Mostrando entradas con la etiqueta 80's. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 80's. Mostrar todas las entradas

martes, 8 de septiembre de 2009

La mirada lo dice todo

Estamos cenando en una cafetería, en silencio, mi hija, él y yo. La comida es insulsa. Le miro. No tenemos de qué hablar.

Salimos a la calle, volvemos caminando. El calor de la noche de agosto en Madrid es sofocante. La niña se quita los zapatos, yo los recojo. Él la monta a sus hombros. Se les ve tan felices.

Los miro, los observo. ¿Es ésta la familia que quiero? ¿Es ésta la vida que deseo? ¿Es esto la felicidad que anhelo? ¿Qué es esa música que suena en mi cabeza?

Están regando la calle. No puedo más con el calor, no me resisto y le pido al barrendero que me riegue.

martes, 1 de septiembre de 2009

Disco 1980

Estamos todos de acuerdo: 1979 marca el cénit de la música disco. Casi todos los grandes himnos del estilo musical que marcó la vida de tantos y tantos de nosotros, llevan esa fecha. Pero el disco no se agota en el último año de la década de los 70, sino que sigue vivito y coleando a principios de los años 80. Yo diría que algunas de las mejores canciones disco se publicaron entre 1980 y 1982. Y de eso precisamente trata este post.

No sé si fue en el blog de Stanwyck, Theodore o Polo que todos comentaron cuando fueron por primera vez a una discoteca. En mi caso fue, a punto de cumplir los 16 (y con el estreno de Pepi Luci Bom in the back of my head), en 1980. Discoteca: Caribiana, en la parte alta del Paseo de la Castellana de Madrid, que luego se convirtió en sala de espectáculos (Martes y 13, los Morancos, etc) y ahora es la tienda de informática del Corte Inglés.

Cuando entré sonaba esto:



El final del tema es muy conocido, "Relight my Fire", pero el inicio es lo que es bestial, levanta a los muertos. Vale, de acuerdo, es música publicada en 1979, pero los DJ de primeros de los 80 utilizaron esta música hasta la saciedad para empezar a llenar las pistas. En 1980 muchos grupos y productores utilizaban la misma fórmula que había elevado el disco a lo más alto, en ocasiones con resultados terroríficos, pero en otros con gran acierto.

The Whispers habían tenido un exitazo en 1979 con "And the beat goes on", y en 1980 nos regalan "It's a love thing". Eran un grupo vocal y de baile. Tengo que reconocer que me encanta el bailarín grandote barbudo y con el pelo afro (los cantantes bigotones clónicos dan algo de grima). La coreografía es maravillosa. Bueno, y me encanta la aparición de Dionne Warwick en el vídeo. Cómo se lo seguía pasando la gente, qué poco duró, qué pena. La estética era aún 70's.



En 1980, la gran diva, Diana Ross, se alía con los chicos de Chic y publica "Diana", uno de sus mejores álbumes, con bombas como "Upside Down", que ya colgué en su día, o este "I'm coming Out", con el rasgueo contagioso y frenético de guitarra de Nile Rogers y que no entiendo como no es el himno gay por antonomasia. Qué raros son los gays, elevando a Esther y a la hermana de Danii y olvidando a Diana. Whatever. Al loro el modelazo, las pieles y el divismo. Nadie le ha llegado ni a la altura del zapato. La música, por cierto, es en directo.



En su día, odié "Funky Town", de Lipps Inc, quizá porque encontraba que todo era muy falso, que no se divertían tanto como Sylvester, Chic o la propia Diana Ross, pero ahora no me puedo resistir a la canción. Estas chicas bailan mal, parecen sacadas (pobres) de una bar de carretera. La moda ya empieza a ser ochentera.



Los neoyorquinos The B.B.&Q. Band aparecían con su "On the beat". No hay imágenes, sólo música, una pena.



Y en 1982 se publica una de las mejores canciones disco de toda la era, "Forget me Nots", de Patrice Rushen , una música venida del jazz. La línea de bajo es espectacular, y aunque estemos en el año del Mundial de Naranjito, el espíritu es puro 1979. Brutal.



También el Funk produce en 1980 alguna de sus mejores obras, como este "Funkin' for Jamaica" de Tom Browne, que ha sido versioneado por uno de mis músicos favoritos de los últimos años, el japonés Towatei (con la colaboración de Les Nubians) y también lo fue por (¡horror!) Mariah Carey para la banda sonora de (¡pavor!) "Glitter". Interesados, pinchad aquí (Stanwyck, en el vídeo sale Mariah por triplicado).



Kool and the Gang, grupo irregular donde los haya, saca también en 1980 uno de sus mejores temas "Get down on it", cuya letra en discotecas españolas la gente tarareaba como "Qué cabrones" (del mismo modo que el "Give me hope Joanna" de Eddy Grant era en ocasiones "Chipirón, Joanna". Lo juro).



Pero el cambio en la música disco de los primeros años 80 lo marca un estilo nuevo, de ritmo algo más lento, con mucha influencia pop (algo que aportó Michael Jackson, a quien dejo fuera de este listado a propósito) que hoy llamaríamos R&B pero que entonces seguía siendo disco. Disco-Pop.

Shalamar fue un grupo fabuloso, encabezado por la divina Jody Watley (ya con hombreras) y con el bailarín Jeffrey Daniel, el que enseñó el Moonwalk a MJ, que produjeron este magnífico "Night to remember", aquí en directo. ¿Quién ese chico con pelucón y pajarita roja que hace coros al fondo? ¡Mi adorado Jermaine Stewart! (Nota para anglófilos: al inicio del vídeo sale, jovencísimo, ¡Jools Holland!)



Algunas luminarias del jazz y el soul se apuntan a la moda disco-pop con un poco de retraso pero con un éxito brutal. George Benson, guitarrista de jazz, arropado por Quincy Jones, da vida a "Gimme the Night", un joyón escrito por un compositor excelso, Rod Temperton. En el vídeo sale una sub-especie de la música disco (favorita de Stanwyck, Coxis -creo- y servidor), el roller-disco. Diversión sobre patines. Lo más. Pero no me enrollo con el roller-disco. Al igual que a Vicky "espasmódica" Larraz, me lo guardo para otra entrada.



Yarbrough and People nos dejaron este estupendo "Don't Stop the Music", con un tempo marcadamente más lento pero irresistible.



Aunque para irresistible y fabuloso, "Just be good to me" de la S.O.S. Band. El vídeo da saltitos de vez en cuando, una pena.



En el Reino Unido no se quedaban atrás y a principios de los 80 el batiburrillo afterpunk neorromántico produjo un hijo bastardo: los chicos de Imagination. O quizá debiera decir chicas, porque lo suyo es muy fuerte. "Music and Lights" es una maravilla. Al loro los modelazos. Ni Loco Mía se atrevieron a tanto. Y eso que a Loco Mía los vestían y estos chicos se vestían solitos.



Termino esta lista, que espero no se haya hecho demasiado peñazo, con algo que tenía preparado para una entrada de la serie "Lo peor de todo". Se trata de "Do you wanna spend the night" de Village People, que habían estado en el momento álgido de la música disco en la cresta de la ola y cuya casa de discos, quizá para demostrarle al mundo que eran un producto prefabricado de medio pelo, convirtió en new romantics e hizo grabar este horror, que ni es disco, ni nada. Pero ahí está para la posteridad.



Os regalo la portada del LP de los Village People "Renaissance" por si no os creéis lo del neo romanticismo. Sí, lo confieso, me compré el LP. ¿Qué pasa?



He decidido dejaros con buen sabor de boca. En anteriores entradas sobre música disco olvidé incluir una de las mejores canciones de aquella época, en este caso de 1979, pero que yo recuerdo de aquella primera noche en Caribiana. Este vídeo no tiene imágenes, pero la calidad del sonido es buenísima. "Heartache number 9", de Delegation.

domingo, 30 de agosto de 2009

Los peores vídeos de todos los tiempos: "Hawaii-Bombay" de Mecano

"Vosotros no me conocéis, pero siempre os he odiado"




Yo siempre odié a Mecano. Reconozco que me gustó mucho "Hoy no me puedo levantar" la primera vez que la oí en la radio, sonaba a grupo moderno, con posibilidades de estar más en la línea de los Pegamoides que en la de los Secretos, por ejemplo, pero a la tercera o cuarta escucha la voz tan desagradable de Ana Torroja empezaba a hacer un daño tal al tímpano que amenazaba con perforarlo. Luego los veías y te dabas cuenta de que todo era un montaje. Además, grababan con CBS, que era entonces como el anticristo del mundo de la música (Barón Rojo les dedico su memorable frase: "Tienes 11 años y pareces una vieja, vives prisionera de tus gustos ancestrales"), señal inequívoca de que todo era más falso que judas. Me colé en tu fiesta y Maquillaje corroboraron unos meses más tarde que eran lo peor. Pero lo peor de verdad, no lo peor de Breckinridge. Un asco, vamos.

