realidad lo que me seduce de Bruce Willis es la media sonrisa canalla, la que despliega en todas sus películas, las malas y las malísimas. Es una sonrisa que puede llevar al huerto a cualquiera. Tengo que reconocer que por Bruce Willis he caído en eso que Theodore, en una entrada reciente de su excelente blog, llama "guilty pleasures", secretos inconfesables pero enormemente placenteros. Lo confieso: he visto "Armaggedon" más veces de lo que cualquier persona medianamente decente e inteligente puede y debe admitir. Pero es que me resulta irresistible, qué le voy a hacer, a pesar de su vena patriótico-republicana tan penosa como trasnochada, o a pesar de haber elegido tan mal a sus mujeres (porque Demi Moore ahora tiene un pase pero cuando estaba con Bruce era lo peor). Tiene, finalmente, algo de lo que pocos pueden presumir, y es que está envejeciendo de maravilla.
Termino con mi tercer absoluto, del que sólo pongo una foto. Y eso que hay muchas, muchísimas fotos suyas en internet que cualquiera puede encontrar con un golpe de Google, pero si las cuelgo me cierran el blog, o me ponen un "warning" al inicio, que es algo que no me apetece mucho la verdad.
No soy gran usuario o consumidor de porno (eso decimos todos, ¿verdad?) pero fue en una película porno, llamada "Eruption" y filmada en paradisíacas playas de Hawaii donde descubrí a Dean Coulter, quizá el hombre que más se acerque a mi ideal absoluto. La foto no le hace justicia, no se aprecia su cuerpo esculpido. Ni su culo, que sólo tiene comparación en los de los relieves del altar de Pérgamo, tallados en mármol por artistas griegos que sabían lo que se traían entre manos (y cinceles) hace más de dos mil años. Pero sí se puede comprobar en la foto esa expresión de niño feliz mezclada con el saber hacer de un hombre adulto y experimentado, mezcla que es lo que lo hace, a mis ojos, irresistible. En la escena inicial de la película "Eruption" el bueno de Dean retoza con otro maromo de cuerpo tan imposiblemente bello como el suyo en una playa de arena blanquísima, frente a un mar de un azul inexistente. Hay un momento en que ambos se pasean, cogidos de la mano, por la playa, empalmados o, por decirlo más bonito y como habría escrito Matthew G. Lewis, en pleno vigor de su virilidad, y se besan y abrazan. Es un momento precioso, de una ternura que nunca se ve en el cine porno. Luego se ponen a follar y se acaba la ternura, claro, pero en ese instante previo Dean Coulter es un niño en el cuerpo de un hombre, todo amor y devoción. Buscando fotos suyas para esta entrada leí en algún lugar que hace ya unos años se retieó del cine, se casó con otro chico y montó un negocio de jardinería, que es a lo que se dedican juntos. Que final tan bonito para un chico tan guapo. Espero que le dure la felicidad.
No terminan aquí los mitos eróticos. Hay muchos más. Como dije en la primera entrada los verdaderos son los más anónimos, los que se ven por la calle, en aeropuertos, en restaurantes, en playas, en cualquier ciudad del mundo. Esos que uno ve, escucha o como mucho huele, pero nunca toca. Ya lo decía entonces y lo digo ahora: si se tocan dejan de ser mitos. Y dejan de interesar.
Año 1993. Hacía poco que había conocido a mi amiga Pilar y ella lanzó al grupo en el que ambos nos encontrábamos una de sus famosas preguntas retóricas que generalmente sólo yo parezco querer contestar: “Si volvieses a nacer, ¿Quién elegirías ser?” No lo dudé ni un segundo y contesté con firmeza y certeza absolutas: “Charlene Tiltón” (pongo la tilde para que se sepa que lo pronuncié con acento en la “o”). Pilar se inclinaba por Tori Spelling. Nadie más en el grupo comprendía nada. Pilar y yo nos dimos cuenta en ese instante de que estábamos hechos el uno para el otro.
