Dedicado a Pandora
Hace un montón de años, mi amiga Pilar y yo nos inventamos un juego absurdo, cruel y muy divertido. Al menos era divertido para nosotros, que jugábamos prácticamente solos ya que casi nadie lo comprendía. Se trataba de encontrar Lo Peor de Todo. En absoluto y con mayúsculas.
Vamos a ver, no se trataba de encontrar cosas obvias (tipo “mocasines con borlas de color granate”, “fumar en un ascensor”, “Charo Baeza” o “las hombreras”), sino de rebuscar entre todas las facetas de la vida e intentar encontrar cosas, comportamientos, actividades, seres, que a ella y a mí nos pareciesen lo peor de todo. Porque claro, el truco estaba en que sólo ella y yo podíamos dilucidar si algo era o no lo peor.
Con el tiempo se me han olvidado casi todas las cosas que consideramos en su momento, que fueron muchas y muy variadas. De vez en cuando, aunque vivimos en continentes distintos, nos da la neura y nos decimos el uno al otro en un sms providencial: “He visto lo peor de todo: patatí, patatá”. Y el otro contesta: “Pues peor lo que vi yo el otro día: patatú patatón”. Sólo teníamos una regla. Bueno dos. La primera es que lo único que pretendíamos era reírnos y no a costa de nadie, sino de nuestra propia estupidez. La segunda era una regla categórica: lo peor no es necesariamente malo. Yo tuve unos mocasines granates con borlas (andan por alguna caja). Ella llegó a llevar algún día un collar de perlas al trabajo (lo negará, seguro, me la imagino crujiendo de risa y rabia mientras lee esto). No pasa nada, porque en realidad lo peor de todo somos ella y yo juntos, que no hay quien nos aguante ni quien nos siga. Ni nos comprenda, ¿verdad Pilar? Sólo estamos de acuerdo en que lo peor de todo es una tal Rania, reina consorte de un país de pacotilla. Pero hasta eso puede cambiar.
En un comentario que hizo en un correo circular a varios amigos, Pilar hizo una mención que me ha impulsado a escribir esta entrada. Se refería a “¿Quién maneja mi barca?”, la canción interpretada por Remedios Amaya que nos representó en Eurovisión en 1983. Aquí la dejo para el recuerdo.
Los ríos de tinta que hizo correr esta canción, incluso antes de no recibir ni un solo voto en el festival. ¿Tan mala era? ¿Lo peor de todo? Pues no, más bien al contrario. Después de que ganase Bucks Fizz en 1981 yo perdí toda ilusión con Eurovisión. Ya la había ido perdiendo antes, pero los guapos israelíes Milk and Honey que cantaban “Hallelujah” me volvieron a meter en vereda. Pero siempre defendí, y defiendo, que “¿Quién maneja mi barca?” es un pedazo de canción. Es la herencia tecno del pop flamenco de las Grecas. Y el vestido, que tanto se denostó, yo lo he visto (o al menos algo parecido) en alguna colección de Junya Watanabe para Comme des Garçons de hace pocas temporadas. Y la cinta en el pelo, a juego. Y los pies descalzos. Total.
Tan total, que el grupo más inteligente del panorama musical patrio, Hidrogenesse, le han hecho una versión (gracias a Pasaelmocho por el hint).
Vuelvo al tema inicial. Lo peor de todo, como todo en esta vida, tiene su lado opuesto, que es lo mejor de todo. Yo diría que lo mejor de todo es Pilar, pero no quiero hacer de menos a todos mis lectores, que para mí son, sois, por igual, lo mejor de lo mejor. Así que para evitar luchas encarnizadas, me decantaré por un icono de talla internacional, elevándola a la categoría, con mayúsculas, de lo Mejor de Todo: Chantal Biya.
Ah, ¿Qué no la conocíais? Pinchad, pinchad; guguelead, guguelead.
Los anillos llegaron en carroza
Hace 2 días
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