sábado, 15 de marzo de 2008

Fin de semana perfecto

Desde hace ya muchos años, compro y leo todos los sábados el periódico Financial Times del que me gusta, en especial, su sección de fin de semana, que es lo más parecido al semanario europeo sobre política, cultura y estilo de vida del que estamos tan necesitados quienes vivimos en este continente (y eso que ha perdido mucho en los últimos tiempos). El primer fin de semana de cada mes te regalan con el periódico una revista insultante, llamada "How to spend it" en el que se le dice a nuevos ricos como gastarse los millones. No deja de ser curioso hojear el listado de yates italianos, joyería centroeuropea y casas de alta costura y habitualmente poco gusto que se anuncian, pero lo que siempre me leo con fruición es la página final en la que un personaje supuestamente famoso/influyente/importante cuenta como es su fin de semana perfecto. Así que, como nadie, ni siquiera el FT, me va a pedir que diga cómo es mi fin de semana perfecto, lo cuento aquí.

El fin de semana tiene que ser una fiesta para los sentidos. Para todos los sentidos. Como tengo la mala suerte de tener un trabajo absorbente que además me pilla lejos de casa, mi fin de semana suele empezar el sábado por la mañana, salvo que haya alguna cena el viernes. Si algo me gusta en este mundo es una buena sesión de sexo nada más despertar. Es curioso que los que escriben en el FT no mencionan nunca el sexo en su descripción del fin de semana perfecto, será imposición del guión del periódico, porque si no, no lo entiendo. Yo soy consciente de que a primera hora no le apetece a todo el mundo, pero procuro encargarme de quien comparte mi cama comparta también mis escozores matutinos. Para mi suerte no suelo encontrar (demasiada) resistencia. El sexo siempre despierta dos cosas en mí, las endorfinas y mucha hambre, así que, lleno de energía y empuje tras el arrechuchón, me voy raudo a la cocina a preparar la comida más importante de la semana.

Un buen zumo de mezcla de cítricos y lleno de antioxidantes, fruta fresca, tostadas del pan de mezcla que hacen en el Museo del Pan Gallego de la calle Hileras (los fines de semana perfectos del FT están llenos de direcciones y marcas, no voy a ser yo menos), tomate fresco rallado, aceite de arbequina de primerísima calidad, jamón y charcutetía, huevos pasados por agua, yogur y lácteos (queso no, al menos para mí, que soy poco quesero), café recién molido. Nada me gusta más que desayunar mucho y con tiempo por delante.

Por imposición laboral, suele tocar hacer compra el sábado. A veces es inevitable ir a ECI, pero eso no entra en mi idea de la perfección, así que lo omito (bueno no, critico la lentitud e ineficacia con que te sirven en el Club del Gourmet, qué pesadez), pero sí incluyo la compra en el Mercado de la Cebada. Sobre todo la frutería Bejarano, donde venden unos productos realmente maravillosos, además tan bien colocado todo, que es lo que en realidad más me gusta. Quizá uno tenga la mala suerte de que le atienda el señor mayor, que siempre cuela un par de kiwis pasados o algún kumato aplastado cuando no miras, pero bueno, la perfección nunca es perfecta.

Los fines de semana procuro salir lo menos posible y disfrutar del piso, bastante cómodo, en el que vivo y que aprovecho poquísimo entre semana. Como además del sexo y la comida lo que más me gusta es leer, dedico mucho tiempo a ponerme al día con las revistas a las que estoy (estamos) suscrito(s). Y que son: Vanity Fair, The New York Review of Books, The Economist, Granta y Monocle. Me temo que todo es en inglés, uno tiene esa deformación. Como leo libros en el transporte público durante la semana, me permito el lujo de dedicarme a las revistas los sábados y domingos. Tengo que reconocer que salvo The Economist (que cada día aguanto menos) y Granta (muy literaria, leo piezas sueltas), las otras tres me las leo de Pé a Pa. Vanity Fair me sigue pareciendo una revista modélica, con la mezcla perfecta de show-biz y seriedad. En su último número hay un artículo buenísimo sobre tres grandes divas del folk, Carole King, Joni Mitchell y Carly Simon. De ellas, y de otras mujeres de su época, hablaré en un próximo post. NYRB ya se ha convertido en imprescindible, sus artículos son tan largos que los de otras revistas siempre saben a poco. Monocle es una buena adición, heredera, algo más madura, de Wallpaper, y aún en su primer año, por lo que promete.