Pero no voy a hablar de Pilar, ni de nuestro amor imposible, sino de Charlene Tilton o, mejor dicho, de un tipo de mujer, llamémosla modosa y viciosa, que me atrae mucho. Modosa en apariencia, viciosa en realidad. O decente pero putón, por utilizar una terminología trasnochada pero graciosa. Esta foto de Charlene, o mejor dicho, de Lucy Ewing, lo explica todo: sonrisa de niña buena, trencitas de colegiala, bien tapada por la blusa, ojillos de chica obediente. Pero claro, todo era aparecer Ray Krebbs, el ranchero buenorro de “Dallas” y se le disparaba la hormona, le aparecía el canalillo por la blusa y le subían los picores y sudores entreperniles.
Algunas de mis modosas/viciosas favoritas han desfilado ya por aquí, como por ejemplo Ana, Sra. de Johnny. Blusitas campesinas, falditas hippies pero no mucho, pelito ondulado, murmullos suaves… y luego le salía de ese cuerpecillo menudo el espíritu berreante como poseído avant-la-lettre por Mónica Orange-tree, pidiendo que la liberasen del pudor. Ana es buen ejemplo de cómo abundaba la chica modosa y viciosa en los 70. Claro, aún se conservaban las buenas maneras de puertas hacia fuera, pero de puertas adentro… ¡ay! todas guardaban la píldora en su cajón.
También ha aparecido antes en el blog Jessica Harper. La película el Fantasma del Paraíso me fascina y en tiempos me obsesionaba. Lo mejor era la Harper, que se dejaba corromper sólo por poder cantar y recibir aplausos. La Harper es buen ejemplo de que, además, todas las actrices modosas y viciosas tenían una tendencia innata hacia las películas de terror. Es curioso como hoy, que se ha recuperado el cine de terror gore de Darío Argento (ver títulos de crédito de “Matador” de Almodóvar), se la recuerda como protagonista de la muy angustiosa “Suspiria”. Esa película deja clara qué les pasa a las chicas buenas que deciden seguir el mal camino: acaban descuartizadas, además de mancilladas, claro.
Jessica Harper retomó el papel de Janet, del Rocky Horror Picture Show, en su secuela, hoy olvidadísima (y que hay que recuperar): “Shock Treatment”. La Janet original, Susan Sarandon, era otro prototipo de modosa, que cae en el vicio por obra en esta ocasión de un travestí, Frank’n Furter, que de paso también se cepilla a su novio. Lo bien que se lo pasaban. Pero la foto que dejo no corresponde al Rocky Horror, sino a “El Ansia”, a la escena en que, al compás de Délibes, Susan se deja seducir por Catherine Deneuve, la madre de todas las viciosas (modosa yo creo que no, en Belle de Jour era más frígida que otra cosa, pero lo dejo abierto para discusión).
Además de Ana (de Johnny), en España tuvimos otra gran modosa y viciosa, que además tuvo un final muy trágico en la vida real. Sandra Mozarowsky era guapísima y no entiendo cómo no es más recordada. Lo único casi que se encuentra en Internet es información sobre su suicidio con 18 años de edad, cuando había iniciado una carrera cinematográfica prometedora en España (me quedo, aunque sólo sea por el título, con “Call girl: la vida privada de una señorita bien) e internacional (“Tren privado para Hitler), siempre en ese mundo del terror erótico que estaba a caballo entre el cine serio y el del destape más chusco (y entrañable, añado, aunque no me gusta la palabra pero no encuentro otra).
