Mostrando entradas con la etiqueta Camp. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Camp. Mostrar todas las entradas

sábado, 29 de agosto de 2009

Muriel

Dedicado a Coxis y a Pandora



"19.- ¿Quién es tu héroe de ficción favorito? Muriel Heslop, Dorothy Zbornak, Indiana Jones, Freddy Krueger, Han Solo."

Os estoy muy agradecido, queridos lectores, por la cantidad de respuestas que habéis dado al cuestionario Proust. Es la segunda entrada de este blog que más comentarios ha recibido. Me ha impresionado especialmente que, 12 días después de publicarla, se ha recibido una respuesta más, la del egregio Sr. Coxis, que ha provocado dos comentarios adicionales. Es decir, que algunos seguís yendo a leer comentarios y a hacer los vuestros 12 días después de publicada la entrada original. Me siento de verdad halagadísimo. Pero el mérito no es para nada mío, sino de Coxis, porque ha "ganado" de lejos el juego del cuestionario, al dar la respuesta perfecta. Ésa que figura en cursiva tras la foto.

Muriel Heslop es un personaje tan de ficción, que todos la llevamos dentro. Parece mentira que "Muriel's Wedding" tenga ya 15 años. Es una película maravillosa, redonda, que gusta tanto a modernos y modernas de hace 15 años y de ahora, abuelitos ingleses conservadores hasta la médula, niñas preadolescentes o padres y madres de familia de mediana edad. Tiene algo para todo el mundo. Y sobre todo tiene a Muriel Heslop, que es absolutamente adorable, alguien con quien todo el mundo se puede identificar de un modo o de otro. "It's not Muriel, it's Mariel".

Gran parte del mérito lo tiene, por supuesto, Toni Colette, una de las mejores actrices de carácter (¿se sigue usando esta expresión?) que hay en activo. Me muero de ganas de ver "United States of Tara", su nueva serie para HBO en la que da cuerpo a una mujer de personalidad múltiple. Aún no ha salido en DVD, ni siquiera en EEUU, estoy ya en lista de espera en Amazon.

Pandora, a quien dedico la entrada además de a Coxis, decía en su día que su modelo a seguir en la vida era no tanto Muriel como su hermana, que lo único que hace es fumar y beber cerveza mientras ve TV. Sin que le importe nada más. Yo creo que la clave está en el "sin que le importe nada más", aunque reconozco que, fumeque aparte, no me importaría pasarme la vida bebiendo cerveza y viendo la tele.

Espero que a mi adorada Pandora no le moleste que cuente uno de nuestros secretos comunes. No te enfadas conmigo, ¿verdad? Cuando salió La Boda de Muriel, que por cierto vimos cada uno por nuestra cuenta, Pandora y yo nos quedamos tan colgados de la peli que decidimos que nos íbamos a casar ella y yo y hacer una celebración ad hoc. Iríamos tras la ceremonia con todos nuestros invitados a ver Muriel's Wedding a un cine (cantaríamos las canciones, por supuesto) y luego celebraríamos el banquete de bodas en un VIP's. A mucha gente le sorprende, pero Pandora y yo somos grandes fans de VIP's. El menú del banquete sería... pues el menú de VIP's: ensalada césar de pollo, sandwich VIP's Club, tortitas con chocolate o Fundi Philadelphia. Cada uno que pida lo que quiera. Una boda a la carta. Los invitados comprarían luego los regalos de boda en la tienda VIP's (se animaba a la gente a que regalasen suscripciones a revistas, que Pandora y yo devoramos papel cuché). Y aunque no comiéramos perdices, habríamos sido muy felices.

Aunque aún no he renunciado a casarme algún día con Pandora, afortunadamente para ella (mucho menos para mí) este plan jamás llegó a materializarse, pero habría sido divertido, ¿a que sí? Siempre nos quedará Muriel. Mil gracias, Coxis, por darme pie a escribir esta entrada (me guardo a Freddy Krueger para otro día... Me da que te pone Harrison Ford, ¿estoy en lo cierto?).



p.s. Había escrito para hoy una entrada larguísima llamada "Disco 1980" sobre la música disco de los primeros años 80, pero me parece un poco rollo y me la he guardado de momento. Decidme si os apetece que la publique.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Lo peor de todo: Voyage of the Rock Aliens

Dedicado a Theodore, el que más sabe de música y de cine. Lo mejor de la red.

Sí, el que más sabe, pero... ¿conocerá "Voyage of the Rock Aliens"?

Un cantante olvidado (por algunos...), Braulio, fue a Eurovisión hace décadas con una canción pesadísima que comenzaba con la rima "A veces, hasta sobran las palabras...".

Las palabras sobran. Os dejo con imágenes y música. Os dejo con Pia Zadora, con un maromo/chulazo/pedorro de pacotilla y con mucho trash. Disfrutad. Y comentad mucho, por favor, mucho. Lo merece.



Pues sí, tras los títulos de crédito viene un numerito musical que empieza con ostentación de braga (la última, por cierto, no lleva, y otra las lleva manchadas). Nadie, NADIE, fue ni será nunca tan perraca como Pia Zadora. No sabe actuar, ni cantar ni bailar. Pero menuda guarra. Sorry.



Aquí el macizo, Craig Sheffer. Yo llevé el pelo así, cuando tenía, pero nunca he sabido hacer el "head slide" como él. El altarcito que tiene en la taquilla del colegio, dedicado a Pia Zadora, no tiene desperdicio.



Modelazos y más modelazos. Y hasta el mostruo de lago Zadora.



Lucha entre el monstruo del lago Zadora y Jason con la motosierra. El montaje es de peli porno de los 70.



Los aliens descogelan a los humanoides. Los efectos especiales son tecnología punta. La rubia no tiene desperdicio.



Diálogo entre Pia Zadora y la rubia. Profundo. A la altura de Johnny Guitar.



Se me olvidaba. Es la película favorita de todos los tiempos de John Waters. Si alguien necesita a estas alturas saber qué es el camp. Aquí está.

martes, 18 de agosto de 2009

Cuestionario Proust



Como dentro de una hora me voy a pasar unos días de descanso al desierto, y aunque me he cerciorado de que hay conexión a internet y me llevo el ordenador (sí, el que perdí pero luego recuperé), propongo un juego (sí, le copio la idea a Theodore, qué pasa) veraniego. Os va a gustar, que os conozco.

Seguro que sabéis (y si no aquí estoy para contároslo) que Marcel Proust, escritor francés que apenas salía de su casa y aún así escribía como los ángeles, se inventó en 1886, cuando aún era un chiquillo, un cuestionario de unas 30 preguntas con la idea de que amigos y conocidos lo rellenasen. Por su parte, la revista Vanity Fair (la de verdad, en inglés, versión EEUU, nada de Preysleres o Pés en la portada, please) utiliza desde hace 15 años su última página para someter a algún famosillo o famosilla a un "cuestionario Proust" algo distinto al original.

Así que he pensado, queridos lectores, hacer un batiburrillo (Stanwyck, nunca te agradeceré lo bastante que recuperases esa palabra tan maravillosa) y proponeros mi propio "Cuestionario Breckinridge-Proust". Omitiré, aunque bien me gustaría, preguntas de tipo procaz, pero si alguien quiere añadir a sus respuestas azúcar, que diría Celia Cruz (la pobre) o "spice", que diría Geri Halliwell, bienvenidos.

Respuestas. Sí queridos lectores, de lo que se trata es de que respondáis, con sinceridad (o sorna, pero mejor sinceridad) y con brevedad a las preguntas que aquí os formulo, ya sea en los comentarios a esta entrada o en vuestros propios blogs. Los más tímidos -o los más lanzados, que se puede interpretar de ambas maneras- me lo pueden enviar por correo electrónico (en la página del perfil hay un enlace). Yo publicaré, por supuesto, mis respuestas en algún momento de los próximos siete días. Daré tiempo a que lleguen respuestas. Avisad a vuestras cuñadas, vecinas, caseras, enemigas, amigas, empleadas, jefas y lo que haga falta. Polo, Coxis, aunque estéis de viaje, haced un huequecillo en vuestras agendas. Ésta es de esas entradas que harán historia en la blogosfera.

Allá van las preguntas. Las he manipulado un poquitín y las he dejado en 29, que es un número primo. He evitado la corrección política del vosotros/vosotras y he optado por no utilizar el símbolo @ para indicar que las preguntas se refieren tanto a mujeres como a hombres. Sabréis perdonármelo, espero. Tú también, Bibiana.

1.- ¿Cuál es tu virtud favorita?

2.- ¿Cuál es la virtud que más valoras en un hombre?

3.- ¿Cuál es la virtud que más valoras en una mujer?

4.- ¿Cuál es la virtud más sobrevalorada, en tu opinión?

5.- ¿Cuál es el trazo de tu personalidad que más deploras?

6.- ¿Cuál es el trazo de la personalidad de los demás que más deploras?

7.- ¿Cuál es tu idea de la felicidad perfecta?

8.- ¿Dónde y cuándo fuiste más feliz?

9.- ¿Cuál es tu idea de la infelicidad más absoluta?

10.- ¿Cuál es tu principal defecto?

11.- ¿Qué frase o expresión utilizas con más frecuencia?

