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domingo, 23 de agosto de 2009

Respuestas proustianas

Millones de gracias a todos por participar. Muy en especial a Manuel, Theodore, Pandora, Pasa el Mocho, The Aloofness y Polo por las respuestas y por la sinceridad (que se pre-supone).

Me han impresionado muchas cosas: las virtudes elegidas por Aloofness, yo las había escrito casi igual, pero lo he cambiado para no decir lo mismo. Los héroes de ficción de Polo, con quien coincido casi al 100%: he dejado a Julien Sorel (¿cómo nos podemos identificar con un tipo así?) pero he quitado a Sancho Panza, para no ser idénticos; a cambio he metido a Iago, de Otello, el malo más realista de todos los tiempos. Mocho detesta a los fachas de izquierdas, qué puntazo (y el buenrrollitismo, que es LO PEORRR), me apunto, me apunto. Con Manuel comparto la idea de la felicidad perfecta; con Pandora, ídolos de ficción escritos por Nabokov (bueno, y tantas cosas más, o al menos eso espero, porque es perfecta). De Theodore me fascina lo escurridizo e inteligente de sus respuestas ("¿Cuál es tu idea de la felicidad perfecta? No preguntarme si soy feliz o no": toque magistral). Pero qué listo. Y además compartimos problemas capilares.

Bueno, pues se termina el juegucito. Aquí van mis respuestas:

1.- ¿Cuál es tu virtud favorita?

El sentido del humor; la bondad verdadera.

2.- ¿Cuál es la virtud que más valoras en un hombre?

Que no se crea que todo gira en torno a él

3.- ¿Cuál es la virtud que más valoras en una mujer?

Que no se crea que todo está en su contra

4.- ¿Cuál es la virtud más sobrevalorada, en tu opinión?

Las religiosas; la bondad superficial.

5.- ¿Cuál es el trazo de tu personalidad que más deploras?

La impaciencia

6.- ¿Cuál es el trazo de la personalidad de los demás que más deploras?

El desinterés, la desidia, la estupidez. Lo deploro en los demás y en mí mismo.

7.- ¿Cuál es tu idea de la felicidad perfecta?

Despertarme a diario abrazado al cuerpo calentito de la persona que corresponde mi amor. También desayunar al aire libre, en plena naturaleza, fruta fresca, fiambres, pan caliente, huevos, café recién hecho.

8.- ¿Dónde y cuándo fuiste más feliz?

Podría decir cualquier momento de los últimos 12 años, podría decir que esta última semana, en Ibiza (mentí, no estoy en el desierto sino en el norte de la isla de Ibiza, "en llegando" a Portinatx, muy aislados, eso sí), podría decir que aún no ha llegado mi momento más feliz. Como tengo que elegir, diré Londres, primera semana de septiembre de 1998.

9.- ¿Cuál es tu idea de la infelicidad más absoluta?

Mi vida tal como era hace más de 12 años.

10.- ¿Cuál es tu principal defecto?

La impaciencia. El machismo inefable que soy incapaz de sacudirme. Pero podría seguir y seguir y seguir...

11.- ¿Qué frase o expresión utilizas con más frecuencia?


“Lo peor de todo”, “lo peor”, “total”, “menuda guarra” (Notorious, que está calladita siguiendo el juego, seguro, añadiría que "chochazo" es la palabra que más frecuentemente pronuncian mis labios, pero NO es cierto).

12.- ¿Qué es lo que más te desagrada de tu apariencia?

El pelo. La lorza rebelde.

13.- ¿Qué es lo que más detestas?

La religión. Sobre todo, la creencia, impuesta por las religiones, de que no hay ética fuera de sus valores.

14.- Si pudieses cambiar algo de ti, ¿qué cambiarías?

Todo menos mi chico (que tampoco es mío mío), así que mejor no empiezo.

15.- ¿Qué o quién es el mayor amor de tu vida?

Él, ¿quién si no? El mayor y el único amor.

