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martes, 1 de septiembre de 2009

Disco 1980

Estamos todos de acuerdo: 1979 marca el cénit de la música disco. Casi todos los grandes himnos del estilo musical que marcó la vida de tantos y tantos de nosotros, llevan esa fecha. Pero el disco no se agota en el último año de la década de los 70, sino que sigue vivito y coleando a principios de los años 80. Yo diría que algunas de las mejores canciones disco se publicaron entre 1980 y 1982. Y de eso precisamente trata este post.

No sé si fue en el blog de Stanwyck, Theodore o Polo que todos comentaron cuando fueron por primera vez a una discoteca. En mi caso fue, a punto de cumplir los 16 (y con el estreno de Pepi Luci Bom in the back of my head), en 1980. Discoteca: Caribiana, en la parte alta del Paseo de la Castellana de Madrid, que luego se convirtió en sala de espectáculos (Martes y 13, los Morancos, etc) y ahora es la tienda de informática del Corte Inglés.

Cuando entré sonaba esto:



El final del tema es muy conocido, "Relight my Fire", pero el inicio es lo que es bestial, levanta a los muertos. Vale, de acuerdo, es música publicada en 1979, pero los DJ de primeros de los 80 utilizaron esta música hasta la saciedad para empezar a llenar las pistas. En 1980 muchos grupos y productores utilizaban la misma fórmula que había elevado el disco a lo más alto, en ocasiones con resultados terroríficos, pero en otros con gran acierto.

The Whispers habían tenido un exitazo en 1979 con "And the beat goes on", y en 1980 nos regalan "It's a love thing". Eran un grupo vocal y de baile. Tengo que reconocer que me encanta el bailarín grandote barbudo y con el pelo afro (los cantantes bigotones clónicos dan algo de grima). La coreografía es maravillosa. Bueno, y me encanta la aparición de Dionne Warwick en el vídeo. Cómo se lo seguía pasando la gente, qué poco duró, qué pena. La estética era aún 70's.



En 1980, la gran diva, Diana Ross, se alía con los chicos de Chic y publica "Diana", uno de sus mejores álbumes, con bombas como "Upside Down", que ya colgué en su día, o este "I'm coming Out", con el rasgueo contagioso y frenético de guitarra de Nile Rogers y que no entiendo como no es el himno gay por antonomasia. Qué raros son los gays, elevando a Esther y a la hermana de Danii y olvidando a Diana. Whatever. Al loro el modelazo, las pieles y el divismo. Nadie le ha llegado ni a la altura del zapato. La música, por cierto, es en directo.



En su día, odié "Funky Town", de Lipps Inc, quizá porque encontraba que todo era muy falso, que no se divertían tanto como Sylvester, Chic o la propia Diana Ross, pero ahora no me puedo resistir a la canción. Estas chicas bailan mal, parecen sacadas (pobres) de una bar de carretera. La moda ya empieza a ser ochentera.



Los neoyorquinos The B.B.&Q. Band aparecían con su "On the beat". No hay imágenes, sólo música, una pena.



Y en 1982 se publica una de las mejores canciones disco de toda la era, "Forget me Nots", de Patrice Rushen , una música venida del jazz. La línea de bajo es espectacular, y aunque estemos en el año del Mundial de Naranjito, el espíritu es puro 1979. Brutal.



También el Funk produce en 1980 alguna de sus mejores obras, como este "Funkin' for Jamaica" de Tom Browne, que ha sido versioneado por uno de mis músicos favoritos de los últimos años, el japonés Towatei (con la colaboración de Les Nubians) y también lo fue por (¡horror!) Mariah Carey para la banda sonora de (¡pavor!) "Glitter". Interesados, pinchad aquí (Stanwyck, en el vídeo sale Mariah por triplicado).



Kool and the Gang, grupo irregular donde los haya, saca también en 1980 uno de sus mejores temas "Get down on it", cuya letra en discotecas españolas la gente tarareaba como "Qué cabrones" (del mismo modo que el "Give me hope Joanna" de Eddy Grant era en ocasiones "Chipirón, Joanna". Lo juro).



Pero el cambio en la música disco de los primeros años 80 lo marca un estilo nuevo, de ritmo algo más lento, con mucha influencia pop (algo que aportó Michael Jackson, a quien dejo fuera de este listado a propósito) que hoy llamaríamos R&B pero que entonces seguía siendo disco. Disco-Pop.