12.- ¿Qué es lo que más te desagrada de tu apariencia?

13.- ¿Qué es lo que más detestas?

14.- Si pudieses cambiar algo de ti, ¿qué cambiarías?

15.- ¿Qué o quién es el mayor amor de tu vida?

16.- ¿Quiénes son tus escritores favoritos?

17.- ¿Quiénes son tus pintores favoritos?

18.- ¿Cuál es tu ocupación favorita?

19.- ¿Quién es tu héroe de ficción favorito?

20.- ¿Con qué figura histórica te identificas más?

21.- ¿A qué persona viva admiras más?

22.- ¿Cuáles son tus nombres favoritos?

23.- ¿Cuál es tu color favorito?

24.- ¿Qué talento te gustaría tener?

25.- ¿Cómo te gustaría morir?

26.- ¿Qué falta te merece más indulgencia?

27.- ¿Cuál es tu estado de espírtu actual?

28.- ¿De qué te arrepientes más?

29.- ¿Cuál es tu lema?

Copiad, pegad y rellenad. Es un poco largo, pero prometo que va a ser divertido. Por supuesto, no habrá comentarios a las respuestas, cada cual que diga lo que quiera que se le respetará. Si alguien quiere omitir una pregunta se tomará nota pero se aceptará.

sábado, 15 de agosto de 2009

La extraña pareja

Lo siento no puedo resistirme a colgar esta foto, que figura hoy en la portada del Financial Times.



¿No es la pareja más marica del verano?





El perro, Aldo, es de Medvedev. Una monada.



Y Putin (¿putón?), es el sugar daddy. Un poco fuerte para un país tan macho, que entre otras cosas prohíbe cualquier manifestación LGTB, ¿no?



Por cierto, que el principal titular del día en el FT, al lado de la foto que da inicio a este blog, es que la economía española se hunde aún más cuando se empiezan a ver novedades positivas en otras economías de Europa. Dice el artícuo que nos quedan al menos "dos o tres" años más de penuria. Algo distinto a lo que nos cuenta la prensa de aquí, me da la impresión. Aunque tampoco sorprende nada.

sábado, 4 de julio de 2009

Transformaciones

Estoy un poco cansado de los años 80, la verdad. En los últimos meses he estado metido (y os he estado metiendo, queridos lectores) en una especie de "time warp" ochentero y ya va siendo hora de cambiar de orientación. Imagino que revisitar los 80 es inevitable y que aún saldrán por aquí muchas cosas de aquella época, sobre todo del inicio de la década: no oculto que tengo en mente escribir sobre películas de entonces ("Liquid Sky", "Scanners"), tengo pendiente todavía algo sobre dúos de música tecno británicos, le he dado muchas vueltas a escribir sobre Bret Easton Ellis (con quien coincidí una vez en un WC... y no penséis mal), y algo caerá sobre la música disco de en torno a 1980. Pero, no sé, todo el mundo está metido en el mismo revival nostálgico y me está empezando a dar mucha pereza, por mucho que sea lo que conozco bien de verdad.

Así que, como los años 70 están igual de manidos y sobados, he pensado bucear un poco en los 90, que es una década con una identidad mucho más difusa, lógico teniendo en cuenta todo el batiburillo finisecular que se venía encima. [acabo de escribir "batiburrillo finisecular", este blog va por fatal camino]. ¿Y qué es lo que me viene inmediatamente a la mente cuando nombro los años 90? Pues qué va a ser, Melrose Place.



A mediados de los 90 yo hacía horario de trabajo hispano a la antigua, es decir, con parada de 2 a 5 para comer. Comía rápido y me metía la sesión doble que daba Tele5 de 90210 (ahí dormitaba) y Melrose Place. La sintonía, que es bestial, me despertaba del letargo, y las imágenes de Thomas Calabro ya me ponían a tono. MP es una sopópera clásica, con mala malísima interpretada por la heredera de Morgan Fairchild, Heather Locklear, una diva "trash" y una superviviente del celuloide como ha habido pocas. Mi personaja favorita de la serie era Sydney, la pelirroja putón que interpretaba Laura Leighton.

Cuando fui por primera (y única) vez a Los Ángeles, ciudad infernal que me espantó y a la que, sin embargo, me siendo atraído sin remedio, me puse como una colegiala histérica cuando me di cuenta de que iba conduciendo por Melrose Place. Empecé a buscar el patio de vecindad donde ocurría la serie pero, claro, no existe, todo era falso, se filmaba en un estudio. Aquel día acabamos comiendo una pizza infame en Frankie and Johnnie, en Santa Monica Boulevard, en cuya pared de vileda atiborrada de firmas de famosillos de medio pelo encontré la de mi adorado Jermaine Stewart. Aquí está la prueba.



Sólo he comido una pizza peor, en un lugar llamado Riihimaki. Os lo cuento en otro momento.

Si escribo sobre Melrose Place es en parte porque perdiendo el tiempo en YouTube el otro día encontré este vídeo en el que sale Marcia Cross (sí, Bree van der Kamp en "Desperate Housewives"). Interpretaba a Kimberly, una cirujana con trastorno bipolar que acaba poniendo una bomba en los apartamenteos donde vivían todos los protagonistas. Una joya. No recuerdo bien lo que pasa, pero me parece que en algún momento le hacen algo así como una trepanación y se queda calva, viéndose obligada a llevar peluca. En esta escena, ¡atención!, se la quita y enseña el cartón. En su momento fue lo más.



La serie era idea de Darren Star, que luego se sacó de la manga "Sex and the City" y además de Marcia Cross salieron de ella Doug Savant (Tom Scavo en "Desperate Housewives; su papel del enfermero Matt en MP es uno de los primeros gays de la TV más generalista) y Kristin Davis, que luego haría de Charlotte en "Sex and the City".

La verdad es que cuando vi el vídeo de la peluca se me ocurrió hacer una entrada sobre transformaciones de película (de ahí el título), como la de Schwarzenegger en "Total Recall" (joyón de los primeros 90):



Pero desistí de mi idea, demasiado complicado hilar tan fino con este calor.

En "Total Recall" también sale Michael Ironside, un actor secundario buenísimo que (casi) siempre ha hecho de malo malísimo. También hacía de las suyas, con el poder de la mente, en "Scanners", primera película de David Cronenberg. He aquí una muestra:



Qué mono. Pero me alejo de este camino, que me lleva a los 80 de nuevo y ya he dicho que no. Me quedo con el chico más guapo de los 90, o al menos uno de ellos, tan olvidado que no tiene cabida en mi serie recién iniciada porque de él nunca más se supo. Se llama Johnathon Schaech y era el cantante del grupo "The Wonders" en la película "That Thing You Do", la única que hasta ahora ha dirigido Tom Hanks. Alguna vez tendré que contar que me han confundido en ocasiones con Tom Hanks. Qué cosas. Aquí tenéis al Johnathon Schaech (vaya nombrecito) cantando la canción que da título a la peli, al loro los labios, los dientes, la nariz, los pómulos y las cejas. Si es que las cejas y los antebrazos son lo más sexy que hay.



Por cierto, que la cancioncita, si no fuese tan hiper-prefabricada podría tener su hueco en la lista de canciones pop perfectas... Me quedo con el buenorro de Johnathon (sí, con "o"), que sigue estando de muy buen ver, y con Liv Tyler, a quien siempre he encontrado tan maravillosa como irresistible.

En fin, que me ha salido una entrada de lo más rara, ya lo decía al principio, estoy en un "time warp" extraño. De nuevo, los primeros 80: "Warp", de New Musik, que hay que escuchar hasta el final. Polo, no te me quejarás...



Debido a viajes laborales múltiples pre-vacacionales y al extravío reciente del ordenador portátil utilizado en los mismos (me van a despedir, como si lo viera), este blog no se actualizará tan a menudo como me gustaría.

miércoles, 24 de junio de 2009

¿Olvidadas? Gianina Facio

Cuando empecé a escribir este blog, estaba fascinado por otro, Memorias a 45, que en algún momento dije que es el que me gustaría escribir. Dicho blog, que es maravilloso aunque va a fuego lento, tiene una sección de “Olvidados” en el que hace repaso a cantantes de los que (casi) nadie se acuerda, o a cantantes famosos que intentaron un camino previo hacia la fama, intento hoy olvidado. Todo esto viene a cuenta porque hoy inicio sección de ¿Olvidadas?, así, entre puntos de interrogación, porque aunque hoy se hable poco de las mujeres que por aquí desfilarán, son pocos quienes las han olvidado. Soy plenamente consciente de que han pasado por otras categorías de entradas de este blog mujeres que podrían estar en esta lista que hoy empieza, como Morgan Fairchild, Charlene Tiltón o Rachel Ticotín, pero ya sabéis que mis categorías y secciones son caprichosas e intercambiables, como yo. Habrá mucho lo peor de todo por aquí, y bastante “guilty pleasure”. Batiburrillo, como dice Stanwyck.