16.- ¿Quiénes son tus escritores favoritos?

Flaubert, Conrad, Stendhal, George Eliot, Edith Warton, Camus.

17.- ¿Quiénes son tus pintores favoritos?

Carpaccio, Mantegna, Caravaggio, Velázquez, Barnett Newman

18.- ¿Cuál es tu ocupación favorita?

Follar, leer, comer. Hacer planes. Escribir este blog está acercándose. Me encanta no hacer nada, pero sólo cuando tengo cosas que hacer.

19.- ¿Quién es tu héroe de ficción favorito?

Julien Sorel, Milou, Humbert Humbert, Iago.

20.- ¿Con qué figura histórica te identificas más?

Cualquier griego pagano y maricón de la época de Pericles. Iba a decir el Emperador Adriano, pero es un poco cursi.

21.- ¿A qué persona viva admiras más?

Gore Vidal.

22.- ¿Cuáles son tus nombres favoritos?


Los de mis perros (reales e imaginarios): Lulé, Lelo, Kiko, Tron, Bobo, Gaia. De mujer: Ana, Patricia, Laura. De hombre: Alonso, Enrique.

23.- ¿Cuál es tu color favorito?

El rojo.

24.- ¿Qué talento te gustaría tener?

Cualquier talento artístico, en especial dibujar. Hace años habría dicho saber amar, pero al parecer me han enseñado.

25.- ¿Cómo te gustaría morir?

Solo, sin dolor, y sin que nadie me eche en falta. La muerte me atrae muchísimo, me obsesiona.

26.- ¿Qué falta te merece más indulgencia?

Las causadas por la lujuria o la gula.

27.- ¿Cuál es tu estado de espíritu actual?


Contento, excitado.

28.- ¿De qué te arrepientes más?

No lo voy a contar aquí. Pero quizá por encima de todo de no haber sabido querer mejor a mi madre.

29.- ¿Cuál es tu lema?

Lo mejor está por llegar.

martes, 18 de agosto de 2009

Cuestionario Proust



Como dentro de una hora me voy a pasar unos días de descanso al desierto, y aunque me he cerciorado de que hay conexión a internet y me llevo el ordenador (sí, el que perdí pero luego recuperé), propongo un juego (sí, le copio la idea a Theodore, qué pasa) veraniego. Os va a gustar, que os conozco.

Seguro que sabéis (y si no aquí estoy para contároslo) que Marcel Proust, escritor francés que apenas salía de su casa y aún así escribía como los ángeles, se inventó en 1886, cuando aún era un chiquillo, un cuestionario de unas 30 preguntas con la idea de que amigos y conocidos lo rellenasen. Por su parte, la revista Vanity Fair (la de verdad, en inglés, versión EEUU, nada de Preysleres o Pés en la portada, please) utiliza desde hace 15 años su última página para someter a algún famosillo o famosilla a un "cuestionario Proust" algo distinto al original.

Así que he pensado, queridos lectores, hacer un batiburrillo (Stanwyck, nunca te agradeceré lo bastante que recuperases esa palabra tan maravillosa) y proponeros mi propio "Cuestionario Breckinridge-Proust". Omitiré, aunque bien me gustaría, preguntas de tipo procaz, pero si alguien quiere añadir a sus respuestas azúcar, que diría Celia Cruz (la pobre) o "spice", que diría Geri Halliwell, bienvenidos.

Respuestas. Sí queridos lectores, de lo que se trata es de que respondáis, con sinceridad (o sorna, pero mejor sinceridad) y con brevedad a las preguntas que aquí os formulo, ya sea en los comentarios a esta entrada o en vuestros propios blogs. Los más tímidos -o los más lanzados, que se puede interpretar de ambas maneras- me lo pueden enviar por correo electrónico (en la página del perfil hay un enlace). Yo publicaré, por supuesto, mis respuestas en algún momento de los próximos siete días. Daré tiempo a que lleguen respuestas. Avisad a vuestras cuñadas, vecinas, caseras, enemigas, amigas, empleadas, jefas y lo que haga falta. Polo, Coxis, aunque estéis de viaje, haced un huequecillo en vuestras agendas. Ésta es de esas entradas que harán historia en la blogosfera.