Los años 70 terminan con una de mis películas favoritas de todos los tiempos: Alien, que vi en 1979 en aquel viaje a Estados Unidos del que he escrito ya demasiado. Difícilmente se puede decir que Sigourney Weaver da el tipo de modosa. Y menos en Alien, primero en plan mujer empoderada dando órdenes a todo quisqui y luego cazando el bicho con un lanzallamas por toda la nave Nostromo. Pero la imagen que he colgado está en mi particular imaginario erótico (como en el de tantos otros hombres de mi generación, mayormente heterosexuales). No es tanto la modestia, como la vulnerabilidad. Es el momento sexual de la película. El espectador CREE que el bicho está muerto, pero SABE que anda por ahí. Y la visión de los huesos pélvicos, los pezoncillos y la braga que apenas oculta el bosque de Sigourney lo despiertan. Era modosa y viciosa sin saberlo.
Termino con Rachel Ticotin. Quizá alguien se acuerde de ella, pero me arriesgo a pensar que no será así. Interpretó a Melina, el objeto del deseo de Arnold Schwarzengger en otra estupenda película de ciencia-ficción, “Total Recall”. La incluyo principalmente porque ella es la verdadera modosa/viciosa. Me explico: cuando el personaje de Arnold va al centro de sueños “Rekall” a montarse una aventura virtual en Marte, le piden que describa a la chica que quiere que lo acompañe y dice (su mujer era Sharon Stone, por cierto) que le gustan morenas y atléticas. Y sobre su actitud dice, mientras va cayendo dormido por la anestesia, que quiere que la chica del sueño sea “modosa”… y abre los ojos y dice “viciosa”. En inglés es aún mejor: “demure… sleazy”.
Aunque sólo fuese por eso, no podía faltar en esta lista.
A veces los mitos eróticos me vienen en forma de pareja, y me resulta inevitable que me gusten ambos componentes de la misma, o que por separado no me gusten. O no me gusten tanto, no sé si me explico.
Yo no sé cómo lo hace pero Warren Beatty siempre tiene cara de haber echado el mejor polvo de su vida. Quizá sea cierto porque, como dijo Shirley MacLaine, ella es la única actriz de Hollywood a la que no se ha tirado, y ello debido únicamente a que son hermanos. El Sr. Warren ha tenido multitud de parejas, pero a mí me gusta en compañía de Julie Christie. Por separado me gusta casi más ella que él, juntos me parecen irresistibles. Beatty tuvo otra pareja espectacular, Michelle Phillips (de Mamas and the Papas) pero me quedo con Julie y su cara de estar esclavizada en la cama, y encantada. Me pregunto que será de la vida de WB, casado sexagenario con Anette Benning, ahora que ésta ha pasado a engrosar las filas de las deformadas por la cirugía (¿por qué lo hacen? Un retoque, vale, pero ¿cambiarse la cara entera para parecer la cuarentona que nunca fue?) Dejo una segunda foto de JC con WB barbudo. Aún más guapo.
James Taylor podría haber entrado en mi panteón de melenudos y, en su caso, bigotudos. Lo que pasa es que a mí JT me gusta sólo de dos maneras: cantando o en compañía de Carly Simon. Me ocurre un poco lo mismo que con la pareja anterior: me gusta más ella que él. James Taylor, antes de quedar hecho polvo por la heroína, perder el pelo, divorciarse de Carly y hacerse mayor, limpio de drogas y predecible, era muy atractivo, muy de my gusto 70's. Pero es con Carly Simon, sus ojos transparentes, su boca inmensa, dientes peligrosos, melena espesa y, sobre todo, esa pinta de niña bien metida a hippy-moderna cuando JT reluce de verdad. De nuevo dejo una segunda foto.
Soy un pesado, lo sé, siempre dándole vueltas a lo mismo. Pero no me puedo resistir a incluir a Ana y Johnny, aunque ya les he dedicado más de un post y los he citado montones de veces. Es que la gente no me cree, pero mi despertar sexual se lo debo a ellos. De nuevo, me gustaban los dos a rabiar. Johnny era guapísimo, de eso no hay duda. La cicatriz del labio superior le daba además un morbo adicional muy especial. Ana era maravillosa, modosa y viciosa, con esa cara de niña buena, esa voz que no era de este mundo y que decía aunténticas barbaridades a grito pelado. De verdad, yo tenía poco más de diez años y ellos me hicieron darme cuenta de que el amor, el de verdad, el que se expresa por la entrepierna, existe y además da mucho gustirrinín. Me atrevería a decir que justifica nuestra existencia, pero hoy es domingo y estoy relajado así que no me pasaré de la raya.