He colgado este vídeo porque es, además de un horror, ejemplo de lo espantoso que era todo el concepto de Mecano. El buen rollito de Ana y José (más sobre José en los párrafos siguientes), Nacho haciendo de "malo rebelde" en este caso en plan "Joker meets Mad Max", las palabras al principio (qué horror, qué horror), la conversación en medio de la canción ("No me gusta que tu madre se quede sola"). Es todo tan ridículo, tan forzado, tan poco natural, tan feo, tan repelente, tan literal. Claro que la cancioncita es repulsiva.

A la hora de decidir mi peor vídeo de todos los tiempos no tuve duda de que sería de Mecano o aledaños. Sopesé la posibilidad de escoger el de la Fuerza del destino, pero Penélope me cae muy bien, la pobre; también revisé el de Japón, pero la canción, de puro idiota, tiene gracia. Y al final me di cuenta de que sólo podía ser de una canción compuesta por José María Cano. Porque todo lo peor de Mecano es de él.

Un poco loco, me río de janeiro, no es serio este cementerio, una rosa es una rosa, no hay marcha en nueva york, bailando salsa, el blues del esclavo, hawaii-bombay... ¿hace falta que siga? No sé si sabéis que cruz de navajas la escribió para... la Pantoja. No me meto en el otro territorio de JM Cano, el ñoño-sinfónico (aire, mujer contra mujer, me cuesta tanto olvidarte, hijo de la luna, tú) porque siempre me sale alguien que me dice que alguna de las canciones es buena. Puedo admitir a lo sumo que alguna es "bonita". Pero buena... No sé, a mí no me lo parece ninguna. Y si alguna música es decente, las letras, absolutamente insufribles, se lo cargan . Y si la letra es también pasable, la voz de la Torroja y su espantosa manía de decir "dijistes" y "vinistes" se lo cargan. Y si la voz es por una vez tolerable, te imaginas su imagen, en especial el pelo de la susodicha (ya sea la etapa estropajo o la lesbiana-butch) y ya deja de gustarte. Lo reconozco, les tengo mucha manía. Quien busque buen rollo o ecuanimidad, que no venga a este blog.

Claro que el ínclito Nacho Cano (que compuso la única canción de Mecano que de verdad me gusta: "El 7 de septiembre") también tiene su culpa. Por sus propias canciones ("Ay qué pesado", "Busco algo barato"... ¿tengo que enumerar más?) pero también por las compuestas para otros. Mi primer vídeo candidato al peor de todos los tiempos fue el de una tal Zanna que cantaba "Entra en mi cuerpo, sal de mi vida", de la BOS de la película "Sal Gorda" de Fernando Trueba. Pero aunque yo recuerdo un vídeo clip ad hoc, con la cantante revolcándose y toqueteándose sobre una cama en paños menores y perlas, ahora no lo encuentro, sólo imágenes de la tal Zanna, una rusa carnosilla, cantando sobre los títulos de crédito finales de la película. Se puede ver haciendo click aquí. Otra candidata era No controles, de Olé Olé, pero a Vicky Larraz me la guardo para otro post..., que me va a dar mucho juego.

Vuelvo a Mecano. A pesar de que los odiaba sin conocerlos, acabé conociendo a Nacho y José María cuando viví en Londres. Ambos se mudaron allá hace años. Al parecer, ni se ven ni se hablan. Al parecer, se odian a muerte. Los vi a ambos brevemente, por separado. Intercambié varias frases con cada uno de ellos. Uno me cayó muy bien, otro fatal. Adivinad.

Aunque no estudié en los jesuitas, a veces hago examen de conciencia y me pregunto si no seré demasiado malo con Mecano. Millones de personas que compraron sus discos, que fueron a sus conciertos en tantísimos países, que los veneraron, que han ido al musical Hoy no me puedo levantar, no pueden estar equivocados. A lo mejor son todo prejuicios de mi primera juventud, como tantos otros aún no superados, no resueltos.

Y entonces, en pleno examen de conciencia, me acuerdo de esto y me reafirmo.



Éste es un nuevo esfuerzo conjunto, coordinado y sincronizado de los blogueros más dicharacheros, Coxis, Polo, Theodore and Yours truly. No dejéis de visitar sus blogs.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Lo peor de todo: Voyage of the Rock Aliens

Dedicado a Theodore, el que más sabe de música y de cine. Lo mejor de la red.

Sí, el que más sabe, pero... ¿conocerá "Voyage of the Rock Aliens"?

Un cantante olvidado (por algunos...), Braulio, fue a Eurovisión hace décadas con una canción pesadísima que comenzaba con la rima "A veces, hasta sobran las palabras...".

Las palabras sobran. Os dejo con imágenes y música. Os dejo con Pia Zadora, con un maromo/chulazo/pedorro de pacotilla y con mucho trash. Disfrutad. Y comentad mucho, por favor, mucho. Lo merece.



Pues sí, tras los títulos de crédito viene un numerito musical que empieza con ostentación de braga (la última, por cierto, no lleva, y otra las lleva manchadas). Nadie, NADIE, fue ni será nunca tan perraca como Pia Zadora. No sabe actuar, ni cantar ni bailar. Pero menuda guarra. Sorry.



Aquí el macizo, Craig Sheffer. Yo llevé el pelo así, cuando tenía, pero nunca he sabido hacer el "head slide" como él. El altarcito que tiene en la taquilla del colegio, dedicado a Pia Zadora, no tiene desperdicio.



Modelazos y más modelazos. Y hasta el mostruo de lago Zadora.



Lucha entre el monstruo del lago Zadora y Jason con la motosierra. El montaje es de peli porno de los 70.



Los aliens descogelan a los humanoides. Los efectos especiales son tecnología punta. La rubia no tiene desperdicio.



Diálogo entre Pia Zadora y la rubia. Profundo. A la altura de Johnny Guitar.



Se me olvidaba. Es la película favorita de todos los tiempos de John Waters. Si alguien necesita a estas alturas saber qué es el camp. Aquí está.

sábado, 18 de julio de 2009

Madrid (II)

Dedicado a José.

Un acontecimiento inesperado me hace escribir esta entrada corta. José, uno de mis más queridos y viejos amigos, es lector de este blog. Me dejó su primer comentario en mi anterior entrada con el mismo título que ésta y me recordó un montón de canciones sobre la ciudad en la que nací, en la que vivo, de la que me fui, a la que volví, a la que siempre volveré aunque me vuelva a ir, que amo y odio en igual medida.

En 1987, cuando estudiaba en París, un cantante francés de origen hispano-portugués, Nilda Fernández, publicó una canción, "Madrid Madrid" que, escuchada más de 20 años después, me ha gustado mucho. Tiene un punto "chanson" francesa que no recordaba. La voz de Nilda es una maravilla. Advertencia: el vídeo, que no puedo encamar pero se puede ver haciendo click aquí, es casero, horroroso, hace repaso a monumentos madrileños y da comienzo (glups) con las vidrieras de la almudena, diseñadas por no se qué gurú neocatecúmeno. Puede herir vuestra sensibilidad, pero podéis optar por seguir leyendo y escuchar. Lo siento, es lo que hay en YouTube...

... aunque no lo único. El inefable Miguelito Bosé hizo una versión de la canción algún año después. Recordemos, estamos en ese momento que ya he descrito en entradas anteriores de cambio de década, de pelotazo económico, de mariocondismo, de creencia de que esto era el centro del universo cuando en realidad Madrid no era más que una nueva rica embutida en un traje demasiado ajustado al que le reventaban las costuras. Algo que ha sido y será siempre y que no deja de ser parte de su encanto, por otra parte. El vídeo de Bosé es terrorífico de lo puro pretencioso, en blanco y negro, con trasfondo bollo-Torroja y un final tan improbable como guapo es el acordeonista que roba unos segundos de imagen. Bosé tampoco estaba nada mal, pero ya había entrado en el camino equivocado.



José tiene un blog, Afinidades electivas, que ya está incluido en mi blogroll, muy bien escrito, culto y elegante, como él. Eso sí, no deja entrever su alter ego camp, la enigmática Loli Peral, que tanto me gusta. No os lancéis a elucubrar, mal pensados, José es exclusivamente heterosexual. Pero todos llevamos una Loli dentro, ¿no?