Allá van las preguntas. Las he manipulado un poquitín y las he dejado en 29, que es un número primo. He evitado la corrección política del vosotros/vosotras y he optado por no utilizar el símbolo @ para indicar que las preguntas se refieren tanto a mujeres como a hombres. Sabréis perdonármelo, espero. Tú también, Bibiana.

1.- ¿Cuál es tu virtud favorita?

2.- ¿Cuál es la virtud que más valoras en un hombre?

3.- ¿Cuál es la virtud que más valoras en una mujer?

4.- ¿Cuál es la virtud más sobrevalorada, en tu opinión?

5.- ¿Cuál es el trazo de tu personalidad que más deploras?

6.- ¿Cuál es el trazo de la personalidad de los demás que más deploras?

7.- ¿Cuál es tu idea de la felicidad perfecta?

8.- ¿Dónde y cuándo fuiste más feliz?

9.- ¿Cuál es tu idea de la infelicidad más absoluta?

10.- ¿Cuál es tu principal defecto?

11.- ¿Qué frase o expresión utilizas con más frecuencia?

12.- ¿Qué es lo que más te desagrada de tu apariencia?

13.- ¿Qué es lo que más detestas?

14.- Si pudieses cambiar algo de ti, ¿qué cambiarías?

15.- ¿Qué o quién es el mayor amor de tu vida?

16.- ¿Quiénes son tus escritores favoritos?

17.- ¿Quiénes son tus pintores favoritos?

18.- ¿Cuál es tu ocupación favorita?

19.- ¿Quién es tu héroe de ficción favorito?

20.- ¿Con qué figura histórica te identificas más?

21.- ¿A qué persona viva admiras más?

22.- ¿Cuáles son tus nombres favoritos?

23.- ¿Cuál es tu color favorito?

24.- ¿Qué talento te gustaría tener?

25.- ¿Cómo te gustaría morir?

26.- ¿Qué falta te merece más indulgencia?

27.- ¿Cuál es tu estado de espírtu actual?

28.- ¿De qué te arrepientes más?

29.- ¿Cuál es tu lema?

Copiad, pegad y rellenad. Es un poco largo, pero prometo que va a ser divertido. Por supuesto, no habrá comentarios a las respuestas, cada cual que diga lo que quiera que se le respetará. Si alguien quiere omitir una pregunta se tomará nota pero se aceptará.

sábado, 15 de agosto de 2009

La extraña pareja

Lo siento no puedo resistirme a colgar esta foto, que figura hoy en la portada del Financial Times.



¿No es la pareja más marica del verano?





El perro, Aldo, es de Medvedev. Una monada.



Y Putin (¿putón?), es el sugar daddy. Un poco fuerte para un país tan macho, que entre otras cosas prohíbe cualquier manifestación LGTB, ¿no?



Por cierto, que el principal titular del día en el FT, al lado de la foto que da inicio a este blog, es que la economía española se hunde aún más cuando se empiezan a ver novedades positivas en otras economías de Europa. Dice el artícuo que nos quedan al menos "dos o tres" años más de penuria. Algo distinto a lo que nos cuenta la prensa de aquí, me da la impresión. Aunque tampoco sorprende nada.

lunes, 10 de agosto de 2009

Agosto



Llevo muchos años pasando la mayor parte del mes de agosto en Madrid. Siempre ha sido un buen mes para estar aquí: supuestamente hace ya menos calor, supuestamente hay menos gente, supuestamente hay menos tráfico, supuestamente...