¡Pobres Tina y Carmela! Eran la bomba. A mí no me gusta la rumba ni el flamenco. El flamenco no me gusta nada, no lo comprendo. Y sí, me molesta que por esos mundos se crea que todos los españoles llevamos en la sangre el flamenco y los toros (soy abolicionista, por supuesto). Pero Las Grecas marcan época. Y otras cosas también, con esos pantalones tan apretados. A mí me parecían lo más sexy que me había echado a la cara nunca. Y no, no son el típico "one-hit wonder", que también son responsables de "Anabalina", que es como la alianza de civilizaciones pero treinta años antes y, además, sin la barriga indecente de Moratinos. Es una pena que no haya más vídeo que éste, casero. "Salam Salam Maleikum Maleikum Maleikum Salaaaam", se desgañitaban las pobres. Y no es sólo lo musical lo que me gusta, que me encanta, sino todo el conjunto en sí, que exudaba un sexualidad que yo no comprendía pero sabía que estaba ahí.
Más bien al contrario, sí que lo comprendía, y qué bien lo comprendía, respecto a Starsky & Hutch. ¡Ay, qué recuerdos! Pegadito a pantalla me tenían desde un buen rato antes de que empezara la serie en nuestra TVE de los 70. Por cierto, hago un inciso: el mejor regalo que me hicieron por mi reciente cumpleaños, fue un ¡Hola! del año 75. ¡Gracias mágicas, Anabel! Todos los que estábamos de festolín nos pusimos a leerlo enfervorizados, sobre todo al llegar a la programación de televisión. La primera empezaba a las 13:45 y cortaba a las 16:30 para volver a empezar a las 18:45. No había otra cosa (bueno sí, tres horitas de noche en el UHF, la 2). Así hemos salido algunos. A lo que estaba: yo me apalancaba ante la tele antes de los títulos de crédito, no me fuese a perder el nanosegundo de secuencia en que salen ambos en la sauna con toallita y pistola. Hombre, en realidad a mí me gustaba Paul Michael Glaser. A David Soul lo veía más como para chicas, de hecho cu cancioncilla del verano fue un himno de fans y a mí aquello no me gustaba nada. De nuevo, por separado no les veía tanta gracia, pero juntos me resultaban irresistibles. El coche, los mafiosos negros. Qué tiempos. Dejo otra foto, que la he encontrado en los basureros del ciberespacio y me ha hecho mucha gracia. Espero que guste... Termino ya. Y lo hago con la pareja protagonista de la mejor serie de televisión de todos los tiempos. Y quien diga otra cosa, que lo justifique.
Menuda secuencia de títulos. Barcos, Ferraris, tetas moviéndose al tuntún de los bongos (bueno, en realidad son Rototoms, pero no quiero pasarme de enteradillo), loros, flamencos, Jai Alai, bikinis, skyline, arquitecturas postmodernas. Y una música bestial. Al contrario que en Starsky y Hutch, los protagonistas, Crockett y Tubbs, no salen en la secuencia de títulos. A mediados de los años 80, yo ya era un chico mayorcito y no me valía cualquier cosa. Jamás me ha gustado el tipo "guaperas" a la Don Johnson, aunque haber estado casado, dos veces además, con la Griffith tiene mucho mérito. Philip Michael Thomas era muchísimo más atractivo, sin duda. Pero, de nuevo, tenían que estar juntos, en pareja. Por separado no me gustaban ni el uno ni el otro. Pero los trajes gris perla brillante con camiseta rosa recortada del uno, y las chaquetas cruzadas y entalladas, con buena hombrera, del otro, eran para mí un referente fundamental. Además, la serie era buena de verdad, con muchas referencias a hampas cubanas, corrupción policial, drogas de todo tipo, submundos varios (incluido "leather") y miserias de todo tipo. O sea, todo lo que me gusta. En la sexta temporada salió Jermaine Stewart en la serie, vestido con chaps de cuero blaco con flecos. ¿Qué más se puede pedir? Por favor, que no haya menciones a secuelas cinemátográficas de S&H o de Miami Vice. ¿Cómo se pudieron atrever?
