domingo, 2 de diciembre de 2007

Ellas también necesitan amar (III)

Me doy cuenta al escribir y releer que las canciones van unidas a lugares y, resulta inevitable, a momentos importantes. La época más bonita de mi vida fue el largo proceso de enamoramiento, que empezó hace ahora casi con exactitud diez años, se desarrolló a distancia durante casi dos años y me hizo la persona que soy hoy, amante de la vida, a gusto en mi piel. Esta etapa está marcada por diversas joyas musicales: "Barbie Girl" de Aqua, "Sometimes" de Britney Spears, "I'll never fall in love again" –y todo el catálogo de Burt Bacharach- de Dionne Warwick (el vídeo que he encontrado es lo peor), "Diva", de Dana International (un espejismo en la mediocridad en que se ha convertido Eurovisión), "Frozen", de Madonna. Todas estas canciones me recuerdan a aquella etapa, tan llena de expectativas, de esperanza en el futuro, de anhelo de una vida en común repleta de felicidad. Todas esas expectativas se hicieron realidad.

Desde entonces he escuchado menos pop, rock y disco. De las estrellas actuales sólo me gustan Britney Spears, que si ya me encantaba cuando era "buena" me fascina ahora que es "mala", y Jamelia, chica guapísima de piernas casi tan largas como Silvie Vartan , que cantaba hace un par de años "Superstar". Aunque no sea un recién llegado a la música culta y a la ópera, antes no tenía divas, y ahora claro que las tengo. En mi panteón, además de la adorada Christine Schäfer de quien ya he hablado, tengo al dúo finlandés, Soile Isokoski y Karita Mattila, y entre las históricas a Elizabeth Schwarzkopf y Victoria de los Ángeles (tuve una etapa Renée Fleming, gran cantante, pero se me pasó, es una cursi). Todas son voces puras, limpias, sin afectación.

Pero a nadie tengo en mi cabeza como a Ana, la mitad de Ana y Johnny. Yo tendría unos once años cuando Ana y Johnny publicaron "Yo también necesito amar". Eran marido y mujer. Johnny, alto y muy guapo, con su media melena y su labio partido. Ana, pequeña, de ojos inmensos y look hippie pero conservador, del que mi madre veía con buenos ojos. Se cantaban el uno al otro, se miraban, se querían, se declaraban su amor. En la última estrofa de la canción, Johnny le dice "Mírame, no sientas vergüenza ya; acuéstate y disfruta tu libertad". Y la canción termina con Ana aullando, desgarrada, con esa voz inmensa, imposible de salir de un cuerpo tan menudo, desatando la represión retenida tanto tiempo, pidiéndole a Johnny que la tomase, la liberase del pudor y le mostrase su cielo confortador. Franco andaba muriéndose o recién muerto y se olía en el ambiente que todo iba a cambiar a mejor, a mucho mejor, como así fue. La primera vez que oí esa canción y, sobre todo, ese estribillo final, supe que había algo, que yo aún no comprendía, pero que reconocí en seguida que empezaba en el corazón, pasaba por el cerebro y se expresaba a través de la entrepierna. Supe que eso es lo que en realidad da sentido a nuestra existencia, lo que nos redime y nos ensalza, lo que nos hace humanos. A pesar de haberlo escuchado de labios de Ana y Johnny tardé, quizá más de la cuenta, en amar y, aún más, en ser amado y liberado del pudor. Pero no importa tardar si al final, como en la canción de Karina que empezaba este largo periplo musical, ves las cosas claras y se hacen realidad la fe y la ilusión de vivir. Y mi optimismo natural, al que estoy condenado desde que nací, cobró sentido, como lo hizo mi vida entera.

No quiero terminar sin contar que en mi iPod hay una joya, que es la canción a la que siempre vuelvo. En algún basurero encontré "Moon River", en la versión original que cantaba Audrey Hepburn en "Breakfast at Tiffany's". No me canso ni cansaré de escucharla como no me cansaré nunca de ver la película, que une Nueva York, el estilo optimista, moderno y elegante de los años 50, la realidad de la vida adulta. Tan melancólica, melodramática y llena de posibilidades a la vez. Tan bien retratada en la voz de tantas mujeres inolvidables.

2 comentarios:

Stanwyck dijo...

Gracias, son 3 entradas maravillosas -y algo apabullantes. Voy a tener que leerlas varias veces.
Coincidimos en muchas cosas, como pasaba en la lista que hiciste al principio, y no coincidimos en muchas otras: unas veces, porque no sé de qué o quién hablas, otras, porque prefiero otra versión de la canción u otra canción de la cantante o, incluso, simplemente, a otra cantante.
3 entradas perfectas, por otro lado, para la melancolía de diciembre: después de 2 pasos por youtube, no puedes dejar de sonreír.
Sigue así.
Besos

Breckinridge dijo...

Muchas gracias Barbara. Ha sido bastante agotador poner todo esto junto, pero ha merecido la pena. Se me ha olvidado incluir Bootylicious. Y tantas otras...