Gianina Facio (¿hay algún lector que no la recuerde?, me costaría creerlo) era una tía buena que tuvo un momento de gloria mediática a mediados de los años 80. Un fotógrafo le hizo unas fotos (muy acaramelada) con Philippe Junot, a la sazón marido de Carolina de Mónaco. Melena rizada y muy abundante, piernas larguísimas embutidas en unos vaqueros pitillo, botas con flecos. Carolina tardó muy poco tiempo en pedir el divorcio de Junot. No recuerdo si aún vivía su odiosa madre. Ah, ¿no lo he contado aún? Siempre odié a Grace Kelly. Y también al payaso Fofó.


Pero dejo mis odios inveterados e inexplicables y vuelvo a lo que iba. La Facio es de origen incierto, se decía entonces que era portorriqueña e hija de un embajador (mentira, Puerto Rico no es un estado, no tiene embajadores), también que tenía orígenes italianos, brasileños, nicaragüenses, de palacagüina o de Miami. ¿No os suena a cierta modelo-cantante que se pasó a todo el que pudo por la piedra y acabó de primera dama de un país vecino? Pues eso. Pero la Facio tenía cuerpo. Menudo cuerpazo se gastaba la tía, quizá el mejor de los años 80. Eso son pitones (Qué guarro soy, coño; y sí, también se le ve algo el parrús).


Al poco de la aventura con Junot y de las primeras fotos “picantes”, se lió con Julio Iglesias, recién divorciado de la Preysler y en su momento musical más dulce, el de la niña-mujer o el tropezón en la piedra. Qué hombre tan insufrible. Y tan feo, qué le verían. Para mí ese romance es el gran borrón en la carrera de la Facio que, como no había tanta telebasura como entonces, se vio obligada la pobre a trabajar y buscar fortuna en el cine. Dejo para más adelante lo que fue su obra magna y me centro ahora en unas imágenes de “Detective extra-large”. No, no es un porno (yo también lo pensé al leer el título) sino una peli, otra más, de Bud Spencer. Aquí la Facio luce palmito y se beneficia al guapo de Philip Michael Thomas, el compañero de Don Johnson en Miami Vice. No quiero ponerme pesado, pero fijaos (fijarsen) en el cuerpo de Gianina, es de escándalo. Los vestiditos ajustados con hombreras son, por cierto, muy otoño-invierno 2009.



Pero la historia de Gianina Facio no termina en los 80 y en unos romances con famosos varios, qué va. Como dirían Almodóvar, Macnamara y Theodore, un disco grabó y nadie lo compró. Estamos en los primeros 90, arrasa el sonido Ibiza-acid-petardo con piano machacón a lo Locomía y Gianina se apunta al carro y nos regala este “One Two Three Four” absolutamente horripilante. Principio suavecito y empieza la pachanga. Tampoco está tan mal, la verdad. Seguro que algún ex DJ que me lee lo ha pinchado alguna vez. ¿Alguien recuerda esta chungo-joya del trash más oscuro? Por cierto, este vídeo sólo ha sido objeto de dos comentarios por usuarios de YouTube y uno de ellos dice simplemente “GAY”. Qué cosas.



La buena (buenorra) de Gianina desapareció del mapa como llegó, aunque siguió haciendo pinitos cinematográficos. Con el cambio de siglo apareció en… ¡sorpresa! “Gladiator”, interpretando a la bella y sacrificada (literalmente) esposa del macizo (sólo, repito, sólo en esa película) Russell Crowe. Qué divina y sílfide estaba.



También sale, guapísima, en “Kingdom of heaven”, película tan olvidada como ella.



Y, este mismo año, en “Body of lies”, haciendo de nuevo de mujer del Russell, esta vez gordísimo. Pero, una pregunta, ¿Qué tienen en común estas tres películas? Está muy claro, que están dirigidas por Ridley Scott. Y es que Gianina Facio, queridos lectores, es hoy la flamante esposa del director de Alien.



Y quien tuvo, retuvo. Aquí sale, también con su santo, esplendorosa a sus 54 años.



Si creéis que aquí se acaba la epopeya de Gianina Facio, os equivocáis. He dejado lo mejor para el final. En 1984, poco después de acceder a la fama mediática por sus líos con Junot y Julio I, José María Castellví, director que no parece haber hecho nada más, la contrató para protagonizar una película que me da vergüenza reconocer que recuerdo y que vi. Su nombre, “Poppers”. Habéis leído bien. Y aquí está su cartel.



Fuerte, ¿eh? Al loro los chaps del de la derecha, que creo que es Miguel Ortiz, que luego ha presentado montones de programas caspa de TV. También salía Alfredo Mayo. Y la banda sonora tenía canciones de la primera época de Alaska y de Radio Futura. Y cómo son la tipografía y el diseño del cartel. La película de la movida, vamos. Qué total.

Lo que más me sorprende de todo esto es no haber leído nada al respecto de "Poppers" en ninguno de los mari-blogs, porque no me digáis que no tiene tela. Sólo he encontrado detalles en un blog que se dedica a la caspa, no al camp, y que os ahorro. En fin. De lo que me alegro es de que mi búsqueda me ha servido para encontrar a una drag queen de nombre ideal, “Mary Poppers”, casi tan bueno como el de mi querida Chumina Power. Iba a colgar un vídeo suyo, pero es que la pobre es muy mala sobre el escenario, al ponerse nombre artístico se le agotó el talento. Os dejo que vuestra curiosidad os lleve a buscarla por los basureros del ciber espacio.

Quien sabe, quizá dentro de 25 años alguien escriba un post en un blog (¿Habrá blogs en 2035? ¿Los leeremos?) sobre ella. Por cierto, la idea de escribir este post me vino porque en mi oficina tenemos una guarda de seguridad nueva que se parece a Vaitiare, otra novia olvidada de Julio Iglesias. Pero dejo que el recuerdo de ésa se pudra en la memoria. Es que lo polinesio, como que no. Pero Gianina, divina, claro que sí.

Necesito más olvidadas. Candidatas, please.

martes, 2 de junio de 2009

Guilty Pleasures: "Muy pronto hay que triunfar", de Enrique

Yo siempre fui un chico con dudas. Siempre. Y eso, por mucho que uno resuelva las más acuciantes, o por mucho que le cuente a todo el mundo lo que todo el mundo ya sabe, perdura. Por eso llevo como un mes dándole vueltas a esta entrada y dudando: ¿guilty pleasure o lo peor de todo?

La respuesta me la ha dado mi adorado amigo Manolo el israelita, a quien he citado previamente en este blog pero que, hasta ahora, no ha sido lector del mismo. Espero empujarle hacia él, quiero decir hacia mí, con esta entrada que he resuelto gracias a él. Qué galimatías. Va por ti, Manolo.

Vayamos por partes: Enrique, con Ana o sin Ana, con Pozo o sin él, es lo peor de todo. Y, como diría una ex amiga llamada Ana Chumi (cómo se puede llamar alguien así... en fin), además de verdad. Desde "amigo Félix cuando llegues al cielo" hasta sus apariciones en la telebasura más chunga, no ha hecho más que demostrar que es un personaje perfectamente deleznable y hacernos la vida un poco peor a todos. Bueno, pobre, no le conozco y a lo mejor es buena gente, quién sabe. Tiene un nombre bonito, así se llamaba mi abuelo. Un apellido extraño. Decían que en los primeros 70 vivió en Los Ángeles con David Hockney, quien le dedicó alguno de sus retratos de chicos desnudos en la piscina, pero prefiero creer que no es así. David Hockney tiene muy buen gusto.

Antes de Enrique y Ana, antes de Enrique del Pozo, hubo Enrique a secas, cantante de canciones infantiles que se sacó de la manga ésta que, a pesar de todo lo que he contado, entra en mi panteón de Guilty Pleasures más absolutas.


¿No os encanta? Es una canción buenísima. Los acordes de la estrofa, el ritmo machacón del piano es fabuloso. El estribillo, tan pegadizo. Sobran las voces de los muñecos, eso sí. Y luego está el "qué bonito, qué bonito" que, imagino que sin quererlo, ha perdurado los más de 30 años que hace que esto salió al mercado y se escucha fin de semana sí y otro también en los campos de fútbol (y de otros deportes) de toda nuestra geografía. Vale, vale, él es estomagante, los muñecos aborrecibles, el modelito azul "estafeta" votimivo, los pasitos de baile insufribles. Pero ¿y la canción? ¿no es un joyón?

Aquí es donde entra en juego Manolo el israelita porque él es quien me ha recordado de dónde sale este temazo. Manolo, por cierto, es de las pocas personas que tenía en su colección de discos, hace 21 años cuando le conocí, a Sergio y Estíbaliz en versión disco-chochi, a Bibi Andersen pre-Fernández con su "touch my erotical zones", a los New Trolls y mucho Ana Belén (nadie es perfecto). Tener ese tipo de música ahora es bastante común, hace 20 años era titánico. Al colgar yo la canción de Enrique en mi nueva cuenta de Caralibro él, entusiasmado, inmediatamente me recordó que la versión original era de Carol Bayer-Sager, quien co-compuso muchos de los éxitos de Burt Bacharach y tuvo un éxito propio con esta canción que, en su versión inglesa, se llamaba "You're moving out today" (o sea, que te des el piro, bonita) y que llegó a lo más alto de las listas británicas a mediados de los 70. Igual que "Save your kisses for me", vale, pero no importa, ésta nos gusta mucho más.