Tengo que hacer una confesión. No es bueno dejar que las cosas se queden en el armario, hay que salir de él. Por eso, aquí, ante mis queridos lectores, voy a confesar mi secreto más íntimo.
Tengo tendencias heterosexuales.
Es algo que sé desde pequeñito y aunque he luchado contra ellas denodadamente, siempre ha sido en vano. Y es que no lo puedo evitar. Cuando veo algunos especimenes femeninos se me despierta la libido y me pongo muy burro. Desde mi más tierna edad, consciente de la perversión que me invadía y que amenazaba con arruinar mi vida y la de aquéllos que me rodean y me quieren, quise que mi familia me enviase a un centro de reeducación sexual para frenar esas tendencias tan nefastas, tan condenables, tan feas. Pero no hubo manera, no se daban cuenta de nada y me dejaron crecer tan normal. Para añadir leña al fuego, y al igual que a nuestro ex presidente del gobierno, a mí me gusta la mujer-mujer. Nada de marimachos en pantalones. Eso se lo dejo a otros. A mí lo que me va es el tacón, la laca de pelo y de uñas, las sesiones de peluquería interminables, la ropa bien ceñida marcando curvas, los escotes de vértigo, el estampado de leopardo. El modelo putón, vamos. Sin ánimo de ofender.
Morgan Fairchild, reina de la televisión basura (la de verdad, no ese sucedáneo que nos dan ahora) era dueña de mis sueños post-adolescentes más húmedos e inconfesables. Barbie hecha carne y hueso, famosilla de medio pelo que nunca hizo nada de relieve pero era conocida de todos, se adelantó dos décadas a la tendencia estética actual, marcada sin duda por años de brega de drag queens y transexuales, de una feminidad exagerada, recauchutada, sin complejos. La Fairchild intervino, ente otras joyas de los años 80, en "Dallas" y en "Falcon Crest" como artista invitada y protagonizó dos series olvidadas… por algunos. “Flamingo Road” elevó temperaturas con escenas tórridas. Y “Paper Dolls”, monumento camp y, como Morgan, adelantada a su tiempo, nos dejó unos crédito de apertura inolvidables. Ambas series duraron poco en pantalla, una temporada escasa. Como diría la propia Morgan, las palomitas gustan a todo el mundo, pero el caviar sólo a unos cuantos.
Quien no vea los paralelismos con "Melrose Place" (Racine, el personaje de la Fairchild, es la precursora de Amanda, interpretada por otra de mis musas mujer, Heather Locklear, también superviviente de los grandes culebrones de los 80, que participó en "Dinastía") es que no ha visto mucha televisión. "Sex and the City" no habría existido sin estas Muñecas de Papel. Ojo al reparto, entre ellos: Lloyd Bridges, ya jurásico, haciendo jogging metiendo la tripa; Dack Rambo, chulazo de impresión que desgraciadamente murió no mucho después de sida; Mimi Rogers, la primera señora de Cruise, gran bellezón a pesar de su mandíbula de bulímica; Nicolette Sheridan (sí, Edie Britt en “Desperate Housewives”, 25 años y mucha cirugía antes) en su primer papel. La trama importa poco: básicamente folleteo, abuso de poder, de sustancias y aprovechamiento de menores sin escrúpulos en el mundo de la moda. Todo muy inocente.