Gracias, José por recordarme este himno de 1981, perdido en los pliegues de mi memoria. Por cierto, el vídeo es casero pero fabuloso.

sábado, 4 de julio de 2009

Transformaciones

Estoy un poco cansado de los años 80, la verdad. En los últimos meses he estado metido (y os he estado metiendo, queridos lectores) en una especie de "time warp" ochentero y ya va siendo hora de cambiar de orientación. Imagino que revisitar los 80 es inevitable y que aún saldrán por aquí muchas cosas de aquella época, sobre todo del inicio de la década: no oculto que tengo en mente escribir sobre películas de entonces ("Liquid Sky", "Scanners"), tengo pendiente todavía algo sobre dúos de música tecno británicos, le he dado muchas vueltas a escribir sobre Bret Easton Ellis (con quien coincidí una vez en un WC... y no penséis mal), y algo caerá sobre la música disco de en torno a 1980. Pero, no sé, todo el mundo está metido en el mismo revival nostálgico y me está empezando a dar mucha pereza, por mucho que sea lo que conozco bien de verdad.

Así que, como los años 70 están igual de manidos y sobados, he pensado bucear un poco en los 90, que es una década con una identidad mucho más difusa, lógico teniendo en cuenta todo el batiburillo finisecular que se venía encima. [acabo de escribir "batiburrillo finisecular", este blog va por fatal camino]. ¿Y qué es lo que me viene inmediatamente a la mente cuando nombro los años 90? Pues qué va a ser, Melrose Place.



A mediados de los 90 yo hacía horario de trabajo hispano a la antigua, es decir, con parada de 2 a 5 para comer. Comía rápido y me metía la sesión doble que daba Tele5 de 90210 (ahí dormitaba) y Melrose Place. La sintonía, que es bestial, me despertaba del letargo, y las imágenes de Thomas Calabro ya me ponían a tono. MP es una sopópera clásica, con mala malísima interpretada por la heredera de Morgan Fairchild, Heather Locklear, una diva "trash" y una superviviente del celuloide como ha habido pocas. Mi personaja favorita de la serie era Sydney, la pelirroja putón que interpretaba Laura Leighton.

Cuando fui por primera (y única) vez a Los Ángeles, ciudad infernal que me espantó y a la que, sin embargo, me siendo atraído sin remedio, me puse como una colegiala histérica cuando me di cuenta de que iba conduciendo por Melrose Place. Empecé a buscar el patio de vecindad donde ocurría la serie pero, claro, no existe, todo era falso, se filmaba en un estudio. Aquel día acabamos comiendo una pizza infame en Frankie and Johnnie, en Santa Monica Boulevard, en cuya pared de vileda atiborrada de firmas de famosillos de medio pelo encontré la de mi adorado Jermaine Stewart. Aquí está la prueba.



Sólo he comido una pizza peor, en un lugar llamado Riihimaki. Os lo cuento en otro momento.

Si escribo sobre Melrose Place es en parte porque perdiendo el tiempo en YouTube el otro día encontré este vídeo en el que sale Marcia Cross (sí, Bree van der Kamp en "Desperate Housewives"). Interpretaba a Kimberly, una cirujana con trastorno bipolar que acaba poniendo una bomba en los apartamenteos donde vivían todos los protagonistas. Una joya. No recuerdo bien lo que pasa, pero me parece que en algún momento le hacen algo así como una trepanación y se queda calva, viéndose obligada a llevar peluca. En esta escena, ¡atención!, se la quita y enseña el cartón. En su momento fue lo más.



La serie era idea de Darren Star, que luego se sacó de la manga "Sex and the City" y además de Marcia Cross salieron de ella Doug Savant (Tom Scavo en "Desperate Housewives; su papel del enfermero Matt en MP es uno de los primeros gays de la TV más generalista) y Kristin Davis, que luego haría de Charlotte en "Sex and the City".

La verdad es que cuando vi el vídeo de la peluca se me ocurrió hacer una entrada sobre transformaciones de película (de ahí el título), como la de Schwarzenegger en "Total Recall" (joyón de los primeros 90):



Pero desistí de mi idea, demasiado complicado hilar tan fino con este calor.

En "Total Recall" también sale Michael Ironside, un actor secundario buenísimo que (casi) siempre ha hecho de malo malísimo. También hacía de las suyas, con el poder de la mente, en "Scanners", primera película de David Cronenberg. He aquí una muestra:



Qué mono. Pero me alejo de este camino, que me lleva a los 80 de nuevo y ya he dicho que no. Me quedo con el chico más guapo de los 90, o al menos uno de ellos, tan olvidado que no tiene cabida en mi serie recién iniciada porque de él nunca más se supo. Se llama Johnathon Schaech y era el cantante del grupo "The Wonders" en la película "That Thing You Do", la única que hasta ahora ha dirigido Tom Hanks. Alguna vez tendré que contar que me han confundido en ocasiones con Tom Hanks. Qué cosas. Aquí tenéis al Johnathon Schaech (vaya nombrecito) cantando la canción que da título a la peli, al loro los labios, los dientes, la nariz, los pómulos y las cejas. Si es que las cejas y los antebrazos son lo más sexy que hay.



Por cierto, que la cancioncita, si no fuese tan hiper-prefabricada podría tener su hueco en la lista de canciones pop perfectas... Me quedo con el buenorro de Johnathon (sí, con "o"), que sigue estando de muy buen ver, y con Liv Tyler, a quien siempre he encontrado tan maravillosa como irresistible.

En fin, que me ha salido una entrada de lo más rara, ya lo decía al principio, estoy en un "time warp" extraño. De nuevo, los primeros 80: "Warp", de New Musik, que hay que escuchar hasta el final. Polo, no te me quejarás...



Debido a viajes laborales múltiples pre-vacacionales y al extravío reciente del ordenador portátil utilizado en los mismos (me van a despedir, como si lo viera), este blog no se actualizará tan a menudo como me gustaría.

miércoles, 24 de junio de 2009

¿Olvidadas? Gianina Facio

Cuando empecé a escribir este blog, estaba fascinado por otro, Memorias a 45, que en algún momento dije que es el que me gustaría escribir. Dicho blog, que es maravilloso aunque va a fuego lento, tiene una sección de “Olvidados” en el que hace repaso a cantantes de los que (casi) nadie se acuerda, o a cantantes famosos que intentaron un camino previo hacia la fama, intento hoy olvidado. Todo esto viene a cuenta porque hoy inicio sección de ¿Olvidadas?, así, entre puntos de interrogación, porque aunque hoy se hable poco de las mujeres que por aquí desfilarán, son pocos quienes las han olvidado. Soy plenamente consciente de que han pasado por otras categorías de entradas de este blog mujeres que podrían estar en esta lista que hoy empieza, como Morgan Fairchild, Charlene Tiltón o Rachel Ticotín, pero ya sabéis que mis categorías y secciones son caprichosas e intercambiables, como yo. Habrá mucho lo peor de todo por aquí, y bastante “guilty pleasure”. Batiburrillo, como dice Stanwyck.

Gianina Facio (¿hay algún lector que no la recuerde?, me costaría creerlo) era una tía buena que tuvo un momento de gloria mediática a mediados de los años 80. Un fotógrafo le hizo unas fotos (muy acaramelada) con Philippe Junot, a la sazón marido de Carolina de Mónaco. Melena rizada y muy abundante, piernas larguísimas embutidas en unos vaqueros pitillo, botas con flecos. Carolina tardó muy poco tiempo en pedir el divorcio de Junot. No recuerdo si aún vivía su odiosa madre. Ah, ¿no lo he contado aún? Siempre odié a Grace Kelly. Y también al payaso Fofó.


Pero dejo mis odios inveterados e inexplicables y vuelvo a lo que iba. La Facio es de origen incierto, se decía entonces que era portorriqueña e hija de un embajador (mentira, Puerto Rico no es un estado, no tiene embajadores), también que tenía orígenes italianos, brasileños, nicaragüenses, de palacagüina o de Miami. ¿No os suena a cierta modelo-cantante que se pasó a todo el que pudo por la piedra y acabó de primera dama de un país vecino? Pues eso. Pero la Facio tenía cuerpo. Menudo cuerpazo se gastaba la tía, quizá el mejor de los años 80. Eso son pitones (Qué guarro soy, coño; y sí, también se le ve algo el parrús).