Shalamar fue un grupo fabuloso, encabezado por la divina Jody Watley (ya con hombreras) y con el bailarín Jeffrey Daniel, el que enseñó el Moonwalk a MJ, que produjeron este magnífico "Night to remember", aquí en directo. ¿Quién ese chico con pelucón y pajarita roja que hace coros al fondo? ¡Mi adorado Jermaine Stewart! (Nota para anglófilos: al inicio del vídeo sale, jovencísimo, ¡Jools Holland!)



Algunas luminarias del jazz y el soul se apuntan a la moda disco-pop con un poco de retraso pero con un éxito brutal. George Benson, guitarrista de jazz, arropado por Quincy Jones, da vida a "Gimme the Night", un joyón escrito por un compositor excelso, Rod Temperton. En el vídeo sale una sub-especie de la música disco (favorita de Stanwyck, Coxis -creo- y servidor), el roller-disco. Diversión sobre patines. Lo más. Pero no me enrollo con el roller-disco. Al igual que a Vicky "espasmódica" Larraz, me lo guardo para otra entrada.



Yarbrough and People nos dejaron este estupendo "Don't Stop the Music", con un tempo marcadamente más lento pero irresistible.



Aunque para irresistible y fabuloso, "Just be good to me" de la S.O.S. Band. El vídeo da saltitos de vez en cuando, una pena.



En el Reino Unido no se quedaban atrás y a principios de los 80 el batiburrillo afterpunk neorromántico produjo un hijo bastardo: los chicos de Imagination. O quizá debiera decir chicas, porque lo suyo es muy fuerte. "Music and Lights" es una maravilla. Al loro los modelazos. Ni Loco Mía se atrevieron a tanto. Y eso que a Loco Mía los vestían y estos chicos se vestían solitos.



Termino esta lista, que espero no se haya hecho demasiado peñazo, con algo que tenía preparado para una entrada de la serie "Lo peor de todo". Se trata de "Do you wanna spend the night" de Village People, que habían estado en el momento álgido de la música disco en la cresta de la ola y cuya casa de discos, quizá para demostrarle al mundo que eran un producto prefabricado de medio pelo, convirtió en new romantics e hizo grabar este horror, que ni es disco, ni nada. Pero ahí está para la posteridad.



Os regalo la portada del LP de los Village People "Renaissance" por si no os creéis lo del neo romanticismo. Sí, lo confieso, me compré el LP. ¿Qué pasa?



He decidido dejaros con buen sabor de boca. En anteriores entradas sobre música disco olvidé incluir una de las mejores canciones de aquella época, en este caso de 1979, pero que yo recuerdo de aquella primera noche en Caribiana. Este vídeo no tiene imágenes, pero la calidad del sonido es buenísima. "Heartache number 9", de Delegation.

viernes, 29 de mayo de 2009

1979

Ya lo he dejado escrito en este blog: 1979 es un año clave. No me estoy refiriendo a la revolución islámica en Irán, que podría, sino a mi desarrollo como persona. Di mi primer beso de amor en 1979, viajé a Estados Unidos donde me cambió la vida (y de dónde volví con algo más que un beso). La música disco está en su apogeo y empieza su decadencia. El punk arrasa Gran Bretaña. Se estrena Alien. Se filman Arrebato y Pepi Luci Bom. Os dejo una serie de canciones, todas de ese año, que me encantan. Una cosecha excelente. Os propongo un juego: ordenadlas según vuestros gustos. Yo las pongo en desorden, a ver si adivináis mi favorita y la menos favorita. Dos pistas: la favorita no es de las Hermanas Goggi y la menos favorita no es de Leif Garret. Otra pista: todas me gustan, de verdad.

La primera no me la dejan encamar pero haz click en el título: Video Killed the Radio Star, de Buggles. Una de esas canciones que marcan un antes y un después. Volvía el pop. Acabé odiándola.


Tendría hueco tanto en lo peor de todo como en las guilty pleasures. La amé y odié a partes iguales. Me sigue encantando.


Odio "Stay" a muerte, pero Running on Empty me gusta mucho. Aunque no soporto ver este vídeo entero.


Lo mejor (¿lo único bueno?) que ha hecho nunca Bosé. Qué bien bailaba el cabrón. Yo me hacía la coreografía enterita ante el espejo, aún me la sé.

Otra que no me dejan encamar: "Heart of Glass" de Blondie. Blondie eran perfectos: disco, punk, pop y sexo, todo en uno. Perfectos. Una de mis favoritas en el iPod del gimnasio.