La Fairchild tiene en su haber varios momentos televisivos inolvidables: fue la novia de Sandra Bernhard en una par de episodios de “Roseanne”, formando la perfecta pareja butch-femme; y fue la madre de Chandler Bing en “Friends”, algo que en sí no tendría tanta relevancia si no fuese porque el padre del bobo de Chandler era Kathleen Turner. Gran momento camp (lo siento, me repito) de una serie algo tonta. Ya más en serio, a Morgan Fairchild le honra haber sido una de las primeras personalidades de Hollywood que se tomó en serio la lucha contra el sida, cuando la enfermedad aún no tenía nombre. Ella misma cuenta que empezó a ver morir a su alrededor a amigos suyos, hombres jóvenes y saludables que sólo tenían en común que eran homosexuales. Y supo que ahí había algo raro, que tenía que ayudar y se puso manos a la hora. Hoy sigue en ello.
Me encanta la foto que he colgado de Morgan Fairchild al principio de este post. Lo digo en serio, me sigue resultando muy atractiva. Si uno va a su página web puede comprobar lo bien que se ha conservado, es realmente impresionante. Claro, que es la ventaja de haber sido de plástico desde el principio. De plástico pero con un corazón (y unas tetas) de oro.
Buscando fotos y vídeos en internet me ha sorprendido ver que, en contra de lo que yo recordaba, Karina tuvo sus mayores éxitos en los años 60 y su carrera estelar acabó con ese segundo puesto en Eurovisión en 1971. Iba a haber colgado algún vídeo de "En un mundo nuevo" que en el fondo es mi favorita de todas sus canciones (y Fangoria la ha versioneado al estilo PSB, deberían haber mantenido los arreglos orquestales), pero he preferido éste, en blanco y negro, donde se puede apreciar mejor la melena rubia y espesa, sus ojos claros, que me encandilaban, sus dientes perfectos y los pómulos desafiando la gravedad. Y además, por supuesto, su voz, su acento andaluz tan suave y su imagen, moderna e inocente a la vez. Modosa y viciosa. Ése es un patrón que se repetirá a menudo en mis mitos eróticos femeninos.
Lo que no puedo creer es que yo tuviese esa fijación con Karina con menos de 5 años. No tengo demasiados recuerdos de mi primera infancia, pero uno de los más claros e inolvidables es el "comediscos". Para los lectores más jóvenes, y aunque he puesto un enlace, contaré que el comediscos era un tocadiscos portátil a pilas, con altavoz integrado, que te colgabas del hombro y llevabas por donde quisieras, poniendo sólo "singles" que se introducían por una ranura. Era el colmo de la modernidad pop. A mí me echaban de todas partes porque iba con mi comediscos (rojo, por supuesto) a tope por doquier, poniendo sobre todo canciones de Karina. Tenía todos sus discos y los perdí cuando dejé que mi hermana se los prestase, hará ahora 20 años, a su amiga Isabel para una fiesta retro. No los volví a ver. En esa fiesta también perdí el primer EP de Alaska y los Pegamoides (sí, el del diorama con dinosaurios y barbies hecho por Costus) y el LP de Almodóvar y MacNamara. Sólo hay un idiota mayor que el presta un disco (o un libro): el que devuelve un disco (o un libro) que le han prestado.
Karina, que sobrevivió a un cáncer, se casó con varios hombres, al menos dos de ellos notorios homosexuales. Imagino que, como Judy Garland, debió sufrir lo suyo. Es curioso cómo muchas mujeres no son capaces de darse cuenta de que sus maridos son maricas. Aunque quizá sí se dan cuenta pero se dejan llevar por sus sentimientos sin pensar en posibles consecuencias. Es algo que todos hemos hecho. Han pasado muchos años, 40, desde el vídeo que he colgado, pero Karina aún sigue haciendo galas cantando sus canciones antiguas, su baúl de los recuerdos, y aún conserva sus ojos claros y, sobre todo, su voz, que no parece verse afectada por la edad.