Al poco de la aventura con Junot y de las primeras fotos “picantes”, se lió con Julio Iglesias, recién divorciado de la Preysler y en su momento musical más dulce, el de la niña-mujer o el tropezón en la piedra. Qué hombre tan insufrible. Y tan feo, qué le verían. Para mí ese romance es el gran borrón en la carrera de la Facio que, como no había tanta telebasura como entonces, se vio obligada la pobre a trabajar y buscar fortuna en el cine. Dejo para más adelante lo que fue su obra magna y me centro ahora en unas imágenes de “Detective extra-large”. No, no es un porno (yo también lo pensé al leer el título) sino una peli, otra más, de Bud Spencer. Aquí la Facio luce palmito y se beneficia al guapo de Philip Michael Thomas, el compañero de Don Johnson en Miami Vice. No quiero ponerme pesado, pero fijaos (fijarsen) en el cuerpo de Gianina, es de escándalo. Los vestiditos ajustados con hombreras son, por cierto, muy otoño-invierno 2009.



Pero la historia de Gianina Facio no termina en los 80 y en unos romances con famosos varios, qué va. Como dirían Almodóvar, Macnamara y Theodore, un disco grabó y nadie lo compró. Estamos en los primeros 90, arrasa el sonido Ibiza-acid-petardo con piano machacón a lo Locomía y Gianina se apunta al carro y nos regala este “One Two Three Four” absolutamente horripilante. Principio suavecito y empieza la pachanga. Tampoco está tan mal, la verdad. Seguro que algún ex DJ que me lee lo ha pinchado alguna vez. ¿Alguien recuerda esta chungo-joya del trash más oscuro? Por cierto, este vídeo sólo ha sido objeto de dos comentarios por usuarios de YouTube y uno de ellos dice simplemente “GAY”. Qué cosas.



La buena (buenorra) de Gianina desapareció del mapa como llegó, aunque siguió haciendo pinitos cinematográficos. Con el cambio de siglo apareció en… ¡sorpresa! “Gladiator”, interpretando a la bella y sacrificada (literalmente) esposa del macizo (sólo, repito, sólo en esa película) Russell Crowe. Qué divina y sílfide estaba.



También sale, guapísima, en “Kingdom of heaven”, película tan olvidada como ella.



Y, este mismo año, en “Body of lies”, haciendo de nuevo de mujer del Russell, esta vez gordísimo. Pero, una pregunta, ¿Qué tienen en común estas tres películas? Está muy claro, que están dirigidas por Ridley Scott. Y es que Gianina Facio, queridos lectores, es hoy la flamante esposa del director de Alien.



Y quien tuvo, retuvo. Aquí sale, también con su santo, esplendorosa a sus 54 años.



Si creéis que aquí se acaba la epopeya de Gianina Facio, os equivocáis. He dejado lo mejor para el final. En 1984, poco después de acceder a la fama mediática por sus líos con Junot y Julio I, José María Castellví, director que no parece haber hecho nada más, la contrató para protagonizar una película que me da vergüenza reconocer que recuerdo y que vi. Su nombre, “Poppers”. Habéis leído bien. Y aquí está su cartel.



Fuerte, ¿eh? Al loro los chaps del de la derecha, que creo que es Miguel Ortiz, que luego ha presentado montones de programas caspa de TV. También salía Alfredo Mayo. Y la banda sonora tenía canciones de la primera época de Alaska y de Radio Futura. Y cómo son la tipografía y el diseño del cartel. La película de la movida, vamos. Qué total.

Lo que más me sorprende de todo esto es no haber leído nada al respecto de "Poppers" en ninguno de los mari-blogs, porque no me digáis que no tiene tela. Sólo he encontrado detalles en un blog que se dedica a la caspa, no al camp, y que os ahorro. En fin. De lo que me alegro es de que mi búsqueda me ha servido para encontrar a una drag queen de nombre ideal, “Mary Poppers”, casi tan bueno como el de mi querida Chumina Power. Iba a colgar un vídeo suyo, pero es que la pobre es muy mala sobre el escenario, al ponerse nombre artístico se le agotó el talento. Os dejo que vuestra curiosidad os lleve a buscarla por los basureros del ciber espacio.

Quien sabe, quizá dentro de 25 años alguien escriba un post en un blog (¿Habrá blogs en 2035? ¿Los leeremos?) sobre ella. Por cierto, la idea de escribir este post me vino porque en mi oficina tenemos una guarda de seguridad nueva que se parece a Vaitiare, otra novia olvidada de Julio Iglesias. Pero dejo que el recuerdo de ésa se pudra en la memoria. Es que lo polinesio, como que no. Pero Gianina, divina, claro que sí.

Necesito más olvidadas. Candidatas, please.

sábado, 20 de junio de 2009

La canción pop perfecta: "Is there something I should Know?", de Duran Duran



En un comentario reciente en un blog, Polo escribió algo que me dejó meditabundo y con lo que no puedo más que estar de acuerdo. La mejor música es la que uno escuchaba cuando tenía 20 años. Yo estaba a punto de cumplir los 20 cuando Duran Duran, el grupo que desbancó a Chic de lo más alto de mi panteón musical, publicó “Is there something I should know?”, canción pop absolutamente perfecta. Pocos grupos han sido capaces de producir una serie tan exquisita de canciones pop como los cinco de Birmingham, aunque desde un primer momento, quizá por ser guapos, quizá por ser descarados, quizá por sus veleidades neorrománticas, estuvieron bajo sospecha de ser un producto prefabricado e insustancial. Sospecha que desapareció con la publicación de esta maravilla, que fue, corregidme los que sabéis de estas cosas más que yo, su único número 1 en el Reino Unido.

“Is there something I should know?” es una canción perfecta se mire por donde se mire. El sonido es muy Liverpool, con guitarras arpegiadas, había una voluntad clara de parecerse a los Beatles; bueno, a unos Beatles renacidos y que utilizaban sintetizadores digitales, secuenciadores y baterías electrónicas. La estructura es la clásica de una canción pop, con estrofa, puente y estribillo. Como siempre en Duran Duran, la línea melódica y las armonías vocales son exquisitas. Uno de los trucos que usa el muy zorro de Nick Rhodes es dejar oir el secuenciador unos segundos entre el puente y el estribillo, algo que alarga justo antes del final, que es una auténtica sorpresa. Después de un puente instrumental fabuloso con un extraño solo de armónica, y después de una nueva parada con el secuenciador en espera, se lanzan los tíos a una versión distinta del estribillo, con ritmo y arreglos disco, una línea de bajo espectacular (John Taylor, antes de destrozarse a base de cocaína y Amanda de Cadenet, no sólo era una cara bonita, sino también un instrumentista de primera) y arreglos de cuerda al estilo Chic. La primera vez que oí esta canción (en el programa de Rafa Abitbol en Radio 3, me acuerdo como si fuese ayer), que no está incluida en ningún álbum, empezó dejándome algo frío pero al escuchar el estribillo final me puse a rezar porque la volviese a poner. Me quedé enganchado. Por cierto, el vídeo es estupendo, muy neo-geo, salen todos muy guapos (salvo Andy, el guitarrista, de dónde no hay no se puede sacar), en especial Roger Taylor, el batería, que siempre fue mi favorito, y utilizan imágenes de clips de canciones anteriores.

Duran Duran pulieron su estilo de tal modo que fueron ejemplo para muchos grupos de la época. Uno de mis “guilty pleasures” favoritos, al que no dedicaré un post específico pero dejo aquí para vuestro deleite es “Too shy” de Kajagoogoo, escrita y producida por Nick Rhodes, otra cancioncita pop deliciosa interpretada por el grupo de gente con peor estilismo de todos los tiempos y si no, comprobad el vídeo. Qué monos, ¿verdad?



Tampoco fuimos indemnes en nuestro país a la influencia duranita. Con toques new romantic con horchata, Glamour nos regaló una de las mejores canciones patrias de los 80, “Imágenes”. Aún más duranita era “Guarda tus lágrimas”, que ha desaparecido de YouTube, espero que regrese pronto y la cuelgo. Imágenes es un temazo y las posturitas del cantante de Glamour, impagables.



Sin embargo, la influencia de Simon le Bon, Nick Rhodes y compañía no se quedó en los 80. La que quizá sea la mejor canción de las Scissor Sisters, “The other side”, rinde un tributo nada oculto al sonido Duran Duran. El vídeo, casero, es gracioso, con imágenes de la serie Doctor Who. A Stanwyck le tiene que gustar fijo, le pone Billy Piper. Y Judy Garland, que habla al final.