Me siento generoso, y Enrique, con o sin Ana, dentro o fuera del Pozo, debería estarme agradecido, porque pudiendo haberle tildado de lo peor, como hice con el probre Gonzalo, lo he elevado a una guilty pleasure y con todas las de la ley. Ahí está con Sergio Fachelli o Paloma San Basilio y otros más que vendrán. Si es que lo mío es la generosidad. Aunque, bien pensado, como el interesado lea esta entrada me va a meter un pleito... Me da igual. Al contrario que él, en el extremo opuesto de la naturaleza humana, se encuentra Manolo, la única persona (la única, de verdad) que le cae bien a todo el mundo, de quien nadie nunca ha dicho nada que no sea positivo. Lo más grande.

viernes, 15 de mayo de 2009

Antropofreak

Qué buen título para una película, un libro o un blog, ¿verdad? Además no requiere traducción, funciona en casi todos los idiomas. Debería registrarlo. Aunque seguro de que ya lo está. Demasiado bueno para que se me haya ocurrido a mí, que yo si que ando justito de talento. Mejor no lo googueleo. Que me decepciono.

¿Qué cómo se me ha ocurrido? Pues pasando la mañana del día de San Isidro en Madrid solo en casa, sentado ante la pantalla de un ordenador, leyendo y comentando blogs, viendo vídeos en Youtube, contestando a los comentarios de la entrada anterior, comiendo cheetos en homenaje a Britney. Estoy solo este puente en Madrid porque mi chico se ha ido unos días por trabajo a EEUU. A mí antes se me daba muy bien estar solo, pero ahora ya no tanto, la verdad. Hasta el punto de que en momentos como éste me interesa más el mundo virtual que el real. Pero sólo hasta que el mundo real me ofrece cosas de tipo, digamos, antropofreak, algo que el virtual no ofrece.

Yo tuve en la facultad un profesor de derecho penal muy bueno que siempre nos decía que “la realidad supera a la ficción”. Había organizado un grupillo de alumnos de tipo experimental y nos ponía un montón de casos prácticos a resolver, muchos de ellos algo grotescos pero siempre verídicos. Recuerdo muy bien el de una viejecita que en los años 50 ó 60 envenenó a su marido, lo acostó una vez muerto en la cama, durmió abrazada a él, lo descuartizó a partir del día siguiente, fue dejando trozos de su cuerpo en papeleras de su barrio (¿una salidita a la calle? pues se llevaba una bolsita con un pie, una oreja o un omóplato) y se guardó de recuerdo la cabeza en una caja de galletas. Le daba pena tirar la cabeza, confesó compungida cuando al final la pillaron. Qué haría con las partes pudendas, uno se pregunta. ¿Y con los intestinos?

Pues eso, que la realidad supera a la ficción. Encontrábame yo ante la pantalla en la que salen escritas estas mismas palabras cuando veo por el rabillo del ojo a través de la ventana un grupo de gente vestida de chulapos y manolas isidriles llegando a mi plaza. Vivo en pleno centro de Madrid y ese tipo de demostración de localismo colorista se da mucho en mi barrio. Tiene su gracia, siempre que te dejen dormir por la noche, claro. Unos minutos más tarde escucho cantar a un coro. Me asomo a la ventana y no, no era la chica de ayer sino los chulapos y las manolas en corrillo cantando cancioncillas de tipo misa. Yo he ido muy poco a misa en mi vida, por ello soy incapaz de discernir con claridad si eran canciones de misa o no, pero esa impresión me daba. Además, como cantaban muy bien, estaba todo muy ensayado y hasta hacían parte de la instrumentación “a capella”, deduje que tenían que ser gentes de bien. Daba gusto.

Justo cuando me volvía hacia mi pantalla mágica (al no estar mi marido monopolizo su Mac de teclado fluido y pantalla gigantesca) vi que en un piso al otro lado de la plaza estaba un chico, con el balcón abierto, haciendo yoga. O taichi. Cómo me gustó el chico, oye, nunca antes había reparado en él, una monada con su barbita, su pecho peludín al descubierto (llevaba pantalones de deporte, malpensadas) y sus movimientos tan lentos. El punto James Stewart de la situación añadía mucho interés, porque yo soy más fijón que mirón, pero cuando me pongo, me pongo. Mirando y admirándole me encontraba cuando salió su novia y se puso entre medias, hablando por teléfono y fumando en el balcón. Qué ordinaria. Qué poco me ha gustado, tenía pinta de marimandona. Seguro que no se merece un chico tan guapo y sensible.

Me volví a lo mío, a mi pantalla y mis blogs. Pasan unos minutos y, dejándome llevar por la cancioncilla del coro (para entonces ya había un corro de gente a su alrededor, aplaudiéndoles y animándoles, además del típico grupo de turistas holandeses gordos filmándolo todo) me doy cuenta de repente de que la música me suena. Cantaban la melodía las chicas de voz más aguda, los bajos marcaban ritmo y los demás, las voces intermedias, hacían algo parecido a una instrumentación. Yo pensando: “Esto me suena, esto me suena...”. Y justo me doy cuenta de que reconozco la canción cuando se juntan todas las voces y al son entonan: “A quién le importa lo que yo haga, a quién le importa lo que yo diga...”. Me levanté tan raudo como pude y contemplé la escena. Tengo que admitir que ya no me parecieron tan de misa, sobre todo cuando comprobé que dos chicos, uno con barba, alto y delgado y otro rechonchete y con mucho pelo, ambos con gafas, lanzaban al aire las manos abiertas y destapaban el tarro de las esencias de su pluma. Daba la impresion de que los zapatos de chulapo iban a convertirse en stilettos de tacón en un momento total “Rocky Horror Show”. En realidad era un momento antropofreak.

Por un instante pensé que esto era obra de Pasaelmocho. Quienes seguimos su egregio blog sabemos que el Sr. Mocho está en proceso de composición de un “grand opéra”, llamada “Zitronella”, y de verdad que pensé que esto, tan bien cantado, tan bien ensayado (porque estaba ensayado y bien preparado que te cagas) podría encajar en esa obra magna, que por lo que cuenta me da que va a ser un cruce entre Cavalleria Rusticana, Jenufa y Dinorah (pero sin la cabra). Como no tengo el honor de conocer en persona al señor Mocho intenté identificarlo (siguiendo los indicios que deja en su blog), pero su papel natural en este montaje habría sido el de director del coro y ese puesto estaba ocupado por una gorda líder de pro (escribiré pronto sobre la gorda líder, lo prometido es deuda). Aunque no quería quitar ojo al espectáculo de la calle me volví un segundo a la pantalla y comprobé en su blog que el Sr. Mocho se encuentra, como todos los residentes de Madrid con dos dedos de frente y al menos 50 euros en el bolsillo, fuera de la ciudad. Es decir, que no podía ser obra suya. Una lástima, habría podido invitarle a una limonada. Otra vez será.

La verdad es que los miembros y miembras del coro eran por lo demás de lo más variopinto, había todo tipo de edades, tamaños y condición. La situación me recordó por algún motivo a otro momento antropofreak que viví hace como un cuatro de siglo en la celebración de una primera comunión en una iglesia “bien” de un barrio madrileño con muchos posibles. El convite fue en la sacristía de la iglesia, organizado por unos curas muy bien dispuestos, que se desmelenaron, literalmente, cuando la DJ (una monja con toca marrón) puso “Like a Virgin” de una tal Madonna. Edificante. También me recordó al día que mi amiga Anabel montó a un grupo de curas a un escenario a hacer una coreografía al son de “Fresas salvajes” de Camilo Sesto. En Mozambique, que tiene aún más mérito.

Me está gustando esto del antropofreak, fíjate. Igual hasta doy comienzo una nueva serie de entradas. Podría hablar en ellas, por ejemplo, de los tipos que se ven en los aeropuertos. Es que no me puedo creer que aún no haya escrito sobre aeropuertos, si me paso media vida en ellos y se ven las personas más interesantes, a la par que disparatadas. Si es que voy sin rumbo.

martes, 7 de abril de 2009

Devoción por el sistema decimal

A mi chico le encanta contar una anécdota de Borges. Hallábase, al parecer, el escritor (ya mayor) en el funeral de una conocida cuando se le acercó una señora, muy compungida, quien le expresó su pena tanto por la muerte de la finada como porque ésta había fallecido con 99 años, pocos meses antes de haber cumplido 100. Borges, de nuevo al parecer, le contestó: “Veo que es Usted, señora, devota del sistema decimal”.

Como mi chico es inglés, aunque no es necesariamente devoto del sistema imperial, pesa las verduras en libras, mide la cerveza y la leche por pintas, se mide a sí mismo en pies y pulgadas, tenemos una báscula en el baño que nos pesa en arrobas (cuando paso de 12, mal asunto) y le encanta recordarme cuantos peniques hay en un chelín y cuantos chelines en una libra, de lo que yo jamás me acuerdo ni falta que hace. Es todo muy divertido por lo absurdo que parece cuando estamos encadenados al sistema decimal de imposición napoleónica. Pero todo tiene su sentido: un hombre empieza a ser alto cuando mide seis pies. Pesar doce arrobas para seis pies de altura (que son las medidas por donde yo ando) parece tener casi más sentido que pesar 76 kilos para 183 centímetros (los que me conocéis: si no os creéis que mido 1,83, os enseño la cartilla de la mili; ¿que he menguado en los últimos 28 años?, quizá. Suena a excusatio non petita total, y es verdad, yo tampoco me lo creo).