Además de leer, cocinar es una parte importante del fin de semana. Para los que, como yo, no tenemos ningún talento, es el único modo de dar salida a nuestros intentos de ser creativo. Y para los que tenemos un marido con madera y hechuras de tres estrellas Michelin, pues aún mejor. Si bien los sábados salimos en ocasiones a comer fuera, los domingos siempre cocinamos algo sustancial. Solemos alternar un arroz, que hago yo, o un asado, que hace él. A veces se tercia invitar a amigos, mucho mejor así. Y buenos vinos claro. Ruedas, Albariños, Prioratos, Riojas. Y lo que se tercie, manzanilla y cava. Este fin de semana, por cierto, se ha producido uno de los acontecimientos más importantes de cada año. Y no me refiero al domingo de ramos, sino a la apertura de la temporada de la terraza del bar El Ventorrillo, más conocida como la terraza de las Vistillas. Además de una tortilla y un pollo al ajillo buenísimos, tiene al mejor camarero de este mundo y de todos los demás, Vicente, que además de tener SIEMPRE la sonrisa puesta (y una mesa disponible para nosotros), pasa las vacaciones en La Romana. Como el señor que es.

En ocasiones vamos al cine. Lo sé, ir al cine en fin de semana es lo peor, pero si lo hacemos, vamos a la sesión de las 4 de la tarde, aún bajo los efectos del Ribera de Duero, Somontano o Ribeiro de turno. Eso es aceptable, ¿no? Pero sí solemos ir a jardines y parques, a llenarnos la vista, el oído y el olfato. No suelen pasar dos semanas sin que vayamos al Jardín Botánico, o un mes sin ir al Capricho. Viviendo en el centro de Madrid, el Campo del Moro es otra opción. El Retiro no, me temo. Demasiada gente, demasiado patín, demasiados niños, demasiado echador de cartas. Lo bueno de los jardines, sobre todo si hace sol, es que excitan mucho la líbido y a vuelta suelo estar con ganas de retozar un poquito. Y tampoco tengo que insistir mucho para ser complacido, la verdad. Ventajas de vivir enamorado.

Finalmente, el fin de semana no puede ser perfecto sin televisión. A mí me gusta mucho ver la televisión y entre semana tampoco me empeño demasiado, así que me toca tragarme lo que haya el domigo por la noche. Solemos cenar en bandejas enfrente de la pantalla, es el único momento de la semana que lo hacemos y es un rito que me encanta, tan trangresor, sin mantel, con el plato en precario sobre las rodillas y el vasito en el suelo. Y me trago absorto el pronóstico del tiempo, que es lo más interesante, y comentamos el peinado o el atuendo de la presentadora de turno mientras decido qué ponerme al día siguiente (¿traje gris o azul? los grandes dilemas de la vida) y, sobre todo, espero con fruición que pongan el anuncio de colonia Dolce e Gabbana en el que sale Matthew McConaughey. Y a lo tonto, a lo tonto, toca irse a la cama. Sábanas limpias. Posibilidades infinitas.

Releyendo me doy cuenta de que he empezado hablado de "mi" fin de semana perfecto y he terminado hablando en plural. Qué bonito.

Amor, amor, amor

Sé que soy un pesado y que siempre estoy dándole vueltas a lo mismo, pero no me puedo resistir a enviar este vídeo. De nuevo Ana y Johhny con la liberación del pudor.

Recuerdo perfectamente esta actuación televisiva, aunque en mi memoria está grabada en blanco y negro. Es curioso que lo que hace 10 ó 15 años hubiese parecido anticuadísimo hoy ya no lo es. El vestido de Ana, con distancias por supuesto, parece sacado de una de las pocas colecciones que hizo Tom Ford para Yves St Laurent, toda en negro con brillos marrones. Y el traje de Johnny, con pantalones boot leg, me lo compraría ahora mismo, a pesar del solapón. Además del traje, me llevaría a Johhny a casa. Hay que ver qué bueno está. O estaba, claro, que han pasado más de 30 años. No sé si tendrían hijos pero habrían sacado un pelazo, eso seguro.

Me encanta la escenificación, cómo se miran, se van acercando, se cogen las manos (es casi una experiencia religiosa, dirían otros) y cómo Johnny sujeta tiernamente a Ana, con su mano en el hombro cuando ella, entre berreos, se corre alcanza el clímax.

lunes, 3 de marzo de 2008

Hell On Wheels II

Como hoy no tengo ganas de trabajar, me estoy dedicando entre otras cosas a poner algo de orden en el blog y he comprobado con horror que se ha roto el enlace que tenía puesto en mi segunda entrada al vídeo Hell on Wheels de Cher. Aquí está de nuevo. Tan fresco como el primer día.