Para mí Duran Duran marcan si no toda la década de los 80, al menos su primera mitad. Como decía al principio, sustituyeron a Chic como grupo de referencia, aunque el círculo de mis preferencias musicales se cierra unos años más tarde, con Notorious, el disco que les produjo a los chicos de Birmingham el gran Nile Rogers, líder de Chic. A la hora de escoger qué canción era más perfecta dudé entre la que titula y abre este post y ésta que lo cierra y cuyo vídeo encamo de daily Motion, porque YouTube se está poniendo imposible y no le dejan a uno subir un montón de cosas. Escucho las guitarras y el metal y me imagino a Ingrid Bergman y Cary Grant besándose en un balcón sobre la playa de Copacabana. ¿O era Ipanema?

lunes, 8 de junio de 2009

"Todo el día en Ras porque eres lo más"

Dedicado al Duque Don Manuel



No, no vuelvo a la nostalgia pero cierro el capítulo "movida" con este clip delirante de Almodóvar y McNamara que hace contínuas alusiones al Ras, mítico bar gay de Chueca del que también he hablado (quizá demasiado) en comentarios a posts propios anteriores.

Si cuelgo el vídeo es, además de para dedicárselo al Sr. Duque, recién incorporado lector y el único al que no he dedicado nada aún (creo), para contar la historia de la letra de la canción, si es que alguien no la conoce. En el estribillo, A&M cantan "Qué divina estás, qué sílfide estás, todo el día en Ras, porque eres lo más". Pero no es así, en realidad la letra tiene truco y lo que dice es "Qué divina es Tass, qué sílfide es Tass....". Y al final, ya sin claves semánticas, gritan abiertamentemente "¿Dónde está la Tass, dónde está la Tass?, uh-uh, la estás buscando tú, la estoy buscando yo". Y bien, ¿quién es la Tass?

La Tass es Miguel Ángel Arenas, conocido como Capi y personaje importante de aquellos años de efervescencia en Madrid. Hizo sus pinitos con la música ("un disco grabó, y nadie lo compró") de la mano de Tino Casal, pero rápidamente se dedicó al "management" de artistas, en plan lo que hoy hace el innombrable Vaquerizo. Es posible que me equivoque, pero creo que Capi formaba parte de un grupo de amigos de Carlos Berlanga conocido como las Pepis (la movida no era gay, qué va), donde estaban aspirantes a artistas (serios) como Marcos Ordóñez, Javier Pérez de Ayala, Javier Pérez-Grueso o el propio Pérez-Villalta de quien ya he hablado.

A lo que iba. Miguel Ángel Arenas, que de tapadillo había sido el manager de Los Pecos, consiguió en poco tiempo serlo también de.... ¡Mecano!, grupo en las antípodas del pegamoidismo más auténtico pero los que más discos vendían y más galas hacían. Un chollazo. No sé si alguno recordaréis un episodio curioso, pero un día del verano del 82, todas las radios y televisiones dieron la noticia de que Ana Torroja había muerto en un accidente de tráfico (terrible presagio del que sí sufrió, la pobre, hace unos meses). La noticia falsa se propagó como la pólvora y llegó a la mesa de la terraza del Teide, la más moderna del Madrid de inicio de los 80, en pleno paseo de Recoletos, donde estaba la troupe Almodóvar de marcha. Al enterarse, Capi, el manager, se puso histérico y se fue a una cabina a llamar por teléfono. Claro, no había móviles entonces. Al parecer iba y volvía a la cabina cada minuto, compungido por la noticia pero sin dejar la compañía de A&M y demás contertulios de noche, sin duda calurosísima, madrileña.

En una de éstas, después de ni se sabe cuántas llamadas, idas y venidas, Fabio de Miguel le soltó al Capi que con tanta noticia parecía la agencia (de noticias soviética) Tass. Típica genialidad espontánea de Fabio, el personaje más auténtico de toda esa época. Y Capi se quedó con la Tass. Y de ahí la canción del vídeo, sacado de un programa de TVE para niños, "pista libre".

Años después, Miguel Ángel Arenas fue, al parecer, el descubridor de Alejandro Sanz y sobre él escribió hace no mucho un libro, pero no creo que a nadie que lea este blog le interese un ápice Alejandro Sanz.

Esto parece el blog de Pe-Jota pero en petardo. Claro, que qué más quisiera yo que escribir el blog de Pe-Jota.

domingo, 31 de mayo de 2009

1979 (bis)

Bueno, pues ha llegado la hora de dar mi lista. Gracias a todos por participar y ser lo mejor. Empiezo diciendo que os mentí, la menos favorita es la de Leif Garret. Uno es petardo, muy petardo, pero no tanto.

Mi lista “Party like it’s 1979” es la siguiente:

1.- “Angel eyes” de Roxy Music. Es que posiblemente sea mi canción favorita de todos los tiempos, de verdad. Me vuelve loco.
2.- “Heart of Glass” de Blondie.
3.- “You make me feel” de Sylvester. Hoy ha sonado en el iPod cuando estaba en el gimnasio, y el subidón que me da es de escándalo.
4.- “My Sharona” de The Knack. Es la que realmente me recuerda al “summer of 79” que pasé en Estados Unidos. Y es buenísima.
5.- “Video Killed the Radio Star”, de Buggles.
6.- “Freak Out”, de Chic. Quizá sorprenda que esté tan bajo, pero es que a mí me gustan sobre todo las canciones que Chic compuso para otros, en especial Sister Sledge (ver Infra).
7.- “Super Superman”, de Bosé
8.- “London Calling”, de The Clash (no, no es la última, para nada).
9.- “Estoy Bailando”, de las Goggi Sisters. Nadie que me hubiese visto cantarla, bailarla e interpretarla anoche en la fiesta de cumpleaños de mi amiga Anabel se creería que esté tan abajo (las clases de Aerodance me están viniendo de cine, bailo mucho mejor). Claro, que también me desgañité con “Aire” de Pedro Marín.
10.- “Tragedy”, de Bee Gees.
11.- “Running on Empty” de Jackson Browne.
12.- “I was made for dancing” de Leifa Garret. Lo de Leifa suena fatal, ¿no? Pero es que parece una niña total. la canción está copiada directamente de Grease, claro que sí.

Como soy bueno, he decidido daros una propinilla, así que ahí va:

Dedicada a Stanwyck, que no se lo merece porque no ha participado pero que por otra parte se lo merece todo, “He’s the greatest dancer” de Sister Sledge, aquí en versión “live” no muy reconocible, pero el bailecito es bestial. Cantemos en coro: “Halston, Gucci, Fiarucci”.


Dedicada a Theodore, “Cars”, de Gary Numan. Te iba a regalar "Bright Eyes", pero como que no pega. Nunca hemos hablado de Gary Numan, pero algo me dice que te tiene que encantar, porque es lo mejor y porque la samplearon las Sugarbabes, que sé que te ponen (por cierto, chicas, ¿no creéis que Gary Numan tiene un aire, en mucho más feo, a Stanwyck? Espero que esto no genere comentarios sobre a quién me parezco yo, que lo de Josele Román ya lo teneís muy manido).


Dedicada a Coxis, para su cancionero coxiniano, “Su canción” de Betty Missiego. Menos mal que les dimos 12 puntos a los guapos chicos del Hallelujah y la Betty no ganó Eurovisión, porque yo no podría vivir con semejante lacra a cuestas. “¡Eh, mayor!”


Dedicada a Notorious, “Rosario” y “Toca el pito”, de Kaka de Luxe, en actuación en directo, unos años después (y todos como aburridísimos) en la Edad de Oro. Porque eres la más movidera de mis adorados lectores.


Dedicada a Pandora, “Where is my man?”, de Eartha Kitt. Es de 1984, pero no importa, el espíritu es total 1979 y es una canción taaaaaaan tuya.


Y la traca final, dedicada al Sr. Polo, el deseado por lo poco que se prodiga y como acicate a que nos deleite con más escritos, perfectos o no, “We are the 80’s” de Mabel. Cómo has podido acordarte de esto, no lo sé, pero tiene muchísimo mérito. Se merece una entrada en lo peor de todo con todos los honores, pero es tuyo, así que no lo copiaré.

miércoles, 20 de mayo de 2009

La canción pop perfecta: "Perlas ensangrentadas" de Dinarama + Alaska

Éste es el post que más me ha costado escribir. No entiendo muy bien por qué, la verdad. Lo habré empezado al menos 10 veces. Releía lo escrito, no me gustaba nada y lo borraba. Así que lo voy a escribir directamente en blogger y no pienso releerlo ni corregirlo, así que perdón por los gazapos.



"Perlas ensangrentadas" es, para mí, mucho más que una canción pop perfecta, que lo es. Siempre he pensado que es quizá la mejor canción pop escrita nunca en castellano, o al menos en España. Para mí, además, simboliza toda una época mucho más que las primeras películas de Almodóvar o las fotos de Pablo Pérez-Minguez.