Las cosas han cambiado mucho, la verdad. Antes Madrid se vaciaba por completo durante la práctica totalidad del mes, pero ahora ya no es así, se queda mucha más gente. Lo achaco a tres factores distintos, que se superponen. El primero es que la gente no es tonta, ni yo el más listo de la clase. En Madrid en agosto, la verdad, se está muy bien, sobre todo porque el ritmo de la ciudad se relaja, tenga uno que trabajar o no. El segundo factor es el cambio demográfico de la última década: leo por ahí que más del 20% de la población de la ciudad es extranjera y los foráneos no tienen la obsesión por largarse en agosto (y una mayoría de ellos, además, no pueden si no quieren perder su trabajo, no lo olvidemos). Finalmente, está el turismo. Hasta hace relativamente poco a Madrid venía un turismo muy de fin de semana, de corte europeo-culto. Éstos siguen viniendo, pero también hay mucho jovencito en busca de marcha y paraísos artificiales fáciles, mucha familia italiana y francesa, mucha pareja de gays de mediana edad. Ya lo decía MacNamara: "Mucho guiry, mucho gay".

Este fin de semana pasado he estado en dos de los sitios que para mí significan el agosto madrileño. Son dos de mis sitios favoritos de la ciudad, como también lo son de tanta otra gente, no voy a descubrir nada nuevo.

El Jardín Botánico es uno de esos lugares que a uno le cuesta comprender que hayan perdurado en el tiempo. A punto estuvo de desaparecer tras la guerra civil, abandonado a su suerte. Pasaron décadas de abandono (nunca total, siempre hubo jardineros que lo cuidaron con sumo cariño, dentro de sus posibilidades) hasta que volvió a abrir, a finales de los años 70. Mi madre me llevó a visitarlo esa misma semana en que abrió de nuevo al público, y yo no he dejado de ir con regularidad desde entonces. Hace justo 20 años estaba yo en la fase final de mis oposiciones y me pasé todo el mes de agosto estudiando en los bancos del jardín botánico (y también en los del patio del Reina Sofía, sobre el que escribiré pronto). Siempre he estudiado tumbado, también me gusta leer en horizontal no sé muy bien por qué. Me llevaba mis temas, me tumbaba en un banco con sombra y ahí me quedaba. Entonces la entrada costaba un duro, ahora cuesta dos euros (es decir, en 20 años el precio se ha multiplicado por 64). Entonces estaba vacío en agosto. Ahora está lleno.

Hay algo muy satisfactorio en el jardín botánico y deriva de la continuidad en el tiempo. Fue creado como tal, con su diseño a tiralíneas, por los ilustrados del siglo XVIII y así ha seguido, atravesando todas las vicisitudes de una historia tan tumultuosa como la de esta ciudad, la de este país. Pocos jardines botánicos tienen un pedigrí tan noble: quizá sólo los de Florencia (con sus plantas venenosas), Palermo (con su ficus milenario), Oxford (tan cerca del campo de fritilarias silvestres) o el Physic Garden de Chelsea. Aunque agostado, como es de esperar en agosto, siempre hay algo en flor. Ayer había dalias y granados de doble flor, muy roja, los que luego no producen fruta. Los de la foto del inicio.

Mi otro rincón favorito del verano, del agosto madrileño, es la terraza de las Vistillas. Nos llevaba mi madre de pequeños al merendero, seguí yendo por mi cuenta con mis amigos Javier y Antonio cuando estábamos en la universidad y ahora, que vivo cerca, voy al menos una vez a la semana con mi chico, a quien gusta el lugar tanto como a mí. En las Vistillas uno se da cuenta de uno de los grandes lujos de esta ciudad, y es su proximidad a la naturaleza. Si uno mira hacia el noroeste, sólo ve árboles: primero el Parque de Atenas, luego el Campo del Moro, más allá la Casa de Campo, después el Monte del Pardo y al final la sierra. Si no fuera por la catedral de la Almudena (qué fea es la pobre, y eso que su cúpula encaja bien entre los chapiteles del Madrid de los Austrias), la vista sería aún mejor. En el merendero te sirven cosas muy básicas (pollo frito, tortilla, croquetas, conejo al ajillo), y quizá algo caras, pero todas buenísimas. Y tiene al mejor camarero que exista, Vicente. El otro día fui yo solo a tomarme una cerveza, estaba lleno y me puso una mesita extra para mí. Una chica que hacía cola le pidió que le pusiese otra a ella y Vicente le dijo que no, que es que yo era el dueño y por eso tenía el privilegio. Luego me tuvo que cobarar a hurtadillas para que no se diese nadie cuenta de que había mentido. Es lo mejor.