¿Qué por qué cuento todo esto? Porque ésta es la entrada número 100 de este blog.

Creedme, jamás pensé que llegaría a tanto. Me sigo divirtiendo escribiéndolo tanto como al principio. Bueno no, me divierto mucho más ahora, porque estoy más suelto y me encuentro más libre. Cuanto menos me repienso las entradas, más comentarios tengo. También es cierto que trescientos gramos de Morgan Fairchild y cuarto y mitad de lo peor de todo hacen maravillas para los “ratings”. Por cierto, cuarto y mitad, que tanto se acerca a una libra, ¿cuenta como medida decimal?

Todo esto me hace pensar también en Stanwyck y Notorious, ambos de mi corazón, a quienes dedico esta entrada pues ven cómo este año el sistema decimal les hace pasar algún pequeño rato de incertidumbre, angustia, mal rollo o al menos pérdida de tiempo. Es sólo una cifra. En cuanto la pasas, te olvidas de ella. Por cierto, Polo celebraba hace poco su entrada número cincuenta, también va esto por él.

Me encantaría prometer 100 entradas más, pero del mismo modo que no pensé llegar hasta aquí, y eso que aún me quedan 5 meses para cumplir dos años en la faena, no estoy seguro de ser capaz de escribir otras tantas. Además ya llevo dos pájaras, que son inevitables, y alguna más caerá. Escribiré mientras me divierta y mientras tú, lector, mi semejante, mi hermano, sigas entreteniéndote aunque sólo sea un poquito.

Os dejo para festejar el aniversario con mi alter ego, Myra Breckinridge. Bueno, os dejo con los títulos de crédito de la película, que es mala en igual medida que la novela de Gore Vidal es buena. Pero mala o no, cuenta con Raquel Welch y sus piernas en plenitud, Mae West en decadencia y Farrah, jovencísima, en su primer papel. Y con Rex Reed como Myron, tan guapo él. Pocas cosas tan “camp” como esta película se encuentran, haceos con ella. Los títulos de crédito, al son de Shirley Temple, son un buen ejemplo. Yo creo que el camp, junto a la música disco, es en el fondo lo que más me gusta. Pero dejo el camp para otra entrada post-centenario, que debería escribir al alirón con Stanwyck (¿te apuntas, Darling?). Feliz pascua a todos.

lunes, 23 de marzo de 2009

El juego de Teodoro


No me resisto a ofrecer mis respuestas al juego que plantea Theodore y que consiste, para aquéllos que no hayan leído su entrada, en utilizar los títulos de las canciones de un artista/grupo determinado para contestar a una serie de preguntas sobre uno mismo. A mí no se me ocurre algo tan elegante como utilizar a Kate Bush, así que elijo algo patrio. Me temo que Ana y Johnny no dan de sí 10 canciones, y si utilizo a Camilo Sesto me salen unas respuestas aterradoras. Me voy por lo fácil: escojo a Alaska en sus múltiples existencias. Allá van las respuestas. Y los comentarios me los hago yo mismo, hala.

1- ¿Eres hombre o mujer?: UN HOMBRE DE VERDAD (sin risas, por favor)
2- Descríbete: REY DEL GLAM (eso lo dice el encorbatado)
3- ¿Qué sienten las personas acerca de ti?: DESEO CARNAL (¿hello-o?)
4- ¿Cómo describirías tu anterior relación sentimental? ¿CÓMO PUDISTE HACERME ESTO A MÍ? (no es cierto, más bien fue al revés, pero encaja muy bien)
5- Describe tu actual relación con tu novi@ o pretendiente: NO SÉ QUÉ ME DAS (qué bonito, el amor)
6- ¿Dónde quisieras estar ahora?: BAILANDO (me toca el miércoles por la tarde, me he apuntado a clase de aerobic latino, lo peor y lo mejor al mismo tiempo)
7- ¿Cómo eres respecto al amor?: OTRA DIMENSIÓN (la había pensado para la pregunta 6, pero lo meto aquí)
8- ¿Cómo es tu vida?: MIRO LA VIDA PASAR (esto lo dice el control freak)
9- ¿Qué pedirías si tuvieras un solo deseo?: LA DISNEYLANDIA DEL AMOR (pero sin Mickey Mouse, yo soy más del Pato Donald o de Pluto)
10- Ahora despídete: HAGAMOS ALGO SUPERFICIAL Y VULGAR (pues sí, al final de todo, es lo que cuenta).

Me encanta este tipo de juegos. La foto no tiene relación, es para despistar. Me habría encantado utilizar "Mi novio es un zombi" en las respuestas, pero nada más alejado de la realidad.

domingo, 4 de enero de 2009

Siempre me sorprende

Feliz Año Nuevo.

Según leo en la blogosfera, les van a dar un premio especial a The Pet Shop Boys, por su especial contribución a la música, en la edición de este año de los Brit Awards.

Aunque, como a todos, me encantan las quinielas previas a los Oscar y otras ceremonias de premios (y me encanta acertar en mis predicciones, y nunca acierto, por supuesto), siempre he pensado que los premios, todos los premios, son en el fondo una monumental chorrada. ¿En qué han contribuido especialmente a la música los PSB? Muy probablemente la industria musical británica les condecore por la cantidad de discos que han vendido, que es lo que de verdad cuenta. O quizá esté siendo muy cínico. Porque merecérselo, se lo merecen yo diría que más que nadie, pero dudo mucho de que se lo den por lo que de verdad lo merecen, la inteligencia de sus canciones. O Porque no hay ni una sola canción mala de los PSB. Las hay mejores, las hay peores, pero todas buenas. Quizá simplemente "toca". No lo sé. El caso es que se lo dan y a mí me alegra mucho porque, no creo que haga falta que lo diga, es un grupo que me gusta mucho.


Su primera grabación, West End Girls, fue un éxito brutal, número 1 en el Reino Unido, en los United y en medio mundo (aunque sólo después de un segundo lanzamiento, el primero, dos años antes, pasó sin pena ni gloria). Yo odiaba West End Girls. No la comprendía. No soportaba la voz de Neil Tennant, ni los cambios de tono mayor a menor. En aquel momento, principios de la segunda mitad de los 80, yo estaba en plena etapa musical, feliz tocando con mi grupo, sediendo de tecno-pop y de bossa-nova, aún loco por Duran Duran, mi grupo favorito de la década y quizá de todos los tiempos. West End Girls me parecía lo peor: pop barato con un envoltorio tecno, con una letra absurda y unos arreglos ya pasados.

Qué equivocado estaba. Su segundo single, Love comes quickly, era lo más. Sólo dos acordes, salvo al llegar al puente, casi al final, en el que añaden un par de acordes más y un arreglito de flauta sintetizada simplemente perfecto. Y la letra, como la de West End Girls (tardé en darme cuenta) era la mezcla ideal de banalidad y buena escritura. Se hundieron en las listas de éxitos, a nadie le gustaba. Qué cosas. Sigue siendo una de mis favoritas.



Es probable que ellos se tomen el premio que ahora les dan con el mismo parámetro cínico del que yo hablaba antes. De hecho, otra de sus mejores canciones, Opportunities, su tercer single, refleja como pocas la fatuidad de las épocas de dinero fácil. Sí, eso de lo que tanto se habla ahora. Qué joven y qué delgado está Neil Tennant en esos vídeos primeros. Y Chris Lowe daba aún la cara.



Yo les daría montones de premios a los PSB. Se los daría por componer canciones pop perfectas, casi todas ellas, se los daría por saber escribir de modo banal sobre cosas serias y por escribir bien sobre cosas superficiales, se los daría por saber utilzar los recursos de la música pop como pocos, se los daría por retratar los años 80 mejor que nadie, se los daría por tener un directo asombroso, se los daría por saber hacer canciones adultas aunque su público seamos unos infantiles, se los daría porque reflejan mejor que muchas obras más ambiciosas las complejidades y lo absurdo de la vida urbana moderna, sobre todo la de los homosexuales. Y se los daría por saber mezclar alto y bajo, lo profundo y lo intrascendente, "Che Guevara and Debussy to a disco beat".

Su mejor canción, al menos la que más me gusta a mí, no fue un single y no tiene vídeo, por lo que cuelgo aquí un YouTube sin imágenes que otro fan acaba de colgar. En el título de este post he traducido "It always comes a a surprise" como "Siempre me sorprende". Cómo me gustaría haber escrito esa letra.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Mitos Eróticos. Parejas

A veces los mitos eróticos me vienen en forma de pareja, y me resulta inevitable que me gusten ambos componentes de la misma, o que por separado no me gusten. O no me gusten tanto, no sé si me explico.