La canción tiene un ritmo contagioso y unos arreglos fabulosos, con sintetizadores a la última (en aquel momento) y guitarra distorsionada. Fue un enorme acierto de Carlos Berlanga, cuando se fue de los Pegamoides y montó Dinarama, escoger músicos de estudio, en este caso el teclista Marcos Mantero (un oso andaluz que había tocado en Imán, grupo de flamenco-sinfónico pesadísimo) y el guitarrista Ángel Altolaguirre. El formato es sencillo: estrofa, puente, estribillo. Sólo seis acordes, no puede ser más básico. Muy buena melodía y un estribillo sumamente pegadizo. En la tercera estrofa desaparece la caja de la batería y la guitarra rítmica. La letra a mí me impresiona. Cómo se puede decir tanto (es un relato de Raymond Chandler casi minimalista) con tan poco. Además utilizan el nombre Renée, que me encanta y a quien yo imagino como una trans como dios manda. La canción tiene además algo que toda canción pop perfecta debería tener: un final perfecto, en vez del habitual "repeat to fade" que suele ser producto de la falta de imaginación de los productores de turno.

El vídeo es fabuloso. Carlos luciendo su mentón Hollywood, sus orejas de soplillo que le quitaban la gravedad de su expresión y su sombrero (que es más Haircut 100 o Scritti Politti que Bogart), y Alaska aún en etapa after-punk. Hay algún plano precioso, como el de la salida de los dos hacia el ascensor, con el hueco de la escalera a la izquierda y el pasillo a la derecha, que parece un espejo pero es por donde salen, todo muy Hopper en blanco y negro. Lo hizo Estoc de Pop, un programa de la TV3 catalana.

No soy quien para escribir sobre los primeros años 80 en Madrid. Yo cumplí 16 años a finales de 1980 y viví aquella etapa creyéndome que estaba en el centro del universo pero sabiendo que lo que pasaba en realidad es que un puñado de gente (creo que ya lo he escrito aquí, Nacho Canut siempre dice que no eran más de 50) con inquietudes creadoras y algo de talento se había sacudido complejos pasados y le echaban mucha cara a al asunto. Lo increíble es lo que ha salido de aquella época. No sólo canciones memorables, como ésta y tantas otras ("Groenlandia", de Zombies; "Branquias bajo el agua" de Derribos Arias; y, sí, "Chica de ayer" de Nacha Pop), sino artistas de primera línea, como Guillermo Pérez-Villalta y Sigfrido Martín Begué, quizá algo olvidados hoy de puro clásicos que son, o, por supuesto, Costus, en cuya casa empezó todo y que si viviesen hoy estarían, no tengo duda de ello, en el mismo altar que ocupan Jeff Koons, Takeshi Murakami y Damien Hirst. Por no hablar de cierto cineasta que lleva a cuestas dos Oscars y ni se sabe cuantos premios.

Carlos Berlanga y Nacho Canut son en mi opinión, y con permiso de los chicos de Astrud y de Guille Milkyway, los mejores compositores de canciones que ha dado este país. Me atrevería a decir que el verdadero genio, malgré lui, es Nacho Canut. Fangoria ha seguido una carrera con altibajos pero alcanzando en ocasiones cotas de calidad altísimas y es sin duda gracias a él. Las letras siguen siendo buenísimas, y las armonías también. Los bajistas tienen esa ventaja, que son los que marcan armonías y los que acaban encontrando las más bonitas. Es un personaje extraño, Canut, un cascarrabias tremendo con un optimismo vital envidiable, siempre mirando hacia adelante, negándose a caer en el juego de la nostalgia del que tantos otros supervivientes de aquella época siguen viviendo, arrastrándose por los escenarios sin material nuevo, repitiendo lo mismo de hace casi 30 años. Y no, no me estoy refiriendo a Antonio Vega. Su única concesión a la nostalgia es "A quien le importa", pero si dejasen de tocarla su público natural y más fiel les daría la espalda. No se lo perdonaría jamás.

"Perlas ensangrentadas" es de 1983 y los puristas dicen que para entonces la movida ya estaba muerta. Es posible. Depende de lo que se considere la movida. La explosión de creatividad sí, estaba terminada ya. La explosión de vitalidad no hacía más que empezar. En algún momento de los años 90 me di cuenta de que la movida, al menos para mí, era en realidad la explosión gay, la rebelión homosexual, la visibilidad queer. Almodóvar, Fabio, Pérez-Villalta, Martín Begué, Pablo Pérez-Mínguez, Manuel Piña, Berlanga, Canut, Bernardo Bonezzi, Costus, Eduardo Haro Ibars, y tantos otros, unos vivos, otros muertos, a manos del sida o de alguna adicción. Todos maricas, todos creadores excepcionales que dan sentido a toda una época.

Hace algo más de un año fui a la inauguración de la última exposición de Guillermo P-V en la galería Soledad Lorenzo. Llegué muy temprano, como también llegó muy temprano Almodóvar. Era muy tierno verlos a ambos hablando y riendo en un rincón. Me moría de ganas de pegar la oreja para oir de qué hablaban, los dos tan.... viejecitos. Es que no hay otra palabra. Sólo se dejaban interrumpir por alguna señorona botoxeada que les espetaba: "Ay Guillermito me encantan estos cuadros, son diviiinos, una monada! Pedro, cuántas ganas de que estrenes algo pronto, que ya lo echamos en falta. Estáis ideales y delgadííísimos". Algo que nadie se ha atrevido a escribir es que, con independencia del origen social o económico de los artistas, músicos o directores de cine, la movida (no encuentro otra palabra para referirme a esa época, lo siento), ese primer momento tan creativo, fue abrazada desde el primer instante por la alta burguesía y la aristocracia madrileñas. Las fiestas en honor de Andy Warhol, lo que todos veíamos como el momento de consagración de un movimiento artístico y de toda una era, las organizaron Carlos March y Alvaro Hachuel, no fueron en Rockola. Fernando Vijande, un galerista de arte conservador (que trajo precisamente a Warhol a Madrid y a quien también se llevó el sida) apostó por Costus cuando nadie daba un duro por ellos. Estas señoronas asumían que sus hijos eran y seguirían siendo modernos y maricas y por ello abrazaban esa modernidad que probablemente no comprendían pero que les sería más digerible si conseguían hacerla suya. Quizá también se creyeron que Madrid era el centro del mundo ("Y, dígame ¿dónde está la movida?" le preguntó la presidenta de Islandia al rey) y no querían dejar de dejarse ver.

O a lo mejor es que tenían tantas ganas de divertirse como las teníamos todos. Porque realmente fue todo muy divertido. Hasta para quienes lo veíamos a distancia pero con la mirada llena de ilusión, de admiración, de deseo y, por supuesto, de glitter.

viernes, 17 de abril de 2009

Lo peor de Todo: Gonzalo

Vamos a ver. Yo escribo un blog porque me gusta, me divierte, me sirve para dar rienda suelta a mis inquietudes intelectuales y aspiraciones literarias, bla, bla, bla. Pero no nos engañemos. Con la entrada sobre lo peor de todo recibí 36 comentarios. 36. Y mi media está en 5 ó 6, de los cuáles la mitad son míos. No es por nada, pero a uno le gusta tener un poquitín de éxito. Así que regreso a lo peor de todo. Inicio sección, de hecho. A ver si me suben los ratings. Coño.



La canción "Bellísimo" de Gonzalo es realmente lo peor. Tiene el mérito de que la compuso el propio Gonzalo, en una época en que despuntaban cantautores y cantantes melódicos. La línea de separación entre Luis Eduardo Aute (no dejéis de hacer click en el enlace, eso sí que es lo peor de todo) y Miguel Gallardo no estaba realmente tan definida, salvo por el barniz progre del primero. Gonzalo daba la impresión de estar un poco entre medias, cantante melódico pero con pretensiones de autor, a lo Camilo Sesto pero más moderno. O quizá estaba en la onda de Ana y Johnny.... No, no. Éstos están en otro panteón, mucho más elevado, ellos nos liberaron del pudor.

La cancioncita de marras, por la que Gonzalo es recordado (al menos por alguno, como yo) es tremenda. Ritmo lento, muy lento. La voz cascada a la italiana, que va subiendo. La letra es insufrible. A quien le interese puede ir a la página correspondiente de YouTube y está reproducida en su integridad. "Tu adiós de hielo me ha sonado como una piedra atada en el estómago". Ejem. "Salté volando hacia la luna, te hice gozar como a ninguna". Por supuesto. El estribillo remata la faena: "Soy bellísimo, soy bellísimo, a la mierda mi cuerpo si mi alma está sola". El "a la mierda" fue víctima de la tijera censora (estamos en 1977) y se quedó en "de qué sirve mi cuerpo". Más adelante sigue con el ego-trip: "me has deseado por mi cuerpo para exhibirme y pasearme". Es un poquitín fuerte, me parece a mí. Pero claro, tiene mucha gracia si no te lo tomas en serio. Sobre todo más de 30 años después.