Las puestas de sol desde las Vistillas son inolvidables, sobre todo a finales de agosto, a finales de verano. Siempre lo digo, no hay luz más bonita, al menos en Madrid, que la de las tardes del final del verano, cuando todo se tiñe en una sucesión de colores fuertes, amarillo oscuro, naranja, rojo, morado. Las golondrinas se van a dormir y salen de paseo los murciélagos, con su vuelo errático tan divertido. La luz se va apagando, Vicente sigue sirviendo pollo al ajillo, sangría y tercios de Mahou, corre la brisa y en seguida se empieza a echar de menos tener una chaqueta a mano y yo me siento feliz de vivir en Madrid. Tanto más ahora, que me queda tan poco.

sábado, 25 de julio de 2009

En Nueva York (de nuevo)


Mucho trabajo, demasiado. Casi no me da tiempo a nada esta vez. Notorious y su chico me llevan a cenar a Harlem. Veo antes a sus niñas. Me cuentan historias de su verano, rápidas de mente y pizpiretas, fieles a su genialidad habitual. El taxi nos lleva junto al viaducto de las vías de trenes, en la parte alta de Park Avenue. Vamos a un restaurante marroquí. Cenamos pastilla, couscous (tiro la carne al suelo, soy un desastre) y kebab de cordero. Riquísimo. Y New York Cheesecake. En la calle, familias enteras sentadas en sillas que han sacado a la acera. Parece Bravo Murillo.

El otro momento de tranquilidad que me deja el trabajo me lleva a la librería Argosy. No me puedo creer que no la citase en mi lista de librerías favoritas en aquella entrada lejana de este blog. Un neoyorquino viejo me dice que el negocio tiene los días contados. Ocupa un edificio entero en una zona comercial de primera línea. A veinte metros de Bloomingdale's. Aquí compré una primera edición de Los Siete Pilares de la Sadiburía. Hace 15 años. Hace mucho menos le compré a mi chico una primera edición de "The Changing Light at Sandover". Primera y quizá última edición. En los 80 el mundo no estaba listo para una épica esotérica y apocalíptica, supuestamente dictada por espíritus a lo largo de varias décadas. James Merrill es un poeta injustamente olvidado. Quizá por ser un niño rico en un mundo de bohemios. Quizá por rimar sus versos a finales del siglo XX.

Y en Argosy acontece. Suena el teléfono. Es la llamada que ya no esperaba y que acontece aquí, en un lugar en el que me siento seguro, cuando me encuentro mirando grabados (a diez dólares) de retratos de generales ingleses olvidados y fotografías autografiadas de estrellas fugaces de Hollywood, tan fugaces que nadie, realmente nadie, las recuerda, o de jugadores de los Nicks y los Yankees de los años 60 y 70. En la sala principal de la librería, forrada de madera y verde oscuro, donde uno se siente tan a gusto, casi como en casa, suena el absurdo tono de mi teléfono y reconozco el número que llama. La voz del otro lado me da la noticia: todo cambia a partir de septiembre. Cambio de trabajo, de escenario, de hemisferio, de vida. No me pongo a dar saltos porque no me parece oportuno, aunque estoy seguro de que las maravillosas y cultísimas dependientas de Argosy no habrían puesto mayores pegas. Llamo de inmediato a mi chico y se lo cuento. Sé que comparte mi entusiasmo aunque no lo exprese. Al fin y al cabo, es inglés.