Yo no sé cómo lo hace pero Warren Beatty siempre tiene cara de haber echado el mejor polvo de su vida. Quizá sea cierto porque, como dijo Shirley MacLaine, ella es la única actriz de Hollywood a la que no se ha tirado, y ello debido únicamente a que son hermanos. El Sr. Warren ha tenido multitud de parejas, pero a mí me gusta en compañía de Julie Christie. Por separado me gusta casi más ella que él, juntos me parecen irresistibles. Beatty tuvo otra pareja espectacular, Michelle Phillips (de Mamas and the Papas) pero me quedo con Julie y su cara de estar esclavizada en la cama, y encantada. Me pregunto que será de la vida de WB, casado sexagenario con Anette Benning, ahora que ésta ha pasado a engrosar las filas de las deformadas por la cirugía (¿por qué lo hacen? Un retoque, vale, pero ¿cambiarse la cara entera para parecer la cuarentona que nunca fue?) Dejo una segunda foto de JC con WB barbudo. Aún más guapo.



James Taylor podría haber entrado en mi panteón de melenudos y, en su caso, bigotudos. Lo que pasa es que a mí JT me gusta sólo de dos maneras: cantando o en compañía de Carly Simon. Me ocurre un poco lo mismo que con la pareja anterior: me gusta más ella que él.

James Taylor, antes de quedar hecho polvo por la heroína, perder el pelo, divorciarse de Carly y hacerse mayor, limpio de drogas y predecible, era muy atractivo, muy de my gusto 70's. Pero es con Carly Simon, sus ojos transparentes, su boca inmensa, dientes peligrosos, melena espesa y, sobre todo, esa pinta de niña bien metida a hippy-moderna cuando JT reluce de verdad. De nuevo dejo una segunda foto.


Soy un pesado, lo sé, siempre dándole vueltas a lo mismo. Pero no me puedo resistir a incluir a Ana y Johnny, aunque ya les he dedicado más de un post y los he citado montones de veces. Es que la gente no me cree, pero mi despertar sexual se lo debo a ellos. De nuevo, me gustaban los dos a rabiar. Johnny era guapísimo, de eso no hay duda. La cicatriz del labio superior le daba además un morbo adicional muy especial. Ana era maravillosa, modosa y viciosa, con esa cara de niña buena, esa voz que no era de este mundo y que decía aunténticas barbaridades a grito pelado. De verdad, yo tenía poco más de diez años y ellos me hicieron darme cuenta de que el amor, el de verdad, el que se expresa por la entrepierna, existe y además da mucho gustirrinín. Me atrevería a decir que justifica nuestra existencia, pero hoy es domingo y estoy relajado así que no me pasaré de la raya.

¡Pobres Tina y Carmela! Eran la bomba. A mí no me gusta la rumba ni el flamenco. El flamenco no me gusta nada, no lo comprendo. Y sí, me molesta que por esos mundos se crea que todos los españoles llevamos en la sangre el flamenco y los toros (soy abolicionista, por supuesto). Pero Las Grecas marcan época. Y otras cosas también, con esos pantalones tan apretados. A mí me parecían lo más sexy que me había echado a la cara nunca. Y no, no son el típico "one-hit wonder", que también son responsables de "Anabalina", que es como la alianza de civilizaciones pero treinta años antes y, además, sin la barriga indecente de Moratinos. Es una pena que no haya más vídeo que éste, casero. "Salam Salam Maleikum Maleikum Maleikum Salaaaam", se desgañitaban las pobres. Y no es sólo lo musical lo que me gusta, que me encanta, sino todo el conjunto en sí, que exudaba un sexualidad que yo no comprendía pero sabía que estaba ahí.



Más bien al contrario, sí que lo comprendía, y qué bien lo comprendía, respecto a Starsky & Hutch. ¡Ay, qué recuerdos! Pegadito a pantalla me tenían desde un buen rato antes de que empezara la serie en nuestra TVE de los 70.
Por cierto, hago un inciso: el mejor regalo que me hicieron por mi reciente cumpleaños, fue un ¡Hola! del año 75. ¡Gracias mágicas, Anabel! Todos los que estábamos de festolín nos pusimos a leerlo enfervorizados, sobre todo al llegar a la programación de televisión. La primera empezaba a las 13:45 y cortaba a las 16:30 para volver a empezar a las 18:45. No había otra cosa (bueno sí, tres horitas de noche en el UHF, la 2). Así hemos salido algunos. A lo que estaba: yo me apalancaba ante la tele antes de los títulos de crédito, no me fuese a perder el nanosegundo de secuencia en que salen ambos en la sauna con toallita y pistola. Hombre, en realidad a mí me gustaba Paul Michael Glaser. A David Soul lo veía más como para chicas, de hecho cu cancioncilla del verano fue un himno de fans y a mí aquello no me gustaba nada. De nuevo, por separado no les veía tanta gracia, pero juntos me resultaban irresistibles. El coche, los mafiosos negros. Qué tiempos. Dejo otra foto, que la he encontrado en los basureros del ciberespacio y me ha hecho mucha gracia. Espero que guste...

Termino ya. Y lo hago con la pareja protagonista de la mejor serie de televisión de todos los tiempos. Y quien diga otra cosa, que lo justifique.

Menuda secuencia de títulos. Barcos, Ferraris, tetas moviéndose al tuntún de los bongos (bueno, en realidad son Rototoms, pero no quiero pasarme de enteradillo), loros, flamencos, Jai Alai, bikinis, skyline, arquitecturas postmodernas. Y una música bestial. Al contrario que en Starsky y Hutch, los protagonistas, Crockett y Tubbs, no salen en la secuencia de títulos. A mediados de los años 80, yo ya era un chico mayorcito y no me valía cualquier cosa. Jamás me ha gustado el tipo "guaperas" a la Don Johnson, aunque haber estado casado, dos veces además, con la Griffith tiene mucho mérito. Philip Michael Thomas era muchísimo más atractivo, sin duda. Pero, de nuevo, tenían que estar juntos, en pareja. Por separado no me gustaban ni el uno ni el otro. Pero los trajes gris perla brillante con camiseta rosa recortada del uno, y las chaquetas cruzadas y entalladas, con buena hombrera, del otro, eran para mí un referente fundamental. Además, la serie era buena de verdad, con muchas referencias a hampas cubanas, corrupción policial, drogas de todo tipo, submundos varios (incluido "leather") y miserias de todo tipo. O sea, todo lo que me gusta. En la sexta temporada salió Jermaine Stewart en la serie, vestido con chaps de cuero blaco con flecos. ¿Qué más se puede pedir?
Por favor, que no haya menciones a secuelas cinemátográficas de S&H o de Miami Vice. ¿Cómo se pudieron atrever?

lunes, 27 de octubre de 2008

Mitos Eróticos. Morgan Fairchild


Tengo que hacer una confesión. No es bueno dejar que las cosas se queden en el armario, hay que salir de él. Por eso, aquí, ante mis queridos lectores, voy a confesar mi secreto más íntimo.

Tengo tendencias heterosexuales.

Es algo que sé desde pequeñito y aunque he luchado contra ellas denodadamente, siempre ha sido en vano. Y es que no lo puedo evitar. Cuando veo algunos especimenes femeninos se me despierta la libido y me pongo muy burro. Desde mi más tierna edad, consciente de la perversión que me invadía y que amenazaba con arruinar mi vida y la de aquéllos que me rodean y me quieren, quise que mi familia me enviase a un centro de reeducación sexual para frenar esas tendencias tan nefastas, tan condenables, tan feas. Pero no hubo manera, no se daban cuenta de nada y me dejaron crecer tan normal. Para añadir leña al fuego, y al igual que a nuestro ex presidente del gobierno, a mí me gusta la mujer-mujer. Nada de marimachos en pantalones. Eso se lo dejo a otros. A mí lo que me va es el tacón, la laca de pelo y de uñas, las sesiones de peluquería interminables, la ropa bien ceñida marcando curvas, los escotes de vértigo, el estampado de leopardo. El modelo putón, vamos. Sin ánimo de ofender.

Morgan Fairchild, reina de la televisión basura (la de verdad, no ese sucedáneo que nos dan ahora) era dueña de mis sueños post-adolescentes más húmedos e inconfesables. Barbie hecha carne y hueso, famosilla de medio pelo que nunca hizo nada de relieve pero era conocida de todos, se adelantó dos décadas a la tendencia estética actual, marcada sin duda por años de brega de drag queens y transexuales, de una feminidad exagerada, recauchutada, sin complejos. La Fairchild intervino, ente otras joyas de los años 80, en "Dallas" y en "Falcon Crest" como artista invitada y protagonizó dos series olvidadas… por algunos. “Flamingo Road” elevó temperaturas con escenas tórridas. Y “Paper Dolls”, monumento camp y, como Morgan, adelantada a su tiempo, nos dejó unos crédito de apertura inolvidables. Ambas series duraron poco en pantalla, una temporada escasa. Como diría la propia Morgan, las palomitas gustan a todo el mundo, pero el caviar sólo a unos cuantos.