La carrera de Gonzalo no se acaba con esta canción tan tremenda. En el año 83 participó en el maravilloso festival de la OTI, un año antes de que ganase Yuri, con este lindo tema que seguro que muchos recordáis: "Quién piensa en ti". Hacía 25 años que no escuchaba esta canción y me doy cuenta de que me sé la letra de memoria. De nuevo: ¡coño!



La verdad es que la canción no está del todo mal, tiene su gracia. Además la compuso de nuevo el propio Gonzalo, lo cual tiene su mérito. El modelito, pantalón de pinzas ancho, chaquetita torera con hombrera y pajarita roja, no tiene desperdicio. Muy de su época, la misma que Sergio Fachelli. O Iván. O el primer Pedro Marín. Era el momento del fenómeno "fans", impulsado por Miguel Bosé y sus mallas inolvidables. El sonido se iba por el disco-pop más chungo. Por cierto, ya que estoy con lo peor, recordaré que hasta Sergio y Estíbaliz se reconvitieron a la causa disco-chochi y cantando en inglés produjeron un engendro fabuloso, "Stay on the Line". Pasaelmocho lo colgó hace tiempo de su impagable web, y lo he encontrado en otro blog que recomiendo desde aquí, Flashback, de donde me lo he bajado. Eso sí que era lo peor de todo ("turup, turup, talk to me; turup, turup, talk to me") y Sergio da muestra de unas maneras de lo más sospechosas. Pero bueno, esta música y este estilo son lo que había, tampoco hay que darle más vueltas. ¿O sí? (Pandora, Stanwyck, los que aún estáis en Feisbuc, mandádle un enlace a Manolo el israelita, por favor, que le va a encantar pero no lee este blog).



Pero volvamos a Gonzalo, que es el protagonista. El mozo tuvo otro momento de fama, quizá su momento más dulce, pero no con su nombre, sino bajo el seudónimo de Bruno. Bruno es un personaje de un episodio de la serie Verano Azul, un cantante para quiceañeras con modelitos de traca, "el ídolo". Aquí va el primer número, al son de la canción "Te doy", embutido en un mono blanco divino y acompañado por el ballet Zoom. Muy edificante la definición de fans que se hace en el diálogo posterior. La canción tiene un puntazo, la verdad.



Pero si Gonzalo, de nuevo como Bruno, hace su entrada y permanece en el reino de lo peor de todo, es gracias a esta segunda actuación, con la canción "Soy como tú". Atención al pelito, la blusita con hombreras y, sobre todo, al paquete. Desde Juan Bau no se había visto nada semejante, y desde entonces casi tampoco, fuera del porno, claro. Hoy nadie se atrevería a tanto. Y esto era un programa para niños. Lo dicho, edificante. Me encanta la gorda líder que se salta la "velvet rope" (más bien "esparto rope") de seguridad.



En el fondo, pobre Gonzalo. No fue más que una víctima más de su compañía discográfica (creo que era Zafiro), que le vio ciertas maneras y cierto talento e intentó sacarle todo el jugo posible haciéndole reinventarse según soplaban los vientos. Como Madonna, vamos, pero con mejor pelo.

A ver, esos ratings. Empoderadme.

domingo, 12 de abril de 2009

Guilty pleasures: "Juntos" de Paloma San Basilio



Casi me da un pasmo el otro día al leer una de las últimas entradas de Stanwyck cuando vi que mencionaba "Juntos" de Paloma San Basilio, que es una de mis guilty pleasures más ¿inconfesables? Pensaba que se me iba a adelantar. Pues no, aquí estoy yo antes. Pongo lo de inconfesable entre puntos de interrogación porque la verdad es que es una canción preciosa que a uno le pone muy de buen humor, por tonta que sea. Podría estar perfectamente en mi otra lista, la de canciones pop perfectas, pero por algún motivo ha acabado aquí. Es increíble cómo se cruzan ambos conceptos. Y el de lo peor de todo, claro está. Ando de cabeza haciendo listas, se me pasan las canciones de una a otra y, sorprendentemente, no pasa nada. Por cierto, perdón por la desincronizacion del vídeo, que encontré en los basureros del ciberespacio.

Yo creo que es lo de "fumar un cigarrillo a medias" lo que se carga la canción, porque la mera idea siempre me pareció algo repulsivo. Claro, que el modelito de Paloma San Basilio en este vídeo sacado de un programa de TV de alguno de nuestros países hermanos latinoamericanos, es como para llamar a la polícía. No me queda claro si es vestido o mini-short, la verdad. Eso sí, en las colecciones de moda de esta temporada primavera-verano que acaba de empezar, había cosas muy parecidas a esto. Más delito aún tiene el estilismo capilar, sacado del catálogo de Carmen Maura en "¿Qué he hecho yo para merecer esto?". Pobres chicas, qué cosas les hacían ponerse. Y ellas encantadas, claro.

La canción es de principios de los 80. Yo entonces estaba con Alaska y Duran Duran, pero secretamente escuchaba esta canción y disfrutaba como un enano. No me compré el single (pero qué tonto fui) no fuese a ser que algún amigo me lo viese en casa. Porque en aquella época yo invitaba mucho a casa, no como ahora. Y la canción me sigue gustando tanto ahora como entonces. Por cierto, la grabó también en inglés, se encuentra el audio aquí. La letra dice: "Save me, I'm down on my knees, tonight is gonna be the night, he's a man of the world and I'm a very simple girl". Entramos en territorio lo peor...

Lo que no sé es si los chicos go-go que acompañan a Paloma en el vídeo son musculocas, marichulos, tíos buenos o locazas. Stanwyck, tú que eres más ducho en estas cosas, sácame de dudas, anda.

viernes, 10 de abril de 2009

Escaparates y fachadas: Almirante Seis



Almirante Seis es una tienda de ropa de hombre que está en el número 6 de la calle Almirante de Madrid. Su escaparate es elegante: líneas blancas muy puras, cristal a ambos lados, con una lámina curva en el centro del lado opuesto a la puerta, el derecho. Por dentro el espacio parece más grande de lo que es, en gran medida porque está limpio de estorbos, toda la ropa está pegada a las paredes y sólo hay una pequeña mesa con la caja y una silla situadas delante del murete de separación de la zona de probadores y la escalera que sube a lo que era la sección de ropa de mujer de Enrique P.

Y es que esta entrada tiene algo de trampa porque no es sobre el diseño de Almirante Seis, que es ciertamente bueno, sino sobre Enrique P, la tienda que ocupaba el local y para la que fue diseñado el espacio, creo que por Mariano Bayón. Enrique P era la tienda de ropa de referencia en el Madrid de finales de los años 80. Si uno se fija en los títulos de agradecimiento de las películas de Almodóvar de la época (ésas que yo critico, por mucho que las venere, por su estilo de “nuevo rico”) encuentra el nombre de la tienda.

Pero es que esa época se pareció, a menor escala, a la que acaba de terminar, fue el primer sorbo que le dimos a la cultura de consumo conspicuo y a las apariencias de la afluencia. Se abrían entonces los espacios de ocio Archy y Teatriz (con diseño de Philippe Stark, del que aún queda bastante, 20 años después), triunfaban los de la Rosa, Mario Conde y otros que, como los Barrionuevo y Vera, acabaron en la cárcel. Los pisos en ciertas zonas de Madrid alcanzaron por primera vez el millón de pesetas por metro cuadrado. Se construían la torre Picasso y las torres KIO (que estuvieron mucho tiempo sin acabar). La “movida” (que, como dice Nacho Canut –sigo teniendo pendiente escribir sobre él-, no eran más de 50 personas) llevaba ya muchos años muerta y había sido sustituida por la “marcha”, para la que no hacía falta talento, sólo ganas de diversión y que además ciertos polvos blancos de origen andino contribuían a amplificar. Valía todo, la cocaína, los desfalcos y el GAL. No éramos 50, sino muchos más, pero parecía que nos conocíamos todos.