Una revelación

Feliz Año Nuevo

A veces, uno tiene una revelación. Cuando leí Middlemarch, de George Eliot, me dije que ésa era la novela que me gustaría haber escrito. Me habría gustado componer la canción "Your smiling face", que cantaron tanto Marvin Gaye como James Taylor, o el Concierto para violín de Alban Berg. Me habría gustado escribir y dirigir "Imitación a la vida", "Alien" y "La Ley del deseo", me gustaría poder presumir de haber sido el director artístico de "Barbarella". Y ahora he encontrado el blog que realmente me gustaría escribir. Se llama Memorias a cuarentaycinco y lo encuentras en este enlace http://memoriasa45.blogspot.com

¿Qué cómo lo encontré? Pues como se encuentran las cosas, buscando. En una fiesta navideña mi buen amigo Manolo, al que no veo nunca, y yo nos pusimos a cantar "Stay on the line" de Sergio y Estíbaliz, presumiendo de ser las únicas personas del universo que se acordaban de la etapa disco ("Beans" se llamaba su álbum) del dúo. Y rebuscando en los basureros del ciberespacio, es decir, en google, encontré el blog, firmado por acidqueendj, que lo tiene todo. Tiene al grupo de nuevos románticos valencianos Glamour cantado "Imágenes". Incluye a grupos olvidados como los New Trolls y a Charol.

Hablando en serio, se trata de un blog de grandísima altura y muy bien escrito, tras una apariencia frívola y, por qué no decirlo, "chochi-retro". Se atreve a decir lo que nadie se atreve a decir de Bosé, es decir que es un rancio, viejo, patético y desfasado mamarracho. Y se ha puesto muy feo, añado.

Soy algo mayor que el autor del blog, pero intuyo que tenemos trayectorias parecidas, aunque seguro que yo soy hoy mucho más aburrido que él. Me gustaría saber de música lo que él sabe. Y me encantaría tener la colección de discos que tiene. Tiene a las Goggi y a Ana y Johnny. Lo tiene casi todo. Casi. Sólo echo en falta dos cosillas, y desde aquí le lanzo un pequeño desafío a que las encuentre. La primera, Ana Obregón cantando en un inglés inolvidable el tema central de la película "Freddy el croupier" que interpretaba junto a Emilio Aragón. Otra: Victoria Abril cantado "Cuando tú me besas", que bailó con el ballet de Giorgio Aresu (¿o era aún el Zoom?) en Aplauso. Y le invito a ver las joyas de mi blog, incluida la Cher de "Hell on Wheels".

domingo, 16 de diciembre de 2007

Estoy Bailando

Lo encontré. En versión italiana, pero sirve. Además en directo, con desincronización de la coreografía. Cuerpazos, tenían. Y los bailarines gogó no tienen desperdicio. Qué maravilla.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Ellas también necesitan amar (III)

Me doy cuenta al escribir y releer que las canciones van unidas a lugares y, resulta inevitable, a momentos importantes. La época más bonita de mi vida fue el largo proceso de enamoramiento, que empezó hace ahora casi con exactitud diez años, se desarrolló a distancia durante casi dos años y me hizo la persona que soy hoy, amante de la vida, a gusto en mi piel. Esta etapa está marcada por diversas joyas musicales: "Barbie Girl" de Aqua, "Sometimes" de Britney Spears, "I'll never fall in love again" –y todo el catálogo de Burt Bacharach- de Dionne Warwick (el vídeo que he encontrado es lo peor), "Diva", de Dana International (un espejismo en la mediocridad en que se ha convertido Eurovisión), "Frozen", de Madonna. Todas estas canciones me recuerdan a aquella etapa, tan llena de expectativas, de esperanza en el futuro, de anhelo de una vida en común repleta de felicidad. Todas esas expectativas se hicieron realidad.