Quien no vea los paralelismos con "Melrose Place" (Racine, el personaje de la Fairchild, es la precursora de Amanda, interpretada por otra de mis musas mujer, Heather Locklear, también superviviente de los grandes culebrones de los 80, que participó en "Dinastía") es que no ha visto mucha televisión. "Sex and the City" no habría existido sin estas Muñecas de Papel. Ojo al reparto, entre ellos: Lloyd Bridges, ya jurásico, haciendo jogging metiendo la tripa; Dack Rambo, chulazo de impresión que desgraciadamente murió no mucho después de sida; Mimi Rogers, la primera señora de Cruise, gran bellezón a pesar de su mandíbula de bulímica; Nicolette Sheridan (sí, Edie Britt en “Desperate Housewives”, 25 años y mucha cirugía antes) en su primer papel. La trama importa poco: básicamente folleteo, abuso de poder, de sustancias y aprovechamiento de menores sin escrúpulos en el mundo de la moda. Todo muy inocente.

La Fairchild tiene en su haber varios momentos televisivos inolvidables: fue la novia de Sandra Bernhard en una par de episodios de “Roseanne”, formando la perfecta pareja butch-femme; y fue la madre de Chandler Bing en “Friends”, algo que en sí no tendría tanta relevancia si no fuese porque el padre del bobo de Chandler era Kathleen Turner. Gran momento camp (lo siento, me repito) de una serie algo tonta. Ya más en serio, a Morgan Fairchild le honra haber sido una de las primeras personalidades de Hollywood que se tomó en serio la lucha contra el sida, cuando la enfermedad aún no tenía nombre. Ella misma cuenta que empezó a ver morir a su alrededor a amigos suyos, hombres jóvenes y saludables que sólo tenían en común que eran homosexuales. Y supo que ahí había algo raro, que tenía que ayudar y se puso manos a la hora. Hoy sigue en ello.

Me encanta la foto que he colgado de Morgan Fairchild al principio de este post. Lo digo en serio, me sigue resultando muy atractiva. Si uno va a su página web puede comprobar lo bien que se ha conservado, es realmente impresionante. Claro, que es la ventaja de haber sido de plástico desde el principio. De plástico pero con un corazón (y unas tetas) de oro.

sábado, 4 de octubre de 2008

Mitos Eróticos. Karina.


Karina fue la primera.

Y el primer amor nunca se olvida.

Buscando fotos y vídeos en internet me ha sorprendido ver que, en contra de lo que yo recordaba, Karina tuvo sus mayores éxitos en los años 60 y su carrera estelar acabó con ese segundo puesto en Eurovisión en 1971. Iba a haber colgado algún vídeo de "En un mundo nuevo" que en el fondo es mi favorita de todas sus canciones (y Fangoria la ha versioneado al estilo PSB, deberían haber mantenido los arreglos orquestales), pero he preferido éste, en blanco y negro, donde se puede apreciar mejor la melena rubia y espesa, sus ojos claros, que me encandilaban, sus dientes perfectos y los pómulos desafiando la gravedad. Y además, por supuesto, su voz, su acento andaluz tan suave y su imagen, moderna e inocente a la vez. Modosa y viciosa. Ése es un patrón que se repetirá a menudo en mis mitos eróticos femeninos.

Lo que no puedo creer es que yo tuviese esa fijación con Karina con menos de 5 años. No tengo demasiados recuerdos de mi primera infancia, pero uno de los más claros e inolvidables es el "comediscos". Para los lectores más jóvenes, y aunque he puesto un enlace, contaré que el comediscos era un tocadiscos portátil a pilas, con altavoz integrado, que te colgabas del hombro y llevabas por donde quisieras, poniendo sólo "singles" que se introducían por una ranura. Era el colmo de la modernidad pop. A mí me echaban de todas partes porque iba con mi comediscos (rojo, por supuesto) a tope por doquier, poniendo sobre todo canciones de Karina. Tenía todos sus discos y los perdí cuando dejé que mi hermana se los prestase, hará ahora 20 años, a su amiga Isabel para una fiesta retro. No los volví a ver. En esa fiesta también perdí el primer EP de Alaska y los Pegamoides (sí, el del diorama con dinosaurios y barbies hecho por Costus) y el LP de Almodóvar y MacNamara. Sólo hay un idiota mayor que el presta un disco (o un libro): el que devuelve un disco (o un libro) que le han prestado.

Karina, que sobrevivió a un cáncer, se casó con varios hombres, al menos dos de ellos notorios homosexuales. Imagino que, como Judy Garland, debió sufrir lo suyo. Es curioso cómo muchas mujeres no son capaces de darse cuenta de que sus maridos son maricas. Aunque quizá sí se dan cuenta pero se dejan llevar por sus sentimientos sin pensar en posibles consecuencias. Es algo que todos hemos hecho. Han pasado muchos años, 40, desde el vídeo que he colgado, pero Karina aún sigue haciendo galas cantando sus canciones antiguas, su baúl de los recuerdos, y aún conserva sus ojos claros y, sobre todo, su voz, que no parece verse afectada por la edad.

Suena injusto, y probablemente lo sea, pero se me rompió aquel amor tan intenso como asexual cuando quedó segunda en Eurovisión. Ya lo he escrito aquí: lo que pude llorar aquella noche. Fue casi como una traición que no le perdoné. Qué bobo.

Bueno vale, cuelgo "En un mundo nuevo" en versión en inglés. Toma ya.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Mitos Eróticos

Doy comienzo a una nueva serie en este blog. Como el nombre de esta entrada indica, voy a ir desgranando los nombres de mi panteón particular de mitos eróticos.

Es difícil describir lo que entiendo por mitos eróticos. No me estoy refiriendo a personas, más o menos conocidas, que me producen un deseo automático de acostarme con ellas, aunque ése puede ser un criterio. Voy a enumerar y describir hombres, mujeres, parejas e incluso tríos, todos (medianamente) famosos, que por algún motivo han suscitado en mí y en algún momento una curiosidad de tipo sexual, erótica o afectiva. Es posible que lo hayan hecho por su estilo, como Jermaine Stewart, por su voz y la paz que transmite, como Christine Schäfer, por sus piernas interminables, como Sylvie Vartan, o por sus pectorales de acero como…. Mejor no doy más pistas.

Quien haya seguido este blog ya habrá leído algo sobre muchos de mis favoritos y favoritas. Procuraré ser lo menos repetitivo posible y no me extenderé hablando de aquéllos sobre quienes ya he escrito. Añadiré mucho humor (por favor, que nadie se tome esto demasiado en serio) aunque siempre habrá un punto de verdad en lo que digo, en todos los casos habré tenido un momento de debilidad por la persona, o personas, sobre quienes escribo, por increíble que pueda parecer. Llevo unos días trabajando sobre una lista, pero en ningún caso está cerrada. Y animo por supuesto a mis queridos lectores a que den su veredicto, siempre acertado, sobre mis seleccionados, y a que sugieran posibles nombres, a la vista de mis gustos, que pudiesen engordar la lista.

Hago una advertencia final: evitaré los nombres más típicos, las mujeres y hombres más deseados. No estarán Ava Gardner ni Rock Hudson, tampoco Matthew MacConaughey ni Jennifer López. No incluiré a Marlon Brando (al joven desde luego no, pero quizá al mayor sí) ni a Uma Thurman, mujer perfecta. Todos ellos me gustan y erotizan, y mucho, pero mi intención es, salvo excepciones, huir de lo que nos gusta a todos y, fiel a mí mismo, reunir un grupo que sea mezcla de caspa y glamour en igual medida, refinamiento de Hollywood y España cañí a partes iguales.

Lo más curioso es que quienes me erotizan de verdad, aquellas personas por quienes en ocasiones siento un deseo súbito, los verdaderos mitos eróticos que se ven pero nunca, jamás se tocan, son siempre extraños, hombres (y mujeres) anónimos que me cruzo por la calle, en aeropuertos, por Madrid o en alguno de mis viajes. Y siempre es un olor, un color, la textura de una prenda de ropa, un peinado, un sonido, o (¿por qué no admitirlo?) un buen culo lo que me atrae de ellos. A todos esos mitos eróticos anónimos y a todos mis fieles lectores, de quienes espero muchos palos y a quienes espero proporcionar muchas risas, estarán dedicadas todas las entradas que escriba en esta sección.

Qué bonito me ha quedado.

domingo, 31 de agosto de 2008

Fernando

Nunca fui un fan acérrimo de ABBA. Mucho presumir, hablar y escribir sobre los años 70, sobre todo su parte final, pero no puedo decir que los suecos estuviesen en mi panteón de artistas preferidos. Es posible que los considerase demasiado amables, demasiado fáciles, demasiado suecos. Y mira que es raro, porque con las letras tan insustanciales que tienen deberían haberme gustado a rabiar. Nunca compré un disco suyo hasta mucho más tarde.

Por fin he visto Mamma Mia!, la película, que me ha gustado mucho. No había visto el musical y no tenía ni idea sobre la trama, por lo que todo ha sido novedoso. Da la impresión de que se lo pasaron de maravilla filmando. Sobre todo Meryl Streep, que está desatada. Lo curioso es que, por mucho que no fuese fan de ABBA en su momento, no hay duda de que sus canciones marcan el hilo musical de toda una década. No creo que ningún otro grupo o artista, salvo los Beatles, haya conseguido lo mismo. Quizá mis renuencias en su época derivaban de la canción Fernando (que es como me llamo), que en su momento me ponía muy nervioso.