La calle Almirante, la “rive gauche” madrileña le llamábamos, aún conserva de aquella época las tiendas Berlín y Ararat y, en portales distintos de los originales, las de Jesús del Pozo y Elisa Bracci, pero Enrique P cerró hará algo más unos diez años. Fue la tienda que trajo a Madrid la ropa de Antonio Miró, vendió o intentó vender la de Manuel Piña, introdujo en España por primera vez la ropa para hombre de modistos clave como Comme des Garçons o Romeo Gigli, quizá el único artista verdadero de la moda –y sobre quién también tengo que escribir algún día, sobre todo ahora que vuelve a diseñar. La tienda tenía el nombre de su fundador, Enrique P (siempre he pensado que Laura P, el personaje ficticio de La Ley del Deseo, adopta su misterioso apellido) y sufrió su primer revés cuando éste se lanzó al vacío desde el balcón de su piso, bastantes alturas por encima de la tienda, tras enterarse de que tenía sida. Su pareja, Javier, siguió con el negocio, ayudado por un dependiente fabuloso, Ramón, que acabó como tantos otros con serios problemas por consumo de sustancias psicotrópicas y que en su día me regaló cassettes (qué barbaridad, cassettes, no puede haber pasado tanto tiempo) con su música favorita, entre la que se encontraban las Hermanas Goggi y mucho, mucho chochi y aún más house, que era lo que sonaba en la tienda. Compraban ahí Bibi y Pedro, Fernando Vijande hasta que murió, Sigfrido Martín Begué, arquitectos, modernos y aspirantes a serlo, niños bien y algún colgado con buen gusto.

También sobrevive de aquella época Emilio, el mejor peluquero de Madrid, que tuvo su primer local en la misma finca de la tienda, justo encima de ésta, y luego llevó su salón, Xiquena, a varios locales hasta llegar al actual en Marqués de Monasterio. Quien esté en Madrid y necesite un corte de pelo, hombre o mujer, que no lo dude.

Me entristeció muchísimo cuando me enteré de que Enrique P había echado el cierre, debió ser en el año 96 ó 97. Una noche, hace ya bastante tiempo, me encontré por ahí a Javier, que ahora tiene otra tienda de ropa en la plaza de Chueca, de cuyo nombre no me acuerdo, quien me dijo que fueron precisamente esas marcas que a mí me gustaban las que le arruinaron. Nadie, salvo algún pirado como yo, las compraba. Y yo sólo compraba algún cinturón o pillaba las cosas caras en las rebajas tan estupendas que hacían (y Ramón me regalaba de todo cada vez que iba, comprase o no).

Precisamente hablando el otro día con Emilio mientras me cortaba el pelo (me dijo que tengo más que antes, cómo no le voy a querer) coincidimos con cierta sorpresa en que a ambos nos había gustado bastante, por no decir mucho, “Los Abrazos Rotos”. Y desciframos entre los dos algunas de las claves de la película, que sin duda tiene un aspecto “roman à clef” que sólo el autor conoce del todo: el financiero millonario que interpreta José Luis Gómez es en realidad uno de los empresarios que acabó en la cárcel a mediados de los 90 y que había colocado a su amante como actriz (pésima) en películas de directores modernos que él mismo producía. El personaje de Ochandiano está basado en el hijo de otro empresario (que se libró por los pelos y por la obra de dios, a la que pertenecía, de la cárcel), cuyo único objetivo en la vida era ser moderno y que ha terminado siendo dueño de una cadena de hoteles y apareciendo con frecuencia en el papel “couché”. No sigo, no sigo, que se me nota de quien estoy hablando y no me quiero ir de la lengua. Aprovecho para contar que lo mejor del pase en el que vi la película, eso sí, fue el comentario de una señora (muy) mayor que estaba detrás de nosotros y que, en medio de la escena del polvo de Penélope con JL Gómez entre las sábanas (que ocurre justo después de la de su polvo con Lluis Homar), comentó: “Pues sí que está atareada la chiquilla”.

Esto es tremendo, presumo siempre de no ser nostálgico y me descubro echando de menos muchas cosas de esa época, que siempre he recordado con mucho reparo, por no decir rechazo. Estoy en plan proustiano, esto se tiene que acabar. Tampoco soy tan mayor. Y voy a empezar a hacer fotos con una cámara, en vez del teléfono, porque salen horrorosas.

Escribo esto en un avión mientras escucho a Yvonne Elliman cantando “If I can’t have you”. Seguro que os parece bien. A mí me encanta, a la chica que está a mi lado y tiene que aguantar mis berriditos, no tanto.

miércoles, 1 de abril de 2009

Han vuelto

No sé cómo se desenvuelven otros blogueros a la hora de enfrentarse con una entrada nueva y una pantalla en blanco. Yo generalmente tengo varias cosillas empezadas, muchas ideas, algunas escritas en un cuadernillo que llevo siempre conmigo. La de hoy es una que tengo en el tintero desde hace tiempo.

Es absurdo, pero por mucho que tenga claras las ideas y haya escrito ya parte, me cuesta empezar una entrada nueva después de la anterior, que ha generado tanto comentario. Es como si tuviese ganas por un lado de intentar repetir el ¿éxito? y por otro de hacer algo completamente diferente para incluir un elemento de sorpresa. En fin. Lo postearé tal como me salga.

Stanwyck y yo, que somos muy pesaditos, llevamos muchos años ya, demasiados, abonados a la teoría de La Prohibida de que los años 80 no han vuelto, que en realidad estamos en un revival permanente del final de los 70. Pero me temo que esa teoría ya no se tiene en pie. Han vuelto. With a vengeance.



Esas lindas imágenes corresponden a la colección otoño-invierno 2009 presentada por Marc Jacobs hace unas semanas en Nueva York. Como se puede comprobar, han reaparecido hasta las hombreras y los pelos cardados (Chantal, ¡pionera!), que en el fondo es lo que quedaba por volver. Cuando vivía en Londres, allá por el cambio de siglo, empezaron a verse de nuevo chicas con calentadores a lo Flashdance. Qué simpáticas. Luego empezaron a aparecer los cortes de pelo a hachazos y los chicos con coletillas de cuatro pelos a lo Miguél Bosé en su etapa posmoderna. Qué bonito. Después vinieron los pantalones pitilllo y los vaqueros con agujeros (mi idolatrado Jermaine Stewart tenía una canción bestial, "Holes in my jeans"; era 1987). En los últimos dos años han reaparecido, con furor, los leggings. Yo no entiendo como las mujeres pueden pensar que les queda bien algo tan espantoso que lo único que hace es poner en evidencia todos sus defectos, además de marcar "camel toe". Ellas sabrán. Y ahora, drapeados, hombreras y pelo cardado.



Las chicas de la colección de Nicolas Ghesquière para Balenciaga al menos no se han cardado el pelo, pero hombreras y drapeados sí que se han marcado. Tiene gracia, vi esta foto de la colección de Balenciaga el día después de haber visitado la exposición en el Prado (muy recomendable, por cierto) de arte pre-rafaelista del Museo Ponce de León de Puerto Rico. Todo eran drapeados, los de Burne Jones y los de Lord Leighton. Como también los de las esculturas clásicas de la otra exposición del museo, todavía más recomendable, de los fondos del museo Albertinum de Dresde y los propios fondos escultóricos, fabulosos y no muy conocidos, del Prado.

Siempre he pensado que las modas que vuelven son las más feas. Quizá sea porque hay una moda clásica y más bonita, de mínimas variaciones, que siempre está ahí y nunca cambia. A mí me fascina la moda, como me fascinan las décadas y nuestra tendencia innata a compartimentalizarlo todo. Sigo las colecciones con absoluta fruición, sobre todo las de mujer, claro, que las de hombre son siempre cosas imponibles para chicos anoréxicos y muy maricones de 15 años. Me gusta sobre todo esa mezcla de creatividad con fecha de caducidad de origen. Lo que vale hoy ya no valdrá en seis meses. Debe ser tremendo trabajar con tanta presión, sabiendo que lo que haces ahora no valdrá nada en poquísimo tiempo y con la presión de toda una industria que no va a perdonar que no hayas sabido captar el "zeitgeist", lo que te pide la calle, la señora de la Moraleja y la cajera del Sepu a quienes, en el fondo, les gusta lo mismo. Ahí está la clave, en gustar a todas.

A pesar de esta fugacidad creativa tan extraordinaria, identificamos décadas con corrientes de moda concretas. Pero no tengo duda de que las hombreras que vuelvan (y no es que vuelvan, es que nunca se han ido del todo) ya no serán lo mismo. Los leggings ahora se llevan con faldita por encima. Los pantalones pitillo no son tan kale borroka como lo eran en los 80. Bueno no sé, me siguen pareciendo horribles, quizá porque mis muslos son los pilares de la patria y no me los puedo permitir.

Y sigo sin encontrar los mocasines granates con borlas. Voy a hacerle una foto a la caja vacía (y llena de polvo) para que veáis que algo queda. Pero los debí tirar en un momento de lucidez y de triunfo del capitalismo. Total. (Qué palabra tan Patty Diphusa, ¿verdad? Es que en el fondo los 80 son lo mejor).