Empieza el cambio.

viernes, 10 de julio de 2009

Madrid

He aterrizado esta mañana en Madrid justo cuando amanecía, tras un viaje realmente agotador que me ha hecho odiar mi trabajo. Viendo con bastante pena el secarral castellano, las urbanizaciones de los suburbios sin terminar, la nube de contaminación y el extraño skyline de la ciudad, me he acordado de esta canción, que en su momento me gustó mucho, que acabé detestando (no es mi estilo) pero que por algún motivo ha venido a cuento.



A ver si escribo algo este fin de semana.

sábado, 23 de agosto de 2008

Ay... Astrud

En muchas ocasiones he dejado dicho en este blog que, como le ocure imagino a todo el mundo, es imposible disociar canciones de lugares, situaciones, momentos o personas. Cada vez que pongo los pies en Manhattan empieza a sonar en mi cabeza esta canción, Samba de Verano, tan banal como deliciosa. Pertenece a una época de optimismo y esperanza en el futuro, los primeros 60, cuando la realidad de la guerra fría y de la guerra de Vietnam aún no había calado en las conciencias occidentales. La bossa nova tiene ese poder, el de hacerte ver la vida con optimismo, hacerte creer que la felicidad existe, que en el futuro está el progreso y la mejora de nuestras vidas. Y que en las playas de Rio de Janeiro está todo lo que uno (o una) pueda necesitar para ser feliz.



Astrud Gilberto interpreta la canción, en versión en italiano ("Dammi un'idea") y sin el fabuloso solo de órgano de Walter Wanderley, en el festival de San Remo de 1967. Por cierto, vaya joya de producción, el plano largo inicial en el que se coloca el escenario es sencillamente espléndido. Qué poca voz tenía (tiene) Astrud Gilberto y sin embargo qué bien la utiliza. Hay que reconocer que los brasileños, sean del color o del sexo que sean, supuran sensualidad por todos los poros. Aunque, como a Astrud, los vistan de monja. Eso sí, menudo pelo. Uno de los comentarios que ha dejado un usuario de YouTube escribe "Ojalá las mujeres aún se peinasen así", y no le falta razón. Vi actuar a Astrud Gilberto en 1985, en un colegio mayor de Madrid. Era otra época, habían pasado 20 años y no estaba la inocencia, al menos aparente, de la veinteañera del clip, ni el pelo con diadema, ni la ropa de monja, sustituida por mucho negro ochentero apretado al cuerpo, ya más recio. Pero la sensualidad seguía ahí, intacta. Seguro que continúa hoy, otros 20 años largos después.

Hay otros Astrud, que también me gustan mucho, pero los dejo para un próximo post. Ya he regresado, a Madrid y a este blog, de mi periplo vacacional.

viernes, 24 de agosto de 2007

Final de verano

Buenos días.

No hay luz más bonita que la de las tardes del final del verano. Estos días, Madrid se vuelve naranja al caer el sol y se crea un ambiente entre surreal y psicodélico en el que da la impresión que puede ocurrir cualquier cosa. Ésta siempre ha sido mi época favorita del año, quizá porque la asocio a la vuelta al colegio. A mí me encantaba ir al colegio, nunca pude entender, ni puedo, a esos niños que prefieren quedarse en casa. A pesar de no estar abonado a la nostalgia, mis momentos más proustianos los tengo al oler libros o cuadernos nuevos.

Siempre me ha parecido que el año termina y empieza en este momento. La lluvia de esta mañana me demuestra que estamos al final del verano. Y como todo final, es el inicio de algo nuevo. Por alguna extraña razón para mí es el otoño, y no la primavera, la estación que marca el renacer. Será esa luz anaranjada y horizontal, la que se aprecia mejor que en ningún otro sitio en el merendero de las Vistillas. Aunque quizá sea más bonita la luz del amanecer invernal sobre el Báltico, tan blanca, tan frágil. Tan distinta.