Desde entonces he escuchado menos pop, rock y disco. De las estrellas actuales sólo me gustan Britney Spears, que si ya me encantaba cuando era "buena" me fascina ahora que es "mala", y Jamelia, chica guapísima de piernas casi tan largas como Silvie Vartan , que cantaba hace un par de años "Superstar". Aunque no sea un recién llegado a la música culta y a la ópera, antes no tenía divas, y ahora claro que las tengo. En mi panteón, además de la adorada Christine Schäfer de quien ya he hablado, tengo al dúo finlandés, Soile Isokoski y Karita Mattila, y entre las históricas a Elizabeth Schwarzkopf y Victoria de los Ángeles (tuve una etapa Renée Fleming, gran cantante, pero se me pasó, es una cursi). Todas son voces puras, limpias, sin afectación.

Pero a nadie tengo en mi cabeza como a Ana, la mitad de Ana y Johnny. Yo tendría unos once años cuando Ana y Johnny publicaron "Yo también necesito amar". Eran marido y mujer. Johnny, alto y muy guapo, con su media melena y su labio partido. Ana, pequeña, de ojos inmensos y look hippie pero conservador, del que mi madre veía con buenos ojos. Se cantaban el uno al otro, se miraban, se querían, se declaraban su amor. En la última estrofa de la canción, Johnny le dice "Mírame, no sientas vergüenza ya; acuéstate y disfruta tu libertad". Y la canción termina con Ana aullando, desgarrada, con esa voz inmensa, imposible de salir de un cuerpo tan menudo, desatando la represión retenida tanto tiempo, pidiéndole a Johnny que la tomase, la liberase del pudor y le mostrase su cielo confortador. Franco andaba muriéndose o recién muerto y se olía en el ambiente que todo iba a cambiar a mejor, a mucho mejor, como así fue. La primera vez que oí esa canción y, sobre todo, ese estribillo final, supe que había algo, que yo aún no comprendía, pero que reconocí en seguida que empezaba en el corazón, pasaba por el cerebro y se expresaba a través de la entrepierna. Supe que eso es lo que en realidad da sentido a nuestra existencia, lo que nos redime y nos ensalza, lo que nos hace humanos. A pesar de haberlo escuchado de labios de Ana y Johnny tardé, quizá más de la cuenta, en amar y, aún más, en ser amado y liberado del pudor. Pero no importa tardar si al final, como en la canción de Karina que empezaba este largo periplo musical, ves las cosas claras y se hacen realidad la fe y la ilusión de vivir. Y mi optimismo natural, al que estoy condenado desde que nací, cobró sentido, como lo hizo mi vida entera.

No quiero terminar sin contar que en mi iPod hay una joya, que es la canción a la que siempre vuelvo. En algún basurero encontré "Moon River", en la versión original que cantaba Audrey Hepburn en "Breakfast at Tiffany's". No me canso ni cansaré de escucharla como no me cansaré nunca de ver la película, que une Nueva York, el estilo optimista, moderno y elegante de los años 50, la realidad de la vida adulta. Tan melancólica, melodramática y llena de posibilidades a la vez. Tan bien retratada en la voz de tantas mujeres inolvidables.

Ellas también necesitan amar (II)

Los 80 son, musicalmente hablando, mi década más masculina. Como en esa época yo tocaba en un grupo pop (sí, todos tenemos un pasado inconfesable), hacía como que me gustaban The Police y Nacha Pop. En realidad luego en casa me ponía a Alaska y a Duran Duran, o volvía a Chic, que nunca me ha defraudado. Hay pocas chicas de los 80 que me gusten de verdad, pero eso no quita para que la canción más frecuentemente tocada en mi iPod sea "Voyage voyage" de Desireless, que amo y odio en igual medida. El vídeo es muy bueno, lo dirigió la fotógrafa francesa Bettina Rheims antes de hacerse archi-famosa. Es una canción que marca una etapa muy melancólica de mi vida, el año que pasé estudiando en París en el que me veía forzado a escuchar música pop francesa (no sé si hoy hay cuotas obligatorias de música francesa en la radio, pero entonces las había) que completaba con mis primeras incursiones en la música "culta" del siglo XX. De ahí viene mi pasión por "la noche transfigurada" de Arnold Schönberg, y ahí escuché por primera vez la suite "Lulu" de Alban Berg. La melancolía de aquel año parisino, del que tengo un recuerdo muy nublado, desembocó en depresión, en mi año final de universidad, en el que conocí la traición y la maldad humana llevada al extremo, algo contra lo que había estado protegido hasta entonces.

Algunas de las chicas que he mencionado al hablar de los 70 son en realidad de los primeros años 80. Además de ellas, mis chicas favoritas de los primeros 80 son las de B52's, sus peinados inolvidables y su "Love Shack" y Lio con su "Amoureux solitaires". Mi chica favorita del final de los 80 es Caron Wheeler, cantante del grupo Soul to Soul y "Keep on moving", la canción que entonces asombró y que hoy sabemos que marca todo el inicio del R&B moderno.