Ésta no necesita comentarios, sólo dejarse llevar. La cumbre del Disco, al menos una de ellas. Atención, es una actuación en directo. A fijarse en la fauna. Cómo se lo pasaban. ¿Cuántos seguirán vivos?

Otra más que no me dejan encamar: "My Sharona" de The Knack. Lo que más sonaba en aquél verano providencial. Candidata a canción pop perfecta. Una bomba.


Lo sé, lo sé, lo sé. Lo peor de lo peor. No sé qué me pasa pero llevo un par de días en plan Leif Garret total. De hecho, es lo que me ha impulsado a escribir esta entrada.

Y otra más que no me dejan encamar (qué manía): "London calling" de The Clash. Temazo, aunque me gustan más "The Magnificent Seven" y "Rock the casbah" pero no son de 1979. Con mi primer grupo hacíamos una versión de London Calling, en plan ñoño y un poco tecno.


Uno de mis grupos favoritos, Chic, y una de sus mejores canciones. Apoteosis disco. De nuevo es en directo, de nuevo a fijarse en la gente pasándoselo de vicio.


Una de mis canciones favoritas de todos los tiempos. Me enloquece la estética. Perfección (y menudo colocón llevaba Brian Ferry cuando filmaron el vídeo).

¡Ay las Hermanas Goggi! !Qué cuerpos! ¡Qué coreografía! ¡Qué sinsentido ("Como Brasil de la tristeza me escondo")! Qué maravilla. El colofón perfecto para una lista necesariamente incompleta que compone la banda sonora de un año histórico.

Opiniones, por favor.

lunes, 25 de agosto de 2008

I say to Thee, Respectfully

Sigo dándole vueltas a los primeros años 80. Intento escribir algo coherente y estructurado al respecto y no me sale nada.

Cumplí 15 años a finales de 1979, el año de mi primer verano en libertad, que pasé en Estados Unidos. Para mí, la década de los 80, en que me desarrollé como persona, fue un período marcado por el miedo. Miedo a no ser como querían que fuese; miedo al sida; miedo no saber sacarme suficiente partido; miedo a no encajar; miedo a ser como no querían que fuese; miedo a no saber disfrutar de mis años mozos. Todos esos miedos, por otra parte, eran interiores, porque por fuera yo seguía bailando como si estuviese en 1979, el año en que la música disco llegó a su zénit y, por lo tanto, entró en decadencia. Los muy primeros 80, cuando aún no había llegado (o no se conocía) el sida, tienen un espíritu extraño, mezcla de euforia, sensación de fin de una época y crisis económica gravísima. Esa mezcla se ve reflejada en la música: por un lado el post-punk empieza a producir música rock y pop digerible, pero por otro el disco se vuelve común en todos los hogares, como atestiguan películas familiares deliciosas como "Can't Stop the Music" y "Xanadu" (sí, Mr. coxis, también soy fans). Y las grandes estrellas hacen sus pinitos con el sonido del momento:



Diana Ross, diva entre divas, tuvo el buen gusto de encargar a la factoría Chic la que quizá sea la mejor canción compuesta por Nile Rogers y Bernard Edwards, "Upside Down". Pido mucha atención para el clip, porque aunque no lo parezca es una actuación en directo. Y si digo que no lo parece es porque el sonido es sencillamente perfecto, y ese sonido no es fácil de conseguir. La grabación es del año 81, Diana Ross ya no era una niña y Michael Jackson, que todavía era negro y guapo, aún no había publicado "Thriller" pero ya era una mega estrella. El culo de la Ross, que perrea como gata en celo al final de la actuación, es un monumento casi inigualable (ya he hablado antes de los glúteos de la monitora de spinning de mi ex-gimnasio, así que no sigo). Y la letra, ¡ay la letra!

lunes, 3 de marzo de 2008

Hell On Wheels II

Como hoy no tengo ganas de trabajar, me estoy dedicando entre otras cosas a poner algo de orden en el blog y he comprobado con horror que se ha roto el enlace que tenía puesto en mi segunda entrada al vídeo Hell on Wheels de Cher. Aquí está de nuevo. Tan fresco como el primer día.

sábado, 11 de agosto de 2007

Hell On Wheels

Alguien me envió hace unos meses este vídeo de Cher. No soy yo muy fan de Cher, pero no hay más que empezar a verlo para darse cuenta de que esto es el símbolo de una época. Al parecer, fue uno de los primeros videos que difundió, allá por 1979, MTV. La canción, "Hell on Wheels", pertenecía a la banda sonora de una película, hoy totalmente olvidada, llamada Roller Boogie. Viéndolo ahora, uno se sorprende. Sobre todo porque en 1979 esto fuese moneda de cambio corriente, que lo era. A nadie le llamaba entonces la atención ver a Cher, ya operada (y, por cierto, ojalá todos los cirujanos fuesen como el suyo) patinando por una carretera del Midwest, liderando una panda de camioneros y "leather daddies", encontrándose de paso a unos travestís en el camino y convirtiéndolo todo en una manifestación del orgullo gay de carretera. Hay escenas (la sonrisa "profidén" y el pelo de la travestí de azul, el montaje de planos cortos de los camioneros, el desfile final) que no tienen desperdicio.