Suena injusto, y probablemente lo sea, pero se me rompió aquel amor tan intenso como asexual cuando quedó segunda en Eurovisión. Ya lo he escrito aquí: lo que pude llorar aquella noche. Fue casi como una traición que no le perdoné. Qué bobo.
Bueno vale, cuelgo "En un mundo nuevo" en versión en inglés. Toma ya.
Doy comienzo a una nueva serie en este blog. Como el nombre de esta entrada indica, voy a ir desgranando los nombres de mi panteón particular de mitos eróticos.
Es difícil describir lo que entiendo por mitos eróticos. No me estoy refiriendo a personas, más o menos conocidas, que me producen un deseo automático de acostarme con ellas, aunque ése puede ser un criterio. Voy a enumerar y describir hombres, mujeres, parejas e incluso tríos, todos (medianamente) famosos, que por algún motivo han suscitado en mí y en algún momento una curiosidad de tipo sexual, erótica o afectiva. Es posible que lo hayan hecho por su estilo, como Jermaine Stewart, por su voz y la paz que transmite, como Christine Schäfer, por sus piernas interminables, como Sylvie Vartan, o por sus pectorales de acero como…. Mejor no doy más pistas.
Quien haya seguido este blog ya habrá leído algo sobre muchos de mis favoritos y favoritas. Procuraré ser lo menos repetitivo posible y no me extenderé hablando de aquéllos sobre quienes ya he escrito. Añadiré mucho humor (por favor, que nadie se tome esto demasiado en serio) aunque siempre habrá un punto de verdad en lo que digo, en todos los casos habré tenido un momento de debilidad por la persona, o personas, sobre quienes escribo, por increíble que pueda parecer. Llevo unos días trabajando sobre una lista, pero en ningún caso está cerrada. Y animo por supuesto a mis queridos lectores a que den su veredicto, siempre acertado, sobre mis seleccionados, y a que sugieran posibles nombres, a la vista de mis gustos, que pudiesen engordar la lista.
Hago una advertencia final: evitaré los nombres más típicos, las mujeres y hombres más deseados. No estarán Ava Gardner ni Rock Hudson, tampoco Matthew MacConaughey ni Jennifer López. No incluiré a Marlon Brando (al joven desde luego no, pero quizá al mayor sí) ni a Uma Thurman, mujer perfecta. Todos ellos me gustan y erotizan, y mucho, pero mi intención es, salvo excepciones, huir de lo que nos gusta a todos y, fiel a mí mismo, reunir un grupo que sea mezcla de caspa y glamour en igual medida, refinamiento de Hollywood y España cañí a partes iguales.
Lo más curioso es que quienes me erotizan de verdad, aquellas personas por quienes en ocasiones siento un deseo súbito, los verdaderos mitos eróticos que se ven pero nunca, jamás se tocan, son siempre extraños, hombres (y mujeres) anónimos que me cruzo por la calle, en aeropuertos, por Madrid o en alguno de mis viajes. Y siempre es un olor, un color, la textura de una prenda de ropa, un peinado, un sonido, o (¿por qué no admitirlo?) un buen culo lo que me atrae de ellos. A todos esos mitos eróticos anónimos y a todos mis fieles lectores, de quienes espero muchos palos y a quienes espero proporcionar muchas risas, estarán dedicadas todas las entradas que escriba en esta sección.
Sigo dándole vueltas a los primeros años 80. Intento escribir algo coherente y estructurado al respecto y no me sale nada.