He respirado con alivio al ver que la canción no sale en la película. Reconozco que me gusta que sea Anni-Frid, mi ABBA favorita, la cantante principal de la canción en vez de la cursi de Agnetha (me van a caer palos por esto, lo veo venir), pero lo veo todo demasiado blandurri. No sé.

Hace ya bastantes años me fui una semana de vacaciones, solo, a Chipre. Eran momentos muy turbulentos en Oriente Medio y por ello conseguí por dos duros una habitación en un hotel de mega lujo en Limassol. El lío de Oriente Medio era tan gordo que en el hotel estábamos solos un matrimonio británico con dos niños, una pareja escandinava mayor y servidor, y aunque, además de diez piscinas y playa privada, había como ocho restaurantes, sólo abrían uno al día. Yo por las mañana me iba en mi cochecito de alquiler a explorar la isla o a la playa y por la noche regresaba al hotel y cenaba en el restaurante que tocara. Ayer, italiano; hoy griego; mañana, francés. Recuerdo que leí muchísimo esos días.

Una de las pocas cosas que no variaba en el hotel era el pianista, que amenizaba la sala de desayuno por la mañana, la piscina durante el día, el bar por la tarde y el restaurante de turno por la noche. Tenía un aire a Lee Curreri, el actor que interpretaba al pianista Bruno Martelli en Fama (película y serie), pero algo más gordo. Pelo largo y pseudo-afro. Camisa bien abierta enseñando pecho peludo. Pantalón demasiado ceñido. Tocaba canciones predecibles en versión vestíbulo de hotel, haciendo gorgoritos con su voz melodiosa (recuerdo mucho falsete a lo New Trolls).

El penúltimo día llegué pronto al restaurante, pero ahí estaban ya los demás huéspedes del hotel, esperando a que les sirviesen el rancho de turno (no había mucho donde elegir). Apareció al cabo de un rato el pianista, pero dudó y en vez de ir directo hacia su instrumento se acercó y me preguntó si se podía sentar a mi mesa. Le dije que sí, por supuesto, y me preguntó que de dónde era, que si era aristócrata (lo que me faltaba), que si no me parecía que el hotel era un horror, que él me podía enseñar Chipre como es debido, que en el mismo Limassol había unos sitios estupendos. Decliné amablemente pero él siguió a la carga. Se dio por vencido al cabo de un rato y me preguntó mi nombre. Error: se lo dije. Se vuelve hacia el piano, se sienta, entorna los ojos, me mira con embeleso y, para delicia de británicos y escandinavos (que sin yo darme cuenta estaban pasando el mejor rato de sus vacaciones), empieza a cantar, echando la cabecita y la pelambre hacia atrás: “Can you hear the drums, Fernando?”.

No es fácil cortarme. Doy fe que lo consiguió. Los niños británicos se revolcaban por el suelo de la risa. El chipriota, desmelenado, cantando a pleno pulmón, dedicándome su vida entera. Momento clave: se para, me mira y, “a capella”, sin acompañamiento de piano, dice “When we’re old and grey, Fernando”.

En fin, lo dejo aquí. Todavía hoy me pregunto qué habría sido de mi vida si lo hubiese dejado todo por un pianista chipriota que me idolatraba de tal manera. Probablemente estaría en Limassol fregando platos y molido a palos. Bueno, al menos no me importaría engordar, eso seguro. Pero estoy casi mejor como estoy.

miércoles, 30 de julio de 2008

Frantic Romantic



Para hablar o escribir sobre los años 80, tengo que abrir mi corasón.

Mi gran ídolo musical de los 80 es Jermaine Stewart. La primera vez que vi un video suyo me quedé absolutamente pasmado. La coreografía, los cambios de vestuario y, sobre todo, el pelo, largo y liso, como ningún otro hombre negro lo había lucido hasta entonces. Mili Vanili vendrían algunos años más tarde. La música no me impresionó demasiado, todo tengo que decirlo, pero cambié de opinión tanto por la atracción irresistible que sentí hacia su imagen como al ir descubriendo sus letras, banales y fabulosas en igual medida. "No me hables sucio, ten algo más de clase" decía en 1988 en la canción del clip que he colgado, "Don't talk dirty to me", escrita y producida por André Cymone, de la factoría de Minneapolis creada por Prince. No es en realidad un clip sino una actuación para un programa de la televisión alemana. El bailecito que se marcan es bestial, o al menos a mí me lo parece. Esa misma canción interpretaba en un episodio de Miami Vice, vestido con chaps de cuero blanco con flecos largos a los costados. Inenarrable. Irrepetible.

Jermaine es considerado hoy como un "one hit wonder". Empezó su carrera haciendo coros para otros artistas como Culture Club (en "Miss me Blind" se oye perfectamente su voz aguda y nasal) o el grupo post-disco Shalamar cuya cantante principal era Jody Watley, íntima amiga suya. Tras un primer disco de mediano éxito, consiguió un número uno en Estados Unidos en 1986 con "We don't have to take our clothes off", cuyo vídeo se puede ver haciendo click aquí. Es una canción muy pegadiza y algo insustancial, con un estribillo bastante cargante, sobre el amor en los tiempos del sida. Pero el vídeo es una maravilla. A fijarse en los cambios de vestuario, ni Diana Ross se atrevería a tanto, y en la coreografía. Sobran los toques más ochenteros, como la sobreimpresión de la chica y su liguero, pero bueno. Lo dirigió David Fincher, que bastantes años más tarde haría las películas "Seven", "Fight Club" o la estupenda "Zodiac" del año pasado. Nivel.

En su siguiente album, "Say it again", se rodeó de los mejores productores del momento, como el citado André Cymone, y pudo mantener cierto nivel de éxito, que sin embargo se fue desvaneciendo en el siguiente, y último disco suyo publicado, "What becomes a legend most?" que contenía una joya camp absoluta llamada "Holes in my jeans" y que es una oda a los vaqueros agujereados, una de las modas más abyectas que ha existdo y, por lo tanto, condenada a reaparecer regularmente. El álbum también contenía una canción escalofriante llamda "When sex becomes a religion", sobre el sida. Grabó un album más, "Set me free", que no llegó a ser publicado, y su familia ha lanzado recientemente un recopilatorio con éxitos y canciones inéditas, alguna realmente espléndida. En una ironía sumamente cruel, Jermaine murió de sida, en 1997.

Existe un club de fans de Jermaine Stewart, al que pertenezco y del que formamos parte unas 40 personas, aunque sólo un puñado de ellos (su hermano, alguno de los músicos que lo acompañaban) lo mantienen vivo, porque el caso es que aunque más de un millón de personas haya visto el clip de "We don't have to" en YouTube, nadie recuerda al artista. En dicho club de fans no se puede ni mencionar la causa de la muerte de Jermaine, el hecho de que fuese (digamos con cierta probabilidad) homosexual o, por encima de todo, los rumores que a finales de los 80 y primeros 90 lo relacionaban -sexualmente, quiero decir- con personalidades (masculinas) de mucha relevancia de Hollywood y del mundo del deporte de élite. Si alguien del círculo íntimo del club de fans llegase a leer esto y descubriesen que lo he escrito yo, me expulsarían del mismo. Es extraña tanta precaución, a estas alturas, pero supongo que habrá que respetarlo.

A pesar de que los años 80 son recordados en gran medida como la década de Michael Jackson, la verdad es que los artistas de color no lo tenían especialmente fácil en en mundo de las discográficas o en MTV. Salvo el propio Jackson, otros intérpretes negros de onda pop con toque disco o R&B lo tenían muy difícil para que sus vídeos fuesen programados con asiduidad y en horarios de gran audiencia, algo que Prince siempre denunció. Jermaine tenía un espectáculo en directo muy impresionante, con un plantel de músicos de primer nivel y sus dos fidelísimos bailarines, que salen en los dos clips que he colgado. El chico, llamado André, murió, también de sida, pocos días antes que Jermaine. La cantidad de talento que se ha llevado el sida por delante. Y la cantidad de vida. Asusta ver la ligereza con la que tantos se lo toman en la actualidad.

Pasé mi 30 cumpleaños en Nueva York, donde me encontraba por trabajo. Año 1994. El día en que cumplo años se celebra anualmente en Greenwich Village un curioso carnaval nocturno, algo parecido al orgullo pero todo mezclado con brujas y calabazas. Allí estaba yo, tan entusiasmado como extrañamente acompañado de mi hermano. Y fue mi hermano quien en un determinado momento, señalando a un hombre negro imponente y de pelo largo, me dijo "¿no es ése Jermaine Stewart?". No sabría decir si era Jermaine o no, porque no me atreví a acercarme y preguntar. Por lo general no me gusta ver de cerca a mis ídolos, entre otras cosas porque siempre decepcionan, pero en el caso de Jermaine sí me habría gustado conocerlo, en parte porque ahora sé que no le quedaba mucha vida pero sobre todo porque al parecer era una persona extraordinaria y, a pesar de ser una diva de cuidado, sumamente cariñoso con sus fans. El decía de sí mismo que era un "frantic romantic", título de su álbum de más éxito y de su mejor canción. Me consuelo pensando que prefiero quedarme con la duda a haberme equivocado de persona. O quizá no me habría equivocado y ahora estaría contando otra cosa, o quizá habría ligado, con él o con otro, que nunca se sabe.