Siempre he pensado que me habría gustado tener, digamos, 25 años en 1978 y haber vivido entonces en Nueva York. Pocas épocas más libres ha habido que los años 70 en las grandes ciudades de Norteamérica. Me estoy refiriendo al período que va desde la comercialización y muy rápida expansión de la píldora anticonceptiva hasta la revolución conservadora liderada por Reagan y que coincide (¿coincide? supongo que sí, prefiero pensarlo así) con el inicio de la epidemia del SIDA. Sé que es un tópico, pero pienso que yo habría encajado perfectamente en un momento de historia urbana en que la libertad sexual volvía a la etapa previa a las imposiciones morales del monoteísmo. El único problema de haber tenido 25 años en Nueva York en 1978 es que, con certeza casi absoluta, hoy estaría muerto –mejor dicho, llevaría muerto al menos una década, sino más.

Para mí, no hay mayor libertad que la libertad sexual, sobre todo porque ninguna otra ha sufrido los atentados que ésta. Ni siquiera la libertad de expresión, que es la que garantiza todos nuestros derechos. Todas las denominaciones religiosas y muchas personas dispuestas a ventilar sus frustraciones personales sobre los demás se han propuesto cercenar la libertad sexual y convertir en moral aceptada por todos comportamientos que se apegan a una visión limitadora de la inagotable capacidad de gozar y la enorme imaginación sexual del ser humano. No puedo comprenderlo. Cualquier religión que pregonase el amor libre, con el único límite del consentimiento de los actores, debería atraer a la práctica totalidad de la especie humana. Pues no. Está claro que estoy muy equivocado y que nuestra capacidad para limitar nuestra capacidad de gozo es inagotable.

Vuelvo al vídeo. Ahora se pueden ver muchos vídeos, cómo diría, subidos de tono. De hecho, es casi la norma. Nada como meter un beso entre dos chicas o un trío bisexual para convencer al vidente de lo moderno que es todo. Pero esos vídeos de hoy no dejan de obedecer a los estereotipos prevalecientes en nuestra sociedad y en mostrar variedades leves y poco alejadas de los estándares de comportamientos habituales y aceptados. Aquí, los camioneros de Cher se follan a Cher, luego follan entre ellos y después se dejan follar por las travestis. Las travestis van en descapotable por el Midwest, in full make-up, y nadie les lanza a los jinetes del apocalipsisis. Cada cual se lo pasa como puede y quiere y con quien quiere y puede. Sin patrones ni roles pre-establecidos, sin compartimentos estancos, sin que nadie los juzgue.

Quienes me conocen bien me acusan (con cariño) de tener una visión demasiado romántica (¿romántica?) e idealizada de aquella época. Lo acepto, es cierto que lo que para mí es la época disco y que coincidió con mi primer viaje, en 1979, a Estados Unidos, para otros no es sino una etapa de depresión económica, crisis de suministro energético, agotamiento del modelo europeo del estado del bienestar y grandes dudas sobre el futuro de la economía mundial. También es cierto que al tiempo de la explosión de la música disco, en Estados Unidos e sucedían manifestaciones pidiendo que se prohibiese. Yo no puedo dejar de asociar esa época, y aquél viaje casi de iniciación, con el sonido elegante y refinado de Chic, los trajes ajustados, perfectamente cortados y algo acampanados de Nile Rogers y Bernard Edwards, las estolas de marabú de la cantante Fonzi Thornton y las rimas que escribieron para Sister Sledge ("Halston, Gucci, Fiorucci"). Aunque me faltaban unos cuantos años para haber disfrutado plenamente aquella época, tengo suerte de haberla vivido y la esperanza de que esa combinación de optimismo, libertad y mal gusto pueda volver a reproducirse. A Hell on Wheels le siguió Xanadú, y, sí, también me gusta, pero ya no era lo mismo. No sé si me explico.