Cumplí 15 años a finales de 1979, el año de mi primer verano en libertad, que pasé en Estados Unidos. Para mí, la década de los 80, en que me desarrollé como persona, fue un período marcado por el miedo. Miedo a no ser como querían que fuese; miedo al sida; miedo no saber sacarme suficiente partido; miedo a no encajar; miedo a ser como no querían que fuese; miedo a no saber disfrutar de mis años mozos. Todos esos miedos, por otra parte, eran interiores, porque por fuera yo seguía bailando como si estuviese en 1979, el año en que la música disco llegó a su zénit y, por lo tanto, entró en decadencia. Los muy primeros 80, cuando aún no había llegado (o no se conocía) el sida, tienen un espíritu extraño, mezcla de euforia, sensación de fin de una época y crisis económica gravísima. Esa mezcla se ve reflejada en la música: por un lado el post-punk empieza a producir música rock y pop digerible, pero por otro el disco se vuelve común en todos los hogares, como atestiguan películas familiares deliciosas como "Can't Stop the Music" y "Xanadu" (sí, Mr. coxis, también soy fans). Y las grandes estrellas hacen sus pinitos con el sonido del momento:
Diana Ross, diva entre divas, tuvo el buen gusto de encargar a la factoría Chic la que quizá sea la mejor canción compuesta por Nile Rogers y Bernard Edwards, "Upside Down". Pido mucha atención para el clip, porque aunque no lo parezca es una actuación en directo. Y si digo que no lo parece es porque el sonido es sencillamente perfecto, y ese sonido no es fácil de conseguir. La grabación es del año 81, Diana Ross ya no era una niña y Michael Jackson, que todavía era negro y guapo, aún no había publicado "Thriller" pero ya era una mega estrella. El culo de la Ross, que perrea como gata en celo al final de la actuación, es un monumento casi inigualable (ya he hablado antes de los glúteos de la monitora de spinning de mi ex-gimnasio, así que no sigo). Y la letra, ¡ay la letra!
En muchas ocasiones he dejado dicho en este blog que, como le ocure imagino a todo el mundo, es imposible disociar canciones de lugares, situaciones, momentos o personas. Cada vez que pongo los pies en Manhattan empieza a sonar en mi cabeza esta canción, Samba de Verano, tan banal como deliciosa. Pertenece a una época de optimismo y esperanza en el futuro, los primeros 60, cuando la realidad de la guerra fría y de la guerra de Vietnam aún no había calado en las conciencias occidentales. La bossa nova tiene ese poder, el de hacerte ver la vida con optimismo, hacerte creer que la felicidad existe, que en el futuro está el progreso y la mejora de nuestras vidas. Y que en las playas de Rio de Janeiro está todo lo que uno (o una) pueda necesitar para ser feliz.
Astrud Gilberto interpreta la canción, en versión en italiano ("Dammi un'idea") y sin el fabuloso solo de órgano de Walter Wanderley, en el festival de San Remo de 1967. Por cierto, vaya joya de producción, el plano largo inicial en el que se coloca el escenario es sencillamente espléndido. Qué poca voz tenía (tiene) Astrud Gilberto y sin embargo qué bien la utiliza. Hay que reconocer que los brasileños, sean del color o del sexo que sean, supuran sensualidad por todos los poros. Aunque, como a Astrud, los vistan de monja. Eso sí, menudo pelo. Uno de los comentarios que ha dejado un usuario de YouTube escribe "Ojalá las mujeres aún se peinasen así", y no le falta razón. Vi actuar a Astrud Gilberto en 1985, en un colegio mayor de Madrid. Era otra época, habían pasado 20 años y no estaba la inocencia, al menos aparente, de la veinteañera del clip, ni el pelo con diadema, ni la ropa de monja, sustituida por mucho negro ochentero apretado al cuerpo, ya más recio. Pero la sensualidad seguía ahí, intacta. Seguro que continúa hoy, otros 20 años largos después.
Hay otros Astrud, que también me gustan mucho, pero los dejo para un próximo post. Ya he regresado, a Madrid y a este blog, de mi periplo vacacional.
"I was faced with a choice at a difficult age Would I write a book or should I take to the stage But in the back of my head I heard distant feet Ché Guevara and Debussy to a disco beat"