En los 80, entre nuevos románticos, pop y funky, eso sí, descubrí el jazz vocal clásico. En mi playlist de chicas no puede faltar Ella Fitzgerald. He incluido bastantes canciones suyas, pero ninguna me emociona como "Bewitched, bothered and bewildered" ("after one whole quarter brandy, like a daisy I'm awake"). Nadie ha tenido nunca un vibrato corto tan perfecto o una dicción en inglés tan clara. También está, lógicamente, Sarah Vaugan cantando "September", que Kurt Weill escribió en su etapa americana y que muchos cursis, quizá con razón, consideran la mejor canción de todos los tiempos. El jazz es, como la ópera y el rock, un género agotado, que no produce nada nuevo de relevancia desde hace mucho, pero hay cantantes que siguen en el siglo XXI llenándonos de melodías y armonías maravillosas: Shirley Horn, la única superviviente de la época dorada pero aún en plena forma, o Diana Krall, a pesar de ser tan comercial.

Además del jazz, en aquella época redescubrí la bossanova (por algún motivo, en mi primera infancia, ésa que digo no recordar, hubo bastante música brasileña). Siempre afirmo que mi canción favorita de todos los tiempos es "Summer samba", en la versión de Astrud Gilberto grabada con el organista Walter Wanderley (el clip es lo peor, pero es lo que hay en youtube). Cada vez que pongo mis pies en Park Avenue suena esa canción en mi cabeza y si algún día tengo la posibilidad de hacer un programa de radio (ése sí que sería un sueño), ésta sería la primera canción que haría sonar. Y cerraría el programa con "Manhattan Skyline" de David Shire, incluida en el banda sonora de Saturday Night Fever. Paula Morelenbaum, de quien ya he hablado en este blog, y Bebel Gilberto, hijastra (creo) de Astrud, han mantenido viva en occidente -en Brasil el el pan nuestro de cada día- a la bossanova. También en los 80, por cierto, y gracias a "Flor de Pasión", el programa de Juan de Pablos, descubrí a las grandes cantantes francesas de los 60, France Galle, Françoise Hardy, Silvie Vartan. De ellas ya he hablado antes, así que no me extiendo.

Los primeros 90 son, junto a finales de los 70, mi época pop preferida, y de esta etapa todo lo que me gusta son chicas. Desde lo previsible, como Madonna (¿soy el único que cree que "Erotica" y "Bedtime stories" son sus mejores álbumes? "Secret" es la mejor canción que ha grabado nunca), Dee-Lite o Lisa Stansfield ("All woman", sigo con máximas, es la mejor canción soul que conozco) hasta cosas menos conocidas como los dúos Zhané ("Vibe", que cuenta con el vídeo neoyorquino, junto al de Heart of Glass que ya he colgado, por definición) o Wendy and Lisa, con una canción inolvidable pero sin clip, "Always in my dreams", que tiene una estrofa inicial que me encanta y me aterra en igual medida: "I dreamt last night that I was the tear from your face that fell upon the page you wrote me yesterday telling me goodbye". Quizá porque tenía esa letra en mi mente, años después hice precisamente eso, escribir una carta diciendo adiós. Fue el mayor error de mi vida, que me fue perdonado y quedó corregido. Desde entonces sé que vivo en la provisionalidad, pues una segunda oportunidad sólo se tiene una vez, y ese cartucho ya está gastado para siempre.

En los primeros 90 conocí a otras cantantes que me siguen gustando muchísimo, como Holly Cole, cuyo primer disco, como escribí en una entrada anterior, compré por la foto de portada; Sheryl Crowe, que tiene una voz perfecta y escribió lo que para mí es un himno a una ciudad que me espanta y fascina en igual medida, me refiero a "All I wanna do" y a Los Ángeles; K.D. Lang, que se ha convertido en referencia imprescindible. Toda esta música me recuerda mucho a Nueva York, pues la escuchaba durante la primera etapa en que viajé regularmente a la ciudad. Nueva York, como ya he dicho tantas veces en este blog, siempre acaba siendo una referencia imprescindible y, de hecho, esta lista de canciones está vinculada a esa ciudad, como lo está mi vida, aunque sea más bien en un deseo que en el fondo tampoco tengo tantas ganas de hacer realidad.